'Ceuta (V): la salud también se juega en la diplomacia'

En Ceuta se habla mucho estos días de fronteras, migración, seguridad y enfermedades. Quizá deberíamos hablar también de algo menos visible: diplomacia.
Una frontera es también un espacio de relaciones entre países. Y cuando esa relación se rompe, las consecuencias pueden terminar teniendo una dimensión sanitaria
Porque una frontera no es solamente una línea que se protege con policías, cámaras o vallas. Una frontera es también un espacio de relaciones entre países. Y cuando esa relación se rompe, las consecuencias pueden terminar teniendo una dimensión sanitaria.
Por eso creo que la prudencia del Gobierno de Pedro Sánchez con Marruecos merece ser analizada desde una perspectiva que vaya más allá de la política partidista.
No porque haya que aceptar cualquier comportamiento de Rabat. Y mucho menos porque la diplomacia deba significar silencio ante aquello que deba ser investigado. Sino porque la salud y la seguridad de una población también dependen de la capacidad de evitar una escalada.
La geopolítica también tiene consecuencias sanitarias
Lo hemos visto durante esta crisis. Cuando miles de personas llegan de manera repentina a un territorio pequeño, el problema deja de ser exclusivamente migratorio.
Marruecos es un actor imprescindible para el control de los flujos migratorios hacia Ceuta. La cooperación policial y fronteriza, la vigilancia de las costas y la comunicación entre ambos países forman parte de una realidad que puede gustarnos más o menos, pero que existe
Aparecen necesidades de alojamiento, alimentación, agua potable, higiene, atención sanitaria, protección de menores, salud mental y seguridad.
Si la situación se prolonga, aumenta la presión sobre los servicios públicos.
Y si además se produce una escalada entre España y Marruecos, la gestión se vuelve todavía más complicada.
Marruecos es un actor imprescindible para el control de los flujos migratorios hacia Ceuta. La cooperación policial y fronteriza, la vigilancia de las costas y la comunicación entre ambos países forman parte de una realidad que puede gustarnos más o menos, pero que existe.
Romper esos canales puede tener consecuencias. Y algunas de ellas pueden medirse en vidas humanas. No es una cuestión abstracta.
Romper esos canales puede tener consecuencias. Y algunas de ellas pueden medirse en vidas humanas. No es una cuestión abstracta
La prevención de una crisis humanitaria también es política sanitaria.
No se trata de elegir entre firmeza y diálogo
Existe una falsa dicotomía que está haciendo mucho daño. Parece que solo hay dos opciones: enfrentarse públicamente a Marruecos o ceder ante Marruecos. No tiene por qué ser así.
Un Estado puede defender sus fronteras, investigar responsabilidades, utilizar sus mecanismos judiciales y policiales y, al mismo tiempo, mantener abiertos los canales diplomáticos. De hecho, probablemente esa sea una de las mayores pruebas de madurez de una política exterior
Un Estado puede defender sus fronteras, investigar responsabilidades, utilizar sus mecanismos judiciales y policiales y, al mismo tiempo, mantener abiertos los canales diplomáticos. De hecho, probablemente esa sea una de las mayores pruebas de madurez de una política exterior.
La diplomacia no consiste en no tener conflictos. Consiste en evitar que los conflictos se conviertan en problemas mayores. Y en Ceuta el margen para equivocarse es pequeño.
Una crisis humanitaria no necesita una crisis diplomática añadida
Durante estas semanas hemos visto cómo determinados discursos han intentado convertir una emergencia humanitaria en una batalla política.
Se ha hablado de enfermedades, de contagios, de confinamientos y de colapso sanitario.
Sin embargo, los datos disponibles no describen un sistema sanitario colapsado. Existe presión extraordinaria, sí. Existe un esfuerzo enorme de profesionales, también. Pero la respuesta sanitaria se ha mantenido organizada. Y esto importa, aunque la realidad fuera de las consultas es compleja como se acaba de ver con la muerte de un adolescente con diabetes.
Porque cuando la realidad es compleja, la política debería ayudar a gestionarla, no a amplificarla
La salud pública necesita datos. Necesita vigilancia epidemiológica. Necesita vacunación cuando esté indicada. Necesita diagnóstico precoz. Necesita atención primaria. Necesita hospitales preparados. Necesita protección de la infancia. Necesita salud mental. Y necesita algo que muchas veces olvidamos: estabilidad.
La estabilidad también es un determinante de salud
Hay una idea que deberíamos incorporar definitivamente al lenguaje sanitario.
Por eso la salud pública no puede mirar únicamente dentro de un centro sanitario. Tiene que mirar a la frontera. A los alojamientos. A los barrios. A las escuelas. A las familias. A los profesionales. A las relaciones entre administraciones. Y también a las relaciones internacionales
La estabilidad política y social también protege la salud. La inestabilidad genera incertidumbre. La incertidumbre aumenta el estrés. La tensión deteriora la convivencia. La precariedad dificulta el acceso a recursos básicos. Y una crisis prolongada puede terminar afectando tanto a quienes llegan como a quienes viven allí.
Por eso la salud pública no puede mirar únicamente dentro de un centro sanitario. Tiene que mirar a la frontera. A los alojamientos. A los barrios. A las escuelas. A las familias. A los profesionales. A las relaciones entre administraciones. Y también a las relaciones internacionales.
