Recicla, para respirar un aire más limpio
INCÓGNITAS EN EL 120 ANIVERSARIO DEL LA MUERTE DEL ESCRITOR GRANADINO

El padre de la hija póstuma de Ganivet

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Domingo, 15 de Abril de 2018
Te ofrecemos una investigación de Gabriel Pozo Felguera que arroja luz sobre las circunstancias, aún no aclaradas, de la muerte del escritor, pensador y diplomático Ángel Ganivet, del que en noviembre próximo se cumplirán los 120 años de su desaparición. No te lo pierdas.
Amelia Roldán Llanos, en 1897 (Helsinki). Y su amante Angelo Angioletti, en 1903.
Indegranada
Amelia Roldán Llanos, en 1897 (Helsinki). Y su amante Angelo Angioletti, en 1903.
  • El escritor granadino y su amante Amelia Roldán mantuvieron una relación de infidelidades y perdones mutuos entre 1892 y 1898

  • Ángel Ganivet se suicidó sin saber que su amante/esposa estaba embarazada por el tenor Angelo Angielotti, en Madrid, mientras él residía en Riga

  • El cónsul y literato comunicó a sus conocidos y a la embajada de San Petersburgo que el 29 de noviembre llegarían su señora y sus “dos” hijos (y sólo tenía uno vivo)

Se van a cumplir 120 años de la muerte Ángel Ganivet, predecesor de la Generación del 98. Y todavía no han quedado plenamente demostradas las circunstancias que influyeron en su muerte en Riga (actual Letonia), donde se encontraba de cónsul de España. No sabemos si se suicidó o lo mataron; si se volvió loco por causa de la sífilis, por antecedentes genéticos o por España; si su locura fue acelerada por su relaciones tormentosas con su amante Amelia Roldán Llanos y los continuos cuernos que le ponía. Pero, sobre todo, a qué obedeció su insistencia en ocultar a la embajada la existencia de su primera hija y, posteriormente, decir que seguía viva cuatro años después de muerta. Lo que sí está meridianamente claro es que su tercera supuesta hija póstuma –María Luisa-, nacida tras su muerte, no fue engendrada por él; todo apunta a que su “señora” había sido preñada por un tenor en Madrid.

Ángel Ganivet García. Hombretón de familia de molineros granadinos; su primer apellido, de ascendencia francesa. Nació el 13 de diciembre de 1865 en el molino de sus abuelos de la calle San Pedro Mártir, 13. Pero realmente su familia vivía en la calle Darro del Campillo, 1 duplicado (actual Enriqueta Lozano), también casa-molino. Hasta los diez años en que quedó huérfano de padre y se fueron a vivir a la Cuesta de los Molinos.

Cursó el bachillerato en el Instituto Provincial (de donde, por cierto, un catedrático de ilustre nombre se llevó su expediente y ha fallecido sin devolverlo). Estudió Derecho y marchó a Madrid en 1888. Allí se sacó el título, opositó a Archivos y comenzó a trabajar.

El 1 de febrero de 1892 asistió al baile de máscaras del Teatro la Zarzuela. Conoció unos hermosos ojos tras una máscara y la voz edulcorada de unos labios que le enamoraron. Paseó con la muchacha hasta que aquella misma noche acabaron haciendo el amor apasionadamente en la cama de la pensión de Ángel, en la calle Tetuán, 15. Su amante se llamaba Amelia Roldán Llanos; había nacido en Valencia el 3 de septiembre de 1868. Hija de Antonia Llanos y de un cubano rico y juerguista, arruinado por aquella fecha. La madre Antonia y su hermana Emilia –también viuda con tres hijas casaderas- se habían desplazado desde Barcelona, su residencia, a Madrid en busca de mejores oportunidades para encontrarles  maridos.

Tras la máscara y los bellos ojos apareció una joven que había hecho sus pinitos en el mundo de la canción, sin mucha suerte. Pero seguía intentándolo en el entorno de las compañías de ópera y zarzuela. Desde muy pequeña seguía la trayectoria de un tenor catalán, vecino de la calle Aribau, 13, donde los Roldán Llanos tenían casa en Barcelona. Se llamaba Jaime Bachs y ya hacía papeles  de tenor en Madrid por el año que Amelia se daba revolcones con el granadino Ganivet.







