ICONOGRAFÍA DE LA MUERTE DE PERSONAJES HISTÓRICOS

Una máscara mortuoria y un busto de Carlos Cano para su 80 aniversario

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera. - Domingo, 2 de Agosto de 2026
Una nueva exclusiva de Gabriel Pozo Felguera, en homenaje al irrepetible cantautor, con varias fascinantes adendas. Por el mejor cronista de Granada.
José María Moreno mira el busto de Carlos Cano que ha modelado para La Zubia. En la mano sujeta la máscara mortuoria sacada al cadáver en el año 2000.
LUIS RUIZ RODRÍGUEZ.
José María Moreno mira el busto de Carlos Cano que ha modelado para La Zubia. En la mano sujeta la máscara mortuoria sacada al cadáver en el año 2000.
  • La mascarilla funeraria del cantautor enlaza con la antigua tradición de sacar la imagen tridimensional a artistas y personalidades

  • La Zubia es el primer pueblo que va a colocar un busto del cantante; las hijas de Cano tramitan la erección de un conjunto mayor en una plaza de la capital

Estamos en el 80 aniversario del nacimiento del cantautor Carlos Cano. E inmersos en el programa de actos para recordar que se cumple un cuarto de siglo de su fallecimiento. A partir de septiembre se retomarán actividades de tipo musical, poéticas y expositivas en torno a su inmortal figura. Hay varias calles y lugares que ya llevan su nombre, en Granada, España y Suramérica. El Ayuntamiento de La Zubia ha sido el primero en encargar un busto en bronce al Taller de Arte Hermanos Moreno. Los mismos artistas que sacaron su máscara mortuoria el día de su fallecimiento. Hacía varias décadas que no se había adoptado esta técnica de recordatorio de personalidades, tan usual en tiempo pasados. No se era nadie importante en el mundo del arte, de la política, la Iglesia o las monarquías si no te sacaban molde del rostro o la cabeza completa al morir. De otro lado, las hijas de Carlos Cano tienen en proyecto erigirle un conjunto escultórico en una plaza de la capital.

Poca gente conocía que la madrugada del 20 de diciembre del año 2000 le fue sacado un molde a la cara del cadáver de Carlos Cano

Poca gente conocía que la madrugada del 20 de diciembre del año 2000 le fue sacado un molde a la cara del cadáver de Carlos Cano. Estaba de cuerpo presente en el salón de plenos del Ayuntamiento para rendirle el último homenaje antes de su enterramiento. Cuando se cerró la sala al numeroso público, los maestros escultores Miguel Ángel y José María Moreno empezaron una delicada operación que no habían practicado nunca, porque esta técnica hace varias décadas que dejó de ser habitual: sacar una mascarillas fúnebre o mortuoria antes de que el cuerpo empezara a corromperse. La idea partió del pintor Enrique Padial, amigo del cantautor y de su familia.

La técnica adecuada persigue sacar el molde de una cara ya relajada, pero que todavía no ha perdido las facciones reales

Salvando algunos detalles, la técnica de vaciar la cara de un difunto viene a ser muy parecida a hacer la copia de cualquier figura en material duro. Pero con el inconveniente de que tiene vello, pestañas y cejas. Además, si se presiona demasiado se corre el riesgo de deformar las facciones. El resultado podría ser nefasto, como ha ocurrido en muchos casos a lo largo de la historia. La técnica adecuada persigue sacar el molde de una cara ya relajada, pero que todavía no ha perdido las facciones reales.

La mascarilla mortuoria de Cano, sostenida por el vaciador y en una caja. L. R. RODRÍGUEZ

Se empezó por aislar con una tela la parte de la cabeza que se deseaba reproducir, para evitar que se pegara la abundante cabellera o la tela de la ropa. Después le fue aplicada una capa de vaselina. El siguiente paso consistió en recubrir todo el rostro con una gasa muy fina. El último trámite fue verter sobre ella una aplicación de yeso y escayola. Tras retirar y limpiar el rostro, nadie sería capaz de sospechar aquella operación.

