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GRANADA TENÍA UN COLOR ESPECIAL

Los coloretes de las fachadas, importados de la tradición renacentista italiana

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 9 de Noviembre de 2025
Gabriel Pozo Felguera ejerce de guía excepcional para recorrer los edificios que aún perduran de la Granada que quiso imitar la decoración italiana de sus fachadas. Un paseo que te sorprenderá por los detalles y belleza de sus frescos que nos descubre el mejor cronista de la ciudad.
La Madraza pintada en colorines en 1862; debajo, recuperados los tonos grises originales de 1722. A algunos les gustaba más antes, simulando la casita de Hansel y Gretel.
PEDRO SALMERÓN
La Madraza pintada en colorines en 1862; debajo, recuperados los tonos grises originales de 1722. A algunos les gustaba más antes, simulando la casita de Hansel y Gretel.
  • Aquella moda cuajó en la Carrera del Darro (siglos XVII-XVIII) y Gallego Burín la resucitó en 1943 para decorar el entorno de la Catedral

Granada quería ser tan guapa como Roma. O por lo menos como Génova. Por eso empezó a poner de moda la decoración de sus fachadas al estilo italiano. Ocurrió en el siglo XVII y prosiguió hasta mediado el XVIII. La moda arraigó principalmente en las casas nobiliarias en torno de la Carrera del Darro, y algunos puntos dispersos del centro. Hasta el Ayuntamiento pintó su fachada a la genovesa. Pero la moda pasó pronto. Sólo un par de docenas de edificios tienen hoy frescos, contando el intento de resurrección de Gallego Burín en los años cuarenta. Hoy todas aquellas pinturas se nos presentan descoloridas y desconchadas. Pero vivas y testigos cada una de una moda importada para la arquitectura local. Hagamos un somero recorrido por las fachadas granadinas decoradas al estilo de las repúblicas italianas.

Las caras de la arquitectura granadina presentan el mayor caos de todas las ciudades en cuanto a texturas, materiales, formas y colores

Las caras de la arquitectura granadina presentan el mayor caos de todas las ciudades en cuanto a texturas, materiales, formas y colores. No existe la más mínima homogeneidad por barrios o calles, según la capa de la cebolla histórica a la que pertenezcan. El tapial y la piedra de épocas musulmana y renacentista conviven con el ladrillo, el aluminio, el revoco de cal y la pintura plástica moderna. Un verdadero totum revolutum. Y si nos desplazamos a barrios modernos, el acabado de fachadas es para sacarnos los colores, con edificios alicatados como un muestrario de cuartos de baño, grandes firmas de Osunas de once plantas, filas de balcones al estilo cebra, balconadas corridas que parecen alambreras, algún azul o bermellón estridente. La lista es infinita. Hay fachadas para sacarnos los colores… los de la vergüenza.

La moda de pintar fachadas arraigó en Granada principalmente en edificios ubicados en la Carrera del Darro, tanto mirando al río como también en fachadas de segundo plano, escondidas en calles de poca perspectiva

El afán por modernizar y cristianizar las nuevas edificaciones de la clase pudiente que se conformó en Granada en el Barroco local (mediados-finales del XVII) les llevó a importar conceptos y costumbres del gusto italianizante. Descendiente del Renacimiento en cuanto a arquitectura, pintura, escultura, música, literatura, etc. Ya se habían levantado “la romana” la Catedral y San Jerónimo; seguirían la mayoría de las iglesias y edificios públicos. Su financiación y acabado de fachadas, en piedra de las canteras de Escúzar, les permitieron darles un acabado de desnudez, con sus bajorrelieves, esculturas o cenefas. Pocas fachadas en piedra fueron policromadas al estilo del gótico.

Pero la nobleza de los materiales de los palacios y casonas de la incipiente burguesía no era tal: las edificaciones estaban levantadas con elementos más pobres y el acabado en la mayoría de los casos era un revoco liso. Soso a todas luces. Pero plano e ideal para someterlo a decoración a base de pinturas al fresco, témpera o esgrafiado, como se venía haciendo con los interiores. La moda de pintar fachadas arraigó en Granada principalmente en edificios ubicados en la Carrera del Darro, tanto mirando al río como también en fachadas de segundo plano, escondidas en calles de poca perspectiva.

