'Vida y muerte de Juan José Oliver Tello: periodista y escritor silenciado (II)

Toda persona con un ápice de sensibilidad sabe que en la Guerra Civil Española -como en cualquier otra guerra- se produjeron sucesos terribles que, al ser conocidos por la ciudadanía y al hacerse públicos, hielan la sangre de quien las descubre, por su injusticia y por su crueldad. Esto es así porque, más allá de los hechos generales que a grandes rasgos describen los procesos históricos, existen -como bien dejó definido conceptualmente don Miguel de Unamuno- unos procesos intrahistóricos que los articulan. Estos procesos intrahistóricos no son más que las consecuencias que esos aspectos generales tienen sobre los individuos que los vivieron y los sufrieron en primera persona. Esto es, detrás -o dentro- de los hechos históricos que son descritos en los libros de Historia de forma general y abstracta, existieron, de forma real e ineludible, las personas que vivieron, en un tiempo presente, esos hechos y los sufrieron de una manera particular y exacta. De este modo, la historia que se va a exponer en este artículo es la intrahistoria de la vida de una de las muchas personas que sufrieron en sus carnes los horrores de un enfrentamiento bélico que, injusta y cruelmente, segó la vida de nuestro protagonista y marcó para siempre el destino de su familia, con dolor y desamparo.
Como ya se expuso en el anterior artículo, Juan José Oliver Tello fue asesinado el 17 de septiembre de 1936 por un grupo de exaltados fascistas que desataron el terror por aquellas fechas en la ciudad de Granada y sus aledaños. Entre las víctimas de sus tropelías de vieron involucradas muchas personas inocentes. La mayoría eran anónimas. Aunque también fueron ajusticiadas injustamente personas tan importantes como Federico García Lorca o el director de la Escuela Normal de Maestros, Agustín Escribano, entre otros. Su delito: ser afines o simpatizantes de la República, o ejercer algún cargo público, o ser periodista en algún periódico "sospechoso". Aunque muchas veces el motivo tampoco fue ese: rencillas, rencores, envidias o recelos eran suficientes para perpetrar un asesinato.
La noche del 17 de septiembre sacaron a Juan José de su casa. Su hijo mayor, Santiago, fue testigo. Su hijo Juan tenía dos años. Su hijo menor estaba a punto de nacer
La noche del 17 de septiembre sacaron a Juan José de su casa. Su hijo mayor, Santiago, fue testigo. Su hijo Juan tenía dos años. Su hijo menor estaba a punto de nacer. Se lo llevaron a los juzgados de Alhendín y al rayar el alba lo fusilaron, junto a otras seis personas, al pie de un árbol a las afueras de Cúllar Vega. Después se los llevaron al cementerio de ese pueblo de la vega granadina y en una linde del camposanto los enterraron en una fosa común. Posteriormente, en los años ochenta, por desconocimiento, se edificó una hilera de nichos justo encima. Este hecho ha dificultado su localización y ha condicionado su apertura. A pesar de que un estudio por georrádar realizado por la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica junto con la Universidad de Granada haya localizado la fosa común y de que haya otro estudio realizado por el Ayuntamiento de Alhendín para la extracción de los cuerpos sin que la hilera de nichos sufra daño alguno, aún no se ha podido abrir la fosa y recuperar los cuerpos: únicamente falta el permiso judicial para que la fosa sea exhumada. A la espera de ese permiso permanecen las familias afectadas que siguen luchando para que algún día los restos de sus familiares puedan ser enterrados dignamente. Juan José Oliver Yáñez, único hijo vivo de nuestro protagonista, con 92 años, lo expresa de este modo: "Hasta que no dé digna sepultura a los restos de mi padre no tengo pensado morirme. Aunque sé que ya me queda poco tiempo".