La última operación fue fundir el molde en bronce por el sistema habitual de cera perdida. Y aplicarle la correspondiente pátina, en este caso de un tono de bronce verdoso.

El resultado fue un negativo en yeso que inmediatamente se preparó para sacar un positivo en cera. La última operación fue fundir el molde en bronce por el sistema habitual de cera perdida. Y aplicarle la correspondiente pátina, en este caso de un tono de bronce verdoso.

Es la única imagen tridimensional que ha quedado del rostro de Carlos Cano. Actualmente se conserva en el Taller de Arte Moreno, pero tras las celebraciones será entregada a sus hijas como recuerdo.

El primer busto, para La Zubia

Fue el Ayuntamiento de La Zubia el primer municipio que encargó una cabeza en bronce para recordar a Carlos Cano en el 25 aniversario de su fallecimiento, allá por el mes de diciembre pasado. Podrá resultar un tanto chocante que sea este pueblo el primero en tener una obra tridimensional del cantautor, cuando no mantuvo una relación especial con él. El motivo fue muy sencillo ─lo justifica Pablo Laguna, concejal delegado que fue de Cultura─: La Zubia tenía casi de estreno su centro cultural, sin bautizar, cuando falleció Carlos Cano en el año 2000. El Ayuntamiento decidió dedicárselo al cantante. Así se conoce el edificio desde entonces.

Aprovechando esas obras, el Ayuntamiento zubiético decidió encargar un busto de Carlos Cano para colocarlo sobre un plinto de piedra delante de la fachada. Esa colocación está prevista hacerla para septiembre-octubre próximos.

La Zubia le concedió su Laurel de Plata el pasado año, a título póstumo, con motivo del 25 aniversario de su fallecimiento. En diciembre empezaron una programación de actos con el disco Hombre Garabato (19 diciembre), proyección del documental María la Portuguesa (30 de enero de 2026); en abril pasado, el ciclo La Zubia en Letras se centró en la figura de Carlos Cano, con la colaboración del cantautor Raúl Alcover.

El Centro Cultural tiene un mural en su fachada a la calle Joan Miró que necesita ser restaurado. Aprovechando esas obras, el Ayuntamiento zubiético decidió encargar un busto de Carlos Cano para colocarlo sobre un plinto de piedra delante de la fachada. Esa colocación está prevista hacerla para septiembre-octubre próximos.

El busto de La Zubia, en sus dos perfiles.
Proporción de la mascarilla real con la creación del maestro José María Moreno.

El encargo de la escultura fue hecho al Taller de Arte Hermanos Moreno hace unos meses. Se decidió, debido a su tamaño, que fuese en bronce fundido, de estilo realista, en vez de la tradicional chapa batida, marca de esta casa de escultores. No es un busto completo, sino una cabeza soportada por la parte del pecho, sin hombros ni espalda. A tamaño algo superior a las proporciones reales que tuvo el Carlos Cano. Irá aupada sobre un pedestal de la piedra todavía por labrar.

El modelista ha sido José Miguel Moreno. Se ha servido de la mascarilla mortuoria para conseguir los perfiles exactos, pero el material principal han sido fotografías tomadas en vida y aportadas por las hijas del coplista

El modelista ha sido José María Moreno. Se ha servido de la mascarilla mortuoria para conseguir los perfiles exactos, pero el material principal han sido fotografías tomadas en vida y aportadas por las hijas del coplista. La mascarilla ha sido sólo un referente porque está muerto ya, sin rasgos.

El resultado del modelado presenta a Carlos con una expresión noble, esbozando una pequeña sonrisa, sereno. Su creador entiende que se aleja de la imagen irreal e impostada que le adjudicaban en vida, la de una persona antipática y malafollá. En realidad, se trataba de una persona muy tímida. Que ganaba mucho en las distancias cortas. La imagen hay que contemplarla en el medio natural en que va a ser expuesta, subida sobre un plinto. Un soporte que deberá estar muy proporcionado, porque si es demasiado pequeño parecerá un cabezón de los que pasean en la Tarasca. Si el pedestal es demasiado grande, la cabeza puede quedar menguada.

