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UNA SECCIÓN de JOAN CARLES MARCH

Ocho meses, más de 30 conversaciones y cinco lecciones que me llevo de 'Habladurías'

Ciudadanía - Joan Carles March - Domingo, 30 de Agosto de 2026
Un extraordinario balance del experto en Salud Pública Joan Carles March, con reflexiones imprescindibles, de una de las secciones más seguidas.
Joan Carles March posa con su libro 'Más de 11 vidas', una mirada cercana que aborda el suicidio desde una perspectiva humana y social, rompiendo el silencio y el estigma que lo rodea.
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Joan Carles March posa con su libro 'Más de 11 vidas', una mirada cercana que aborda el suicidio desde una perspectiva humana y social, rompiendo el silencio y el estigma que lo rodea.

Una conversación cada semana, desde enero hasta agosto, sin parar. Más de treinta personas que han compartido conocimiento, experiencias, heridas, proyectos y esperanzas. Mirando atrás, hay cinco ideas que se repiten y que explican, en buena medida, por qué nació Habladurías.

Más de treinta conversaciones después, cuando miro el camino recorrido, descubro que no hemos hablado solamente de salud. Hemos hablado de personas. De sus enfermedades, pero también de sus vidas. De sus dificultades, pero también de sus capacidades. De dolor, pero también de esperanza

Hay proyectos que empiezan con una idea y terminan convirtiéndose en algo distinto de lo que uno imaginaba. Eso me ha ocurrido con Habladurías.

En enero comenzamos una conversación. Después llegó otra. Y otra. Y otra. Y así, semana tras semana, hasta agosto. Sin faltar una sola semana.

Más de treinta conversaciones después, cuando miro el camino recorrido, descubro que no hemos hablado solamente de salud. Hemos hablado de personas. De sus enfermedades, pero también de sus vidas. De sus dificultades, pero también de sus capacidades. De dolor, pero también de esperanza.

Y, sobre todo, hemos hablado de aquello que muchas veces queda fuera de los titulares.

Al repasar estas conversaciones, me quedo con cinco grandes lecciones.

1. La salud empieza mucho antes de que aparezca la enfermedad

La primera lección es probablemente la más sencilla y, al mismo tiempo, la que más nos cuesta asumir: la salud no empieza en el hospital.

Hemos hablado de actividad física, prevención, cribados, salud comunitaria, cáncer, enfermedades raras y diagnóstico precoz. Hemos hablado de cómo una intervención temprana puede cambiar una vida.

La historia del cribado neonatal es un buen ejemplo. Una pequeña muestra de sangre puede permitir detectar una enfermedad antes de que aparezcan sus consecuencias. Detrás de esa tecnología hay algo mucho más importante: una decisión colectiva de apostar por la prevención

La historia del cribado neonatal es un buen ejemplo. Una pequeña muestra de sangre puede permitir detectar una enfermedad antes de que aparezcan sus consecuencias. Detrás de esa tecnología hay algo mucho más importante: una decisión colectiva de apostar por la prevención.

También hemos hablado de caminar, de moverse, de los barrios, de la cultura y de las condiciones en las que vivimos.

Porque enfermar no depende únicamente de nuestros genes ni de nuestras decisiones individuales.

La salud está también en el código postal, en la vivienda, en el trabajo, en las relaciones, en el entorno y en las oportunidades que tiene cada persona.

Y eso significa que hacer política sanitaria no puede consistir solamente en gestionar hospitales.

2. Detrás de cada diagnóstico hay una persona

La segunda lección tiene que ver con algo que parece obvio, pero que a veces olvidamos: una enfermedad no define a quien la tiene.

En Habladurías hemos escuchado a personas con fibromialgia, cáncer, ELA, enfermedades degenerativas y enfermedades raras.

Está el dolor, sí. Pero también están los proyectos, el humor, el trabajo, la familia, la creatividad, las ganas de vivir y la capacidad de transformar la propia experiencia

Y cada conversación ha demostrado que el diagnóstico es solamente una parte de la historia.

Está el dolor, sí. Pero también están los proyectos, el humor, el trabajo, la familia, la creatividad, las ganas de vivir y la capacidad de transformar la propia experiencia.

Hablar con personas que conviven con una enfermedad cambia la perspectiva. Nos obliga a dejar de mirar únicamente cifras, síntomas y tratamientos para preguntarnos qué significa realmente vivir con esa enfermedad.

Porque no hay pacientes; hay personas que, en determinados momentos de su vida, necesitan atención sanitaria.

Y quizá una de las mejores formas de humanizar la sanidad sea precisamente escuchar a quienes utilizan sus servicios.

3. Hablar también es cuidar

Probablemente ninguna de las conversaciones de estos meses me ha hecho pensar tanto en el poder de las palabras como las dedicadas al suicidio.

Hablar de suicidio no es fácil. Requiere conocimiento, responsabilidad y sensibilidad. Pero las conversaciones con profesionales, supervivientes, familiares, escritores y personas que han convertido una pérdida en una lucha por la prevención han dejado una idea muy clara:el silencio no siempre protege

Hablar de suicidio no es fácil. Requiere conocimiento, responsabilidad y sensibilidad.