Palacio de San Giorgio, en Génova, recién restaurada.

Hay cientos de apellidos italianos que dejaron rastro en Granada e incluso continúan teniendo descendientes

¿Quién importó aquella moda? La presencia de comerciantes genoveses ya era importante en época nazarita, hasta el punto de contar con la Alhóndiga de los Genoveses (donde estuvo la cárcel vieja, junto a la Catedral). Pero fue a partir de las oportunidades de negocio que se abrieron tras la Toma cuando la afluencia de italianos se disparó en el Reino de Granada: acudieron banqueros a financiar negocios, a trapichear con la caña de azúcar en la Costa, con la lana de Huéscar, con las especias y, sobre todo, con la seda. Hay cientos de apellidos italianos que dejaron rastro en Granada e incluso continúan teniendo descendientes: Centurión, Levanto, Veneroso, Brigante, Pizzi, Ricci, Spínola, Chavarino, Espósito, Colombo, Conti, Orlando, etc. La mayoría de ellos procedentes de la república de Liguria. Y la ciudad de Génova es famosa por la calidad de sus fachadas decoradas al fresco, con vivos colores. No hay duda de que fue la abundante colonia italiana la que importó esa moda para Granada, amén de algún caso de familia granadina que tuvo alguno de sus hijos viajando por Italia como embajador o religioso (caso de los Pisa).

Son las pinturas más antiguas que sobreviven en la ciudad. Se trató de casonas que pertenecieron en los siglos XVII y XVIII a familias de la nobleza o gentes de posibles

El origen, la mayor agrupación y la zona donde más restos de fachadas decoradas quedan de Granada es la Carrera del Darro. Son las pinturas más antiguas que sobreviven en la ciudad. Se trató de casonas que pertenecieron en los siglos XVII y XVIII a familias de la nobleza o gentes de posibles. En el XIX se fueron reconvirtiendo en casas de vecinos con pequeños talleres artesanales en patios interiores y bajos comerciales. La propiedad ya no los habitaba y descuidó su conservación. Con lo cual no se iban repintando las pinturas ni repellando los desconchones. El deterioro fue muy palpable hasta finales del siglo XX, cuando empezaron los cambios para adaptarlos a hoteles o edificios públicos.

Para empeorar la situación, la parte baja de las casas de la Carrera del Darro han sufrido inundaciones en las varias veces que se taponó la bóveda del río entubado y el agua se elevó varios metros

Para empeorar la situación, la parte baja de las casas de la Carrera del Darro han sufrido inundaciones en las varias veces que se taponó la bóveda del río entubado y el agua se elevó varios metros (especialmente la de 1835). Esas humedades, unidas al roce de carros, caballerías y primeros automóviles han propiciado que la decoración baja esté desaparecida hace ya mucho tiempo.

Los motivos con que están decoradas esas fachadas son los más genoveses de todos los que se conservan en Granada. En la casa palacio del número 25 contemplamos pinturas al fresco que fingen órdenes arquitectónicos superpuestos en los entrepaños definidos por columnas. Hay pintadas una especie de cariátides con medio cuerpo de sirena, coronas de flores con un caballero en el centro, musas y guerreros sobre pedestales, cabezas de angelotes sobre las ventanas, filas de caracolas, etc.

En el centro existía un gran mural de un Cristo redentor y un coro de angelotes que se ha desmoronado en los últimos años y ha caído al suelo

En el número 13 de esta misma Carrera el pintor representó grandes escenas mitológicas, quizás un San Miguel o un San Jorge cargando el arco para matar al dragón. En el centro existía un gran mural de un Cristo redentor y un coro de angelotes que se ha desmoronado en los últimos años y ha caído al suelo.

En el número 19 la decoración en témpera simuló pilastras y sillares fingidos. Algo similar ocurre en el número 6. En el 17 y 27 se simulan aparejos de grandes sillares de piedra.

Fachada de la casa del Ladrón del Agua, sin duda una de las más imponentes que quedan en la Carrera del Darro.
Ampliación de los dibujos del edificio anterior.
Otra de las mejores fachadas, en la Carrera del Darro, 25. En el 27 hay esbozados unos marcos.

