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Foro de la Memoria

La represión franquista contra científicos e investigadores del organismo precursor del CSIC

Ciudadanía - Redacción El Independiente de Granada - Domingo, 6 de Septiembre de 2026
Las depuraciones impuestas por la Dictadura interrumpieron brillantes trayectorias académicas y profesionales, provocaron exilios y quebraron el tejido cultural y científico español, impulsado por la República.
Una de las declaraciones juradas a las que sometían a funcionarios de la Junta por el franquismo.
CSIC
Una de las declaraciones juradas a las que sometían a funcionarios de la Junta por el franquismo.

Pocos conocerán que hace casi 120 años se creó la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), la institución pública que da origen al sistema científico español y fue antecesora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El Consejo fue fundado por Franco, al mes siguiente del fin de la Guerra Civil, con “la voluntad de renovar su gloriosa tradición científica” asentándola sobre la “restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII

El Consejo fue fundado por Franco, al mes siguiente del fin de la Guerra Civil, con “la voluntad de renovar su gloriosa tradición científica” asentándola sobre la “restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, lo que implicó el abandono de líneas de investigación previas y una selección de personal que acreditara una supuesta imparcialidad durante la guerra, y lealtad al nuevo régimen.  A partir de 1939 el CSIC promovió políticas opuestas a los principios que habían articulado la investigación científica antes de la guerra.

En noviembre de 1939 el gobierno de Franco fundó por ley el CSIC para promover las políticas científicas de la dictadura y desafiar los principios que habían articulado la JAE. Desmantelaron sus laboratorios y centros, persiguieron a su personal y construyeron una nueva arquitectura institucional al servicio de la autarquía y de la cultura nacionalcatólica.

Antes, aún en plena contienda, Franco decretó el 19 de mayo de 1938 el cese fulminante de las actividades de la JAE, pero el organismo mantuvo una delegación en Valencia, apoyada por el gobierno legítimo de la República, que posteriormente se trasladó a Barcelona y otra en Madrid.

La eliminacion de la Junta por el Consejo, bajo el principio de “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias” empapó el Decreto de 10 de febrero de 1940 que regulaba el funcionamiento de la nueva institución. En su inicio, para que no hubiera dudas sentenciaba que "para que la Ley de 1.939, creadora del Consejo Superior de Investigaciones Científica, realice eficamente sus finalidades, desarolle la tradición de unidad de la Ciencia española, fortalezca el imperio esperitual de España, basado en su esfuerzo secular y ecuménico...". En la imagen de abajo, plano para la conversión del auditorio de la Junta en la Iglesia del Espíritu Santo. CSIC

Durante la guerra provocado por el golpe de Estado fascista, muchos de los científicos de la JAE se vieron obligados a abandonar el país

Durante la guerra provocado por el golpe de Estado fascista, muchos de los científicos de la JAE se vieron obligados a abandonar el país. Un grupo de ellos, ligados estrechamente a la Casa de España en México, fue el encargado de fundar la revista Ciencia, revista hispano-americana de ciencias puras y aplicadas, que reunió al exilio científico español. El 1 de marzo de 1940 aparecía el primer número de esta revista bajo la dirección de Ignacio Bolívar Urrutia y con tres redactores principales, Cándido Bolívar Pieltain, Isaac Costero y Francisco Giral.

Ficha de acusación a un funcionario de la Junta. CSIC.

Pero muchos que optaron por permanecer en España o no pudieron salir sufrieron una dura represión. Como el “personal técnico, administrativo, los bedeles, las mujeres de la limpieza, las mecanógrafas o los dibujantes que también tuvieron que enfrentarse a procesos de depuración”

Pero muchos que optaron por permanecer en España o no pudieron salir sufrieron una dura represión. Como el “personal técnico, administrativo, los bedeles, las mujeres de la limpieza, las mecanógrafas o los dibujantes que también tuvieron que enfrentarse a procesos de depuración”, explica Ana Romero de Pablos, investigadora del Instituto de Filosofía (IFS-CCHS-CSIC), directora  del proyecto de investigación ‘La represión del CSIC sobre la JAE (1939-1950)’, de la que destaca la web ‘Archivo, memoria, reparación’, que reconstruye los procesos de depuración que sufrieron las 511 personas que tenían alguna vinculación administrativa con la JAE antes de que fuera desmantelada por el bando sublevado en la Guerra Civil.

