'Ceuta (y III): la salud pública que necesita una crisis humanitaria'

Una crisis humanitaria también es una crisis de salud pública. Pero eso no significa que las personas que llegan estén enfermas ni que exista un riesgo sanitario. Significa que hay que mirar el conjunto de circunstancias que pueden afectar a su salud.
En Ceuta confluyen personas que han recorrido trayectos muy duros, algunas con lesiones, deshidratación, malnutrición, enfermedades previas o problemas de salud mental. A ello se añaden condiciones de alojamiento, higiene, alimentación y saneamiento que pueden favorecer determinados problemas de salud
En Ceuta confluyen personas que han recorrido trayectos muy duros, algunas con lesiones, deshidratación, malnutrición, enfermedades previas o problemas de salud mental. A ello se añaden condiciones de alojamiento, higiene, alimentación y saneamiento que pueden favorecer determinados problemas de salud.
Por eso la primera respuesta sanitaria debe ser conocer, detectar y atender.
A. Conocer el estado de salud de las personas que llegan.
B. Detectar enfermedades transmisibles y otros problemas de salud.
C. Atender las necesidades urgentes.
Y garantizar el seguimiento posterior.
La vigilancia epidemiológica es fundamental, pero debe ser amplia. No solo tuberculosis, sarna, varicela o gastroenteritis. También vacunación, enfermedades crónicas, salud mental, salud sexual y reproductiva, violencia, lesiones, nutrición y acceso a medicamentos.
Hay además una cuestión especialmente importante: la continuidad de los cuidados.
Una persona que llega a un territorio no deja atrás sus enfermedades crónicas. Puede necesitar insulina, tratamiento para la epilepsia, medicación para una enfermedad mental, cuidados de una herida o seguimiento de un embarazo
Una persona que llega a un territorio no deja atrás sus enfermedades crónicas. Puede necesitar insulina, tratamiento para la epilepsia, medicación para una enfermedad mental, cuidados de una herida o seguimiento de un embarazo.
La atención sanitaria no puede reducirse a resolver el problema de las primeras horas. También hay que pensar en los días y semanas posteriores.
Y aquí aparece uno de los grandes retos de Ceuta: pasar de una respuesta de emergencia a una respuesta organizada de salud pública.
Eso significa coordinar servicios sanitarios, salud pública, servicios sociales, protección de menores, organizaciones humanitarias y administraciones. También significa disponer de información epidemiológica fiable.
Sin datos no podemos conocer bien el riesgo. Y sin conocer el riesgo, difícilmente podemos dimensionar los recursos necesarios.
Hay otro aspecto que merece especial atención: las diferencias entre grupos. No tienen las mismas necesidades sanitarias un niño que una mujer embarazada, una adolescente que viaja sola, una persona mayor o alguien con una enfermedad crónica. Tampoco son iguales los riesgos de quien acaba de llegar que los de quien lleva semanas en condiciones de hacinamiento.
Ante la crisis humanitaria en Ceuta es necesario ampliar la mirada: la salud pública debe anticiparse a los problemas y no limitarse a reaccionar cuando aparecen los casos
Y anticiparse significa actuar sobre los determinantes de la salud (Agua segura, Alimentación adecuada, Higiene, Alojamiento digno, Vacunación, Atención sanitaria, Protección, Información, Salud mental y vigilancia epidemiológica), sabiendo que no son elementos independientes, sino que forman parte de la misma respuesta.
Porque una persona que duerme en el suelo, no dispone de agua suficiente, tiene dificultades para alimentarse y no sabe cuándo podrá recibir atención médica se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad social y sanitaria.
Por eso mejorar las condiciones de vida no es solo una respuesta humanitaria. También es prevención sanitaria.
Y quizá esta sea una de las principales lecciones que deberíamos extraer de Ceuta.
Las crisis migratorias no se pueden abordar únicamente desde la frontera, ni únicamente desde los servicios de emergencia.
Necesitamos una mirada de salud pública capaz de integrar epidemiología, atención sanitaria, salud mental, salud sexual y reproductiva, infancia, protección social y derechos humanos
Ceuta puede convertirse así en una oportunidad para demostrar cómo debe responder un sistema sanitario ante una crisis compleja. No solo atendiendo a quien llega. Sino creando las condiciones para que pueda recuperar su salud y mantenerla.
Porque la salud pública empieza mucho antes de que aparezca una enfermedad. Y continúa mucho después de que desaparezca el titular.
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