Las medallas del alzamiento de Gallego Burín a los golpistas del 20 de julio del 36

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El alcalde quiso condecorar, en 1942, a los militares y civiles que se sumaron al alzamiento la tarde-noche del 20 de julio de 1936, los “pata negra” del primer asalto
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Presentaron solicitudes casi 1.500 personas, en las modalidades de colectiva e individuales, aportando cada uno sus méritos y narrando cómo vivieron sus primeras horas
Presentó una moción al pleno municipal con motivo de que el 1 de abril de 1942, España conmemoraría la “victoria gloriosa de su cruzada”
El 27 de marzo de 1942 Antonio Gallego Burín estaba recién reincorporado como alcalde de la ciudad de Granada. Era su segundo mandato tras su primera etapa de dos años como alcalde y otro como gobernador civil de la provincia. Retornó al Ayuntamiento con un amplísimo programa de reformas urbanas. También una iniciativa de carácter muy político: distinguir a los primeros espadas de la guerra ─que se sumaron al golpe militar la tarde del 20 de julio de 1936─ con unos galardones: las Medallas del Alzamiento (colectivas o individuales) y las de la Ciudad o Civil.
Presentó una moción al pleno municipal con motivo de que el 1 de abril de 1942, España conmemoraría la “victoria gloriosa de su cruzada”. Para celebrar la fecha proponía varios acuerdos:
1.Pedir al Ministerio del Ejército la solicitud de la Medalla Militar Colectiva, “ya que con su esfuerzo inicial y heroico, pudo quedar incorporada esta ciudad al Movimiento nacional sus primeros y decisivos momentos y resistir, sin merma de su integridad, cercada hasta el día mismo del final de la campaña”.
2. Se crearía la Medalla de la Ciudad, que sería de dos clases: La del Alzamiento y la Civil.
La primera sólo podría concederse a aquellos que, el mismo 20 de julio de 1936, tomaron las armas, respondiendo en aquellos críticos instantes a la llamada nacional.
También le sería entregada la suya al Caudillo (de oro) y al coronel Antonio Muñoz como líder del alzamiento. Se aprovecharía la solemnidad para bautizar una calle con el nombre de Comandante Valdés
La segunda, la Civil, podría concederse a aquellas personas que, por haber prestado servicios excepcionales a España y a Granada, se han hecho acreedoras a esta distinción, de forma análoga a como la establecida en otras ciudades.
En principio, las medallas serían de oro, plata y bronce (Meses más tarde se decidió que todas fuesen de bronce). El Ayuntamiento, mediante una comisión de concejales y militares, redactaría un reglamento que desarrollase su propuesta. Se anunciaba que los modelos de ambas medallas serían distintos. Había prisa por tenerlo todo listo para el 18 de julio de 1942, a fin de que las primeras medallas pudieran ser entregadas en esa fecha en un acto solemnísimo. También le sería entregada la suya al Caudillo (de oro) y al coronel Antonio Muñoz como líder del alzamiento. Se aprovecharía la solemnidad para bautizar una calle con el nombre de Comandante Valdés.
Y así fue. La comisión de las medallas elaboró sus reglamentos a toda prisa durante el mes de mayo. La comisión que hizo la norma y tramitaría los expedientes estuvo formada por el teniente de alcalde Fernando Montero y García Valdivia (que sustituía al alcalde); Juan Mateos de Pablo, coronel de Artillería; Pedro Segura Lacomba, teniente coronel de Caballería; José León Arcas, por Falange Española; Joaquín Dávila Valverde, por el Requeté; y el teniente coronel de Infantería José Nestares Cuéllar. [En Granada nunca se entendió que, con su protagonismo decisivo en el alzamiento, fue el único de su rango a que se le impidió ascender a general].
Lo hicieron así porque nada más rumorearse el asunto ya querían sumarse los miles de granadinos que se apuntaron los días siguientes, cuando se certificó que todos los centros oficiales de poder estaban en manos de los militares golpistas
Pronto se dieron cuenta de que los expedientes darían mucho trabajo. En parte porque tenía también que ratificar el Ministerio y asesorar la Real Academia de la Historia. Además de publicarse en la Gaceta de Madrid (el BOE de entonces). Muchas de las peticiones acarreaban comprobaciones y cotejos por carencia de documentos fiables. Ante las dificultades, se retrasó la fecha de entrega de las condecoraciones hasta el 2 de enero de 1943, para hacerla coincidir con la Fiesta de la Toma.
La redacción de la ordenanza de la Medalla del Alzamiento, en sus versiones colectiva e individual, avanzó rápida y no presentaba demasiados problemas. Cada jefe alzado o cuartel aportaba su historial y el listado de participantes. Los refrendaban sus jefes y con eso bastaba. También se matizó que sólo se admitirían a las personas que demostrasen su participación activa en el alzamiento entre las 17 y las 24 horas del día 20 de julio. Lo hicieron así porque nada más rumorearse el asunto ya querían sumarse los miles de granadinos que se apuntaron los días siguientes, cuando se certificó que todos los centros oficiales de poder estaban en manos de los militares golpistas. En cambio, sí se aceptó ampliar el horario de “méritos” a quienes ya hubiesen protagonizado o sufrido alguna acción desde la tarde del 17, justo cuando el general Francisco Franco rebeló las guarniciones de África.
El que se creía con derecho a la Medalla del Alzamiento dirigía una carta o instancia al Alcalde proponiéndose; debía aportar descripción detallada de su participación, documentos acreditativos, respaldada o avalada por jefes o compañeros
El mecanismo era sencillo: el que se creía con derecho a la Medalla del Alzamiento dirigía una carta o instancia al Alcalde proponiéndose; debía aportar descripción detallada de su participación, documentos acreditativos, respaldada o avalada por jefes o compañeros con los que estuvo. En el caso de las medallas colectivas, bastaba con un certificado firmado por el jefe de cada acuartelamiento, comandancia o comisaría. Muchos aportaron la licencia de armas que se les extendió aquella tarde con la entrega de un fusil y un arma corta. O la papeleta con el destino asignado.
Por la documentación que nos ha quedado se constata que al final las decisiones y avales sobre quiénes pasaban el filtro y quienes no las tomaba José María Nestares
Por la documentación que nos ha quedado se constata que al final las decisiones y avales sobre quiénes pasaban el filtro y quienes no las tomaba José María Nestares. Era el que mejor conocía a todos los que de una u otra manera prepararon y participaron en el golpe de Estado. Él fue quien negó la medalla al efímero gobernador militar que sustituyó a Campins, es decir, Basilio León Maestre. No figuran explicadas las causas.
Para cada medalla, el Ayuntamiento fue abriendo un expediente en los meses siguientes. Las peticiones estuvieron llegando durante prácticamente todo el año 1942 a las oficinas municipales, muchas de ellas desde otros lugares de España e incluso varias de soldados desde Alemania y Rusia (estaban en la División Azul). Aunque al principio se había anunciado que el plazo de solicitudes quedaría cerrado el 30 de septiembre.
Beneficios: distinción social y prioridad en trabajos públicos
Se advertía que los gastos que generaba aquella medalla correrían por cuenta de los beneficiarios. En principio, lo que se buscaba era sólo el honor de haber sido “pata negra” en el alzamiento de Granada. Pero había una segunda consecuencia: poseer aquella medalla sumaba puntos para obtener beneficios en oposiciones, acceso a trabajos en la administración, en el ejército, la Universidad, funcionario del Ayuntamiento, concesión de un estanco, etc. Por eso se acogieron a una ley estatal dictada por el nuevo régimen en el año 1937. Un diploma sería el documento que serviría como certificado ante cualquier administración o empresa. El artículo 12 de la ordenanza decía textualmente: “La posesión de la Medalla será considerada como mérito computable en unión de los demás establecidos en la legislación vigente para cuantos concursos y oposiciones se celebren para provisión de destinos municipales”. Esa oportunidad propició que algunos “medallistas” acabaran con un cargo importante el Ayuntamiento (Fue el caso del capitán López-Rubio, el que plantó sus cañones en la Plaza del Carmen la tarde del 20 de julio y acabó su vida laboral como ingeniero jefe de electricidad del Ayuntamiento).