La cabeza pesa algo más de 35 kilos. Solamente se le acompaña del pectoral, camisa abierta que utilizaba habitualmente en sus conciertos.

¿La de Granada, para cuándo?

Granada, la ciudad donde nació Carlos Cano el 28 de enero de 1946, no se ha olvidado de él en este cuarto de siglo desde su muerte. Muy pronto le dedicó una plaza en el barrio donde jugaba y alternaba de pequeño. La histórica Plaza del Cañaveral, junto a la calle Varela, fue rotulada como Plaza de Carlos Cano.

Aquella casona de vecinos está hoy restaurada y reconvertida en apartamentos turísticos

En marzo del año 2021 también se decidió poner una placa en la casa donde nació. Vino al mundo justo en el edificio que hay levantado sobre el aljibe Rodrigo del Campo, a la entrada del Realejo. Aquí, debajo justo de la placa de cerámica del depósito de agua, se añadió el recordatorio de su lugar de nacimiento. Aquella casona de vecinos está hoy restaurada y reconvertida en apartamentos turísticos.

Casa donde nació Carlos Cano, esquina Cuesta Pañera con Rodrigo del Campo.
Placa dedicada en el año 2021.
Plaza rotulada con su nombre en el corazón del barrio de San Matías-Realejo.

La tercera iniciativa que ronda por la cabeza de sus dos hijas consistiría en un monumento de mayor enjundia y envergadura

La tercera iniciativa que ronda por la cabeza de sus dos hijas consistiría en un monumento de mayor enjundia y envergadura. No una cabeza o un busto. Llevan dándole vueltas desde hace tiempo, sobre todo Amaranta. Han pedido presupuestos, están hablando con el Ayuntamiento y queriendo avanzar en la idea. Incluso tienen un boceto que habría que concretar y desarrollar algo más.

Esta fotografía de Ramón L. Pérez es la que más se aproxima a la idea del monumento que se baraja.

La Concejalía de Cultura y Patrimonio del Ayuntamiento no sabe, no contesta por el momento. Lo que sí es seguro es que no pondrá un duro para pagar la escultura

La intención de la familia es que el conjunto represente a Carlos Cano en una actitud viva, en mitad de un concierto, sentado en una silla de anea, con la guitarra en la mano y cantando. La ubicación más probable y lógica sería en el centro de la plaza que lleva su nombre. Hasta aquí podemos contar, el asunto está todavía sin madurar en cuanto a financiación y diseño. La Concejalía de Cultura y Patrimonio del Ayuntamiento no sabe, no contesta por el momento. Lo que sí es seguro es que no pondrá un duro para pagar la escultura. Su temor es que abra la espita para otros artistas famosos que se pondrían en la lista de espera (Morente, Gómez Martínez, Miguel Gallardo, Los Ángeles, etc.).

El mes de septiembre, concretamente el 16, hay programado un concierto para recordar al cantautor granadino. Será en el Teatro del Generalife

El mes de septiembre, concretamente el 16, hay programado un concierto para recordar al cantautor granadino. Será en el Teatro del Generalife. Han programado las actuaciones de Miguel Ríos, Javier Ruibal, Carmen Linares, Marina Heredia, El Hombre Garabato, Califato 3/4, María Peláe, José Antonio García y el Coro de Cámara de Granada.

También están preparando una exposición con el título Carlos Cano. Voces para una biografía. Será en el Centro Cultural Gran Capitán, promovida por la Asociación Memoria Carlos Cano. Propone un recorrido por la trayectoria vital, artística y humana del cantautor granadino a partir del libro foto-biográfico de Juan Miguel Morales y Omar Jurado. Son treinta fotografías acompañadas de textos y testimonios de la vida del autor.

