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Comprar barato a cualquier precio

Blog - Óptica trapezoidal - Esther Ontiveros - Jueves, 8 de Febrero de 2018
Indonesia, China y México, nuevo paraíso de la contaminación textil.
Fuente: Greenpeace.
Indonesia, China y México, nuevo paraíso de la contaminación textil.

“Quieren salarios dignos y pensiones dignas pero luego compran en tiendas de descuento, outlets y Aliexpress”. Lo dijo Jesús Encinar, fundador del portal inmobiliario Idealista, la semana pasada y se quedó tan ancho. Tan ancho y tan vapuleado en Twitter por quienes entienden que con lo mucho o poco que ganan compran lo que les place, cuándo, dónde y al precio que les da gana. Preferiblemente, barato, muy barato. Faltaría más.

Pero ¿cómo de barato?

Vamos a partir de la base de que la sociedad de consumo se fundamenta en dar respuesta a los deseos de la gente. No importa qué deseos, no importa cuántos deseos, no importa cómo satisfacerlos… Si asumimos que ésa es la base del éxito de este modelo económico, la ‘democratización’ de los deseos, podremos empezar a entender cuál es el diabólico mecanismo de su funcionamiento: cuantos más deseos satisface más necesidades crea. Así que cuidado con lo que deseas, porque puede hacerse realidad.

Puede hacerse realidad adquirir a tres euros a golpe de ratón en una gran distribuidora china la misma camisa en tres colores distintos -¿por qué renunciar si te gustan los tres?-. Puede hacerse realidad empleando pigmentos y colorantes sintéticos de altísima toxicidad, generando una ingente cantidad de aguas contaminadas. Puede hacerse contratando mano de obra en condiciones de trabajo pésimas, legales en el mejor de los casos en el país donde se fabrican pero intolerables para los mínimos exigibles en países desarrollados. Por no entrar en los índices de siniestralidad en la industria de la fast fashion.  Puede hacerse realidad transportando la mercancía desde los confines del planeta en un buque granelero que hasta llegar a nuestros armarios habrá dejado una profunda huella ecológica en forma de emisiones de CO2 a la atmósfera, consumo de combustible y generación de residuos no biodegradables... Se puede, de momento, pasando por encima de cualquier consideración que no sea la de satisfacer nuestro deseo.

Pero en la sociedad de consumo, el acto de compra es un acto de declaración de principios y el carro de la compra es un carro de combate. Estamos abrazando sin darnos cuenta un sistema que ataca la línea de flotación de nuestro bienestar y la responsabilidad recae directamente sobre los hombros de quienes apoyamos con nuestras compras un modelo de comercio tan barato como insostenible e injusto

Y lo cierto es que, más allá del precio que marca la etiqueta, poco o muy poco nos importa cuál es el ciclo de vida de una prenda u objeto desde que se fabrica hasta que forma parte de nuestro haber. Pero en la sociedad de consumo, el acto de compra es un acto de declaración de principios y el carro de la compra es un carro de combate. Estamos abrazando sin darnos cuenta un sistema que ataca la línea de flotación de nuestro bienestar y la responsabilidad recae directamente sobre los hombros de quienes apoyamos con nuestras compras un modelo de comercio tan barato como insostenible e injusto.

Habrá quien crea que pagar más por algo es contribuir al enriquecimiento personal de las grandes fortunas. No manejo datos sobre los márgenes de los empresarios de la industria textil nacional pero sí sé que Amancio no hay más que uno y a ti te encontré en la calle. En la calle Zacatín, Mesones, en la avenida de Cádiz o en la de Andalucía… en esas tiendas regentadas por autónomos que acuden a ferias para seleccionar las prendas de cada temporada, ajustan cálculos para llenar el almacén con las tallas y colores que creen que pueden vender, montan escaparates, cogen arreglos, atienden el mostrador de 9 a 9 de lunes a viernes, fines de semana y festivos según el calendario fijado por los centros comerciales, pagan alquileres a menudo astronómicos, luz, agua, impuestos, salarios… y marcan las etiquetas de cada artículo con un precio acorde a lo que tú estarías dispuesto a pagar.

Urge modificar nuestros hábitos de consumo, ajustándolos a nuestras necesidades reales y optando en el mercado por bienes y servicios que favorezcan la conservación del medio ambiente y la igualdad social, lo que pasa por comprar en comercio local artículos de proximidad. No se trata de renunciar al progreso ni a la globalización sino más bien todo lo contrario. Progresar no es sinónimo de tener más como la globalización no es sinónimo de estandarización. Progresaremos cuando seamos capaces de ser felices con lo que somos e interactuar con el resto del planeta en igualdad de condiciones. Fuera de eso, estaremos escondiendo la mierda debajo de la alfombra para que la casa parezca limpia y nos indignaremos en Twitter con quien nos afee lo que estamos haciendo.

 

 

Soy periodista, mamá, runner, flexitariana y... obstinadamente reflexiva. Me dedico a la comunicación corporativa y escribo un blog sobre vida sana. Si me dejas... te engancho a todo. Sígueme.

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