Se encargó a un artista el diseño de las medallas. Ambos dibujos estuvieron anexos en el expediente, pero hoy solo sobrevive uno. Fueron enviados a la Real Academia de San Fernando y de la Historia para su obligatoria supervisión e informe. En la Academia de la Historia fueron informadas por el granadino Manuel Gómez-Moreno, hijo; su texto se deshace en alabanzas a la iniciativa de Gallego Burín y del alzamiento en Granada, que bien conocía por tratarse de una isla sublevada en medio de territorio fiel a la República. Al diseño de la Medalla del Alzamiento no le puso pega alguna, no así al Civil o de la Ciudad, que sugirió modificar ligeramente.
Se conserva el dibujo de la medalla Civil. Era una simplificación del escudo de Granada, con las figuras de los Reyes Católicos sentados enfrente y la granada debajo
Se conserva el dibujo de la medalla Civil. Era una simplificación del escudo de Granada, con las figuras de los Reyes Católicos sentados enfrente y la granada debajo. Un gran ramo de laurel lo rodea. La cinta en este caso sería de tres franjas: verde, blanca y verde. Tampoco conocemos el reverso ni el nombre del dibujante local que lo hizo.
El asunto se ralentizó por su farragosa tramitación administrativa, tanto en Madrid como en Granada. El informe de la Real Academia de la Historia no estuvo aprobado hasta el 25 de febrero de 1944. El visto bueno del Gobierno no fue publicado en la Gaceta hasta el día 23 de abril de 1944
El diseño que desconocemos de la del Alzamiento es de imaginar que sería el estándar que adoptaron todas las ciudades con iniciativas similares. Es una medalla circular y pasador con los colores de la bandera nacional; en el anverso figura una alegoría de la Victoria con espada y cruz en cada mano, sobre yugo y flechas. En el reverso figuran tres soldados de perfil, desfilando, el primero y el tercero cubiertos con casco, el del centro con boina. Las inscripciones están en la base, donde figura la leyenda 18 JULIO DE 1936 ALZAMIENTO. Fue diseñada por Julio Vicent Montagut mediante un concurso nacional que convocó Franco y al que se presentaron 143 artistas. La cinta sería como la bandera nacional.
A principios de 1943 no se empezaron a entregar las medallas. El asunto se ralentizó por su farragosa tramitación administrativa, tanto en Madrid como en Granada. El informe de la Real Academia de la Historia no estuvo aprobado hasta el 25 de febrero de 1944. El visto bueno del Gobierno no fue publicado en la Gaceta hasta el día 23 de abril de 1944.
A partir de esa fecha parece caer sobre el expediente de las Medallas del Alzamiento un velo de silencio. No aparecen más menciones en la prensa. ¿Qué ocurrió?
Los alzados “se retrataron” en sus peticiones
El denominador común que presentan la mayoría de instancias individuales solicitando sus medallas es el deseo de reconocimiento social por formar parte de los “patas negras” del alzamiento. Hacía sólo tres años que había acabado la guerra civil y el suflé del franquismo estaba totalmente crecido. Nadie cuestionaba a esas alturas que Hitler no fuese a ganar la II Guerra Mundial, con las tropas alemanas avanzando hacia Moscú. Por eso cada uno contó la fiesta cómo la había vivido y la recordaba. Idealizada en muchos casos. La tenían muy reciente, los recuerdos estaban muy vivos y todavía no había motivos para desdecirse. La mayoría de las cartas muestran espontaneidad e, incluso, entusiasmo.
Hay coincidencia en que la inmensa mayoría de los solicitantes fueron camisas viejas de Falange Española. Fueron los más decididos en presentarse en los cuarteles para sumarse al estamento militar, el único que disponía de armamento suficiente para asegurar el éxito de la sublevación
Cada uno de los solicitantes escribió un autorretrato de lo que hizo o dejó de hacer aquella tarde. La mayoría coinciden en los trazos gruesos; con sus coincidencias nos podemos hacer una idea bastante exacta de cómo se vivieron las primeras horas. Algo que ya es bastante conocido, pero sus relatos ayudan a puntualizar algunas situaciones.
Hay coincidencia en que la inmensa mayoría de los solicitantes fueron camisas viejas de Falange Española. Fueron los más decididos en presentarse en los cuarteles para sumarse al estamento militar, el único que disponía de armamento suficiente para asegurar el éxito de la sublevación. Los falangistas de la vieja guardia no llegaban al centenar a las cinco de la tarde del 20 de julio de 1936. Pero a partir de los días siguientes hubo una afiliación masiva, próxima a cinco mil. Por eso Gallego Burín limitó las medallas a los meritorios de primera hora.
Se detecta en bastantes escritos e instancias un elevado grado de arribismo. Gente que intenta subirse al carro del prestigio y los beneficios de las medallas, y cuenta historias un tanto forzadas
Se detecta en bastantes escritos e instancias un elevado grado de arribismo. Gente que intenta subirse al carro del prestigio y los beneficios de las medallas, y cuenta historias un tanto forzadas. Muchos esgrimieron la aportación de sus vehículos al primer instante; cuando en realidad les fueron requisados a la fuerza. Otros recurren a apoyarse en amigos o compañeros para que los avalen. En cambio, algunos casi renuncian a aportar relación de méritos porque su compromiso o las acciones públicas estuvieron bien a las claras. En este último caso se encontraban los principales mandos de Falange: Antonio Bobles, Díaz Plá, Cecilio Cirre, los tres hermanos Rosales Camacho, etc.
Llama la atención que absolutamente nadie de otros que antes militaron en partidos englobados en la CEDA (Derechas Autónomas) se presentara como sublevado de primera hora. Sólo hay un requeté. Ni siquiera la solicitó el cedista más destacado de aquellos días, el exdiputado Ramón Ruiz Alonso (El que protagonizó la denuncia y saca de Federico García Lorca cuando se encontraba refugiado en casa de los Rosales).
Destacan algunos que quisieron conseguir su medalla demostrando su implicación en la conspiración antes incluso del 18 de julio
Destacan algunos que quisieron conseguir su medalla demostrando su implicación en la conspiración antes incluso del 18 de julio (caso de López Font). Mientras que el jefe provincial de Falange (Antonio Robles) muestra a las claras que él ya estaba conspirando con los militares desde días antes. También que el domicilio de José Valdés Guzmán era el centro de la conspiración. La plantilla de la Comisaría General de Policía también se empeñó en demostrar que ellos habían estado boicoteando a las autoridades republicanas desde dos días antes, negándose a cumplir órdenes, entregar armas a izquierdistas o poniendo trabas.
El estamento militar no tuvo que demostrar nada. Ellos fueron los verdaderos protagonistas del alzamiento en Granada
El estamento militar no tuvo que demostrar nada. Ellos fueron los verdaderos protagonistas del alzamiento en Granada. Los falangistas estaban avisados y fueron los primeros en sumárseles al cuartel antes de echarse a la calle. Se metieron en los cuarteles entre las tres y las cuatro de la tarde. Especialmente Artillería, gracias a que era la más potente guarnición (por número y potencia de fuego) y estaba a las afueras de la ciudad (Los Mondragones).
