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Como si fuéramos putas

Blog - Óptica trapezoidal - Esther Ontiveros - Sábado, 30 de Septiembre de 2017
Calatayud, en su intervención en 'La mañana', de La 1.
TVE
Calatayud, en su intervención en 'La mañana', de La 1.

Cuando yo tenía 16 me escribí una carta dirigida a mí misma cuando tuviera 32. Debe de andar guardada en algún cajón de la casa de mi madre o entre las carpetas que me llevé cuando me independicé. No recuerdo bien el contenido pero sí su objetivo. Era tal el caos armado en mi cabeza y la impotencia de no encontrar las palabras para expresarme que opté por inventar un agujero de gusano, la carta, para viajar a un universo paralelo a través de la cuarta dimensión, la del tiempo. Supongo que me reprochaba haber hecho y dicho cosas para, dos líneas más abajo, reprocharme de nuevo no haber dicho o hecho otras… una suerte de guión tragicómico entre lo surrealista y lo existencial para aburrir a las ovejas. Eso lo sé ahora pero entonces estaba convencida de que mis vivencias acabarían con mi amarga existencia en cualquier momento. Típico.

Se equivocó al abandonar por unos instantes su rol protector para convertirse en verdugo. La inmensa mayoría de las mujeres que conozco, incluida yo misma, hemos sido calificadas como putas en nuestra adolescencia (y después) por no haber ejercido el control sobre la imagen que proyectaban nuestros actos

Observo ahora la adolescente que fui y trato de comprender su grito de auxilio cuando me llegan declaraciones como las vertidas por el juez Emilio Calatayud esta semana en televisión. “Se hacen fotos como si fueran putas” … no es más que la opinión de muchos adultos expresada en voz alta por un tótem de la educación en este país, amplificada de forma exagerada por el poder inconmensurable de la tele y las redes sociales. Es obvio que el juez trata de poner el foco en la necesidad de que los adolescentes ejerzan el control sobre su intimidad y no atenten contra su propia imagen. Quien quiera ver otra intención en estas declaraciones quizá no conoce a la persona que las hace y su compromiso con la infancia y la adolescencia. No obstante, se equivocó. Y mucho.

Se equivocó al abandonar por unos instantes su rol protector para convertirse en verdugo. La inmensa mayoría de las mujeres que conozco, incluida yo misma, hemos sido calificadas como putas en nuestra adolescencia (y después) por no haber ejercido el control sobre la imagen que proyectaban nuestros actos.  Muchas mujeres, y hombres, son incapaces de gestionar su imagen incluso cuando alcanzan la edad adulta, y lo vemos cada día con los celebérrimos bocachanclas de Twitter o la ridícula sobreexposición de la vida privada en Instagram de lo que se conoce como influencers ¿Cómo sorprendernos de que chavales menores de 16 años manejen estas herramientas como monos al volante?

Yo, que me siento profundamente atraída por el influjo que causan las redes sociales sobre la opinión pública y trato de aliarme con esta magnífica herramienta de comunicación que es internet en lugar de demonizarla, estoy confundida. Lo confieso. Me entusiasma y me atemoriza a partes iguales. Por eso, le hablo a la niña que escribió la carta: serás indiscreta, inocente, infantil, lerda, torpe, confiada,… sí. Pero puta no.

 

Soy periodista, mamá, runner, flexitariana y... obstinadamente reflexiva. Me dedico a la comunicación corporativa y escribo un blog sobre vida sana. Si me dejas... te engancho a todo. Sígueme.

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