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Blog - Óptica trapezoidal - Esther Ontiveros - Jueves, 23 de Marzo de 2017
Savar la Vega, una obligación ineludible.
Esther Ontiveros @ESTHERONTIVELP
Savar la Vega, una obligación ineludible.

Hasta hace poco yo era como tú. Pensaba en el espacio que quedaba entre la circunvalación y los pueblos del cinturón como una sucesión sin sentido de terreno calmo e hileras de adosados hilvanados por carreteras secundarias. Una especie de manta de patchwork que se extiende de Granada a Santa Fe, Armilla o Huétor alternando huertecillos con casas, intermitentes tramos de carril bici y cultivos abandonados sin más función que la de esperar paciente su recalificación para acoger nuevos proyectos urbanísticos.



Preservar los valores agrícolas, medioambientales y cultura de la vega, una obligación. @ESTHERONTIVELP

Una calurosa noche de verano de hará unos diez años, cogimos nuestra moto para ir a casa de unos familiares en Cúllar Vega. Poco a poco, como si nos zafáramos del abrazo incandescente del centro de la ciudad, nos fuimos adentrando en la tenue oscuridad de la Vega. Abandonamos Arabial para enfilar el Camino de Purchil y el calor empezó a darnos una tregua. Al pasar frente a una plantación de tabaco la temperatura bajó bruscamente. Yo me apreté contra la espalda del conductor con la piel de los brazos erizada y los ojos cerrados para disfrutar del fresquito que soplaba contra mi cara. Y de repente, una bofetada de calor me devolvió de golpe a la realidad de aquel verano sofocante. Estábamos pasando frente a una hilera de chalets.  

Disfrutar de la Vega sin dañarla. @ESTHERONTIVELP

Entonces tomé conciencia del significado último de ese arco de fértiles llanuras en torno al río Genil que abraza mi ciudad y noté las cicatrices de las heridas causadas por la errática gestión pública,  la presión de los promotores privados, la necedad de la ciudadanía, la voracidad del cambio climático… 

No volví a pensar en ello hasta hace pocos años, cuando mi hija aprendió a montar en bicicleta y comenzamos a incorporar a nuestras salidas en familia los tramos de carril bici que surcaban la vega de Granada de extremo a extremo de la ciudad. No volví a pensar en ello, hasta que me apasioné por correr y encontré un aliado en este espacio que me permitía trotar a mis anchas desde la puerta de casa sin repetir itinerario día tras día, sin tener que sortear los coches varados en los atascos ni aspirar con fuerza los gases de sus tubos de escape para tomar aliento. No volví a pensar en ello hasta que tomé conciencia de lo mal que comía y decidí dar un giro radical a mi dieta e iniciar la transición hacia una pauta de alimentación basada en productos vegetales, ecológicos, locales y de temporada, plantados en mi propio huertecillo alquilado en la vega. No volví a pensar en ello hasta que sentí la necesidad de encontrar una salida de emergencia, una válvula de escape a la asfixiante sensación de que “Granada es ‘mu’ chica” y mis alas muy anchas para desplegarlas entre la multitud que pasea por Puerta Real.



La Vega, un paraiso para vivir y concienciar sobree hábitos de vida saludable. @ESTHERONTIVELP

Entonces tomé conciencia del significado último de ese arco de fértiles llanuras en torno al río Genil que abraza mi ciudad y noté las cicatrices de las heridas causadas por la errática gestión pública,  la presión de los promotores privados, la necedad de la ciudadanía, la voracidad del cambio climático… y sentí todo el calor del ladrillo y del asfalto abofeteando mi cara aquella tórrida noche de verano de hace diez años.  Me pregunté: ¿qué estamos haciendo?

Granada, la ciudad que se debate entre el orgullo de figurar en los primeros puestos de los rankings de lugares más bellos del mundo y la impotencia de no encontrar cómo rentabilizar de forma sostenible todo ese patrimonio, tiene que volver la vista a la Vega. Y debe mirarla con respeto, amarla y mimarla como el tesoro que es.  Los alcaldes de los municipios que cercan uno de los espacios que más presión urbanística han sufrido y sufren en este país tienen la obligación de protegerlo ante cualquier intento de modificar su uso agrícola y promover la actividad compatible con el mismo para que no caiga en el abandono. La Vega no se toca (más de lo que ya la han tocado), que se comprometan de forma clara los ayuntamientos de todo signo y habremos dado un gran paso hacia su salvación. 

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Soy periodista, mamá, runner, flexitariana y... obstinadamente reflexiva. Me dedico a la comunicación corporativa y escribo un blog sobre vida sana. Si me dejas... te engancho a todo. Sígueme.

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