Nacimiento e infancia en el barrio de las Angustias. Recientemente ha sido rehabilitada la estructura del molino donde nació Ángel Ganivet el 13 de diciembre de 1865. Queda en pie la fachada original de la calle San Pedro Mártir, 13. El edificio fue vaciado por dentro. Actualmente luce un cartel de “Se vende”. A unos cien pasos de aquí se encuentra el antiguo molino de la calle Darro del Campillo, 1 (actual calle Enriqueta Lozano, 1 duplicado); en esta casa vivió su familia hasta 1875 en que murió el cabeza de familia. Este edificio está abandonado hace muchísimos años.

A primeros de marzo de 1892, Ángel Ganivet abandonó su pensión y se fue a vivir al piso de su novia, en la calle Lope de Vega, 32. Aquella casa debía ser una especie de harén con dos hermanas viudas (Antonia y Amalia) y cuatro hijas buscando novio. Una de las primas de Amelia Roldán parece que tonteaba con el tenor Jaime Bachs, que por entonces adoptó el nombre artístico de Angelo Angioletti.

El 11 de diciembre de 1893 nació una niña en París, a la que pusieron el nombre de Natalia Ganivet Roldán. Lo de Natalia era en recuerdo del hermano de Ángel, fallecido en Granada muy joven por tuberculosis. La pareja vivía separada: Amelia y la abuela, en París; Ángel Ganivet, en su embajada de Amberes. Y la recién nacida a mitad de camino, en el pueblecito de Saint Leger Le Domart, en el valle del río Somme, provincia de Amiens

Ganivet comprendió que debía aportar dinero a aquel gineceo y se puso a trabajar de pasante en un despacho de abogado. Su sueldo de archivero no daba para mucho. Paralelamente, se presentó a una oposición para vicecónsul en embajadas extranjeras. Aprobó con el número 1. Todo se sucedió muy rápido aquella primavera de 1892 en casa de Amelia Roldán y sus primas. A finales de mayo, Ángel Ganivet decidió pasar por Granada antes de incorporarse en julio al destino elegido como vicecónsul: Amberes (Bélgica). Al mismo tiempo, Antonia Llanos y su hija Amelia Roldán regresaron a su casa de Barcelona. Por allí pasó el flamante diplomático a despedirse de ellas y, quizás, a darse otros cuantos revolcones.

En noviembre de 1892, el diplomático recibió por sorpresa la visita de su joven amante Amelia, más su madre Antonia. Llegaban a Bélgica para quedarse con él. Los tres estuvieron viviendo sin que la pareja contrajese matrimonio. El vicecónsul prefería mantener en secreto a la amante y al margen la existencia de sus relaciones de pareja. Hacia abril de 1893, Amelia Llanos quedó embarazada; comenzaban a surgir problemas, ya que Ganivet no deseaba contraer matrimonio y se debatía entre las relaciones sexuales apasionadas con Amelia y un rechazo al tipo de mujer que representaba (frívola, casquivana, falta de formación… pero profundamente agradable a los ojos y sensual). Cuando comenzó a notársele el embarazo, madre e hija decidieron trasladarse a París para dar a luz, a la casa número 220 de Fauburg Saint Denís, que habitaba una conocida. De esa manera ocultaban a la embajada belga las relaciones del padre de la criatura.

El 11 de diciembre de 1893 nació una niña en París, a la que pusieron el nombre de Natalia Ganivet Roldán. Lo de Natalia era en recuerdo del hermano de Ángel, fallecido en Granada muy joven por tuberculosis. La pareja vivía separada: Amelia y la abuela, en París; Ángel Ganivet, en su embajada de Amberes. Y la recién nacida a mitad de camino, en el pueblecito de Saint Leger Le Domart, en el valle del río Somme, provincia de Amiens. Amelia se la había entregado a una familia de granjeros para que la criasen. El bebé tenía sólo una semana cuando su madre se desprendió de ella.

