'El Papa en España en el mes del Orgullo LGTBQ+'

Poco antes de su llegada a España, León XIV nos sorprendió (al menos, al colectivo LGTBQ+), con la respuesta que dio a un periodista que le preguntaba sobre la decisión del Cardenal R. Marx, arzobispo de Munich, de otorgar la bendición a las parejas de igual sexo. El Papa le respondió que “la unidad de la Iglesia no debería girar en torno a cuestiones sexuales (…) hay cuestiones más importantes, como la justicia, la igualdad y libertad de hombres y mujeres, que deberían tener prioridad”.
Para los cristianos LGTBQ+ el problema no es nuestra sexualidad, sino la injusticia, la desigualdad y la falta de libertad que aun seguimos padeciendo en el seno de la Iglesia, en cuanto a paridad de derechos con los heteros
Para los cristianos LGTBQ+ el problema no es nuestra sexualidad, sino la injusticia, la desigualdad y la falta de libertad que aun seguimos padeciendo en el seno de la Iglesia, en cuanto a paridad de derechos con los heteros.
Cuanto menos es paradójico que el Papa declare prioritaria esa igualdad, justicia y libertad de todos los hijos de la Iglesia y se niegue a abordar cambios doctrinales, pues sin esos urgentes cambios será imposible avanzar en la consecución de dicha equiparación de derechos.
Este cúmulo de sinrazones es lo que León XIV ha prometido no tocar por temor a causar desunión en la Iglesia. Entonces, ¿Qué tipo de unidad es esta que se basa y fundamenta en la exclusión y rechazo de millones de cristianos LGTBQ+?
Abrumado y consternado por lo leído, surgen de inmediato preguntas, tales como: ¿Qué desordena una relación íntima entre dos iguales, realizada desde el amor que se profesan? ¿Con qué conocimiento de causa se afirma que dicha relación no conlleva la complementariedad afectiva y sexual? Ese acto unitivo, ¿No es un acto natural, dada la naturaleza homosexual de quienes lo realizan? ¿Acaso se condena a una pareja hetero que, uniéndose sexualmente, no tienen posibilidad de procrear por edad o por cualquier anomalía orgánica?
Por tanto, nos quedamos. Sencillamente es nuestra casa. Los hijos maltratados, no son los que tienen que irse de casa. En todo caso que se vayan los maltratadores. Pero tampoco, porque también es su Casa y un día necesitarán nuestro perdón y estaremos dispuestos a dárselo, si realmente lo desean
Una amiga lesbiana me decía: “No necesitamos a la Iglesia para seguir a Jesús”. Es cierto. Pero no nos vamos a ir de nuestra Casa, la Iglesia. Quedaría limpia de nuestros “actos desordenados, contrarios a la Ley Natural”, limpia del pecado de amarnos fuera del Sacramento del matrimonio, que nos niegan y excluyen. Esta misma Iglesia, más madrastra que madre, nos ha transmitido y enseñado la Palabra que nos libera, la Palabra que pone a la persona por encima de la ley, de cualquier ley. Frente al daño que nos produce, ante la desigualdad manifiesta con que nos trata, sobreabunda el bien recibido: la Palabra de Dios, la vida y obra de Jesús, que ella nos ha enseñado y transmitido, son un bien infinito que sobrepasa el dolor que nos siguen produciendo las palabras de todavía muchos de sus ministros y pastores.
A mi amiga lesbiana le respondí: “Puede que nosotros no necesitemos a la Iglesia, pero es que la Iglesia sí nos necesita a nosotros”
¿Para cuándo nuestra integración plena en igualdad de derechos en la Iglesia?, pues ya los tenemos ante Dios. Las flores pueden pisarse, pero no se puede detener la primavera
A mi amiga lesbiana le respondí: “Puede que nosotros no necesitemos a la Iglesia, pero es que la Iglesia sí nos necesita a nosotros”. Por ello, en todos los actos celebrados por el Papa estos días pasados, junto a él, ha habido hombres y mujeres heterosexuales, homosexuales, lesbianas, transexuales, personas binarias y bisexuales (entre otros la Asociación CRISHOM, Colectivo Cristiano madrileño LGTBQ+), todos ellos-as-es compartiendo la liturgia y la Palabra. Matrimonios, separados y divorciados vueltos casar. A todos ellos su Fe los ha llevado allí, junto al Papa, con el deseo y urgencia de construir el Reino de Dios y también con sus alegrías, penas y dificultades. En su estancia, León XIV ha recibido a todo tipo de colectivos, incluidos los abusados por la Iglesia, menos al colectivo LGTBQ+, que venimos sufriendo durante siglos abusos de poder y conciencia. Nos ha dado sobradas muestras de solidaridad y reivindicación de derechos para los más pobres, los presos, los inmigrantes… Ni una sola palabra para nuestro Colectivo, precisamente en este mes del orgullo, en que nos ha visitado.
¿Para cuándo nuestra integración plena en igualdad de derechos en la Iglesia?, pues ya los tenemos ante Dios. Las flores pueden pisarse, pero no se puede detener la primavera.
Fe, amor y diversidad en una sola palabra: ¡Igualdad!
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