MEDALLA COLECTIVA A UNIDADES ARMADAS: 1.326 SUBLEVADOS
La comisión de la Medalla del Alzamiento se percató pronto de que la mayoría de los colaboradores de primera hora en el alzamiento militar que solicitaban la medalla fueron civiles o militares retirados. Eso a pesar de que la moción de Gallego Burín también contemplaba la colectiva. Casi todos ellos encuadrados en Falange, Españoles Patriotas o Defensa Armada de Granada. De ahí que el 10 de agosto decidieran remitir cartas personalizadas ─aparte de los bandos en prensa─ a los jefes de las unidades armadas de Granada “haciéndoles saber que se admiten solicitudes colectivas firmadas por dichos jefes en nombre y representación de la persona para quien se pida”. En las relaciones de los cuarteles deberían incluir también a quienes se alzaron la tarde del 20 de julio de 1936 y ya habían fallecido; se la concederían a título póstumo.
Debido a la meticulosidad de los militares hoy podemos conocer con exactitud quiénes y en qué número fueron los militares, guardias civiles y policías que se sumaron al instante al golpe militar
Aquella generalización hizo que en los dos meses siguientes los responsables de las unidades armadas que participaron en el alzamiento remitieran al Ayuntamiento estadillos detallados con todos los que consideraban acreedores a las medallas. Debido a la meticulosidad de los militares hoy podemos conocer con exactitud quiénes y en qué número fueron los militares, guardias civiles y policías que se sumaron al instante al golpe militar. En total los militares y miembros de los diversos cuerpos de seguridad que pidieron la medalla colectiva fueron 1.326 personas. (La ciudad tenía poco más de 120.00 habitantes).
El resumen de esos extensos listados es el siguiente:
Regimiento 4º Ligero de Artillería (500 sublevados). Este fue el acuartelamiento que dio el pistoletazo de salida para el alzamiento en Granada, bajo la jefatura de su coronel Antonio Muñoz Jiménez. Le siguieron su teniente coronel Luis Medrano Padilla, los comandantes Juan Mateos de Pablos, Eduardo Rodríguez Bouzo y Rafael Calderón Durán (fueron los jefes y oficiales que firmaron la famosa acta).
Este listado fue hinchado en 1942 porque figuran también como alzados la tarde del día 20 algunos que se encontraban de vacaciones o permisos
Les secundaron la mayoría de la plantilla en aquel momento, la más numerosa de cuantas había en la capital, formada por: 7 capitanes, el capitán médico López Font, un veterinario, 14 tenientes, 10 alféreces, 17 brigadas, 1 maestro de banda, 23 sargentos, 9 maestros herradores, 7 maestros ajustadores, 1 maestro armero, 4 guarnicioneros, 43 cabos, 8 trompetas, 5 educandos, 17 artilleros de primera y 327 artilleros de segunda.
(Este listado fue hinchado en 1942 porque figuran también como alzados la tarde del día 20 algunos que se encontraban de vacaciones o permisos).
Regimiento de Infantería número 5, Lepanto (90 alzados). La lista la encabeza su coronel Basilio León Maestre; le sigue su teniente coronel Miguel Foter García, tres comandantes; doce capitanes; siete tenientes; once alféreces; trece brigadas; dos armeros; dos herradores; un picador; y 33 sargentos. No figuran cabos ni personal no profesional en su listado (soldados de reemplazo, que sumaban alrededor de 450).
Del listado de este Regimiento, el vocal José María Nestares tachó con lápiz rojo a nueve militares como no merecedores de la medalla
Entre los méritos puntuales que se apuntan fue la toma de la casa del pueblo por un grupo que comandaba el brigada Gabriel Ortiz Pérez (que también era camisa vieja de Falange); capitaneaba a quince personas.
Del listado de este Regimiento, el vocal José María Nestares tachó con lápiz rojo a nueve militares como no merecedores de la medalla. El caso más curioso al que se le negó la medalla es el del coronel jefe de la unidad, Basilio León Maestre. No sabemos el motivo, quizás porque se sublevó tras muchos rodeos, tras las presiones de los artilleros y ocupó el cargo de gobernador militar en sustitución del general Miguel Campins Aura entre el 20 y 29 de julio; fue relevado por el coronel Antonio González Espinosa. Él marchó al campo de batalla en la zona de Loja.
Gobierno Militar de Granada (10 alzados). En el momento de la sublevación se sumaron los comandantes José Miralles Bosch y Francisco Rosaleny Burguet, que era el ayudante del General Campins Aura. Tres capitanes y otros cinco oficiales y suboficiales.
Departamento de Obras y Fortificaciones (Un ingeniero).
Fábrica de Pólvoras y Explosivos, dependientes de Artillería (29). Sus coroneles Manuel Barrios Alcón y Luis Vicat y García-Uceda. Dos tenientes coroneles, tres comandantes, un teniente de Intendencia y el teniente médico.
El resto de la plantilla, en número superior a 400, decidió mantenerse fiel a la República. Buena parte de ellos fueron fusilados en los pozos de Víznar
El resto de la plantilla, en número superior a 400, decidió mantenerse fiel a la República. Buena parte de ellos fueron fusilados en los pozos de Víznar.
Servicios de Intendencia (36). Estaba al frente del comandante Emilio Entrala Durán, y su ayudante el también comandante Antonio González Altolaguirre. Con ellos se sublevaron el capitán Rafael Garnica Jiménez (que pidió su medalla de manera personal) y otros 33 jefes, oficiales, suboficiales y soldados.
Jefatura de Sanidad Militar (9). Lo mandaba el comandante médico Juan Fernández Lozano, con el comandante médico Francisco Acosta Domíguez de segundo. Se les unieron otros cuatro capitanes médicos, un practicante, y dos soldados.
Para un capitán y un sargento ─los dos fallecieron en Sierra Nevada el 30 de agosto de 1937─ se solicitaba la medalla a título póstumo
Zona de Reclutamiento y Movilización, Nº 14 (61). Estaba al cargo coronel Santiago Taboada Boyos y del comandante Antonio de Fuentes Cervera. También se sumaron un coronel y un capitán recién retirados de la unidad. (Había alguno compartido con otra unidad, caso del Comandante Francisco Rosaleny o José María Nestares).
Para un capitán y un sargento ─los dos fallecieron en Sierra Nevada el 30 de agosto de 1937─ se solicitaba la medalla a título póstumo.
Regimiento de Artillería Divisionaria 16 (7). Un Comandante, dos sargentos, dos cabos y dos artilleros de segunda.
Buena parte de la plantilla de casi noventa huyeron con los aviones en dirección a Almería
Aeródromo “Dávila” (Armilla). (28) Buena parte de la plantilla de casi noventa huyeron con los aviones en dirección a Almería. Los golpistas que se unieron al alzamiento fueron tres tenientes coroneles, dos comandantes, siete capitanes, dos tenientes, tres brigadas, cuatro sargentos, cinco cabos y el resto soldados. El mando lo ostentaba el teniente coronel Enrique Palacios y Ruiz de Almodóvar.
En total los armadas que se sumaron ascendieron a 258. A ellos hay que sumar otros 12 del departamento de policía de tráfico
Policía Armada y de Tráfico, guardias de asalto (258). Encabezados por el capitán José María Nestares Cuéllar. Su equipo de sublevados lo compusieron otro capitán, cinco tenientes, y la mayor parte de la plantilla de suboficiales (sargentos, cabos e inspectores de policía). En total los armadas que se sumaron ascendieron a 258. A ellos hay que sumar otros 12 del departamento de policía de tráfico.
Cuerpo General de Policía (51). Era comisario jefe en julio de 1936 José Jiménez Jerez. Segundo jefe, José Serrano Raffo. El resto era inspectores, agentes de diversas categorías y agentes auxiliares.