El primer gran trauma de Ganivet

No habían transcurrido ni tres meses desde que la granjera amamantaba a la pequeña Natalia, cuando un telegrama recibido en la embajada de Amberes llenó de angustia al joven padre Ganivet. El granjero llamado Henín le comunicaba que la pequeña estaba muy enferma. Era el 27 de febrero de 1894. A Ganivet ni le dio tiempo de ver con vida a su pequeña, ya que el 28 de febrero se la encontró muerta. Le diagnosticaron meningitis. Él mismo se encargó de amortajarla y depositarla en una fosa común del cementerio de este pueblecito. Amelia no se molestó en trasladarse al entierro de su hija.

La muerte de la pequeña Natalia llenó de zozobra a Ganivet. Las relaciones con Amelia cambiaron bastante a partir de entonces. La culpó de su muerte por haberla entregado a un ama de cría y desentenderse de su bebé. Sospechamos que Amelia debía reunir buenas dotes para hacerse perdonar por su amante, porque semanas después volvieron a yacer juntos de nuevo. El resultado de sus apasionadas relaciones fue un nuevo embarazo.



Amelia, con su hijo Ángel Tristán, en Barcelona, primavera de 1895.

Nuevamente dio a luz en París a otro hijo, al que llamaron Ángel Tristán Ganivet Roldán. Nació  el 6 de diciembre de 1894. Pero no lo inscribieron en la capital francesa, sino que esperaron a hacerlo a su regreso a Barcelona, unas semanas después. Abuela, madre y niño se instalaron en Barcelona, mientras que el diplomático continuó viaje hasta Granada para disfrutar de una licencia de cuatro meses.

Hasta mayo de 1895 Amelia y el niño Ángel Tristán no volvieron a reencontrarse con su padre, en Barcelona. Ganivet se reincorporó a su puesto de vicecónsul en Amberes, donde iba a tener  dos años de cierta tranquilidad familiar y profesional; fue el primer periodo más fecundo de su corta producción literaria, entendida en términos temporales.



Cementerio donde fue enterrada (por dos veces) Natalia Ganivet Roldán en 1894-95. Imagen de Google.

En el otoño de 1895, estando en Amberes, es la primera vez que la idea del suicidio empieza a rondar por la cabeza de Ángel Ganivet. Y así lo dejó escrito en cartas a sus amigos. La imagen del diminuto cadáver de su hija Natalia seguía rondando por su cabeza. Quizás también culpándose de su muerte en manos de unos granjeros extraños

En el otoño de 1895, estando en Amberes, es la primera vez que la idea del suicidio empieza a rondar por la cabeza de Ángel Ganivet. Y así lo dejó escrito en cartas a sus amigos. La imagen del diminuto cadáver de su hija Natalia seguía rondando por su cabeza. Quizás también culpándose de su muerte en manos de unos granjeros extraños. El 30 de octubre tomó un tren y, coincidiendo con la festividad de los santos y difuntos, se plantó en el cementerio donde estaba enterrada Natalia. Compró una tumba individual, con mármol llevado desde Bélgica, y ordenó sacarla de la fosa común; el nuevo sería un enterramiento para la eternidad, rodeado de cuatro cipreses en las esquinas. Desde Saint Leger Le Domart escribió a Amelia contándole lo que había hecho: cuando llegó, el sepulturero, el granjero y el alcalde ya tenían abierta la sepultura; habían pasado veinte meses desde el primer entierro, pero Ganivet dice que “abrí la caja y quedé maravillado de lo bien conservada que está la nena. Está como la puse yo cuando la amortajé, sólo más pequeñita, todo encogida; la capa azul que yo le puse encima de todo (…) haciendo cerco alrededor como si fuera una monjita. Yo no quise tocarla y volví a cerrar enseguida, después de colocarle junto a la cabeza un sobre lacrado con tu retrato, el mío y el del niño en medio (…)” La colocaron en el fondo del agujero, en una nueva caja, y pusieron la inscripción: “Natalia (1893-94). Tus padres no te olvidan. Y añadió en su carta: “Dentro de veinte años volveremos a encontrar a la nena como ahora”.