Pero las conversaciones con profesionales, supervivientes, familiares, escritores y personas que han convertido una pérdida en una lucha por la prevención han dejado una idea muy clara:el silencio no siempre protege.

Hablar adecuadamente puede ayudar a comprender. Puede permitir pedir ayuda. Puede acompañar. Puede romper la soledad.

Y esto no sirve únicamente para el suicidio.

También sirve para el duelo, para la enfermedad mental, para los conflictos familiares, para la discapacidad, para las enfermedades invisibles.

Vivimos rodeados de ruido y, sin embargo, muchas personas siguen sintiéndose solas.

Quizá por eso escuchar sea hoy una forma de cuidar.

Y Habladurías nació, en buena medida, para eso: para crear un espacio donde las personas pudieran hablar y donde alguien estuviera dispuesto a escuchar.

4. Una sociedad se mide por cómo cuida

La cuarta lección tiene que ver con los cuidados.

Hemos hablado de dependencia, de personas mayores, de cuidadores, de vulnerabilidad, de inclusión y de servicios públicos.

Durante demasiado tiempo hemos considerado que cuidar era fundamentalmente una responsabilidad de las familias. Y, dentro de ellas, demasiadas veces de las mujeres. Pero los cuidados no son un asunto privado.

Y cada una de esas conversaciones lleva a la misma pregunta: ¿Qué sociedad queremos ser cuando alguien necesita ayuda?

Durante demasiado tiempo hemos considerado que cuidar era fundamentalmente una responsabilidad de las familias.

Y, dentro de ellas, demasiadas veces de las mujeres. Pero los cuidados no son un asunto privado.

Son una cuestión de derechos, de igualdad y de políticas públicas.

Necesitamos cuidar mejor a quienes necesitan cuidados, pero también cuidar a quienes cuidan.

Y necesitamos hacerlo respetando la autonomía, la dignidad y el proyecto de vida de cada persona.

Porque una sociedad avanzada no es solamente aquella que cura enfermedades. Es aquella que no deja sola a la persona cuando ya no puede hacerlo todo por sí misma.

5. La esperanza necesita acción

Y llego a la quinta lección, quizá la que más me gusta.

En muchas de las conversaciones de estos ocho meses he encontrado personas que podrían haberse quedado en la queja. No lo hicieron.

En muchas de las conversaciones de estos ocho meses he encontrado personas que podrían haberse quedado en la queja.
No lo hicieron.

Personas que, después de vivir una enfermedad, crearon una asociación. Personas que después de perder a alguien decidieron trabajar por la prevención. Profesionales que investigan. Ciudadanos que se movilizan. Personas que defienden un centro de salud. Familias que luchan para que otros tengan las oportunidades que ellos no tuvieron.

Todas ellas tienen algo en común: no se han resignado.

Y eso me ha enseñado que la esperanza no consiste en pensar que las cosas van a mejorar.

La esperanza consiste en hacer algo para que mejoren.

A veces será una investigación. Otras, una asociación. Una conversación. Una reivindicación. Un libro. Una caminata. Un proyecto. Una decisión política. Pero siempre hay un elemento común: pasar de la preocupación a la acción.

A veces será una investigación. Otras, una asociación. Una conversación. Una reivindicación. Un libro. Una caminata. Un proyecto. Una decisión política.
 
Pero siempre hay un elemento común: pasar de la preocupación a la acción.

Y una sexta lección que quizá resume todas las demás

Cuando empezamos Habladurías, quizá pensaba que el objetivo era entrevistar a personas interesantes.

Hoy creo que era otra cosa. Era dar valor a las historias.

Porque detrás de una estadística hay una persona. Detrás de una enfermedad hay una vida. Detrás de una reivindicación hay una necesidad. Y detrás de cada problema social hay alguien que está intentando cambiarlo

Porque detrás de una estadística hay una persona. Detrás de una enfermedad hay una vida. Detrás de una reivindicación hay una necesidad. Y detrás de cada problema social hay alguien que está intentando cambiarlo.

Durante ocho meses hemos hablado de salud, pero también de sociedad.

Hemos hablado de ciencia y de política. De hospitales y de barrios. De enfermedades y de derechos. De dolor y de esperanza.

Y hemos comprobado que hay algo que conecta todas esas realidades: las personas necesitan ser escuchadas.

Treinta y tantas personas que han compartido conmigo y con quienes nos leen y escuchan una parte de su conocimiento y de su vida. A todas ellas, gracias.

Más de treinta conversaciones. Una cada semana. Sin parar.

Treinta y tantas personas que han compartido conmigo y con quienes nos leen y escuchan una parte de su conocimiento y de su vida.

A todas ellas, gracias.

Y gracias también a quienes han estado al otro lado, semana tras semana.

Porque si algo me llevo de estos ocho meses es la certeza de que hablar puede transformar, pero escuchar puede cambiarlo todo.

Y quizá por eso Habladurías tenga todavía mucho que contar. Y, sobre todo, mucho que escuchar.