El pintor fingió un edificio a lo romano mediante la superposición de dos órdenes corintios en ambas alturas

También en la Carrera del Darro, en la fachada de los números pares, en el 24 (Puente de Espinosa) sobreviven restos de la que fue una de las fachadas más coloridas de este barrio. Decorada a principios del XVIII, las pinturas fueron utilizadas por su propietario para ennoblecer una construcción de pobre factura y materiales. El pintor fingió un edificio a lo romano mediante la superposición de dos órdenes corintios en ambas alturas. Utilizó un entablamento para darle prestancia de palacio nobiliario. Los paneles de la primera planta ofrecen medallones con paisajes; los de la segunda son marcos más elaborados, en forma de lóbulos y ángulos, que también muestran paisajes urbanos, quizás rincones de la misma Carrera del Darro. La modificación de un hueco de ventana rompió la armonía inicial. En la actualidad está sumamente deteriorada esta fachada y con sus huecos tapiados.

Puente de Espinosa, 24, por encima del Darro, una de las más coloridas y en ruina.

Las pequeñas ventanas están realzadas por abajo con una especie de pedestales y adornos florales en su alrededor, todo en vivos colores

La más escondida la encontramos en el torreón de la Casa de los Pisa, por la estrechez de la calle y la altura a la que se encuentra. Pero merece la pena buscarla porque es una de las más interesantes. Las pequeñas ventanas están realzadas por abajo con una especie de pedestales y adornos florales en su alrededor, todo en vivos colores. Entre ambos huecos pintaron el emblema de la Orden Hospitalaria, la cruz naciendo de una granada (“Granada será tu cruz”). En el paño de la izquierda aparece un San Juan de Dios arrodillado, sujetando una cruz; en el de la derecha es un ángel alado el que, con una cesta de panes, ofrece alimento a los pobres.

Muy cerca se encuentra la que fue Casa de los Migueletes (Palacio de los Condes de Benalúa, actual hotel Casa 1800). La casona estuvo pintada simulando arquitectura romana a partir de su portada de piedra de Santa Pudia. Quedan algunos restos en la fachada de la segunda planta.

Torrecilla de la Casa de los Pisa, con imágenes del Santo y un ángel.

Hubo en el barrio de la Medina algunas casas más de esta misma época que también estuvieron decoradas al fresco, de manera muy similar a las vecinas del Darro

Hubo en el barrio de la Medina algunas casas más de esta misma época que también estuvieron decoradas al fresco, de manera muy similar a las vecinas del Darro. Fueron derribadas al construir la Gran Vía. Solamente tenemos referencia a una en la placeta del Pozo de Santiago y otra (con referencia gráfica) que fue una de las Casas de la Inquisición. La fotografía que se conserva, de mala calidad, recuerda que hubo grandes cuadros con paisajes entre los balcones de las plantas primera y segunda; la falta de nitidez nos impide afinar más los motivos. También las ventanas estaban bordeadas con cenefas, así como marcados los entablamentos. En este caso no se ve decorada la parte baja correspondiente al nivel de calle, no sabemos si por el desgaste y encalado o porque no fue pintado originalmente. Uno de los cuadros representaba una batalla naval, quizá una naumaquia.

Fotografía anterior a 1895, cuando fue derribada esta casa para abrir la Gran Vía.

La Madraza o Casa Consistorial fue, y continúa siendo, el caso más espectacular de fachada decorada con pinturas de colores, aunque en este caso no se recurrió a adornarla con dibujos mitológicos ni adornos florales. No conocemos ni de manera aproximada cómo fue el origen del aspecto exterior de este edificio público, dedicado a la enseñanza en el periodo nazarí. Solamente se conserva original el pequeño oratorio, el resto fue muy modificado entre el año 1500 en que empezó a ser usado como Casa del Concejo (Ayuntamiento) y su abandono como edificio público; albergó una tienda de tejidos en los bajos a partir de 1858 y hasta bien entrado el siglo XX.