"...con esta actitud se consiguió que los elementos dirigentes de diversas facciones del Frente Popular quedasen encerrados en el Gobierno Civil y desconectados de sus masas, hasta la llegada de la tropa que se apoderó del Gobierno”
El jefe de Policía (comisario R. Rivero López) que hizo el informe y el listado en 1942 pidiendo las medallas, hizo constar que “a las 16,30 horas, una media hora antes de la salida del Ejército a la calle, proclamando el Estado de guerra, esta Comisaría en pleno (en calle Duquesa, casi frente al Gobierno Civil) se alzó en armas a la llegada a la misma del entonces capitán (hoy comandante), José Nestares Cuéllar, con objeto de evitar que unos malhechores procedentes de Alcalá la Real y con órdenes expresas del ex diputado comunista Pasagali (Antonio Pasagali Lobo, del PSOE de Jaén), se apoderaran de las armas y municiones existentes en las armerías. Se hace constar que en días anteriores, desde el 18 de julio se inició el alzamiento, se hizo verdadera obstrucción a las órdenes que emanaban del Gobierno Civil del Frente Popular hasta el mismo instante del movimiento en esta provincia, negándose los jefes y funcionarios a facilitar las listas de armas recogidas a los elementos derechistas y a buscar los autos y camiones que pedía insistentemente para la marcha hacia Córdoba de una columna y negándose a otras muchas órdenes que constantemente daba la primera autoridad civil de entonces; con esta actitud se consiguió que los elementos dirigentes de diversas facciones del Frente Popular quedasen encerrados en el Gobierno Civil y desconectados de sus masas, hasta la llegada de la tropa que se apoderó del Gobierno”.
La plantilla entre oficiales y suboficiales golpistas la componían tres capitanes, un teniente (el famoso Mariano Pelayo Navarro) y dos alféreces. Entre todos sumaban 99 personas
Guardia Civil (99). La comandancia de la Guardia Civil, en el cuartel de las Palmas, la mandaba el coronel Ramón González López, ayudado por el comandante Ángel Anguiano Anglés. La plantilla entre oficiales y suboficiales golpistas la componían tres capitanes, un teniente (el famoso Mariano Pelayo Navarro) y dos alféreces. Entre todos sumaban 99 personas. De ellas se hacía constar que 12 habían caído en la guerra, porque sus medallas serían a título póstumo. [Obviamente, en el listado no aparece el teniente coronel Fernando Vidal Pagán, que era el jefe operativo de la Comandancia en aquel momento; se mantuvo fiel a la República, detenido en el Gobierno Civil, encarcelado, condenado a muerte y perdonado en 1937].
Ausencias destacadas. Resulta muy extraño que los tres militares que ocuparon los primeros meses las instituciones más importantes (Gobierno Civil, Ayuntamiento y Diputación) no figuren en ningún listado solicitando medalla para ellos. El comandante José Valdés Guzmán (gobernador civil) había muerto en 1939, era falangista y le dedicaron una calle y una urbanización en el Zaidín). Ninguna distinción al teniente coronel de Infantería Miguel del Campo Robles (alcalde de Granada) ni tampoco al teniente coronel Lorenzo Tamayo Orellana (Diputación). Sus ausencias se suman a la del gobernador militar Basilio León Maestre, borrado a propósito de la lista.
LOS FALANGISTAS, LOS PRIMEROS EN LANZARSE A LA CALLE (Tras los artilleros)
Falange Española y de las JONS fue el colectivo/partido político único que formuló propuesta de medalla colectiva para un grupo de afiliados. Sus militantes fueron los primeros civiles en empuñar las armas. La petición de medallas la firmó el entonces jefe provincial, Manuel Pizarro Cenjor (también gobernador civil). La lista incluye los nombres de 67 “camisas viejas” que se sumaron al alzamiento aquella tarde del 20 de julio. La mayoría se presentaron en el cuartel de Artillería con una chaqueta al hombro, contraseña para que les dejaran entrar. Por supuesto, no incluyeron a los miles de jóvenes que se fueron sumando una vez triunfó el golpe. En el listado no están incluidos todos los jefes, que presentaron solicitud de manera individualizada.
Otros muchos falangistas estaban incluidos en listados de miembros de fuerzas de seguridad o de la milicia, ya que reunían la doble condición de militantes falangistas. Por supuesto, militaban secretamente
Otros muchos falangistas estaban incluidos en listados de miembros de fuerzas de seguridad o de la milicia, ya que reunían la doble condición de militantes falangistas. Por supuesto, militaban secretamente. Destaco a continuación una síntesis de la actitud que adoptaron los más sobresalientes durante las primeras horas de sublevación, extraídas de las instancias que se conservan en el Archivo Histórico Municipal:
Antonio Robles Jiménez, el One. Jefe Provincial de Falange en el momento del alzamiento. Era galeno de profesión, decano del Colegio de Médicos. Argumentaba así su propuesta de medalla: “El que suscribe declara bajo juramento haber sido jefe provincial de Falange en los momentos del alzamiento nacional y, como tal, preparador del mismo en Granada, de acuerdo con elementos civiles y militares, contribuyendo en las primeras horas del levantamiento en la capital al triunfo nacional y más tarde en la organización de las milicias de Falange en cuanto a su aprovisionamiento de armas, municiones y demás necesidades”.
También su hijo, Alfredo Robles Álvarez de Sotomayor, que tenía sólo 16 años en julio de 1936, solicitó su medalla: “… premiando así el acto de ciudadanía y amor patrio de los que supimos responder al requerimiento salvador de nuestra Patria en aquellos momentos. Considerándose el que suscribe incluido en aquel grupo de ciudadanos por su actuación en aquella fecha”.
José María Díaz Plá, el guardaespaldas de José Valdés. Abogado con despacho en la calle Recogidas, 6. Era el jefe local de Falange Española y de las JONS. Reconoce que participó en las actividades preparatorias del alzamiento. “El día 20 de julio marché a las cuatro de la tarde al cuartel de Artillería, en unión del comandante Valdés, en cuyo domicilio habíamos permanecido escondidos desde la víspera”.
“Desde dicho cuartel, y aproximadamente a las cinco y media de la tarde, salí al frente de unos treinta falangistas armados, junto con el citado comandante, y con un grupo de artilleros que mandaba el capitán del 4º Ligero, llevando la consigna de ocupar el Gobierno Civil de Granada, consigna que cumplimos, tomando este edificio por asalto, con las armas en la mano, y deteniendo dentro del mismo al gobernador republicano, así como a bastantes cabecillas rojos, que en el aquel momento le acompañaban”.
“En el resto de aquella tarde y durante toda la noche, permanecí en el Gobierno Civil y en las calles de la ciudad, interviniendo personalmente en los primeros servicios de defensa, y continuando mis actividades en días sucesivos con otros actos, que no se detallan por ser ajenos a la finalidad de esta instancia”
“En el resto de aquella tarde y durante toda la noche, permanecí en el Gobierno Civil y en las calles de la ciudad, interviniendo personalmente en los primeros servicios de defensa, y continuando mis actividades en días sucesivos con otros actos, que no se detallan por ser ajenos a la finalidad de esta instancia”.
Cecilio Cirre Jiménez, jefe de sector de Falange. Con 25 años era empresario y jefe de uno de los tres sectores de Falange en que dividieron la capital. Acompañó a Luis Rosales, con varios falangistas más, a sacar a García Lorca del Gobierno Civil la noche del 16 de agosto. Fue el que cogió de la solapa a Ramón Ruiz Alonso y le dijo: “Cuádrese, está hablando con un superior” (Según versión de Luis Rosales). Pidió su medalla el mismo día que Luis Rosales aduciendo que era jefe de sector “cuyo nombramiento fue hecho por nuestro malogrado José Valdéz Guzmán, saliendo del Cuartel de Artillería con las fuerzas que ocuparon los edificios públicos de Granada”. Presentó un aval de José Rosales Camacho asegurando que habían sido camaradas en la organización del glorioso movimiento en nuestra capital y pueblos limítrofes, “tomando parte en la ocupación de centros oficiales de Granada al iniciarse dicho movimiento el día 20 de julio de 1936”. No presentó más papeles, la comisión lo conocía perfectamente por haber sido jefe de algunos de ellos durante la guerra.