Según testigos presenciales de los hechos aciagos del 17 de septiembre de 1936, un hombre muy bien vestido y con sombrero avanzaba hacia su inminente ejecución quejándose a viva voz: "Pero, ¿Por qué? ¿Por qué?". Este hombre era Juan José Oliver Tello que mascullaba amargamente buscando una razón que pudiera justificar su asesinato
Según testigos presenciales de los hechos aciagos del 17 de septiembre de 1936, un hombre muy bien vestido y con sombrero avanzaba hacia su inminente ejecución quejándose a viva voz: "Pero, ¿Por qué? ¿Por qué?". Este hombre era Juan José Oliver Tello que mascullaba amargamente buscando una razón que pudiera justificar su asesinato. Esta justificación no existía, pues fue víctima de una purga política sin sentido a manos de grupos fascistas muy bien organizados que sembraron de terror todos los rincones de España. Muchas veces se ha dicho que estos grupos actuaban de forma aleatoria, pero esto realmente no era así. Las ejecuciones perpetradas se realizaban con una exactitud quirúrgica y una crueldad extrema. Esto es: se sabía muy bien a quién se mataba y se mataba con una crueldad espeluznante y bochornosa. Para corroborar esta afirmación baste recordar lo visto en otras fosas comunes ya abiertas. Para poner un ejemplo, citaré el hallazgo realizado en una de las muchas que hay en Viznar, en donde aún está sin encontrar en la que reposan los restos de Federico García Lorca junto a sus compañeros ejecutados. Pues bien, en esa fosa común se hallaron los restos de un niño de entre 11 y 14 años con un tiro en la cabeza y un lápiz y una goma petrificados aún agarrados en su mano. Su cuerpo fue el último en ser hallado debajo de 14 cuerpos más, por lo tanto el primero en ser ejecutado y ser arrojado a la fosas. Este episodio nos da una muestra de la crueldad y el odio del que eran capaz esos verdugos. Pues actos tan atroces nos hacen preguntarnos: ¿Qué culpa tenía ese niño para ser ejecutado? ¿Qué delito había cometido? ¿Cómo es posible que alguien mate a un niño de esa edad de un disparo a bocajarro en la cabeza? ¿De quién era hijo? ¿De otro ejecutado en otra fosa común y cuyos análisis de ADN aún no han sido cotejados? ¿Fue por un acto de venganza hacía otra persona: matar a su hijo para que sufriera un dolor indecible? ¿Se lo pueden imaginar? ¿Pueden ponerse en la piel de una persona en cuya presencia es asesinado su hijo de un tiro en la cabeza? ¿Pueden visualizar cómo su cuerpo es arrojado a una fosa común y que encima arrojen 14 cuerpos más y que años después se descubra con un lápiz y una goma en la mano?
En esas fosas comunes de Víznar se han encontrado muchos cadáveres, muchos aún sin identificar. Entre ellos me gustaría citar la gran cantidad de maestros fulisados que se han encontrado. En esas fosas de Víznar y en todas las fosas repartidas por el territorio español. Solo recordar que uno de los gremios más damnificados por los fusilamientos en la Guerra Civil fue el de los maestros. Es una constante siniestra: pueblo conquistado maestro fusilado. Su único delito: ser los maestros del pueblo. Para arrojar luz a este hecho citaré la película La lengua de las mariposas, dirigida por José Luis Cuerda y guionizada por Rafael Azcona a partir de un relato de Manuel Rivas, en donde Fernando Fernán Gómez encarna a un maestro de la época. En esa película se pronuncia una frase que da muestras sobre el delito perpetrado por ese maestro y por otros que fueron ejecutados. La frase es: Los maestros son las luces de la República. En un país donde el analfabetismo superaba el 50% la labor educadora radicaba en formar al pueblo para poder hacerlo dueño de su destino y arrancarlo de las sombras de la ignorancia: un pueblo culto es un pueblo libre; un pueblo ignorante es un pueblo vasallo y sumiso. ¿Qué se pretendía entonces con tanto maestro fusilado? Triste la Historia de un país donde las clases dirigentes, históricamente, han condenado a su pueblo a la ignoracia para poder dominarlo. ¡Qué diferente a la Historia de otros países de Europa donde se ha promovido la educación y la cultura para propiciar la prosperidad y el progreso!