EL ARTE Y LA TRADICIÓN DE LA MASCARILLA MORTUORIA

Desde época muy remota el hombre ha procurado trascender a su propia historia mediante la perdurabilidad de su figura física. Y si no lo ordenó el protagonista, lo hicieron sus deudos, discípulos y admiradores. Se procuraba retratarlos a base de dibujos y pinturas. Pero pronto se descubrieron técnicas tridimensionales, es decir, la mascarilla en vivo o mortuoria para erigirle esculturas o guardar su imagen en ausencia de la persona muerta. Una manera de tener presente en la intimidad de la casa, el museo o la capilla la figura del ausente. Era una manera de inmortalizar al mortal. La técnica apareció ya en época de los faraones, si bien idealizada, no sacada a partir de cera, barro, yeso o escayola. El imperio romano la perfeccionó para sus próceres. La técnica continuó activa durante la edad media, pero al sacar las copias en materiales débiles se han perdido la su inmensa mayoría.

En el Renacimiento, con el perfeccionamiento de la fundición en bronce, se consiguió hacer perdurables las mascarillas efímeras por sus materiales blandos

En el Renacimiento, con el perfeccionamiento de la fundición en bronce, se consiguió hacer perdurables las mascarillas efímeras por sus materiales blandos. Sus traslados a metal son las que han llegado a nuestros días. En Centroeuropa e Italia fueron sumamente cultivadas y practicadas las técnicas de las mascarillas mortuorias. También se extendió al mundo anglosajón y, por añadidura, a sus colonias de Norteamérica.

España no iba a ser menos. Las mascarillas mortuorias las practicaron las casas nobiliarias, la monarquía y la Iglesia

España no iba a ser menos. Las mascarillas mortuorias las practicaron las casas nobiliarias, la monarquía y la Iglesia. En la mayoría de casos sin llegar a copiarlas en metal. A partir del siglo XVIII se generalizó esta práctica. En el XIX fue común entre el mundo de artistas y literatos quedarse con el último recuerdo tridimensional de la persona idolatrada. No decayó la técnica de la mascarilla cuando apareció la fotografía funeraria, ésta quedó más indicada para clases medias y bajas. Pero tras la guerra civil española (1936-39) fue una práctica que desapareció prácticamente en toda España. Se han dado casos muy contados, ya no es una costumbre generalizada.

Tutankamon, hacia 1326 antes de Cristo. Los antiguos egipcios usaron mascarillas vaciadas en oro que en realidad eran idealizaciones de los rostros mortales, no sacadas a partir de cera o arcillas.
Cayo Julio César (año 44) y Togado de Periate (siglos II-IV). El emperador romano trata de combinar el rictus de una persona que todavía no ha fallecido para convertirlo en estatua inmortal. En caso de la escultura entera del Togado de Periate (hallado cerca de Granada) podría tratarse de algunas de las estatuas romanas fundidas en tronco a las que después se le añadían caretas mortuorias retocadas como si se las hubiesen hecho en vida; las modelaban en provincias y acababan añadidas en las fundiciones de Roma.
Filippo Bruneleschi (1377-1446) y Dante Alighieri (1265-1321). En la del autor de la Divinia Comedia se aprecia claramente que se le enterró con el gorro que aparece en los retratos y se le retocaron los ojos para que pareciese aún vivo.
Lorenzo de Médici (1448-92) y Martín Lutero (1483-1546).
El escritor William Shakespeare, con la característica perilla y bigotes del XVII. Podría ser válida para representar a sus coetáneos Lope de Vega y Miguel de Cervantes.
George Washington (1732-99) y Napoleón Bonaparte (1769-1821). La del primer presidente norteamericano fue fabricada abriéndole los ojos para que pareciese que le había sido hecha en vivo. Con la de Napoleón existen dudas sobre su autenticidad, ya que falleció en el destierro de la isla de Santa Elena y los medios que existían allí eran demasiado precarios.
Dion Boucicault (1822-90) y Federico II el Grande (1712-86). Dos modelos en los que la mascarilla se amplió a toda la cabeza, por partes, y se convirtió en figura completa.
San Antonio de Florencia (1389-145) y Josepha Haydin (1732-1809). Dos ejemplos, con cuatro siglos de diferencia, de mascarillas que abarcaron hasta los pabellones auditivos.
Los músicos Gustav Mahler (1910) y Beethoven (1827).
Los escritores Dostoyevky (1881), Víctor Hugo (1885) y León Tolstoi (1910).
El científico Isaac Newton (1727) y el filósofo Nietzche (1900), hecha por el pintor Curt Stoeving; fue sacada dos días más tarde de su fallecimiento, con la cara deformada por la sífilis. Existen otras copias retocadas a partir de este original.
Pocas mujeres: la adolescente Alma von Goethe (1844, fallecida con 17 años) y la reina María Luisa de Prusia (1810).
Los revolucionarios Robespierre (1794) y Vladimir I. Lenin (1924).