No aportó más documentación porque todos los miembros de la comisión conocían sobradamente el papel que jugaron él y sus hermanos (José, Miguel y Antonio) en la conspiración, alzamiento y desarrollo de la guerra civil
Luis Rosales Camacho, joven falangista y poeta. Uno de los nombres más famosos, posteriormente, por llegar a la Academia de la Lengua y por su estrecha relación con Federico García Lorca los últimos días del poeta. En 1942 ya vivía en Madrid y escribió al Ayuntamiento reclamando su medalla “que para mí sería un honor el poseerla”. Argumenta que la tarde del alzamiento, con 26 años, participó activamente “a las órdenes del camarada Cecilio Cirre Jiménez cumpliendo las órdenes dadas”. Adjuntaba un certificado de Cecilio Cirre Jiménez, que era su jefe en Falange. No aportó más documentación porque todos los miembros de la comisión conocían sobradamente el papel que jugaron él y sus hermanos (José, Miguel y Antonio) en la conspiración, alzamiento y desarrollo de la guerra civil.
Su nombramiento fue hecho directamente por el comandante José Valdés. Era de los que salió del cuartel de Artillería en dirección a ocupar los edificios de la capital
José Rosales Camacho, Pepiniqui. Jefe de sector de Falange, hermano del anterior. El líder de todos los hermanos durante la guerra. Su nombramiento fue hecho directamente por el comandante José Valdés. Era de los que salió del cuartel de Artillería en dirección a ocupar los edificios de la capital. Fue quien protagonizó el enfrentamiento en el Gobierno Civil por haber sacado a García Lorca de la casa de sus padres, donde lo tenían acogido. (La redacción de la instancia es prácticamente idéntica a la de su hermano Luis).
Miguel Rosales Camacho presentó la misma instancia que sus otros dos hermanos pequeños. Iba acompañada de unos certificados que rubricaban lo que decía. Le avalaron su expediente Cecilio Cirre Jiménez y Manuel Sola Rodríguez-Bolívar, quien en 1942 ya era presidente de la Diputación y ocupaba la secretaría provincial de Falange.
Pedro Enrique Mirasol Godoy. Otro falangista de primera ola. El día 20, sobre las tres de la tarde, se reunieron en una casa de la Acera del Darro él y varios falangistas más (Dueñas, los hermanos Molina Plata, Ros, etc.) “Sobre las 16 horas, cumpliendo órdenes, juntos marchamos al cuartel de Artillería (Punto de concentración de falangistas) donde fuimos equipados y armados y que una vez organizada en el mismo la llamada “columna” de ocupación de la ciudad, recorrimos en su unión y ocupamos los diferentes centros oficiales, como el G. Civil, Teléfonos, Telégrafos, etc.” Pasó la primera noche haciendo guardia en el Gobierno Civil.
Juan Ruiz Rodríguez, el enlace de Valdés. Falangista. “El día 20 fui requerido por el entonces jefe de sector, camarada Cirre Jiménez, para personarme a primera hora de la mañana en el domicilio del ya fallecido comandante D. José Valdés Guzmán, a la sazón jefe de milicias de Falange Española de las JONS, donde recibió órdenes de comunicar a todos los afiliados del sector… la presentación en el Cuartel del Regimiento de Artillería a las tres de la tarde. Personado en el cuartel, formó como soldado en la batería a pie, al mando del capitán Juan García Moreno y en la que iban el comandante Valdés, el jefe local de Falange, camarada Díaz Plá y otros falangistas; la misión de la mencionada fuerza era la ocupación del Gobierno Civil, que se realizó”. (Su texto está redactado en tercera persona).
Fidel Ruiz Cabello, en Víznar. Se presentó en el Gobierno Civil nada más ser tomado. Fue comisionado para ir a tomar Santa Fe al día siguiente. Días más tarde fue destinado al frente de Víznar, donde permaneció hasta septiembre. Por tanto, tuvo que estar al tanto de los fusilamientos que allí se llevaban a cabo. Participó en el rechazo de la columna de milicianos rojos que venía por Huétor Santillán hacia El Fargue
Francisco La Chica Horques. Falangista. El gobernador Valdés le dio licencia de armas la tarde del alzamiento por la confianza que tenía en él.
Eduardo López Font, en hombre de la radio. Este caso es muy singular porque reclamó él mismo la medalla y también el jefe de la unidad a la que perteneció, Artillería. Era el médico del cuartel, además de atender pacientes en clínicas privadas. Él mismo relata que era de los pocos radioaficionados de la ciudad y jugó un papel importantísimo en el alzamiento. “El 20 de julio ─justifica su petición─ me encontraba en el cuartel de Artillería, fonde formé parte de la Junta de Sublevación y firmando el primero el acta que se levantó de la misma, que fue hecha por el entonces capitán D. Juan López Rubio.
Como durante nuestro “sitio” no hubo más emisora de extra corta que la mía, sólo con ella la voz de Granada salía de su provincia y contrarrestaba la acción desmoralizadora de la propaganda roja. Recibiendo por ello amenazas de represalia que cumplió en efecto la “canalla roja”
Tomé parte activísima en la represión contra el General Campins, obligándole en unión de los restantes jefes y oficiales a recluirse en el cuarto de banderas del referido Cuartel de Artillería, habiendo sido, entonces, agredido de palabra por el malogrado General Campins.
Con mi propia emisora lancé los primeros bandos de guerra. Organicé todos los servicios sanitarios de nuestra columna. Hice un servicio de información que fue entregado al mando. Hice un servicio de información para que fuese publicado por la prensa local diariamente. Pedí, mediante telegramas cifrados, tropas y material al ejército nacional, por medio de mi emisora. Enlacé con otras emisoras nacionales. Hice con la referida emisora un intenso servicio de propaganda. Organicé un servicio de socorro recogiendo por mano de religiosos (hermanos Maristas) los donativos que me entregaban y administrándolos y repartiéndolos religiosamente. Construí emisoras móviles para las columnas y adiestré en el ejercicio y construcción de radio-eléctrica al personal necesario. Fui encargado por el general González Espinosa de todos los servicios de radiodifusión. Como durante nuestro “sitio” no hubo más emisora de extra corta que la mía, sólo con ella la voz de Granada salía de su provincia y contrarrestaba la acción desmoralizadora de la propaganda roja. Recibiendo por ello amenazas de represalia que cumplió en efecto la “canalla roja”.
Rafael Fernández Crehuet, médico famoso. Llegó a ser académico por su especialidad en puericultura. El 20 de julio estaba en la Facultad de Medicina (calle Rector López Argüeta). Pertenecía a la vieja guardia de Falange desde 1934. “Tan pronto el general Queipo de Llano lanzó desde el pirófono (instrumento musical) desde Sevilla las primeras consignas del movimiento, me puse en contacto con elementos militares de la capital, y de un modo directo con el capitán de Ingenieros Antonio Gómez Guillamón”.
“A partir de esta fecha los estuve prestando de patrulla en la población, ocupación del Albayzín, guardia nocturna en el Hospital Militar para servicio de ambulancia, fusilamientos, etc.”
Juan Antonio Pulgar Ruiz, otro médico. Se presentó al comandante Eduardo Rojas Sánchez para ofrecer sus servicios como médico. Actuó como cirujano la misma noche del 20 de julio para atender a los primeros heridos de bala.
Andrés Sánchez Rubio, médico, ocupaba la Subdelegación de Sanidad. Decidió alzarse en armas contra la República.
José Spínola Ortega, meteorólogo del Aeródromo de Armilla. Vivía en la Plaza del Carmen, número 27. Al ver las tropas rebeldes llegar, bajó y se sumó a ellas.
Alberto Luis de la Torre Cambil, batalla en el Albayzín y pelotón de fusilamientos. Éste es de los pocos que incluyó su participación en fusilamientos. Su carta dice que se ofreció al Gobierno Militar y al Regimiento de Infantería, aquella misma noche del día 20. Fue destinado a la primera compañía del primer batallón, que mandaba Fernando Acosta Morales, empezando a prestar servicio como médico. “A partir de esta fecha los estuve prestando de patrulla en la población, ocupación del Albayzín, guardia nocturna en el Hospital Militar para servicio de ambulancia, fusilamientos, etc.” Después lo enviaron a la toma de la zona de Loja.