A partir de entonces, Ángel Ganivet se hizo vegetariano y no volvería a comer carne en los tres años que le quedaban de vida.

Varios años ocultando su amante y sus hijos a su familia

Con posterioridad, consiguió plaza en Helsinki (que entonces se llamaba Helksingfors). Nunca hasta el verano de 1897 había comunicado a su familia la existencia de su amante Amelia ni el nacimiento/muerte de Natalia ni que tenía otro hijo llamado Ángel Tristán. Pero lo hizo finalmente: el 14 de agosto de aquel año decidió llevarse a sus dos hermanas a Helsinki con él. Les guardaba una gran sorpresa: al pasar por Barcelona les presentó a Amelia y a su hijo. Hacía ya dos años que la madre de Ángel Ganivet había muerto en Granada sin conocer la existencia de su nuera ni de sus nietos.

Ángel, Amelia, las dos hermanas -Josefa e Isabel-  y Angelito Tristán partieron hacia Helsinki. Allí vivieron todos juntos hasta junio del año siguiente, 1898. Fue una etapa productiva para Ganivet desde el punto de vista literario y parece que tranquila en lo familiar. El cónsul se percató de la insignificancia de aquel consulado finés y propuso al gobierno español su traslado a Riga, por entonces ciudad perteneciente al Reino de Rusia. Le fue aceptada la propuesta.

Envió a España a las tres mujeres y al niño, mientras él se hacía cargo del traslado de la legación. Para junio de 1898, las hermanas ya estaban en su casa de Madrid (en calle Diego de León); y Amelia y Angelito se quedaron en Barcelona (en el piso de la abuela de calle Aribau, 13). En agosto, Ganivet ya estaba viviendo y trabajando en el nuevo consulado de España en Riga; a un lado del río Dvina estaba la oficina consular y al otro margen su vivienda. Esto explica el trasiego diario en un trasbordador que unía ambas orillas, al menos hasta que el hielo del invierno lo impedía.

Habladurías, anónimos, sospechas de cuernos

Tras pasar el verano en Barcelona con su hijo Ángel Tristán, a principios de octubre de 1898  Amelia Roldán se trasladó a Madrid a tantear la posibilidad de cantar en alguna ópera o zarzuela. Tenía especial interés en hacerlo en la compañía que iba a estrenar la ópera Gonzalo de Córdoba, del compositor Emilio Serrano. Alguna vez le habían dado un papel de poca enjundia y continuaría intentándolo durante el resto de su vida. Había tenido conocimiento del estreno a través del tenor Jaime Bachs i Rosès (Angelo Angioletti), que era más que amigo de una de sus primas.

Amelia Llanos se hospedó en el Hotel Oriente, situado en el número 4 de la calle Arenal. Era precisamente el hotel donde se alojaban los actores y cantantes que actuaban en el cercano  Teatro Real. Y, por supuesto, también allí fue Angelo Angioletti a alojarse por esas semanas.

[Un paréntesis: Este tenor era para entonces un cantante ya consagrado, que había triunfado en España y también en el extranjero. Jaume Bachs i Rosès (Barcelona, 1867-1909) empezó como barítono en el Teatro Cervantes de Málaga, compañía de José Tolosa. Pronto despuntó por su voz. Recorrió los principales teatros de ópera de España; a partir de 1894, su presencia en Italia y otros países fue constante: Génova, Nápoles, Trieste, Roma, Odessa, Fiume, Bari, Palermo, San Francisco (EE UU), Bucarest, Carrara, Oporto, Perugia, Brescia, etc. En 1903 triunfó en Barcelona con la ópera Acté, de Juan Manen. El tenor consiguió un papel muy secundario para su amiga Amelia Roldán. Curiosamente, por aquellos años nació la primera hija del tenor, a la que bautizó con el nombre de Amelia (¿?). Angioletti dejó grabadas media docena de fonotipias. Fue famoso por sus conquistas amorosas; en enero de 1899 se casó con la cantante de su compañía Elena Fons. Su primer matrimonio debió durar poco. Después casó con Emilia Pelayo, con quien tuvo dos hijas y le dejó viudo muy pronto. Jaime Bachs falleció repentinamente el 14 de marzo de 1909].