Las catas consiguieron conocer que tras la capa de tonos naranjas y rojizos se escondía su verdadera piel, la gris

Sabemos que la estructura aproximada actual de la fachada fue reformada hacia 1722-24. Fue pintada con los colores en tonos grises que presenta en la actualidad. Aunque sus grisallas originales fueron alegradas en 1862 con motivo de la visita de la reina Isabel II. Aquel año se decidió darle tonos muchos más alegres y simular sillares en piedra pudinga de El Turro, muy parecidos a las columnas que soportan el Palacio de Carlos V. El deterioro progresivo llevó a la Universidad (su actual propietaria) a emprender su restauración; del proyecto previo y de las obras se encargó el estudio del arquitecto Pedro Salmerón. Las catas consiguieron conocer que tras la capa de tonos naranjas y rojizos se escondía su verdadera piel, la gris. Esta última restauración de principios del siglo XXI acabó con la Casa de Hansel y Gretel, así conocida anteriormente porque parecía una ilustración de la casita de caramelo del famoso cuento alemán de los Hermanos Grimm.

Calle Oficios compuesta por Mariano Fortuny, idealizada. A la derecha estaba la Madraza pintada en vivos colores.
Rincón de la Madraza, donde está el acceso a la Academia Virgen de las Angustias, a finales del siglo XX, todavía pintada de sillares en tonos rojizos e imitando piedra pudinga.
Una prueba de la Madraza, con los muros ya recuperados en gris y las molduras todavía en tonos ocres.

Algunos edificios religiosos también se sumaron a la moda de estucar sus pobres fachadas de mampostería y pintarlas al estilo italiano. En este caso predominando los tonos rojizos. Los dos ejemplos que perviven están ubicados en el barrio del Realejo. La iglesia de San Cecilio es el ejemplo más vivo en la actualidad porque acaba de ser restaurada. Hemos podido datar la fecha de su revoco y pintura porque ha aflorado una inscripción que así lo indica: 1742. El edificio estuvo completamente decorado con pinturas en sus fachadas principales, también las cuatro caras de su torre de campanas.

Colores rosados y amarillos apagados imitan grandes sillares, enmarcando las ventanas altas y simulando otras dos grandes rejas en el intermedio. Hay grandes murales en el intercolumnio que apuntan dibujos en sus orígenes

Grandes columnas de orden jónico, acanaladas en su mitad baja, simulan soportar el entablamento del tejado en la parte izquierda de la fachada. Colores rosados y amarillos apagados imitan grandes sillares, enmarcando las ventanas altas y simulando otras dos grandes rejas en el intermedio. Hay grandes murales en el intercolumnio que apuntan dibujos en sus orígenes.

Bajo el alero que cubre toda la portada es donde el autor dispersó una colección de angelotes que sujetan cortinajes y despliegan la leyenda Domus Dei et Porta Coeli (Casa de Dios y Puerta del Cielo). Alrededor de la hornacina de San Cecilio en piedra también flotan angelotes enteros o con cabezas aladas. La decoración se repite en el resto de paños, con una especie de gran pedestal que simula sujetar el balcón alto de la Sacristía. Es bajo este pedestal donde figura el rótulo de AVE MARIA. ANO D 1742. Hoy sólo aparece pintada la parte alta de la torre, ya que el resto se ha ido desprendiendo con los años y posiblemente con el incendio sufrido en 1969.

Fachada principal de la parroquia de San Cecilio. Solamente es de piedra rubia la portada y la hornacina del Patrón, el resto son sillares y columnas simulados.
La sacristía y la torre de San Cecilio estuvieron pintadas enteras; la torre ya está casi desnuda. En la última restauración se recuperó la cartela con la fecha de pintado: 1742.

El otro edificio religioso es la fachada principal que da acceso a la iglesia de Santo Domingo, concretamente la parte interior que reposa dentro de los tres arcos y dos columnas que soporta la balconada. Originariamente esta pared estuvo decorada con pinturas que imitaban una arquitectura fingida, a base de sillares y columnas; es de imaginar que también procedentes de la primera mitad del XVIII. Servían para enmarcar motivos de historia sagrada, con la imagen de la Virgen del Rosario en presidencia. Se encontraban en una situación muy deteriorada.

