'En ese relajado silencio estaba la respuesta. (Historia de un descubrimiento)'

Esta es una pequeña historia dentro de una gran historia. Una anécdota, quizás, muestra de que los grandes acontecimientos humanos están construidos por vidas anónimas, humildes, transparentes por el peso del tiempo que les tocó vivir.
Desde que vi aquella imagen de una mujer joven, a lomos de un caballo blanco, altiva, valiente, desafiando a la adversidad en el catálogo de la exposición “Capa y Taro en el Frente Sur", una sobrecogedora curiosidad se apoderó de mí.
De la fotógrafa lo conocía casi todo. Gerda Taro, nacida Gerta Pohorylle, alemana, judía, exiliada en Paris, compañera de Endre Friedman, con quien construyó la ficción de Robert Capa. Aquel día (el 16 o 17 de febrero de 1937) estaba en Calahonda cubriendo para la revista Regards la huida de la población de la costa de Málaga y Granada hacia Almería, aquel terrible suceso conocido cono La Desbandá. Habían llegado a Almería unos días antes, el 14, y se había sumado al batallón Chapaiev de la XIII Brigada Internacional que avanzaba hacia Motril para proteger la retaguardia de esta enorme columna de refugiados.
¿Era esta mujer consciente de que su fotografía, divulgada por los principales periódicos europeos, se había convertido en la misma imagen de la República española?
Pero la chica de la fotografía ¿quién era? No conocía nada de ella. El pie de foto aludía a las mujeres que estaban en primera línea del frente abastecimiento a las posiciones. En la portada de Spanelko, donde también se reprodujo, se exhortaba a los hombres a que volvieran a los frentes, que habían abandonado precipitadamente, y donde las mujeres estaban haciendo su trabajo. Pero ni un dato más. ¿Era esta mujer consciente de que su fotografía, divulgada por los principales periódicos europeos, se había convertido en la misma imagen de la República española? Una república joven, como ella misma, complementaria al horror padecido por las víctimas, ancianos y niños desamparados que habían captado el médico canadiense Norman Bethune y su compañero Hazen Size en la carretera de la muerte.
Tenía que saber más de ella. Y me puse manos a la obra. Carente de los medios y la formación de los historiadores comencé por lo más cercano: mostrar la foto a mis vecinos. Pero tras una pequeña y frustrante búsqueda abandoné la tarea, ya que, como era de esperar, la edad de los supervivientes no permitía que recordasen una imagen tomada hace casi 90 años. Todos los testigos, al igual que la protagonista, debían estar ya muertos, así que decidí ir al lugar donde ellos descansan.
¿Era esta mujer consciente de que su fotografía, divulgada por los principales periódicos europeos, se había convertido en la misma imagen de la República española?
Cogí mi cámara fotográfica y me dirigí hacia el cementerio de Calahonda, al patio más antiguo donde se encuentran las tumbas a las personas nacidas entre 1910 y 1915. Calculaba que aquella mujer debía tener en el momento de la foto entre los 20 y los 30 años, así que fui buscando entre las lápidas, recorriendo las extraordinarias historias escritas sobre ellas. Pero tampoco hubo suerte. Pensé que la empresa emprendida era un dislate, buscar una aguja en un pajar que fue demolido hace casi un siglo, una aventura fracasada antes de comenzar. Y lo dejé.
Y así pasaron algunos meses, hasta que de nuevo la curiosidad y la ociosidad condujeron mis pasos al cementerio, al segundo de los viejos patios. Las lápidas comenzaron de nuevo a contarme sus historias, tragedias cotidianas de vidas arrasadas por un tiempo inclemente, personas que fueron héroes en una época de hierro. Y absorta en la reconstrucción de ese tiempo, me di de bruces con el rostro de aquella mujer que iba buscando. El óvalo de la cara, la forma de las cejas, la barbilla, la nariz, el gesto...no podía ser otra, pero ¿de verdad era ella?
Cogí mi cámara e hice un par de capturas. Atropellé mis pasos hacia la casa, donde apenas atinaba a encender el ordenador, descargué las imágenes, las retoqué un poquito, cargué la imagen original, contuve la respiración y… ¡era ella!
No podía ser más feliz, había descubierto a la persona que estaba bajo aquella imagen
No podía ser más feliz, había descubierto a la persona que estaba bajo aquella imagen. Mi satisfacción era enorme, al fin podría conocer quién era esa persona de carne y hueso sobre la que se construyó aquel relato fotográfico casi legendario. Mi alegría era desbordante.
