'Soledad'

La gente se empareja porque no quiere estar sola. Se apunta a clases de bachata, descarga aplicaciones, crucero de solteros, el programa de Juan y Medio, cualquier cosa para no morir solo.
Para muchos, la soledad es puro horror. Algo que nos empuja a engañarnos, a traicionarnos y a tolerar sin límite. Siempre es la opción mala, lo impensable. Para evitarla somos capaces de entrar en un bucle de tristeza interminable, de broncas agotadoras o, peor, de sometimiento y obediencia.
Yo creo que mejor solo que obligado. Mejor una mesa para uno que una pareja mirando el móvil. Ir al cine. Conducir sin destino. Pasear sin rumbo. Cambiar de opinión sin tener que justificarte. Que no te quiten el postre. Quedarte leyendo hasta tarde.
Estar solo es un arte. Tiene que gustarte. Tienes que entrenarlo y entenderlo. Al principio pesa una tonelada. Después, engancha. Y cuando lo dominas es una pasada. La autogestión llevada al éxtasis. El silencio. La calma. El manejo absoluto de tu tiempo y tu espacio. El control de tu casa. La paz doméstica. Las cosas en su sitio. Nadie preguntando qué te pasa cuando no te pasa nada. Sin esperar una aprobación, sin dejar tu tranquilidad en manos de otro ser humano. Perder el miedo es el verdadero poder de estar solo.
Las parejas en público son un libro abierto. Lo cuentan todo aunque no digan una palabra
Uno de los entretenimientos favoritos de los solteros es observar a las parejas. Es un documental en directo. Con muy poco ya sabes cuánto tiempo llevan juntos, quién manda ahí, quién pide perdón siempre, cuánto les queda. Sabes si ella se siente escuchada, si él se siente seguro. Las parejas en público son un libro abierto. Lo cuentan todo aunque no digan una palabra.
Seamos sinceros. Al soltero le gusta mirar y descubrir grietas. Le tranquiliza. Es la forma que tiene de confirmar que tomó una buena decisión o que la tomaron por él. Que su vida tampoco está tan mal.
A veces es alivio porque la inmensa mayoría de las parejas están lejos de ser envidiables. Pero, de vez en cuando, es pura admiración. Porque aparece a lo lejos una pareja de setenta años caminando de la mano. Ella le arregla el cuello de la camisa y le sostiene mientras se sienta. Ya no hay fuegos artificiales. Solo ternura y un pacto de cariño construido sobre la promesa de llegar juntos hasta el final. Y entiendes que esa es la última pantalla del videojuego. No encontrar a la persona de tus sueños, sino convertirte en la persona a la que alguien sigue eligiendo cuando esto se acaba. Pero eso es otra liga.
No estamos preparados. Lo nuestro es mucho más mundano, más obvio. No me digas lo que tengo que hacer, no me hables mal, cuidame, dame amor. Y si no, me voy.
Así que preveo una enorme multitud de viejos y viejas solos dentro de 20 o 30 años, consecuencia de una generación que aprendió a llevarse mejor con la soledad. Que no quiso traicionarse ni convertirse en otra persona, que le cogió el gusto a elegir peli y reservar mesa para uno. Gente que perdió el miedo y se eligió a sí misma.





