La fachada se presenta como una composición de recuerdo a los Reyes Católicos que donaron tan generosamente a los padres inquisidores dominicos todas las huertas que fueron de las reinas nazaritas y se extendían por debajo del Campo del Príncipe hasta las alamedas y Carrera del Genil

En el año 1966 fue restaurada esta iglesia mediante un proyecto del arquitecto Francisco Prieto-Moreno. Fue el momento en que se encargó al pintor Manuel Maldonado que repintara la fachada, pero no con retoques sobre lo que había sino de manera totalmente nueva, aunque se debía conservar la antigua distribución de los motivos. La disposición de este gran mural es de tres calles y dos pisos sobre un entablamento; la central la preside una imagen de la Virgen del Rosario metida en una hornacina, en un color más claro que los bermellones de la parte arquitectónica. Debajo, el escudo de la monarquía (y de España). En la calle de la izquierda figura un medallón con retrato de perfil de Fernando el Católico; debajo de él un fraile dominico. La calle de la derecha es el medallón de la reina Isabel la Católica el que preside y otra gran hornacina debajo que contiene otro monje dominico. La fachada se presenta como una composición de recuerdo a los Reyes Católicos que donaron tan generosamente a los padres inquisidores dominicos todas las huertas que fueron de las reinas nazaritas y se extendían por debajo del Campo del Príncipe hasta las alamedas y Carrera del Genil.

Fachada interior, pintada en tonos almagra y blancos en 1966.
Ampliación de un dominico en su hornacina por Manuel Maldonado, en estilo un tanto cubista.

Es una técnica que no se puede calificar como pintura, pero sí decorativa a base de enfoscar toda la superficie e ir raspando los fondos hasta dejar la filigrana que nos interesa

Hay dos fachadas, también religiosas, que se nos presentan esgrafiadas con el mismo molde y muy posiblemente labradas en fechas muy próximas, quizás también por el idéntico artesano. Son las de la iglesia del que fue Convento de Santa Paula, la que da a la calle y Portería de esta santa patrona de las monjas jerónimas; y el segmento de fachada que hay encajonado en la iglesia del Sacromonte. Es una técnica que no se puede calificar como pintura, pero sí decorativa a base de enfoscar toda la superficie e ir raspando los fondos hasta dejar la filigrana que nos interesa. El motivo o molde en ambos casos consiste en un cuadrado que presenta lóbulos semicilíndricos en cada una de sus caras; pegados unos a otros dan la sensación de formar cadenas. Este marco es el mismo que aparece en la parte alta de la casa de Puente de Espinosa, 24, aunque aquél recargado con motivos vegetales por fuera y con figuras dentro.

Fachada de la iglesia de Santa Paula en la calle del mismo nombre, recientemente restaurada.
Entrada a la parroquia del Sacromonte, también recién recuperada.

Los primitivos fondos verdes de los rectángulos en la fachada principal fueron repintados en color blanco hace unos cuantos años

En la calle de Santa Ana, junto a la iglesia del mismo nombre, asomaba una fachada pintada con los tonos tradicionales en bermellones y amarillos, pero con el añadido de unos llamativos rectángulos verdes. También pinturas el fresco añadidas en el último tramo del siglo XIX, aprovechando la cubrición de este tramo del Darro (1880) y la habilitación del espacio como una prolongación de Plaza Nueva. Una especie de cadenas enmarcan esos paneles con adornos enjoyados en sus esquinas. En la planta primera mandan los tonos apagados, en tanto los grandes murales de color verdoso-azulado se prolongan sin particiones en el entablamento de los pisos segundo y tercero. Es decoración más elemental que sus cercanas de la Carrera del Darro.

Los primitivos fondos verdes de los rectángulos en la fachada principal fueron repintados en color blanco hace unos cuantos años. Solamente se mantiene el verde original en el lateral de la cuesta Almanzora Baja.

Postal de los años sesenta de la Plaza de Santa Ana. El edificio del fondo estaba pintado en verde en su parte superior; actualmente ha sido reconvertido en blanco.