La viuda de Fidel Fernández Martínez, Blanca Rubio Jiménez, la solicitó para su marido. Fue médico, conservador de la Alhambra, penibetista, académico de Bellas Artes (Falleció el 19 de septiembre de 1942, justo cuando iba a solicitar la medalla). Ver: El cabo José García, el inválido que no existió ni impidió la voladura de la Alhambra.
Pendientes de la radio para que leyeran el bando de declaración de guerra. Se sumó inmediatamente al alzamiento. Les encargaron patrullar los barrios de Fígares, Matadero y calles limítrofes, para ahuyentar a sospechosos.
El padre de Manuel García Delgado la solicitó para su hijo Manuel García de Codes. El muchacho ya había fallecido. Perteneció a la Juventud de Acción Católica; era vicepresidente. Por indicación de Ramón Ruiz Alonso (el denunciante de García Lorca), se presentó en el Gobierno Militar o en el cuartel de Artillería a recibir órdenes. En 20 por la mañana estuvo reunido en casa del primer falangista caído en Granada (Manuel Mateos Ferrer) y otros. Pendientes de la radio para que leyeran el bando de declaración de guerra. Se sumó inmediatamente al alzamiento. Les encargaron patrullar los barrios de Fígares, Matadero y calles limítrofes, para ahuyentar a sospechosos.
José María Sánchez del Corral y del Río era ingeniero de caminos en la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. También decidió sumarse esa misma tarde a los alzados.
Argüía que el coronel Antonio Muñoz le levantó el arresto para que se sumara a la sublevación. Se encargó de ir recibiendo a todo el personal civil que se presentaba a colaborar en el movimiento
José Castro Cortés. Alférez en prácticas que se encontraba arrestado en el cuarto de banderas de Artillería. Argüía que el coronel Antonio Muñoz le levantó el arresto para que se sumara a la sublevación. Se encargó de ir recibiendo a todo el personal civil que se presentaba a colaborar en el movimiento. Salió con la quinta batería, al mando de una sección, para la toma de la ciudad, quedando aquella noche vigilando las entradas del Albayzín, gran foco de resistencia izquierdista.
Francisco Melero Lorenzo. Guardia de Asalto. Se dedicó a detener a marxistas, en la toma del Albayzín y barrios extremos de la ciudad.
Manuel Vílchez Díaz de la Guardia y su coche. Abogado. En compañía de otros amigos se presentó en el Gobierno Militar con su automóvil Nasch GR-2214, propiedad de su madre. Lo llevaron al Cuartel de Artillería, lo armaron con un fusil y un uniforme y lo pusieron a vigilar en los accesos de la capital.
Fernando de Montero y García de Valdivia, otro coche. Era ingeniero agrónomo, jefe del Servicio Nacional del Cultivo y Fermentación del Tabaco. Corrió a ponerse a disposición de los alzados, recibió una licencia de armas, una pistola Star 7.65 y prestó su coche M-45.341 para mover gente. Recibía órdenes directas diarias en el Gobierno Civil. Después quedó alistado en Españoles Patriotas.
Eduardo García Sánchez, funcionario del Trigo. Era falangista desde 1934. Se sumó al Regimiento Lepanto, en calidad de soldado voluntario. Estuvo patrullando por la ciudad y en la ocupación del Albayzín.
Domiciliado en el Carmen de los Chapiteles, fuente del Avellano. “Me presenté al Gobierno Militar con una escopeta de mi propiedad, en donde me expidieron una licencia de armas, prestando servicio de enlace en el Gobierno Civil y demás centros oficiales… a las órdenes del entonces capitán Manuel Rojas Feigenspan
Rafael García Delgado. Era falangista. Con otros cuatro camaradas, nada más oír el movimiento, se presentaron en Artillería al comandante Rodríguez Bouzo. Les facilitaron una guerrera, gorra, mosquetón y pistola. Patrullaron por las calles “haciendo fuego en ocasiones y dando protección a las fuerzas en los sitios estratégicos”.
Fernando González Jordán, ¿el del piano de Lorca? Domiciliado en el Carmen de los Chapiteles, fuente del Avellano. “Me presenté al Gobierno Militar con una escopeta de mi propiedad, en donde me expidieron una licencia de armas, prestando servicio de enlace en el Gobierno Civil y demás centros oficiales… a las órdenes del entonces capitán Manuel Rojas Feigenspan” (el responsable de la matanza de Casas Viejas, en 1933. Se le asocia con la visita a la Huerta de San Vicente del 6 de agosto con la excusa de buscar una radio dentro del piano de Federico García Lorca). Patrullaban la zona de la Gran Vía en calidad de cabo del grupo.
Antonio Embiz Domínguez. Se sumó al grupo de Artillería que se dirigió a la Fábrica de Pólvoras de El Fargue, donde dejaron a un piquete para controlarla. Él y su hermano Pedro estuvieron de ayudantes y conductores en el frente de Víznar.
Julián Fernández Amigo, el visitante de Lorca. El 20 de julio era un simple agente del Cuerpo General de Policía. Acompañó al capitán José María Nestares a tomar posesión de la Comisaría de la calle Duquesa y después a tomar el Gobierno Civil, enfrente. “Presté diversos servicios de detenciones y recorrido de panaderías para llevar a los trabajadores que faltaban al trabajo… Nos felicitó el comandante Valdés (…) Durante toda la noche del 20 presté servicios de vigilancia y detenciones. Posteriormente me fue encargada por el gobernador civil la información sobre el personal de la Diputación Provincial y el Ayuntamiento”.
Declaró al escritor Eduardo Molina Fajardo que visitó a García Lorca cuando estaba detenido en el Gobierno Civil, quizás el 16 o 17 de agosto. Contó que le lio un cigarrillo para que fumara. Siendo inspector jefe de la Brigada Social (años sesenta) elaboró un informe en el que reconoció que la muerte de Lorca había sido un crimen político
Declaró al escritor Eduardo Molina Fajardo que visitó a García Lorca cuando estaba detenido en el Gobierno Civil, quizás el 16 o 17 de agosto. Contó que le lio un cigarrillo para que fumara. Siendo inspector jefe de la Brigada Social (años sesenta) elaboró un informe en el que reconoció que la muerte de Lorca había sido un crimen político.
Francisco Angulo Montes, juez en consejos de guerra. De familia de tradición jurídica. Se presentó al comandante militar de Granada. Lo envió como juez de primera instancia al distrito de Órgiva, “al fin de imponer la implantación del triunfo del glorioso movimiento nacional en los pueblos de su partido”. Fue a la Alpujarra al frente de un grupo de guardias de asalto y guardias civiles. Declaró el estado de guerra en Órgiva, donde fueron detenidos unos cuantos marxistas. “El día 22, previa citación de los detenidos más significados por su actuación extremista los trajo con escoltas de guardas forestales de la Sierra de Lújar a Granada, pasando a todos ellos por las armas en el sitio denominado Cerro de los Cañones, en cumplimiento de las órdenes recibidas del gobernador militar”. También participó en tiroteos en la zona del Triunfo, cuesta Alhacaba y Camino de San Antonio. Seguidamente fue requerido por la autoridad militar como vocal ponente de los consejos de guerra sumarísimos que habían de celebrarse en Granada.
María Aparici Trujillo, primera enfermera alzada. Presentó instancia (aunque con menos probabilidades de conseguir la medalla, a pesar de ir recomendada por el teniente coronel Miguel del Campo Robles, primer alcalde durante la guerra). Argumentaba que se presentó en el Ayuntamiento la mañana del día 21 a ofrecer su colaboración en cuantos servicios se le encomendaran. Fue la primera enfermera en presentarse a la autoridad alzada, siendo destinada a organizar el Hospital de Sangre de la Cruz Roja, como directora de este.