La investigación interna se ha ocupado de todo el personal vinculado a la JAE y no solo de sus figuras científicas más conocidas.

La web incluye fichas individuales con información sobre la vinculación de estas personas con la JAE y las consecuencias que tuvo para ellas la depuración. Muchas no continuaron trabajando en el CSIC y se vieron forzadas al exilio o a abandonar su carrera académica o profesional. Y quienes sí pudieron seguir trabajando en el Consejo lo hicieron en una gran variedad de circunstancias: mientras que ciertas personas sufrieron algún tipo de sanción (suspensión de empleo y sueldo, separación del servicio, degradación en el escalafón, etc.), otras fueron completamente rehabilitadas.

Placa del CSIC por el que nombra Claustro de la Memoria Democrática al espacio, "para reconocer de manera responsable el pasado de la institución y homenajear a los investigadores represaliados o exiliados de la JAE y los centros de investigación, despues asociados". CSIC.

“Las depuraciones rompieron trayectorias académicas, forzaron exilios, generaron aislamiento y estigma social, pero fueron más allá del castigo individual: supusieron una reconfiguración completa del tejido institucional y científico español basada en la censura, el miedo y el control social”

“Las depuraciones rompieron trayectorias académicas, forzaron exilios, generaron aislamiento y estigma social, pero fueron más allá del castigo individual: supusieron una reconfiguración completa del tejido institucional y científico español basada en la censura, el miedo y el control social”, apunta la investigadora del CSIC. “Por eso la web persigue un doble objetivo: ofrecer tanto una herramienta de investigación y análisis para la comunidad científica como un espacio de reparación a todas esas historias dañadas”, añade.

La investigación, en la que también han participado las investigadoras del IFS-CCHS-CSIC María Jesús Santesmases e Irene Mendoza, muestra lo enormemente dispares que fueron estos procesos de depuración y también las lagunas que todavía existen sobre el destino de algunas personas. Aunque se han consultado más de 13 fondos documentales y abundante bibliografía, las científicas advierten de que la documentación ha sufrido saqueos, dispersiones y borrados.

Trabajadores y trabajadoras de la Junta. CSIC.

El colectivo de casos muestra patrones de actuación, continuidades y rupturas, vínculos con el poder y también formas de resistencia y colaboración. La depuración fue una herramienta clave para la dictadura franquista. Construyó un cuerpo normativo que la reguló desde que comenzó la Guerra Civil y se institucionalizó durante los primeros años de la dictadura, manteniendo hasta la Transición procesos pendientes.

 

Personal femenino de la Junta. CSIC.

Los procedimientos se aplicaron de forma general al funcionariado y a toda clase de profesionales, regularizaron la represión y la violencia y persiguieron a quienes consideraron desleales aludiendo motivos políticos, religiosos, vínculos con la JAE, redes previas a la guerra, y muchos otros.

La Junta sufrió una depuración específica, aunque el proceso no fue lineal ni homogéneo

Las sanciones fueron administrativas y penales, impuestas por los tribunales de responsabilidades políticas y por los de represión de la masonería y el comunismo. Tuvieron repercusiones económicas, profesionales y sociales violentas y duraderas.

La Junta sufrió una depuración específica, aunque el proceso no fue lineal ni homogéneo. Se inició en abril de 1939 con el nombramiento de Nicolás Ramiro Rico como juez depurador de este organismo. Hubo otros jueces como Fernando Enríquez de Salamanca, Juan Marcilla Arrazola, Arturo Caballero Segares y Filiberto Díaz Tosaos que participaron de las depuraciones universitarias y de otras instituciones científicas con consecuencias para la JAE.