Esquela de Angioletti. La Vanguardia, 26 de marzo de 1909.

El 22 de septiembre de 1898, todos los periódicos de Madrid habían publicado el elenco de actores que iban a cantar óperas en el Teatro Real en la temporada 1898-99. Angioletti figuraba como primer tenor, su novia Elena Fons como primera soprano lírica. Comenzarían los ensayos de Gonzalo de Córdoba (para estrenarla el 6 de diciembre) y La Walkiria (a mediados de enero siguiente). Entre ese mundillo de farándula debió moverse Amelia Roldán por aquellos meses otoñales madrileños de 1898.



En la cuarta columna se da completa información de la plantilla y programación de ópera del Teatro Real de Madrid para el otoño-invierno de 1898-9. Angioletti figura como primer tenor. Debajo, fotos de Elena Fons y Angioletti, en un programa de ópera de 1902 (ya se habían divorciado).

La consecuencia para Amelia Roldán fue que alguien envió anónimos al consulado de Riga, donde Ángel Ganivet vivía en soledad e intentaba aprender ruso con clases particulares que le daba la hermana del cónsul de Alemania. Algunos biógrafos de Ganivet de principios del siglo XX afirmaron que dichos anónimos iban firmados por “P”. Desvelarían la presunta relación sentimental de Amelia con el primer tenor Angioletti; de haber existido, sería buscando un resquicio de acceso a la compañía del Teatro Real a través de la influencia del tenor.

Ángel Ganivet no tardó en hacer partícipes de estas sospechas a sus hermanas y a Amelia. La reacción de ésta fue acudir, los primeros días de noviembre, a casa de las cuñadas Josefa e Isabel a negar cualquier relación sentimental con el tenor. Todo se debía a infundios e insidias, según ella. Es más: les pidió dinero para emprender rápido viaje a Riga, a encontrarse allí con su amante/compañero Ángel y aclarárselo todo.

Amelia y su hijo Angelito atravesaron Europa entre el 22 y 29 de noviembre de 1898. Llegaron a Riga casi el mismo tiempo en que Ángel Ganivet moría en el río Dvina (actualmente, Daugava). Eran las tres de la tarde del 29 de noviembre/17 en el calendario ruso.



Esquela mortuoria en un periódico de Riga.

La presunta intención de Amelia era desmentir los anónimos, demostrar que seguía queriendo a Ganivet y quedarse a vivir con él. Pero no hubo tiempo para que se vieran. Se lo encontró ya muerto. No obstante, la más que presumible intención de la amante era mantener relaciones sexuales con él lo antes posible, con la finalidad de adjudicarle el fruto de su vientre (si es que ella sabía que ya estaba encinta). Lo que sí es seguro es que ya iba embarazada desde España. Y Ángel Ganivet no sabía nada.

La prueba de que iba embarazada el 29 de noviembre al llegar a Riga se confirmó cuando, en el mes de julio de 1899, Amelia dio a luz a una niña en su domicilio de Barcelona. Era evidente que había quedado preñada en el mes de octubre anterior. Y lo había sido cuando estaba alojada en el hotel Oriente de Madrid. Lo más lógico es pensar que el padre fuese el tenor Angelo Angioletti, del que todos comentaban su estrechísima relación con Amelia… O algún otro varón muy cercano a la compañía teatral.



Ángel Tristán y María Luisa Ganivet Roldán, hermanos sólo de madre.

La niña nació en la calle Aribau de Barcelona el 24 de julio de 1899, es decir, ocho meses después de morir Ángel Ganivet. Fue inscrita en esta ciudad con el nombre de María Luisa y los apellidos Ganivet Roldán; para esa fecha, el presunto padre de la niña –el tenor- llevaba seis meses casado con Elena Fons.

