Alba López, superviviente de suicidio y presidenta de Abrazos Verdes: transformar el dolor en comunidad para prevenir el suicidio en ‘Habladurías 11+’

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La presidenta de Abrazos Verdes relata cómo la pérdida de su marido por suicidio dio origen a una asociación que hoy acompaña a decenas de familias y lucha contra el estigma
Hace casi siete años, Alba López perdió a su marido por suicidio. La muerte llegó de forma traumática. Fue ella, junto a su hijo, quien encontró el cuerpo. A partir de ese momento comenzó un recorrido marcado por el shock, la incredulidad, la culpa y una sensación de desamparo que, según explica, se vio agravada por la falta de recursos especializados para quienes afrontan un duelo por suicidio.
“Ahora veo señales que entonces no supimos interpretar. Pero también sé que es fácil verlo con la perspectiva del tiempo”, recuerda.
Tras la pérdida, Alba López buscó ayuda en distintos ámbitos sanitarios y psicológicos. Lo que encontró fue un gran desconocimiento sobre las particularidades del duelo por suicidio. Aquella experiencia fue una de las semillas de Abrazos Verdes, una asociación nacida para acompañar a supervivientes, término con el que se denomina a las personas que han perdido a un ser querido por esta causa.
El peso de la culpa
Durante la conversación, Alba López identifica dos emociones especialmente difíciles de gestionar: la incredulidad y la culpa.
“La culpa fue durante años una mochila enorme”, explica. Sin embargo, con el paso del tiempo ha desarrollado una forma distinta de relacionarse con ella. Lejos de intentar eliminarla, ha aprendido a reconocerla como una expresión del amor hacia la persona perdida
“La culpa fue durante años una mochila enorme”, explica. Sin embargo, con el paso del tiempo ha desarrollado una forma distinta de relacionarse con ella. Lejos de intentar eliminarla, ha aprendido a reconocerla como una expresión del amor hacia la persona perdida. “Cuando aparece ese pinchazo de culpa, lo acaricio como parte del amor que le sigo teniendo”.
Su reflexión conecta con una realidad ampliamente compartida entre las personas que atraviesan este tipo de duelo: la necesidad de encontrar explicaciones y la tendencia social a buscar culpables. Un fenómeno que contribuye a aumentar el sufrimiento de quienes ya soportan una carga emocional inmensa.
Cuando sobrevivir era el objetivo
Los primeros meses fueron especialmente duros. Alba relata cómo llegó a sentirse incapaz de realizar tareas básicas de la vida cotidiana. Fueron sus hermanos quienes se trasladaron a vivir con ella para ayudarla a cuidar de sí misma y de su hijo, entonces de ocho años.
“Me llevaban a la ducha, me ayudaban a vestirme, me alimentaban. Yo no era capaz de funcionar”.
También reconoce haber convivido durante un tiempo con ideación suicida. No por deseo de morir, explica, sino por la intensidad de un sufrimiento que parecía insoportable
También reconoce haber convivido durante un tiempo con ideación suicida. No por deseo de morir, explica, sino por la intensidad de un sufrimiento que parecía insoportable.
“Afortunadamente encontré muchas agarraderas. Profesionales, familia, medicación, apoyo. Me agarré a todo lo que encontré”.
Aquellas “agarraderas” terminarían convirtiéndose en un concepto central de su discurso. Pequeños apoyos capaces de sostener a una persona cuando el dolor amenaza con desbordarlo todo.
El silencio y el estigma
Uno de los aspectos más relevantes de la conversación es la reflexión sobre el estigma que sigue rodeando al suicidio.
Alba reconoce que ella misma participó inicialmente de ese silencio. Durante los primeros días ocultó la causa de la muerte de su marido y evitó hablar de ello abiertamente.