Miguel Peña Martínez. Vivía en la Cuesta del Chapiz. Aseguraba que ya la noche del 19 había sostenido un tiroteo con elementos marxistas que iban a asesinarlo. A las 17 horas del día 20 se encontraba gravemente herido en el Sanatorio de la Purísima como consecuencia de las puñaladas que le asestaron en la Plaza del Carmen. Por eso y su actuación anterior al alzamiento, también él reclamaba su medalla.
José Antonio López Pino estaba en octubre de 1942 en Alemania, alistado voluntario en la División Azul. Allí le llegó la noticia de las medallas con retraso. Pero le dio tiempo a proponerse para la distinción del alzamiento
Desde la División Azul. José Antonio López Pino estaba en octubre de 1942 en Alemania, alistado voluntario en la División Azul. Allí le llegó la noticia de las medallas con retraso. Pero le dio tiempo a proponerse para la distinción del alzamiento. Había sido de los soldados de Artillería primeros en echarse a la calle bajo las órdenes del coronel Antonio Muñoz Jiménez. Contribuyó a la toma del Ayuntamiento y aparece en la famosa foto del cañón del capitán López Rubio. Ya era cabo de la Guardia Civil cuando decidió ir a luchar a Rusia a las órdenes de Hítler.
Juan Bautista Dalmaso Decarolis, cónsul de Italia. También el italiano reclamó su medalla. Su argumento fue que se presentó voluntario para hacerse cargo de la estación militar de radio.
Francisco Pelayo Navarro, hermano de guardia civil. Era ingeniero jefe de la Diputación Provincial. Hermano del Mariano Pelayo, teniente de la Guardia Civil que actuó como enlace con los militares de Artillería y su comandancia. El ingeniero fue el encargado de dar el chivatazo a su hermano guardia civil de que el presidente de la Diputación (Virgilio Castilla) y el capitán de Infantería Fenolls Castell se dirigían al Gobierno Civil para avisar al gobernador que se estaba preparando el alzamiento en los cuarteles de la guarnición. Y que deberían ellos preparar su acción (de izquierdistas) para contrarrestarla. También Francisco Pelayo se presentó en el cuartel de las Palmas y les cedió su coche.
Presentó solicitud por haber sido capitán de complemento de Artillería y alinearse con el alzamiento. Pero no aportó justificantes ni descripción concreta de su actividad la tarde del 20 de julio
José Müller y Rodríguez-Acosta. Presentó solicitud por haber sido capitán de complemento de Artillería y alinearse con el alzamiento. Pero no aportó justificantes ni descripción concreta de su actividad la tarde del 20 de julio.
Francisco Prieto-Moreno Pardo, director de la Alhambra. Segundo jefe de la Alhambra, tras el director Leopoldo Torres Balbás. Como argumentos de peso decía: “La incorporación a las primeras fuerzas que declararon el estado de guerra la tarde del 20 de julio de 1936. Presentación en el Gobierno Militar, desde donde fue enviado al Ayuntamiento de Granada para hacerse cargo del servicio de incendios, en previsión de muy probables desmanes de los elementos izquierdistas en la noche del día 20”. Lo avaló con una autorización escrita firmada por el alcalde militar Miguel del Campo, la tarde del golpe.
En 1939 lo nombraron gobernador civil de Málaga. Después fue director general de arquitectura, encargado de la restauración de monumentos devastados durante la guerra
También fue arquitecto municipal en la II República. En 1939 lo nombraron gobernador civil de Málaga. Después fue director general de arquitectura, encargado de la restauración de monumentos devastados durante la guerra. Los compaginó con la dirección de la Alhambra. Tiene mucha obra repartida por Andalucía y Madrid. En Granada acabó el Palacio de Carlos V, hizo el Colegio Mayor Isabel la Católica, el cine Aliatar y restauró (sic) la torre de la Catedral.
Luis López Jurado. Se sumó a las tropas de Artillería al verlas pasar por su casa. Fue al Gobierno Militar, se presentó al comandante Rosaleny y éste lo envió al comandante Edmundo Rodríguez Bouzo, en Artillería. Lo enviaron con un grupo de jóvenes al Paseo del Salón, para controlar los accesos de la carretera. Después estuvo de conductor transportando bombas desde El Fargue hasta el Aeródromo de Armilla.
José María Villalobos Ventura, el 2 de Falange. Tenía el carné número 2 de Falange en Granada. Fue al Gobierno Militar a que le dieran un arma. Lo podía atestiguar el jefe de Falange, Antonio Robles Jiménez. Le encargaron que repartiera armas entre los afines al alzamiento.
Antonio Villalobos, capitán de Artillería, en la División Azul en 1942, también presentó instancia. Argumentaba que con anterioridad al 18 de julio ya estuvo de enlace entre Falange y otros militares, ya que era vigilante de caminos y podía desplazarse libremente con su motocicleta sin levantar sospechas
Su hermano Antonio Villalobos, capitán de Artillería, en la División Azul en 1942, también presentó instancia. Argumentaba que con anterioridad al 18 de julio ya estuvo de enlace entre Falange y otros militares, ya que era vigilante de caminos y podía desplazarse libremente con su motocicleta sin levantar sospechas. El alzamiento del 18 le sorprendió en Cádiz. Regresó rápidamente a Granada, presenciando los alzamientos en Sevilla y Málaga. Sin descansar del viaje, se sumó a los alzados en Granada. Estuvo nueve días sin regresar a dormir a su casa. Aseguraba que conducía el primer coche que subió al Albayzín con tropas, sobre las 21,30 horas del día 20. El coche era propiedad de Fernández Castanys, fue tiroteado en la Cuesta del Chapiz. Antonio Villalobos se dedicó a pedir coches para los alzados, así como a seleccionar conductores que no los sabotearan. Fue ayudante del capitán José María Nestares en el frente de Víznar. Su vida militar la podrían corroborar la mayoría de jefes a los que sirvió.
Antonio Villalobos Ventura (1911-98) hizo el resto de la guerra en la zona de Madrid. Alcanzó el grado de general de brigada de Artillería. Participó en la fundación de la Dirección General de Tráfico, donde fue subdirector general.
Se presentó en el Gobierno Civil al ver que las tropas estaban en la calle. Allí cogió su fusil y quedó incorporado a una escuadra. Recibía órdenes de José Rosales y de Cecilio Cirre
José Nazario Cardona Mancilla, secretario de Santa Fe. Falangista de Santa Fe, fue expulsado de su puesto en el Ayuntamiento el 18 de marzo de 1936. Por hacer propaganda de su partido. Se refugió en la capital. Se encuadró en el sector de José Rosales Camacho, al que ayudó a vender sellos, revistas y preparando el alzamiento. Visitando a los falangistas detenidos y escondiendo sus fichas. El 18 de julio se concentró en el Centro Artístico (entonces en la calle Mesones) a esperar, junto a José Díaz Plá, José León Arcas, José Rosales Camacho, Cecilio Cirre, Ramón Entrena y otros. El 19 fue avisado por José Valdés de que cambiara de pensión, pues unos marxistas lo buscaban para lincharlo. Se alojó en el Hotel Regina con otros falangistas que eran buscados. A las once de la mañana del día 20 recibieron órdenes de que estuvieran preparados para la tarde. Se presentó en el Gobierno Civil al ver que las tropas estaban en la calle. Allí cogió su fusil y quedó incorporado a una escuadra. Recibía órdenes de José Rosales y de Cecilio Cirre.
