Conciertos en Granada

091, 'savoir faire' n.º 9

Cultura - J.T.G. - Viernes, 10 de Abril de 2026
El grupo granadino revienta la Copera durante dos noches.
Los Cero, sobre el escenario de la Copera.
Fotos: J.T.G.
Los Cero, sobre el escenario de la Copera.

No han tardado en estrenar los Cero aquí sus nuevas canciones, en el segundo y el tercer concierto de la gira. A saco y sin más rodaje que el concierto por San Valentín en Madrid. Curiosamente a unos cientos de metros del estudio donde se formaron esas canciones a lo largo de todo un año. El horno al lado de la mesa. 

Y han sido dos días, pero podían haber hecho tres, a la inversa como ellos estilan, sumando fechas por delante

Y han sido dos días, pero podían haber hecho tres, a la inversa como ellos estilan, sumando fechas por delante. Se comentó en los medios cuando Miguel Ríos llenó tan solo un solo día el Palacio de Congresos (en vez de una semana), y La Guardia ni eso, que Granada no era muy generosa con los suyos. Pero en su caso, Los Cero, excepcionalmente sí cuentan con la fidelidad y el respeto de un abundante público, entregado, que los vive como propios. Son ‘unos de los nuestros’ para la generación de los hermanos mayores de los que luego seguirían, en términos similares, a Los Planetas.

Así las cosas y con semejante lleno a presión, te notas respirando un aire ya usado varias veces. Pero puestos a elegir, siempre mejor la incomodidad a unos metros del escenario (también de alto en la Copera) de una sala, que la lejanía holgada, dispersa y malsonante de un festival-barra-romería. 

El público que llenó la Copera, entregado. 

Con este grupo, además, por el perfil añoso del sus usuarios, sus actuaciones se han convertido también en un acto social donde reencontrarse tras meses de obligaciones familiares o laborales propias de la edad. Son un ‘punto de encuentro’ en toda la extensión del término. El físico, el musical y el emocional.

Como los grandes libros y las enormes películas, estas canciones crecen con uno/a, desvelando otras aristas y nuevos sentidos escuchadas a los sesenta que no existían oídas a los veinte

Insistiendo en esto último, en la potencia evocadora y reflexiva de sus canciones, al no estar ancladas en el tiempo sino en la particular cosmogonía vital y sentimental de su compositor, no tienen edad ni fecha de caducidad, manteniendo su vigencia y su lozanía como si estuvieran echas ayer (bueno, ahora llueven misiles en vez de balas, pero José Ignacio no tiene la culpa de haberse quedarse tan corto, era inimaginable semejante pesadilla). Como los grandes libros y las enormes películas, estas canciones crecen con uno/a, desvelando otras aristas y nuevos sentidos escuchadas a los sesenta que no existían oídas a los veinte.

Algunos artistas van rodando las nuevas canciones en sus conciertos, testeando cómo las recibe su gente. No es este caso como se vio en el Zaidín hace unos meses. Se trataba anoche (y hoy) de añadir las de ‘Espejismo nº 9’ a sus clásicos para ver cómo respiraban juntas. Complicada faena ya que de entrada en el concierto estándar faltan muchos ítems ‘obligatorios’ para cada oyente. Y ahora para que unas entren, otras tienen que salir, así que es imposible un temario a gusto de todos, salvo que decidan hacer una ‘residencia’ temática disco a disco, como otros ya han hecho (por ejemplo Lori Meyers en su momento). Es una idea.

En ello no se andaron con paños calientes: en el ‘set list’ que avanzaron en spotify como probable (y lo fue con algunos cambios), se comprobaban ya sus intenciones al introducir seis (¡luego 7!) piezas nuevas. Como también sus preferencias, sobre todo por los discos ‘Tormentas imaginarias’ y ‘Todo lo que vendrá después, y ¡ay! Una sola pieza (¿luego ninguna?) de ‘La otra vida’.

La sobriedad y la elegancia caracterizan su puesta en escena, marca de la casa. 

Comentaba el grupo ante su segunda resurrección que volvían, sí, pero para seguir ampliando su colección de referencias. Y así ha sido. Con la gratísima sorpresa de que, ‘Espejismo nº9’ ha conciliado a su alrededor una absoluta unanimidad. Ha tardado, décadas, pero puede que sea el disco suyo que mejor (y sobre todo más) está siendo tratado en los medios de todo tipo y condición. Y eso obliga. Lo cierto es que las canciones encajan perfectamente entre sus hermanas mayores, y han llegado para quedarse, ya lo verbalizó José Ignacio, y desde el principio: ‘No tiene sentido escapar’ ya estaba sonando tras ‘Zapatos de piel de caimán’, nada más empezar.

A estas alturas 091 es un grupo infalible. Su profesionalidad y su experiencia le avalan. Nunca fueron muy expresivos, pero ahora tampoco están para excesos. Su 'savoir faire' escénico marca carácter por encima de otros niveles de comunicación más inmediatos. No necesitan azuzar demagógicamente a los de enfrente, más allá de la brava exposición de sus canciones, si bien por otro lado, teniendo en cuenta la temperatura de cocción de la pista, algún tipo de acercamiento emotivo rompiendo la cuarta pared haría más intensa y gratificante la velada para los de abajo, seguro. La sobriedad y la elegancia caracterizan su gestual puesta en escena, marca de la casa, como los colores a la vista, de medio luto, negro y algo blanco (¡la camisa de Lapido y el logo de The Sonics de Jacinto), o el mayoritario azul (de Blues) de la iluminación.

Lapido y José Ignacio García, durante el concierto.

Aunque Víctor Sánchez ya ocupó en el Zaidín la plaza dejada por Víctor Lapido, ahora ya se nota más el reparto de papeles

Aunque Víctor Sánchez ya ocupó en el Zaidín la plaza dejada por Víctor Lapido, ahora ya se nota más el reparto de papeles. La apariencia es que lo que con Víctor García era nervio esquinado, ahora en Sánchez torna exquisitez y preciosismo (y orientalismo con una tampura electrónica); y como en la grabación del disco, da la sensación de que Jose Ignacio – impecable también en voces- se echa a la espalda mayor trabajo guitarrístico. Imperial. Perfil coherente con el espíritu dinámico y estilizado de la nueva colección de canciones.

No son mucho (nada) de compartir tablero, pero siendo todos los implicados de por aquí, hubiera gustado al abajo firmante en este estreno ver a Raúl Bernal en escena inyectando Hammond (supongo que tocando con Quique González este fin de semana), o a Paulina del Carmen dando la réplica vocal a Jose Antonio en el vals ‘Ven vestida de nube’. Por cierto, excelente noche la del pinturero vocalista.

La sesión se alargó a las dos horas. Con partes tralleras (ma non tropo), intensidad punzante en los tiempos medios, y solidez en ritmo: Tacho es tan importante en el conjunto como Ringo Star en el suyo, y Jacinto fue todo brío y estampa como antaño (con ese perfil a contraluz tan de… ¡Sid Vicious!). No faltó la parte acústica pura a dúo para ‘La canción del espantapájaros’ arrancando el ritual de los bises, ni ese contrastado final ganador con la dupla ‘Qué fue del siglo XX’ y ‘La vida qué mala es’. Esta noche más, pero no mejor, como diría Wyoming, porque es imposible.