La solución que se adoptó fue hacerle una barba postiza para ocultar los destrozos

El caso del escultor Antonio Susillo Fernández (1855-96) fue muy especial. Era uno de los mejores escultores sevillanos de finales del XIX. Sus depresiones le llevaron a suicidarse en las cercanías de la estación del tren. Se disparó un tiro en la barbilla que le atravesó la cabeza. Hubo que recomponerlo anatómicamente para que su discípulo Viriato Rull pudiese sacarle la mascarilla. La solución que se adoptó fue hacerle una barba postiza para ocultar los destrozos.

En su ataúd introdujeron dos dibujos suyos, uno de los jardines de la Alhambra y otro de una mascarilla del músico alemán

Se cuenta que Mariano Fortuny era un gran aficionado a coleccionar mascarillas fúnebres de artistas fallecidos en los siglos XVIII y XIX. Era habitual que entonces se hicieran bastantes copias de las personalidades más importantes, destinadas a sus herederos, discípulos y admiradores. El pintor que estuvo dos años en Granada tenía una mascarilla del músico Beethoven. Estaba obsesionado con dibujarla de vez en cuando. Ya enfermo y casi a las puertas de la muerte en Roma (en 1874) se entretenía haciendo apuntes de esa máscara. He aquí cuatro de los dibujos. En su ataúd introdujeron dos dibujos suyos, uno de los jardines de la Alhambra y otro de una mascarilla del músico alemán.

Cuando Fortuny falleció joven, en 1874, sus amigos y discípulos se preocuparon por hacerle una fotografía y sacar una mascarilla. Se encargó de sacársela su amigo Jerónimo Suñol.

Además de la mascarilla mortuoria, de algunos artistas también se sacaron vaciados de sus manos, considerando que de esas manos salieron las maravillas de sus obras. Estas son de las manos derechas de Fortuny y de Sorolla.

Entre los artistas existió una suerte de “fetichismo”, donde las mascarillas de maestros y de otros artistas idolatrados eran colocadas a modo de pequeño altar, para rendir homenaje perpetuo a la figura admirada. Es el caso del estudio de Joaquín Sorolla, donde figuró la efigie de la mascarilla de Fortuny, colocada entre laureles.

El escultor Mariano Benlliure, gran amigo de Joaquín Sorolla –más que amigos se consideraban “hermanos”– fue el encargado de vaciar la mascarilla funeraria de éste. Esto supuso un gran impacto emocional para el escultor, lo que recordaría toda su vida. Lo hizo en su casa de Cercedilla, donde falleció en el año 1923.

