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De madres arrepentidas y luchadores muertos en vano

Blog - Óptica trapezoidal - Esther Ontiveros - Lunes, 6 de Marzo de 2017
Esther Ontiveros.
Pau Salinas
Esther Ontiveros.

Antes de que decidas abandonar la lectura de este artículo quiero advertirte de que al final voy a hablar de Samanta Villar y su sentimiento de rechazo a la maternidad y del tristemente fallecido Pablo Ráez y su lucha por aumentar las donaciones de médula. Te lo adelanto porque sé que tengo muy poco tiempo para captar tu amable atención antes de que te sientas defraudado por el titular de este artículo. Dame tres párrafos más, por favor.

Tengo la sensación de que se está extendiendo una peligrosa moda dentro del Social Media o comunicación en redes sociales y es la persecución a toda costa de la ‘viralidad’. Si eres de los que se resiste a participar de este nuevo orden que rige el presente de la comunicación de masas trataré de aclararte rápido el sentido de mis temores. Me refiero a la pretensión de que lo publicado se propague como la pólvora.

Los que nos dedicamos a juntar letras ambicionamos lícitamente que nuestros lectores y lectoras sean legión. Este objetivo no es patrimonio de las redes sociales. Antes de que Zuckerberg inventara Facebook, Gutenberg hizo lo propio con la imprenta persiguiendo lo mismo. A mi entender, la diferencia entre ambos sistemas es que antes el éxito en la difusión de un contenido dependía de cuán recomendable era su lectura mientras que ahora es un complejo algoritmo el que determina el alcance de una publicación.

Titular buscando el contragolpe, persiguiendo a toda costa el trending topic, sacrificando cualquier matiz por afirmaciones tan rotundas como injustas e infieles a la realidad, me parece una engañifa de mal gusto

La ingeniería de los motores de búsqueda de contenidos (Google, por ejemplo) da una enorme importancia al hecho de que tú hagas ‘clic’ sobre un titular. Un contenido capaz de desencadenar una reacción, un ‘me gusta’, un comentario, un ‘compartir’, multiplica exponencialmente su alcance y, por tanto, sus posibilidades de seguir provocando reacciones. De lo contrario, si no suscita tu interés de un vistazo, se pierde en el universo infinito de la red.

Te pedí una oportunidad al inicio de este artículo antes de meterme con los temas que te han animado a llegar hasta aquí y siempre cumplo lo prometido.

A estas alturas ya sabes que la periodista Samanta Villar no quiere a sus hijos tanto como amaba su vida antes de ser madre. De la misma forma sabes que hay quien piensa que el joven malagueño Pablo Ráez no tendría que haber invertido los últimos días de su vida en luchar por aumentar las donaciones de médula.  

Hay titulares que traspasan la pantalla para darte un bofetón, para invocar tus filias y tus fobias. Nada que objetar, sería absurdo negar que para eso estamos, pero titular buscando el contragolpe, persiguiendo a toda costa el trending topic, sacrificando cualquier matiz por afirmaciones tan rotundas como injustas e infieles a la realidad, me parece una engañifa de mal gusto.  

No voy a dedicar ni una línea de este artículo a suavizar lo que sus autores se empeñaron en exagerar hasta el esperpento en sus titulares pero mucho me temo que ni Villar daría marcha atrás en su maternidad si pudiera tirar de moviola ni era necesario devaluar los logros de Pablo Ráez para hacer una defensa encendida de la inversión pública en sanidad.

No lo digo yo, lo explican los propios autores cuando desarrollan el contenido de sus titulares. Pero el ‘clic’ ya está hecho. 

Soy periodista, mamá, runner, flexitariana y... obstinadamente reflexiva. Me dedico a la comunicación corporativa y escribo un blog sobre vida sana. Si me dejas... te engancho a todo. Sígueme.

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