Para dar una visión más clara a esta reflexión, antes de abordar el tema que aquí nos concita, me viene a colación el recuerdo nauseabundo de las palabras con las que se jactaba el asesino confeso de García Lorca -Juan Luis Trescastro Medina- cuando -está constatado y comprobado- decía a boca llena en los bares: le di "dos tiros a García Lorca en el culo, por maricón". Quiero pensar que eran solo bravuconadas de ese desalmado para hacerse el chulo, pero imaginar que esta fue la muerte que tuvo nuestro gran poeta me produce un dolor desmedido. Pero esta era la forma de actuar que tuvieron estos grupos radicales fascitas en las zonas que secundaron el alzamiento y que fueron alentadas por los mandos militares superiores -cabe destacar el discurso radiofónico pronunciado por Queipo de Llano alentado a matar a cualquier persona sospechosa de rojo y a violar a sus mujeres para que supieran lo que era un macho español- fue realmente un plan de exterminio sistematizado para limpiar España de posibles opositores. Y esto mismo o algo parecido es lo que le ocurrió a Juan José Oliver Tello para que fuera asesinado de ese modo: odio y crueldad a manos llenas. Segar la vida de aquellas personas que realizan esfuerzos por construir un país mejor formado y más libre. Citaré unos versos de Luis Cernuda que lo expresan rotúndamente en un poema titulado A un poeta muerto y dedicado a Federico García Lorca y que todo español debería leerlo una vez en la vida: El odio y destrucción perduran siempre/Sordamente en la entraña/Toda hiel sempiterna del español terrible,/Que acecha lo cimero/Con su piedra en la mano.
Por ahora disponemos de 50 textos que provienen de dos procedencias: 20 que fueron entregados a Juan y él me los entregó a mí, y 30 que he ido encontrando en la hemeroteca durante la investigación
Pero, ¿quién fue realmente Juan José Oliver Tello? ¿Qué se deduce de sus textos? ¿Qué nos pueden mostrar de su persona las palabras que dejó escritas? A partir de aquí voy a intentar desglosar, en un análisis crítico, toda la información que se desprende del estudio de los textos. Por ahora disponemos de 50 textos que provienen de dos procedencias: 20 que fueron entregados a Juan y él me los entregó a mí, y 30 que he ido encontrando en la hemeroteca durante la investigación. Aun así, aunque se hayan despejado muchas incógnitas, todavía quedan muchas más por aclarar, ya que las piezas que conforman este complejo puzle aún no están completas. La disposición de sus partes nos hacen intuir que hay más textos escritos por Juan José Oliver Tello que no se han encontrado todavía, entre ellos, algunas obras literarias citadas en los textos encontrados. Como por ejemplo: Cumbres de amor (mayo del 23), su primera novela, que según se cita en la reseña tiene por los menos seis capítulos; Lágrimas de pecado (noviembre del 23), otra novela cuya venta es anunciada en la sede de la revista Granada gráfica; La novela regional (febrero de 1928), recopilación de novelas cortas y cuentos que publica junto a Miguel Ladrón de Guevara; y La niña, sainete en dos actos que es anunciado en El defensor de Granada. También hay noticia de una obra titulada Los ojos de Ofelia (17/02/28), aunque no sabemos si es novela o teatro. Sobre estas obras perdidas habría que decir que sería un verdadero hallazgo poder encontrarlas y analizar su contenido. En ese empeño estamos dedicados.