La salud de Ceuta depende, en parte, de lo que ocurre al otro lado de la frontera.
Marruecos no es un asunto menor
España necesita mantener una relación estable con Marruecos. Eso no significa compartir todas sus posiciones. Significa reconocer una realidad geopolítica.
Hay cooperación en materia migratoria, policial y antiterrorista. Hay relaciones económicas. Hay intereses europeos. Hay cuestiones vinculadas al Sáhara Occidental. Hay comercio y cadenas de suministro.
Todo esto puede discutirse. Todo esto debe poder ser sometido al escrutinio democrático. Pero destruir los puentes sin disponer de una alternativa mejor no es política de Estado
Todo esto puede discutirse. Todo esto debe poder ser sometido al escrutinio democrático. Pero destruir los puentes sin disponer de una alternativa mejor no es política de Estado.
Es política de trincheras. Y las trincheras pueden servir para ganar una discusión. No necesariamente para resolver un problema.
También hay que proteger a Ceuta de la polarización
Hay otra cuestión sanitaria que me preocupa especialmente. La polarización también enferma una sociedad.
Cuando cada acontecimiento se convierte en un arma política, aumenta la ansiedad, se deteriora la confianza y se rompe la posibilidad de construir respuestas compartidas
Cuando cada acontecimiento se convierte en un arma política, aumenta la ansiedad, se deteriora la confianza y se rompe la posibilidad de construir respuestas compartidas.
Ceuta necesita exactamente lo contrario. Necesita que el Gobierno central, el Gobierno de la ciudad, los servicios sanitarios, las fuerzas de seguridad, las organizaciones sociales y las entidades que trabajan con migrantes sean capaces de coordinarse. Y necesita una a oposición que sume y que no eche odio a la situación.
Necesita que se proteja a los menores. Necesita que se atienda a quienes llegan con enfermedades crónicas, como nos recuerda dramáticamente la muerte reciente de un adolescente con diabetes. Necesita cuidar la salud mental de quienes han sufrido situaciones traumáticas. Y necesita cuidar también a los ceutíes que están viviendo semanas de incertidumbre y tensión.
Eso no se consigue con consignas. Se consigue con gestión, la cual ha fallado en este mes de agosto.
Prudencia no es debilidad
Quizá esta sea la idea fundamental. La prudencia no significa falta de firmeza. A veces significa exactamente lo contrario.
Eso no impide exigir explicaciones. No impide investigar. No impide defender la integridad territorial. No impide reclamar responsabilidades si finalmente existen. Pero sí evita añadir una crisis diplomática a una crisis humanitaria
Eso no impide exigir explicaciones. No impide investigar. No impide defender la integridad territorial. No impide reclamar responsabilidades si finalmente existen. Pero sí evita añadir una crisis diplomática a una crisis humanitaria.
La salud pública necesita menos épica y más estrategia
Quizá esta crisis nos deje una lección.
Cuando hablamos de salud pública pensamos en epidemiólogos, vacunas, hospitales, atención primaria o vigilancia epidemiológica. Pero la salud pública también necesita diplomáticos
Necesita servicios sociales. Necesita políticas migratorias. Necesita educación. Necesita vivienda. Necesita cooperación internacional.
Porque los determinantes de la salud están fuera de los hospitales. Y, en Ceuta, algunos están incluso fuera de España.
Por eso defender la salud de Ceuta no consiste solamente en reforzar urgencias
Por eso defender la salud de Ceuta no consiste solamente en reforzar urgencias. Consiste en conseguir que ningún menor duerma en condiciones indignas. Que quien tenga diabetes pueda recibir insulina y seguimiento. Que quien necesite atención psicológica pueda recibirla. Que las niñas estén protegidas frente a la violencia sexual. Que haya agua, higiene y alimentación. Que los servicios públicos tengan recursos.
Y que la relación entre España y Marruecos permita gestionar la frontera sin convertirla en un permanente foco de crisis.
La verdadera política de Estado
Podemos discutir si Pedro Sánchez acierta en cada movimiento. Debemos hacerlo.
Una democracia no necesita unanimidad. Necesita debate informado
Pero hay una diferencia entre exigir explicaciones al Gobierno y utilizar una crisis fronteriza para alimentar la confrontación permanente. En una situación como la de Ceuta, la responsabilidad debería pesar más que el titular.
Porque detrás de cada decisión diplomática hay consecuencias humanas. Puede haber más o menos llegadas. Más o menos presión sobre los centros. Más o menos menores desprotegidos. Más o menos tensión social. Más o menos capacidad de los servicios sanitarios para atender. Y detrás de cada uno de esos números hay personas.
Una mala decisión diplomática puede aumentar una crisis humanitaria. Una crisis humanitaria puede tensionar los servicios públicos. Y unos servicios públicos desbordados pueden terminar afectando a la salud de todos
Una mala decisión diplomática puede aumentar una crisis humanitaria. Una crisis humanitaria puede tensionar los servicios públicos. Y unos servicios públicos desbordados pueden terminar afectando a la salud de todos.
La prudencia, por tanto, no es mirar hacia otro lado. Es mirar más lejos.
Y quizá eso sea precisamente lo que necesita Ceuta ahora: menos ruido, más Estado; menos polarización, más cooperación; menos miedo, más salud pública.





