Amelia y sus dos hijos –Ángel Tristán y María Luisa- vivieron entre Barcelona y Madrid, siempre al margen de los tres hermanos Ganivet. Estos sabían perfectamente que María Luisa no podía haber sido concebida con la participación de su hermano. Los dos niños fueron bautizados en la iglesia de San José, calle Alcalá,  en 1908. Amelia continuó insistiendo en dedicarse a la ópera/zarzuela, pero su excesivo nerviosismo en el escenario acabó perjudicándola.



Publicidad con principales actores y decorados de la ópera Acté, en la que participó Amelia Roldán (La Cubana o Cubanita). LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA, 1903.

Nadie ha demostrado hasta ahora que Ángel y Amelia llegaran a casarse. No obstante, la familia de él siempre defendió que sí lo hicieron. Pruebas de que pudo ser cierto es que el Estado indemnizó a Amelia con 30.000 pesetas por la muerte del diplomático y escritor granadino (esta cantidad equivalía al sueldo del cónsul de diez años); además, ella retuvo los derechos de autor de las obras que había publicado. Si no hubiesen estado casados, los herederos habrían sido los hermanos.

Nadie ha demostrado hasta ahora que Ángel y Amelia llegaran a casarse. No obstante, la familia de él siempre defendió que sí lo hicieron. Pruebas de que pudo ser cierto es que el Estado indemnizó a Amelia con 30.000 pesetas por la muerte del diplomático y escritor granadino (esta cantidad equivalía al sueldo del cónsul de diez años); además, ella retuvo los derechos de autor de las obras que había publicado. Si no hubiesen estado casados, los herederos habrían sido los hermanos

Con la indemnización, Amelia y su madre compraron dos casas en Vilassar, muy cerca de Barcelona. Suponemos que también varios pisos que aparecían a principios de siglo a nombre del adolescente Ángel Tristán: seis propiedades urbanas en Barcelona, que las tenían arrendadas; concretamente, en la calles Aribau (que era de la abuela con anterioridad), Avenida Meridiana (4) y Plaza Cantabria. Así mismo, imaginamos que vivirían con las rentas de aquellos alquileres.

Amelia Roldán Llanos falleció el 7 de octubre de 1913 por una complicación cardiaca. No sabemos si se llevó a la tumba el nombre del padre de la “hija póstuma” de Ganivet (a la que inscribió con su apellido) o desveló su secreto a sus hijos. Quien sí debió saberlo perfectamente fue su madre, Antonia Llanos, que sobrevivió hasta 1930.

Ángel Tristán se fue a vivir a Madrid con la familia de su padre a partir de 1913. A María Luisa le tenemos la pista perdida, pero no debió estar muy lejos de su hermano, ya que los dos contrajeron matrimonio en Madrid con otros dos hermanos (Inés y Manuel Fernández Bada). Cuando repatriaron el cadáver del escritor a España, en abril de 1925, Ángel Tristán estuvo presente en los actos de Madrid y Granada. Pero María Luisa no es mencionada en ninguna crónica periodística. No asistió porque sabía perfectamente que no fue su padre. Ángel Tristán estuvo casado dos veces, tiene descendencia en México y en España. María Luisa tuvo tres hijos. Los dos hermanos Ganivet Roldán fallecieron en la década de los años cincuenta del siglo pasado en Madrid: María Luisa, el 27 de julio de 1956, a los 57 años,  y Ángel, dos años después, a los 64. Ambos están enterrados en el cementerio de la Almudena de Madrid.

Ángel Tristán nunca fue expresivo con su padre en las entrevistas que le hicieron.

Cuestiones sin resolver y enigmas sobre su muerte

Lo primero que extraña en la conducta de Ángel Ganivet es su empeño por esconder su relación sentimental con Amelia Roldán. Empezó ocultándosela a su madre, que murió en el verano de 1895 sin saber que, desde tres años atrás tenía a Amelia como amante. Y que, además, la había hecho abuela con Natalia y Ángel Tristán. Peor aún fue con sus hermanos Isabel, Josefa y Francisco, a quienes dio el sorpresón cinco años después de convivir con Amelia.