Benlliure fue uno de los escultores que más máscaras mortuorias hizo, tanto de sus amigos como encargos de la nobleza

Benlliure fue uno de los escultores que más máscaras mortuorias hizo, tanto de sus amigos como encargos de la nobleza. Reprodujo la de la emperatriz Eugenia de Montijo (fallecida en el Palacio de Liria de Madrid, en 1920) y la del general Manuel Cassola (1890). Esta última la sacó en barro y le sirvió posteriormente para las estatuas que hay frente al Ministerio del Aire de Madrid y en Valencia.

También en el año 1920 falleció el escritor Benito Pérez Galdós. En este caso fue el granadino Natalio Rivas el que corrió a buscar al escultor Daniel Zuloaga Boneta para que le hiciera la mascarilla. A Antonio Gaudí (1926) le sacaron la máscara mortuoria pero también el resto de la cabeza, con lo cual se conserva la figura completa.

Galdós y Gaudí (sacada por Joan Matamala i Flotats).

Con la particularidad de que al fundirla la convirtió en una obra de arte con el añadido de una corona de laurel rodeando el rostro del Premio Nobel de Medicina

Santiago Ramón y Cajal también tiene su mascarilla mortuoria. Le fue sacada por el escultor “granadino” Juan Cristóbal en 1934. Con la particularidad de que al fundirla la convirtió en una obra de arte con el añadido de una corona de laurel rodeando el rostro del Premio Nobel de Medicina. Le añadió un soporte de mármol. Está depositada en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Santiago Ramón y Cajal (1920) y Eva Perón (1953), en este caso mascarilla, cabeza y busto en el lecho de muerte.
Francisco Franco (1975) y Alfred Hitchoch (1980).

En el mismo hospital de La Paz se dejó paso al escultor Santiago de Santiago Hernández para que hiciera el molde del rostro inerme y las manos

Otro de los casos más recientes, de hace medio siglo, fue el que se dio con el dictador Francisco Franco Bahamonde. Falleció el 20 de noviembre de 1975. Sus familiares y allegados quisieron también inmortalizar su cara en tres dimensiones y las dos manos. Tras más de un mes de agonía hospitalaria su cara estaba demacrada. La sometieron previamente a un proceso de embalsamamiento para “redondearla”. En el mismo hospital de La Paz se dejó paso al escultor Santiago de Santiago Hernández para que hiciera el molde del rostro inerme y las manos. Uno de los originales que fueron fundidos se encuentra expuesto en el Museo del Ejército de Toledo.

MASCARILLAS RELACIONADAS CON GRANADA

Bultos funerarios de Fernando e Isabel en la Capilla Real de Granada.

La obra fue concluida en 1517 y traída de Italia inmediatamente para ser colocada. ¿Fue mito o realidad la existencia de aquella mascarilla?

Una tradición del siglo XVI cuenta que a la reina Isabel la Católica le sacaron un molde de su cara. Falleció el 26 de noviembre de 1504 y fue traída a enterrar a Granada. Aquel molde fue guardado por orden de Fernando el Católico, no se sabe si trasladado a un material más duro y de mejor conservación. Reflejaba la cara serena y de mujer todavía joven (murió con 53 años). Fue la que remitió al escultor florentino Doménico Francelli. No ocurrió lo mismo en el caso del rey Fernando, fallecido en 1516; en su caso el artista se habría inspirado en un retrato de cuando era joven. La obra fue concluida en 1517 y traída de Italia inmediatamente para ser colocada. ¿Fue mito o realidad la existencia de aquella mascarilla?

A la izquierda, el busto orante en mármol y a la derecha la tapa del sarcófago de Don Pedro. FOTO FEDERICO LABOUISSE.

Pedro de Castro Cabeza de Vaca (1534-1623) fue uno de los más importantes juristas y arzobispos de finales del XVI y principios del XVII. Promotor y financiador de la Abadía del Sacromonte. Su fallecimiento ocurrió siendo arzobispo de Sevilla. Pero siempre quiso ser enterrado en la cripta de su monasterio de Valparaíso. Le fue hecha una mascarilla fúnebre, que incluyó también todo su cuerpo yacente. Es la que cubre el féretro que contiene sus restos en la cripta de la iglesia del Sacromonte. Sobre la tumba erigieron después un bulto orante, en mármol, que reproduce las facciones de la mascarilla del ataúd.