Con el tiempo decidió hacer exactamente lo contrario: nombrar el suicidio sin eufemismos. Consideró que esa era la mejor manera de proteger a su hijo y de combatir una cultura de ocultamiento que ha acompañado históricamente a este fenómeno
“Si alguien me preguntaba si había sido algo del corazón, decía que sí”.
Con el tiempo decidió hacer exactamente lo contrario: nombrar el suicidio sin eufemismos. Consideró que esa era la mejor manera de proteger a su hijo y de combatir una cultura de ocultamiento que ha acompañado históricamente a este fenómeno.
“Se fallece por muchas causas. También se fallece por suicidio”.
Para Alba, el primer estigma fue el propio. Después llegaron las miradas, los prejuicios y las ideas preconcebidas que siguen asociando el suicidio a determinadas circunstancias extremas, cuando la realidad demuestra que puede atravesar cualquier entorno social.
La importancia de acompañar a la infancia
Otro de los ejes centrales de la entrevista es el impacto de la pérdida en los niños y adolescentes.
Su hijo tenía ocho años cuando murió su padre. Hoy tiene dieciséis y ha crecido en una familia donde el tema nunca ha sido tabú. Aun así, Alba insiste en que el duelo infantil sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes
Su hijo tenía ocho años cuando murió su padre. Hoy tiene dieciséis y ha crecido en una familia donde el tema nunca ha sido tabú. Aun así, Alba insiste en que el duelo infantil sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes.
“Los niños vuelven a vivir el duelo en diferentes etapas de su desarrollo”.
Cada cambio vital, cada logro, cada nueva etapa educativa puede reactivar la ausencia de quien ya no está. Lejos de interpretarlo como un retroceso, Alba lo entiende como parte natural del proceso.
Abrazos Verdes: un espacio para hablar sin miedo
La asociación que preside se ha convertido en un lugar de encuentro para personas que comparten una experiencia similar.
Los grupos de ayuda mutua permiten expresar emociones que rara vez encuentran espacio en otros ámbitos: la rabia, la envidia hacia quienes no han pasado por una pérdida semejante, el cansancio o la desesperanza.
“Necesitamos contar nuestras historias muchas veces. Repetirlas hasta que pierdan intensidad”
“Necesitamos contar nuestras historias muchas veces. Repetirlas hasta que pierdan intensidad”.
Para Alba, uno de los mayores logros del proyecto es comprobar cómo algunas familias acuden inicialmente con miedo y terminan incorporando a otros miembros, incluidos hijos e hijas, porque consideran que han encontrado un espacio seguro.
Abrir conversaciones salva vidas
Cuando se le pregunta qué puede hacer una persona que sospecha que alguien cercano está sufriendo emocionalmente, su respuesta es clara: abrir espacios de conversación. Hablar sin eufemismos. Escuchar sin juzgar. No minimizar el sufrimiento. Evitar frases como “no digas eso”, “hay gente peor que tú” o “son tonterías”.
“Lo primero es generar la conversación. Después ya buscaremos recursos y apoyos”
“Lo primero es generar la conversación. Después ya buscaremos recursos y apoyos”.
Para Alba, la prevención del suicidio no depende de héroes individuales, sino de redes comunitarias capaces de sostener a quienes atraviesan momentos de extrema vulnerabilidad.
Una “RCP emocional”
Al final de la entrevista aparece una idea que resume gran parte de su trabajo: la necesidad de que la sociedad aprenda una especie de “RCP emocional”.
Así como muchas personas conocen hoy las maniobras básicas para actuar ante una parada cardiaca, Alba cree que también deberíamos aprender a detectar el sufrimiento emocional, escuchar y acompañar.
“Todos podemos ser agentes de cambio”.
Desde esa convicción continúa impulsando Abrazos Verdes, participando en jornadas de sensibilización y reclamando más recursos públicos, más formación profesional y una mayor implicación institucional.
Porque, como recuerda Alba López, hoy puede ser la historia de una familia concreta. Mañana podría ser la de cualquiera.
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