Tampoco quiso que en la embajada de Amberes se supiera de la existencia de Amelia y mucho menos de que fuese a tener una hija con ella. Por eso las escondió en París.

Todavía en noviembre de 1895 seguía obsesionado por que en Amberes no conocieran que había ido al cementerio francés a cambiar de tumba a la difunta Natalia. Dijo a Amelia que no revelara el lugar donde estaba viajando.

En cambio, a partir del momento en que llevó a sus hermanas, a Amelia y a Tristán a Helsinki (verano de 1897), ya no le importó que supiesen la existencia de su familia. Incluso se prodigó paseándolos por la ciudad y  llevándolos a todos a que los retratara el fotógrafo más famoso de aquella capital.

Cuando se asentó en Riga (otoño de 1898) comunicó a la embajada y a sus conocidos que era padre de dos hijos. Seguramente daba por viva también a Natalia. Esto hizo que al principio se comunicara a Madrid que Ganivet había fallecido un rato antes de que su mujer y sus dos hijos desembarcaran en Riga. Así figura en una carta del encargado de negocios de San Petersburgo enviada a Madrid y conservada en el Archivo General de la Administración.







Carta de la embajada en Rusia al gobierno de España, donde se narran los pormenores de la muerte de Ganivet. En ella se hace referencia a que su mujer llegaba con sus dos hijos. ARCHIVO MINISTERIO AA EE.

Indicios de locura. Los indicios de locura en Ángel Ganivet ya aparecieron en  la correspondencia que enviaba a su amigo Navarro Ledesma en 1895. Precisamente a partir del momento en que desenterró a Natalia. Entonces mencionó por vez primera la idea del suicidio como método para huir de todo.



Una de las cartas enviadas a Navarro Ledesma, en la que hablaba del suicidio. Fragmento de una reproducción en la revista Reflejos, abril de 1927.

Sífilis. En 1891 ya reconoció Ganivet a su amigo Navarro Ledesma que había contraído la sífilis por mantener relaciones sexuales en algún lupanar de Madrid. Incluso parece que hizo partícipe de ello a su madre. El doctor ruso Otto Von Haken le diagnosticó parálisis general progresiva y manía persecutoria unos días antes de su fallecimiento, precisamente consecuencia de la sífilis.

Comunicación de enfermedad a la embajada. El consulado de Riga dependía de la embajada de San Petersburgo. El doctor Von Haken recomendó que pidiesen autorización al embajador para llevar a Ganivet a un sanatorio, ya que el mal era incurable. Telegrafió su amigo el cónsul alemán en su nombre, pero la respuesta de España llegó cuando Ganivet ya había fallecido.



Trascripción del telegrama cifrado recibido en Madrid unas horas después de registrarse la muerte de Ganivet. Habla de “muerte repentina”, no de suicidio. ARCHIVO Mº AA EE.

Anónimos. Ángel Ganivet recibió anónimos sobre rumores de los presuntos devaneos amorosos de Amelia Roldán al menos en tres ocasiones: a finales de 1892 cuando acababa de llegar a Amberes; en 1894, cuando Amelia se había quedado en París y él se había reincorporado a Amberes; y la última en octubre de 1898. En dos ocasiones, coincidió que Angelo Angioletti estaba actuando en la misma ciudad donde se encontraba Amelia. El autor o autora de ellos debió ser una persona muy cercana a la vida de Amelia ¿Quizás la prima celosa que flirteaba con el tenor y no quería compartirlo?

Cuernos compensados. Si Amelia era infiel a Ganivet cuando estaban separados, no es menos cierto que Ángel también le era infiel a ella. A medida que se fueron publicando las cartas íntimas que envió a sus amigos Navarro Ledesma y Nicolás María López, quedó claro que mantuvo relaciones con dos mujeres en París, con otras en Amberes y, sobre todo, un apasionado idilio con la joven viuda Masha Diakovsky durante su primera estancia en Helsinki, cuando todavía no estaban Amelia, sus hermanas y Angelito.