Tras conocer aquella proeza natural casi ─milagrosa─ el pueblo de Granada quiso que se le retratara y en pocos días se habían hecho ya más de dos mil copias con su retrato

En su biografía Místico Ramillete, de Heredia Barnuevo, se cuenta que, al llegar la momia a Granada, más de un mes después de su muerte, los canónigos la registraron y “su rostro tan alegre, fresco y sonrojado que parecía un Serafín en carne o de un bello pequeño niño”. El cuerpo se conservaba flexible, le cambiaron el alba y casulla. Tras conocer aquella proeza natural casi ─milagrosa─ el pueblo de Granada quiso que se le retratara y en pocos días se habían hecho ya más de dos mil copias con su retrato, “y hasta las señoras más principales los mandaban hacer tan pequeñitos que les servían por piedras en las sortijas y anillos de las manos y en los relicarios del pecho”.

Moscoso y Peralta, y Jorge y Galván.

En la Catedral y Capilla Real no se conserva ninguna mascarilla hecha en cera ni yeso de las que se cuenta que hubo alguna vez

En la Catedral y Capilla Real no se conserva ninguna mascarilla hecha en cera ni yeso de las que se cuenta que hubo alguna vez. Habrían correspondido a arzobispos. Pero sin seguridad alguna. Las dos únicas referencias que hay a arzobispos a los que se hicieron máscaras fue a dos del barroco tardío, que gobernaron la archidiócesis en la recta final del XVIII. Antonio Jorge y Galván reinó en la Iglesia granadina entre los años 1776-87, fue el encargado de juzgar las falsificaciones del Padre Flores Odouz en el Albayzín. La máscara sirvió para tallar su cara sobre su tumba en la capilla del Pilar de Zaragoza, lugar donde él nació y quiso replicar en la catedral granadina. El otro arzobispo cuya cara también fue extraída de una máscara mortuoria fue el que le sucedió, Juan Manuel Moscoso y Peralta (1789-1811); se preparó una tumba en la capilla de San Miguel.

Pero al final de sus días cambió de opinión y rechazó la máscara funeraria; prefirió recurrir al escultor de moda del momento

El Duque de San Pedro (Julio Quesada Cañaveral) está enterrado en una capilla lateral de la Catedral de Granada (julio de 1936). Siempre se mostró partidario de dejar su figura para la posteridad en la ciudad que tanto amó y por la que tanto hizo. Pero al final de sus días cambió de opinión y rechazó la máscara funeraria; prefirió recurrir al escultor de moda del momento, José Navas Parejo, para que lo esculpiese en piedra.

Vino a España cuando fue repatriado el cadáver (enterrado en Cádiz) y depositada en el Archivo Manuel de Falla cuando se constituyó en Granada, donde se conserva

Manuel de Falla fue otro “granadino” del que se conserva mascarilla mortuoria. Le fue sacada a su muerte en Alta Gracia (Argentina) en el año 1946. Fue obra del escultor Carlos Bazzini Barros. Vino a España cuando fue repatriado el cadáver (enterrado en Cádiz) y depositada en el Archivo Manuel de Falla cuando se constituyó en Granada, donde se conserva. Esa mascarilla fue tomada como base para el busto en bronce reproducido en 1989 por Julio López Hernández. (Esta es una primera copia de la original, expuesta actualmente en el Museo CajaGranada dentro de la muestra 150Falla. Fotografía de José Albornoz/Fundación Archivo Falla).

Documentación gráfica, tratamiento y mejora de las fotografías: Luis Ruiz Rodríguez.

Buena parte de las fotografías de personajes históricos pertenecen a la colección de Ernst Bencard (1926), contenidas en el libro Rostros Inmortales, edición castellana de Gorka López de Munain (1913).