 El edificio ha sufrido varias modificaciones a lo largo de su vida, así como daños por la colocación de la reja balconada central

En la calle San Matías, 11, frente a la iglesia, subsiste muy deteriorada la única fachada pintada de las tres que había a principios del siglo XX. También su origen es del siglo XVIII. Su escenografía nos presenta un edificio ennoblecido por arquitectura de orden dórico. Con el entablamento entre las plantas primera y segunda perfectamente marcado. Las jambas y los alféizares están adornados por columnillas y supuestas losas de mármol gris. Tres jarrones con flores adornan otros tantos paños entre las ventanas del cuerpo superior. El edificio ha sufrido varias modificaciones a lo largo de su vida, así como daños por la colocación de la reja balconada central. Hoy es sede del Colegio de Aparejadores que ha frenado el deterioro de años atrás.

Calle San Matías, el único decorado en esta calle, aunque muy desdibujado.

Cuando se le añadió posteriormente un tercer piso ya se prescindió de reproducir estos adornos

En el Barrio de la Virgen, concretamente en la calle Ancha de la Virgen, números 25 y 5, nos encontramos con dos edificios del XIX y primera década del XX que retomaron la técnica del esgrafiado para decoración de sus fachadas. El 25, esquina a calle Enriqueta Lozano, presenta toda su fachada en esquina simulando una sillería labrada y las plantas primera y segunda preñadas de elementos simbólicos. Cuando se le añadió posteriormente un tercer piso ya se prescindió de reproducir estos adornos.

El 5 reúne elementos modernistas con esgrafiados en los pequeños espacios que dejan libres los huecos de las ventanas, todos ellos a base de motivos vegetales.

Casa esgrafiada a la catalana en la confluencia Ancha de la Virgen con Enriqueta Lozano.
Ancha de la Virgen, 5, con una pequeña parte esgrafiada.

 Se adivina un entablamento de guirnaldas y simulación de elementos arquitectónicos. También unos macetones en los paños que separan las ventanas

En Plaza Larga queda el único edificio de fachada pintada en el siglo XVIII de toda la parte alta del Albayzín. También fue casa señorial que derivó en albergue de vecinos. Fue decorada con una mezcla de almagre en varios tonos sobre fondo amarillento. Con el tiempo se ha deteriorado tanto que da la sensación de estar manchada por barro de calimas. Se adivina un entablamento de guirnaldas y simulación de elementos arquitectónicos. También unos macetones en los paños que separan las ventanas.

En la calle San Juan de los Reyes, frente a la placeta de la Concepción, quedan restos de decoración al fresco de lo que fue una actividad fabril que aprovechaba la fuerza motriz de la acequia de Axares o San Juan.

Único edificio con fachada decorada a la italiana la zona alta del Albayzín, concretamente en Plaza Larga.

Mediante un color bermellón se simula un almohadillado inexistente y unas cenefas que enmarcan las ventanas con motivos vegetales estilizados

La Gran Vía, levantada en el primer tercio del siglo XX, estuvo ajena a la moda de decorar sus fachadas al gusto italiano. Predominó el eclecticismo y un tímido modernismo en las formas, pero en cuanto a colores predominan los grises crudos. Las molduras de cemento, yeso o marmolina son las dueñas de las fachadas en la mayoría de casos. Solamente los tres bloques de El Americano recurrieron a la pintura en colores, tras un revoco de cal grasa, para enmascarar la pobreza de los materiales con que está construido. Mediante un color bermellón se simula un almohadillado inexistente y unas cenefas que enmarcan las ventanas con motivos vegetales estilizados.
Edificio El Americano, al final de Gran Vía, el único pintado tímidamente de toda esta avenida.

Entorno de la Catedral. El alcalde Antonio Gallego Burín inspiró el último atisbo de moda de recuperar la decoración de fachadas al estilo italiano. Fue aprovechando la reforma de la Plaza de las Pasiegas y demolición de la Cárcel Vieja, entre los años 1943 y 1946. La obra principal consistió en eliminar la rampa adoquinada que partía desde la puerta de la Catedral hasta el inicio de la calle Marqués de Gerona. Por arriba, empleó grandes losas de piedra de Sierra Elvira para pavimentar una calle-plaza desde el pie de la Torre hasta la calle Libreros; aquí salió la plaza de Alonso Cano, donde colocó su escultura.