A estos títulos citados, pero no encontrados, habría que añadir la novela corta titulada Encanto (diciembre de 1925), cuyas ilustraciones fueron realizadas por López Sancho, de la que sí se conserva copia
A estos títulos citados, pero no encontrados, habría que añadir la novela corta titulada Encanto (diciembre de 1925), cuyas ilustraciones fueron realizadas por López Sancho, de la que sí se conserva copia. Encanto, aunque es titulada como novela, en realidad es un cuento costumbrista de narra los amores de Encarna y Ruiseñor por las callejas del Albayzín. En sus páginas se relata el proceso de enamoramiento de los dos jóvenes bajo un tamiz romántico propio de la época: sus encuentros en la reja, la aparición de otro pretendiente, los celos, un enfrentamiento a navajazos, el asesinato del pretendiente. También se cuenta los años de prisión de Ruiseñor, el rechazo a las visitas de la amada, el devaneo entre el amor y el odio, la culpabilización de la mujer por lo sucedido, la concepción errónea de un amor violento y la absurda idea de la pertenencia femenina al hombre. Para terminar se narra la salida de la cárcel del protagonista, la búsqueda de la amada para retomar el amor, la huída de ella a Madrid con un "ricachuelo", la soledad de quien ha perdido por necio al ser amado, sus quejas flamencas por el Albayzín por el amor perdido. Encanto tiene algo de tragedia amorosa que recuerda a los poemas de Rafael de León. En ella no quedan muy claros los límites entre la crítica social a una concepción amorosa de pertenencia -romántica y violenta- y la narración costumbrista, de moda en esos años, en la que se describe la tragedia de unos hechos cuyo desenlace puede ser evitado, pero que se desencadenan por las decisiones erróneas a las que se ven abocados los protagonistas. Sobre este relato sería necesario un análisis más profundo porque contiene elementos muy característicos sobre el estilo y la concepción literaria de nuestro autor, pero, al no ser este el lugar adecuado para ello, lo dejaremos para futuros trabajos. Cabe resaltar esta frase que da cuenta de una de las ideas que sobrevuela la obra de Juan José Oliver y que podremos ver en sus artículos de opinión: "todo el que se ríe de una mujer es un canalla". Esta idea sobre el respeto con el que deben ser tratadas las mujeres es una constante en sus escritos.
Las fechas de publicación de estos textos oscilan entre enero de 1922 -el primero (un soneto alegato titulado La poesía en donde leemos: Y es tan dulce su amor, es tan bendita/la religión sublime del poeta/que amar en sus ensueños necesita)- y el invierno de 1935 -el último (un artículo de opinión titulado En Alhendín se puede remediar la crisis obrera publicado en El Defensor de Granada)
Por otra parte, tenemos todos los textos que fue publicando en cuatro medios, que sepamos: el notable periódico El Defensor de Granada, el periódico El Fígaro cordobés, y las revistas Granada gráfica y Reflejos. Estos textos son artículos periodísticos que tratan diferentes temas, poemas, reseñas de arte, reseñas sobre toreo y una entrevista al poeta D. Juan Manuel Molina. Las fechas de publicación de estos textos oscilan entre enero de 1922 -el primero (un soneto alegato titulado La poesía en donde leemos: Y es tan dulce su amor, es tan bendita/la religión sublime del poeta/que amar en sus ensueños necesita)- y el invierno de 1935 -el último (un artículo de opinión titulado En Alhendín se puede remediar la crisis obrera publicado en El Defensor de Granada en donde se queja de la situación lamentable en la que viven las familias más pobres del pueblo y en donde propone como medio para paliar su estado de miseria su contratación para realizar labores de obras públicas como el arreglo de carreteras deterioradas)-.
Para hacernos una idea global de la temática de la que tratan sus textos- y de los textos en los que nuestro autor es referenciado- los hemos dividido en distintos bloques que nos servirán para su mejor comprensión. Hemos preferido esta división en bloques temáticos antes que una ordenación cronológica por varias razones. Por un lado, hay textos de distinta temática en fechas cercanas, lo que dificulta su compresión global, al estar intercalados. Por otro lado, al dividirlos en bloques temáticos se puede observar su evolución ideológica y estilistica en el tiempo, pues la mayoría de los textos están fechados y se expondrán cronológicamente dentro de ese bloque. La división en orden de importancia y de cantidad sería: Artículos de opinión, Referencias a la vida social y cultural de nuestro autor, Obras literarias, Referencias literarias, Artículos costumbristas, Noticias, Artículos sobre toreo, anuncios y entrevistas. Como la extensión de este artículo es amplia y la extensión del desglose de todos los bloques temáticos es aún mayor próximamente habrá una tercera entrega de esta investigación en donde se profundizará en el análisis de los textos y se darán a conocer todos los entresijos que quedan pendientes de conocer de esta emocionante historia: la vida y la muerte del escritor y periodista silenciado, Juan José Oliver Tello.
Si no pudiste leer la primera parte de este trabajo dedicado a recuperar la memoria de Juan José Oliver Tello, puedes hacerlo en el siguiente enlace:





































