'La energía pura de Todo Bien Todo Mal'

Uno pensaría que el objetivo de todo grupo es conseguir sonar lo mejor posible. Especialmente si se trata de su disco debut: con frecuencia, esta es la tarjeta de presentación de la banda ante un público más amplio, y por tanto suele ser su mejor oportunidad para causar una buena impresión. Pero claro, ¿qué es sonar bien? ¿Se trata de que cada instrumento suene claro y distinto o de que el conjunto te abrume? ¿Debe escucharse la voz en primer plano o es mejor que se convierta en una capa más del muro de sonido? ¿Queremos consistencia sonora o más bien un despliegue de toda una diversidad de estilos? El producto final, ¿debería ser una joya pulida gracias a la magia del estudio o más bien debería sonar lo más cercano posible a la energía y crudeza del directo? Las respuestas a estas preguntas dependerán mucho del artista y del género. El cuarteto caraqueño-madrileño Todo Bien Todo Mal responde con un enfático SÍ A TODO.
Su primer LP, Malo para la educación, peor para la salud, impresiona por muchas cosas, pero quizás la más llamativa sea lo caótico que suena, en más de un sentido
Su primer LP, Malo para la educación, peor para la salud, impresiona por muchas cosas, pero quizás la más llamativa sea lo caótico que suena, en más de un sentido. Ya desde el inicio, con “EN SUS MARCAS!!!”, nos vemos transportados a un mundo de ruido y furia: durante sus 72 segundos de duración, la banda crea una brutal tormenta post-hardcore que recuerda a los At The Drive-In más descontrolados, entre otras cosas por los gritos casi indescifrables del cantante Andrés Boissiere. En cambio, “Tus labios” presenta un emo mucho más popero, con un estribillo delicioso (“Si vas a dibujar tus labios/procura que sea con los míos”) y un acercamiento totalmente diferente a la producción y mezcla de la voz, que casi parece la de otra persona. Por su parte, “TANTAS flores” opta por un sonido mucho más soñador y atmosférico, con la voz flotando sobre la mezcla con una especie de eco, como si la canción fuera un recuerdo que nos llega a través del tiempo. Tres canciones, tres estilos radicalmente distintos; y esto prácticamente se puede aplicar a cada uno de los diez cortes del LP.
Lo que sí tienen en común todos los temas es una visceralidad que se manifiesta de diferentes maneras en cada caso
Lo que sí tienen en común todos los temas es una visceralidad que se manifiesta de diferentes maneras en cada caso. De hecho, hay aquí una canción que se llama “Vísceras” que, si bien no está entre las más ruidosas, tiene una letra muy representativa del estilo de Boissiere, siempre a tumba abierta: “Todo lo que quieras/todo te lo puedo dar/todo lo que pidas/todo me lo puedes quitar/quiero que tus vísceras/formen en mi pecho un altar/quiero ser tu sangre/quiero desprenderme de mí/y tenerte a ti en mi lugar”. A su vez, “Espero que estés bien” pasa de un inicio más calmado y melódico a un clímax desaforado mientras cuenta la agridulce historia de un reencuentro con alguien de su pasado (“¿Hace cuánto que no piensas en mi nombre?/No sé cuánto, pero espero que estés bien”). En “SI NO VAS A VOLVER”, el grupo se asoma a un sonido más power pop, con unos coros que parecen diseñados para marcar el ritmo de un ejercicio de cardio (“Y AÚN ME SIGO DESANGRANDO”) y un pegadizo estribillo con una excelente línea de bajo, convirtiéndose en una especie de versión más bruta de los Mujeres de Siento Muerte (2020).
Emo intenso, con las emociones a flor de piel en todo momento: Andrés parece a punto de colapsar física y emocionalmente a cada verso, la banda toca con una pasión y una creatividad inusitadas
La cumbre del disco, “Esto de aguantar”, encapsula a la perfección ese espíritu maximalista en una canción absolutamente sublime. Emo intenso, con las emociones a flor de piel en todo momento: Andrés parece a punto de colapsar física y emocionalmente a cada verso, la banda toca con una pasión y una creatividad inusitadas (especialmente reseñable aquí el trabajo de Jaime Crisóstomo a la batería) y cada fase de la canción mejora a la anterior. La letra aborda una crisis de comunicación en una relación con una franqueza desarmante(“Me tratas de hablar/ya no sé si puedo mentirte/Si no voy a hablar/cómo espero que puedas oírme”), pero al mismo tiempo con mucha habilidad para el giro evocador e indirecto (“Me voy a dormir/y amanece alguien que no existe”). Se trata, en fin, de una destilación de las mayores virtudes del grupo. Por otra parte, “Morichales y tulipanes” introduce otra dimensión a su sonido: guiada durante la mayor parte de sus siete minutos y medio por el cuatro venezolano de Andrés, que dialoga con el juguetón bajo de Sebastián Szarek y la guitarra de Sergio Gómez, esta canción une la belleza del folklore latinoamericano a la violencia emo que permea el resto del álbum para abordar el duelo migratorio (“¿Cuándo mueren las raíces fuera de su tierra?/¿Por qué mueren tan lento?/Si ya están tan secas,/¿por qué duele tanto?”).
También hay que mencionar que el desconcierto de que la voz suene tan diferente de una canción a otra, que esté mezclada de maneras antitéticas y no siempre del todo bien empastada, también genera a ratos una extrañeza que puede sacarte del disco
Así pues, en Malo para la educación, peor para la salud, Todo Bien Todo Mal abren muchas puertas y las atraviesan siempre con decisión. No obstante, esta tendencia a ir con todo en todas direcciones no siempre funciona. Me parece que algunas de las canciones con esa estética más soñadora, cuasi-shoegaze, no terminan de encontrar el equilibrio sonoro. En contraste con la fuerza incontenible de los cortes más emo y post-hardcore, el toque lo fi de canciones como la mencionada “Vísceras” o “y nada más” genera una sensación más bien de inconsistencia, ya que no se pueden apreciar tanto los detalles instrumentales. La excepción aquí sería “debe ser que estoy soñando”, que sí conserva el nervio emo junto con el punto shoegaze, y que deja de nuevo versos indelebles (“No esperaba que olvidarte/fuera a carcomerme tanto/La cadencia de tu nombre/que aún estoy tarareando”). También hay que mencionar que el desconcierto de que la voz suene tan diferente de una canción a otra, que esté mezclada de maneras antitéticas y no siempre del todo bien empastada, también genera a ratos una extrañeza que puede sacarte del disco, incluso en momentos en que las canciones en sí funcionan.
Pero aquí me acuerdo mucho de otro artista que ha transitado estos mismos géneros y cuya sombra claramente es alargada: el surcoreano Parannoul. El disco con el que se hizo conocido, To See the Next Part of the Dream (2021), resultó tan especial por lo crudo y hasta cacofónico que era su sonido; en cambio, con sus discos posteriores, la mayor claridad y limpieza del sonido mató el encanto de su propuesta. Creo que Malo para la educación, peor para la salud comparte esa característica: es la energía arrolladora con la que lo abordan todo lo que hace que su música enganche, incluso aunque suene sucia y caótica, porque esa actitud es contagiosa. Si a ello le sumamos su evidente talento como músicos, creo que Todo Bien Todo Mal tienen una carrera brillante por delante. No puedo esperar a verlos en directo: siento que el pogo me llama como si tuviera veinte años de nuevo.
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Puntuación: 8.2/10
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