Pero, en ese momento, me asaltó la duda ¿Y si todo respondía a una ilusión, y si estaba forzando la interpretación de aquella imagen? Necesitaba una evidencia más, una prueba que me garantizase que efectivamente era la que yo buscaba, y eso solo podría venir de la confirmación de un testigo cercano, de alguien que la hubiese conocido cuando estaba viva.
Así que me dirigí a casa de una de sus hijas que, reconoció con emoción, a su madre en aquella portada de Regards de 18 de julio de 1937.
Aquel día de febrero de 1937, en el que se tomó la foto, Francisca Palomino Ruiz, más conocida como " Paca la Callejona", se disponía con su familia a huir de la zona, al igual que la gran mayoría de la gente del pueblo. En aquel momento, modelo y fotógrafa, tenían la misma edad.
Francisca fue ajena toda su vida a la trascendencia de aquella imagen que la joven fotógrafa alemana le había tomado en una tarde de febrero en la playa de Calahonda, en pleno frente de guerra
Francisca fue ajena toda su vida a la trascendencia de aquella imagen que la joven fotógrafa alemana le había tomado en una tarde de febrero en la playa de Calahonda, en pleno frente de guerra. Nada supo de su publicación en Regads, Spanelko o Life. Nada supo de que fue protagonista del primer reportaje que Taro firmó de forma diferenciada de Robert Capa. Posiblemente a ello contribuyó la muerte, unos meses después, de Taro en Brunete, y el olvido que se impuso a su historia y sus fotografías bajo la marca de Robert Capa.
Aquellas dos jóvenes mujeres, Francisca y Gerda, se encontraron en Calahonda, construyeron un instante de la Historia, y desparecieron en ella.
Tal como cuenta Fernando Alcalde, unos años después de la muerte de Taro, Robert Capa se reunió con su amigo Hemingway en su rancho de Sun Valley. Allí repasaron juntos algunas imágenes de la Guerra de España para ilustrar un artículo sobre la película basada en su libro “Por quién doblan las campanas”. Entre ellas, el escritor reconoció en la fotografía de la guapa joven los atributos que debía tener su protagonista, María, que posteriormente sería interpretada por Ingrid Bergman. Y así se publicó en la revista Life. Francisca no alcanzó a ver el afamado largometraje, fue ajena a su estreno en EEUU en 1943 y su vida ya se había extinguido cuando lo hizo en España. De haberlo hecho quizás se hubiese reconocido en aquella tarde en que su vida se vio zarandeada por el monstruo de la guerra.
Releo lo escrito más arriba y me parece ver a un duendecillo que sonríe con sorna. Lo hace mientras parece que me dice: hablas de Historia con minúscula, pero Historia, al fin y al cabo, en un momento de horas bajas de esta rama del saber. Historia de unos hechos ocurridos hace un montón de años en un pueblo de un millar mal contado de habitantes. ¡Pues estás buena! añade el duendecillo. -Pues sí, lo estoy. Y es precisamente en estas horas bajas de la Historia, zarandeada por muchos creadores de opinión, más preocupados por inventarse historias o por manipular a la Historia con mayúscula que por dejarse llevar por ella para conocer los hechos realmente acontecidos.
Pues bien, yo he pretendido poner delante de mis paisanos a quiénes fueron muchos de sus vecinos -quizás sus propios abuelos- en unas horas trágicas de la vida de su pueblo. Muchos de ellos fueron fieles a unos ideales que pretendieron que guiaran sus vidas y creo que merecen el reconocimiento de quienes les hemos sucedido, y ocupar el lugar que merecen en la Historia de nuestro Pueblo ¡Va por ellos!
La historia de la fotografía se ha presentado en Salobreña en el marco de las jornadas “Gerda y Francisca. Historia de un instante”. La investigación impulsada en 2017 por la Asociación 14 de Abril permitió situar la imagen y ahora, el trabajo desarrollado por Conchi Rodríguez ha logrado establecer la identidad de su protagonista y reconstruir su historia. Además del trabajo de Conchi Rodríguez, la jornada contó con la participación de Fernando Olmeda, biógrafo de Gerda Taro, que abordó l compromiso profesional y político de la reportera; de Fernando Alcalde, que profundizó en la localización y contextualización de las imágenes de Taro y Capa en la Costa de Granada




















