En su parte baja, mediante tramos de escalinata, conformó lo que podemos entender como propiamente la Plaza de las Pasiegas. La vieja rampa repartió su espacio en una especie de gran escenario y un patio de butacas

En su parte baja, mediante tramos de escalinata, conformó lo que podemos entender como propiamente la Plaza de las Pasiegas. La vieja rampa repartió su espacio en una especie de gran escenario y un patio de butacas.

Las casas que dan a las Pasiegas estaban pintadas de blanco, posiblemente encaladas, hasta que se acabó esta obra. A partir de ese momento fueron decoradas al estilo italiano. La Casa de los Canónigos (la de la izquierda según se mira el Templo) ocupa todo el lateral del Oeste; fue decorada a partir de cartones de los pintores Carazo y Palomares. Es una decoración muy simple a base de remarcar los huecos de la fachada, en calles verticales. Destaca la labor que corona los balcones de la segunda planta, seis de ellos con angelotes tumbados sobre los semiarcos y unas guirnaldas bajo ellos. La ventana central tiene un frontón con un escudo en el centro y dos ángeles alados que deben representar a algunas virtudes. Todo el conjunto conforma una enorme grisalla. Las inclemencias del tiempo y la falta de reparaciones han mermado mucho la vistosidad que debió tener muchos años atrás.

Las otras dos casas que flanquean la esquina a Marqués de Gerona también fueron pintadas, aunque sus pretensiones artísticas son mucho menores. Cierra esta Plaza la pared de la Curia Eclesiástica, siempre pintada en un color bermellón crudo y fuerte, para no competir con la piedra rubia de la Catedral.

Los tres edificios de la Plaza de las Pasiegas, con el pavimento recién puesto y las fachadas aún sin decorar al estilo italiano. TORRES MOLINA.
Fachadas de la embocadura de Marqués de Gerona, en 1948, recién pintadas. TORRES MOLINA
Escalinata que separa el atrio de la Catedral y Plaza de las Pasiegas, recién acabado en 1946. TORRES MOLINA.
Casa de los Canónigos en la actualidad, un tanto deteriorada por el tiempo.

Además de ennoblecer la fachada con columnas de estilo dórico y cenefa separando el paramento, tiene dos preciosos medallones

La intervención en fachadas en este mismo tiempo también afectó a la esquina de la calle Libreros con el acceso a la Alcaicería. Esa pared hoy aparece muy escondida tras los magnolios, pero ofrece las pinturas más delicadas del entorno. Además de ennoblecer la fachada con columnas de estilo dórico y cenefa separando el paramento, tiene dos preciosos medallones: el más alto es una escena de la huida a Egipto de la familia de Jesús; el segundo rememora la escena bíblica del Juan Bautista bautizando a su primo Jesús en el Jordán.

Y justo encima de la puerta a la Alcaicería pintaron la imagen de una virgen con niño, muy parecida a un icono bizantino. Recuerda las muchas hornacinas e imágenes que tuvo el mercado de sedas hasta el incendio de 1843 que acabó con su antigua estructura.

La Plaza de Alonso Cano, con la fachada detrás de la escultura recién pintada y los árboles permitían ver el edificio coloreado en su plenitud. AHMGR
Medallones con escenas bíblicas en la esquina de calle Libreros (Plaza Alonso Cano).
Virgen con Niño sobre la entrada a la Alcaicería.

Hay un tercer edificio del entorno con pinturas. Es el que ocupó una parte de la Cárcel Vieja, contiguo a la antigua sede de Caja General, frente a la Puerta del Perdón (hoy reconvertido en hotel Áurea Catedral). Tiene pintadas sus tres fachadas con grisallas que remarcan los huecos de las ventanas. Destaca un jarrón con las rosas, símbolo de la Catedral que tiene enfrente; también algunas caras humanas. 

Fachada del hotel Áurea frente a la puerta lateral de la Catedral, con jarrones de azucenas que simbolizan al monumento y medallones de cabezas humanas.
  • El tratamiento y mejora de las ilustraciones de este artículo son obra de Luis Ruiz Rodríguez.