Causas de su muerte. Oficialmente, Ángel Ganivet falleció alrededor de las tres de la tarde del 29 de noviembre de 1898 ahogado en el río Dvina. Lo habría conseguido al segundo intento. Pero no es eso lo que pone en su acta de defunción, sino “acto irresponsable”. Suponemos que es un eufemismo para referirse al suicidio.

También se barajaron varias hipótesis más:

Asesinato. Fue la causa mantenida por la familia de Ángel. Se basaban en un supuesto complot del espionaje ruso, del que no estaría al margen un británico que le presionaba todos los días y desapareció de Riga misteriosamente.

Amelia Roldán también lo creyó así. Cuando regresó a Barcelona, mandó analizar un pañuelo de Ángel en el que habrían echado un líquido mortal. Pero no consiguieron nada tras su análisis. Amelia escribió una carta al primo Antonio Ganivet (fechada en Barcelona el 21.12.1898) en la que contaba lo vivido por ella en Riga; en esta ciudad permaneció enferma durante unas tres semanas (¿malestar por el embarazo?). El doctor Von Haken y el cónsul de Alemania le contaron que Ángel se mostraba muy inquieto, confuso e intranquilo porque le perseguían en días anteriores. Dijo que su esposa estaba a punto de llegar y se aclararía todo (quizás se refiriese a los anónimos por infidelidad). Pidió una habitación para esconderse de sus enemigos. Paseaba de madrugada sin descanso. Hasta que lo llevaron al médico y le diagnosticó la grave enfermedad. Es decir, locura incurable.

Amelia se preguntaba en su carta familiar si no habría muerto víctima de un ataque, que le provocó la caída al agua. Entonces lo habrían confundido con ahogamiento. Se basaba en que el cadáver de su amante estaba prácticamente seco por dentro cuando lo extrajeron del agua.

Este hecho concuerda con la reciente investigación de una televisión finlandesa que asegura la congelación del río Dvina por la fecha de la muerte de Ganivet.



Puerto sobre el río Dvina, que en invierno suele congelarse.

Al cadáver de Ganivet no le fue practicada la autopsia antes de enterrarlo. Sólo lo embalsamaron pensando en una futura repatriación. Cuando su momia llegó a Granada (en 1925) sólo se le practicó el reconocimiento visual en el cementerio de San José.

Huir de Amelia. La familia Ganivet cortó toda relación con Amelia Roldán a partir del suicido de Ángel. Siempre la culparon de haber propiciado, y mucho, el final del escritor granadino. En esa misma línea se movieron algunos biógrafos de principios del siglo XX. Uno de los que apostaron por la idea de que Ganivet deseaba huir de Amelia fue su amigo Melchor Fernández Almagro, quien llegó a escribir: “Ganivet, temeroso de perdonar [a Amelia], la hizo saber que, antes de verla, se quitaría la vida”.

Dolor por España. En buena parte, el pesimismo de Ganivet –y de su generación de pensadores- estuvo motivado por el hundimiento del prestigio español y la pérdida de su importancia entre las potencias mundiales. España estaba a punto de claudicar en la guerra de Cuba, pero aquel 29 de noviembre todavía no se conocía la rendición ante EE UU. Esta tesis es la que más ha pesado a la hora de justificar su suicidio.

Genética. Desde el punto de vista médico y psicológico, quienes han analizado el final de Ganivet no descartan que le influyeran factores genéticos. Algunos miembros más de su familia acabaron sus vidas con suicidio. Y, por supuesto, no hay que descartar la parálisis progresiva que le diagnosticó el doctor de Riga a causa de la sífilis.

Pero, por lo general, cuando se produce un desastre no es sólo debido a una causa puntual, sino a la conjunción de varias. Ángel Ganivet cumplía bastantes de esos requisitos cuando se fue de este mundo, a miles de kilómetros de su querida Fuente del Avellano.