Filomena Mejía Bachiller. Resulta chocante que aproximadamente un centenar de granadinos firmasen una petición conjunta de medalla para esta mujer. La primera firma era del arzobispo Agustín Parrado. ¿Quién fue Filomena? “Dicha señora está en posesión de las medallas de Sufrimientos, Campaña, Donante de Sangre, Enfermera y posee el título de excombatiente. Es madre de seis excombatientes y voluntarios y un caído en acción de guerra. En la actualidad sigue prestando sus servicios voluntaria y desinteresadamente, porque cumplimos con un deber, de justicia, pidiendo la honrosa recompensa para dicha ciudadana”.
Rafael Martínez Fajardo, nada que ver con García Lorca. Este capitán de Infantería y guardia de asalto mandaba el cuerpo de la seguridad del Gobierno Civil, con un piquete para proteger al gobernador republicano César Torres Molina y demás autoridades. Estaba en contacto con los golpistas y se sumó a ellos cuando llegaron al edificio. También solicitó medalla a título individual. Es el que Eduardo Molina Fajardo identifica, erróneamente, en su libro (1983) como jefe del piquete que condujo a García Lorca a ser fusilado en Víznar. Sus hijos ya consiguieron desmentir (en un proceso judicial) que este militar no estuvo en Víznar cuando asesinaron a Federico. Por la hoja de servicios que presentó junto a la instancia queda claro que Martínez Fajardo se encontraba el 17 de agosto operando en la zona de Huétor Tájar y la semana siguiente en la sierra de Jayena.
Fue de los militares alistados en Falange y ya conspiraba contra la República desde días antes. El 18 estuvo preparando el golpe al mando de una falange; estaba en contacto con Evaristo Páez, agente de policía y de la vieja guardia, y de Cecilio Cirre
Diego Muñoz-Cobo Muñoz-Cobo. Capitán interventor. Fue de los militares alistados en Falange y ya conspiraba contra la República desde días antes. El 18 estuvo preparando el golpe al mando de una falange; estaba en contacto con Evaristo Páez, agente de policía y de la vieja guardia, y de Cecilio Cirre. El 19 le fue anunciado que al día siguiente se sumara al alzamiento en el cuartel de Artillería. Estuvo presente en el incidente del General Campins, donde fue retenido por sus subordinados. Fue a tomar el Aeródromo de Armilla; vio partir los aviones Nieuport hacia Almería.
Gregorio Garnica Sánchez, comandante de Infantería en el Gobierno Militar. Al enterarse, se fue al Gobierno Civil y se puso a disposición de Valdés. Le fue encargado el control de los depósitos de Campsa.
¿QUÉ FUE DE LAS MEDALLAS CIVILES?
Aunque el plazo de admisión de solicitudes debería finalizar el 30 de septiembre de 1942, la realidad es que continuaron llegando más al Ayuntamiento en fechas posteriores. La inmensa mayoría de ellas no fueron admitidas para su trámite en el expediente que abrió la comisión calificadora. También hubo muchísimos sublevados que no debieron entender que sólo se premiaría a los “pata negra”, a quienes empuñaron las armas la tarde del 20 de julio de 1936. Eso debió generar disgustos, pues fueron miles los granadinos que se subieron al carro de los sublevados durante los días y semanas posteriores. Una vez que se comprobó que tenían controladas las instituciones y las calles por la fuerza de las armas. El alzamiento había triunfado en la capital, si bien acosada por los gubernamentales por casi todos sus flancos.
Quizás aquella avalancha explique en parte el final que tuvo la iniciativa de las medallas del alcalde Gallego Burín
Quizás aquella avalancha explique en parte el final que tuvo la iniciativa de las medallas del alcalde Gallego Burín.
Hasta aquí, poco se ha explicado de las Medallas de la Ciudad o Civil y mucho de las del Alzamiento. Todas las peticiones presentadas y el voluminoso expediente C.04770.00001 del Archivo Histórico Municipal se centran únicamente en las Medallas del Alzamiento, en sus versiones individual y colectiva. Tampoco figura entre la documentación la ordenanza que regulaba las medallas por colaboraciones extraordinarias. Incluso en la prensa no se le dio publicidad a esta segunda condecoración. Ese asunto se llevó más en secreto, sin muchas explicaciones, porque se referían fundamentalmente a granadinos que tuvieron una participación silenciosa pero muy decisiva en la red de espionaje y delaciones que montaron los protagonistas del alzamiento en Granada. Con gravísimas consecuencias en muchos casos.
Esa parte será el núcleo central del segundo y último capítulo de la historia negra de la ciudad de Granada. El domingo próximo.
Nota al pie:
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[i] Extracto de la Hoja de Servicios del coronel Antonio Muñoz Jiménez
Nació en Córdoba el 10 de marzo de 1882. Hijo de Juan Muñoz Navarro y Teresa Jiménez Mariano.
1896. Soldado voluntario de Infantería
1897. Alumno de la Escuela de Artillería.
1899. Segundo teniente de Artillería.
1900. Primer teniente de Artillería.
1909. Capitán de Artillería.
1919. Comandante de Artillería.
1929. Teniente coronel de Artillería.
1934. Coronel de Artillería.
Alternó su empleo en los regimientos de Artillería Ligera de Sevilla y de Granada entre 1929 y 1936. Entre el 7 de octubre de 1934 y 24 de enero de 1935 se encontraba en Granada como jefe del cuartel durante el tiempo que duró la declaración del estado de guerra por la llamada Revolución de Otubre. “Prestó servicios extraordinarios por dicho motivo”.
Regresó a su regimiento de Sevilla en marzo de 1935 para suplir al general titular en el cargo. El 26 de mayo de 1936 se hizo cargo nuevamente del Regimiento Ligero Nº 4 de Granada. Sobre su actuación en el alzamiento, su hoja de servicios apunta lo siguiente:
“El día 18 de julio (de 1936) y cumpliendo órdenes del Excmo. Sr. General de la División (Queipo de Llano, que ninguneó a Campins) se acuarteló con las fuerzas de su Regimiento. El día 20 del mes de julio de 1936 quedó al frente de su Regimiento unido al Movimiento Salvador de España, declarándose en dicho día el estado de guerra en Granada y tomando el interesado el mando de uno de los dos sectores en que se dividió la población, como igualmente la jefatura de los servicios de Artillería; en días sucesivos efectuó reconocimientos por los alrededores de la capital y pueblos inmediatos para elegir emplazamientos de las batería de su Regimiento. Durante estos días sufrió intensos tiroteos del enemigo en el sector de su mando como igualmente bombardeos de la aviación enemiga. En el Cuartel de Artillería durante la última quincena de julio y primera de agosto resultando como consecuencia de ellos dos artilleros muertos y un oficial y varias clases de soldados heridos…”
A partir del 19 de agosto, por orden del Gobernador de Granada, salió con una columna militar y un conglomerado de batallones civiles a la zona de Moraleda de Zafayona.
Estuvo el resto del año 1936 ampliando el territorio sublevado en los bordes de la Vega de Granada.
En diciembre fue enviado por el gobernador militar a la toma de Alcalá la Real, Alcaudete y Priego.
El 22 de enero de 1937, el general Queipo de Llano envió su columna al Salar para tomar Alhama de Granada y su comarca.
En mayo de 1937 se reorganizaron las fuerzas de Granada con la división 24; Muñoz Jiménez se hizo cargo de la 2ª brigada, sin que por ello dejase el mando de su regimiento de Artillería, que había sido enviada al frente que discurría desde Güevéjar hasta Sierra Nevada.
El 27 de junio de 1937, tras la formación del III Cuerpo de Ejército del Sur, Queipo de Llano le nombró comandante principal de ese III Cuerpo. El 22 de septiembre se fue el general Quepo de vacaciones y encargó, accidentalmente, al coronel Muñóz del mando de todo el ejército alzado del Sur. También se hizo cargo temporalmente del gobierno militar de Granada.
Empezó enero de 1938 al mando de su Regimiento de Artillería. Estaba enfermo, operado e ingresado en el Hospital Militar. Falleció el 8 de enero. Está enterrado en el cementerio de Granada.
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