Las depuraciones afectaron al personal de la JAE de forma muy diversa. De izquierda a derecha empezando por arriba: Antonio de Zulueta Escolano, Teresa Andrés Zamora, Ramón Agenjo Cecilia, Manuela Manzanares López, Rafael Méndez Martínez y María Brey Mariño. Seis entre más de medio millar. Nuestro homenaje a todas y todos ellos. CSIC.
Con la muerte del dictador en 1975, comenzó su transición a la democracia y se reorganizó en torno a nuevas políticas científicas, que le han convertido, en con el paso del tiempo, en uno de los organismos de investigación científica estatales con más prestigio internacional.
 
La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas: El proyecto más innovador para España

El 11 de enero de 1907 se decretó la creación de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) por Amalio Gimeno, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Con la nueva institución, heredera de los principios de la Institución Libre de Enseñanza, se pretendía terminar con el aislamiento español y enlazar con la ciencia y la cultura europeas, además de preparar al personal encargado de llevar a cabo las reformas necesarias en las esferas de la ciencia, la cultura y la educación. De este modo, el esfuerzo por reformar, por regenerar el país, pasaba a ser una empresa nacional, independiente de los vaivenes políticos, en la que se implicaba a intelectuales de diferentes ideologías. El programa científico y cultural desarrollado por la Junta no solo representó el proyecto más innovador para España desde 1907 a 1939, con la creación de laboratorios, centros de investigación, dotación de becas para estudiar en el extranjero… sino que puso en contacto a los principales pensadores y científicos de España con los de otros países y continentes, posibilitando una nueva forma de acercamiento de los pueblos a través de la cultura y de la ciencia.

Presidida desde sus inicios por Santiago Ramón y Cajal, con la colaboración de José Castillejo en la Secretaría, la JAE desarrolló diferentes objetivos, entre ellos: el servicio de ampliación de estudios dentro y fuera de España, las delegaciones en congresos científicos, el servicio de información extranjera y las relaciones internacionales en materia de enseñanza, el fomento de los trabajos de investigación científica y la protección de las instituciones educativas en la enseñanza secundaria y superior.

Para llevar a cabo estos objetivos la JAE puso en marcha una activa política de pensiones, esenciales para el desarrollo cultural y científico de España, de la que se beneficiaron numerosos estudiantes, profesores e investigadores, que fueron becados para trabajar en España, en Europa y en América. Desde el principio la JAE desarrolló una política activa auspiciando la creación de diferentes centros de investigación, así como de laboratorios en distintas partes de España: el Centro de Estudios Históricos de Madrid (1910), dirigido por Ramón Menéndez Pidal, la Residencia de Estudiantes, el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales (1910), presidido por Cajal con la asistencia de Blas Cabrera, que agrupó a instituciones ya existentes como el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Museo Antropológico, el Jardín Botánico o la Estación Biológica de Santander, contando con diferentes comisiones y laboratorios como el de Investigaciones Biológicas, el de Investigaciones Físicas, la Estación Alpina de Biología del Guadarrama, la Misión Biológica de Galicia, la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, el Seminario Matemático y los Laboratorios de Química, Fisiología, Bacteriología, etc. de la Residencia.

Médicos, biólogos, químicos, historiadores, filólogos… hombres y mujeres de ciencias y letras se formaron en las instituciones creadas por la JAE, encargados de poner en marcha el programa renovador de la ciencia y la cultura españolas. Santiago Ramón y Cajal, Ignacio Bolívar, José Castillejo, Luis Simarro, Juan Negrín, Pío del Río-Hortega, Antonio de Zulueta, Severo Ochoa, Julio Rey Pastor, Francisco Durán i Reinals, Blas Cabrera, Leonardo Torres Quevedo, José Casares Gil, José Fernández-Nonídez, Cruz Gallastegui, Federico de Onís, Ramón Menéndez Pidal, María de Maeztu, Tomás Navarro Tomás, Américo Castro, Antonio García Solalinde, Samuel Gili Gaya, Rafael Altamira... son algunos de los que formaron parte de esta magna empresa.

En la imagen, Santiago Ramón y Cajal, fotografiado por Kâulak en 1909. Biblioteca Nacional.
Nuestro agradecimiento al CSIC, por el aporte documental y gráfico, que nos han servido para este reportaje con el que queremos rendir tibuto a todo el personal de la JAE, represaliado, depurado o que tuvo que exiliarse. Para que nunca se olvide, para que nunca se repita.