"Canta el reloj"

El soberbio perece, y el humilde permanece
«Aquel que duda y no investiga, se torna no sólo infeliz, sino también injusto».
Blaise Pascal
El término rigor arrastra en su primera acepción los adjetivos "escrupuloso" y "excesivo", y el sustantivo "severidad", tal vez desmesurado para una definición tan parca en palabras: "excesiva y escrupulosa severidad". Rigor es lo que debe guiar a cualquier investigador. Rigor debe guiar al filólogo, al especialista en el estudio de la lengua, la literatura y la cultura asociada a ella a través del, y esto es muy importante, análisis de textos escritos. El filólogo no puede elucubrar, no puede sentar cátedra sobre un texto sin el texto; no es propio del investigador resolver, sentenciar, juzgar, o simplemente opinar desde la nada. Al filólogo le debe la prudencia. La prudencia de no dictaminar desde una "imagen parcial" vista "dos segundos" en la pantalla de un televisor. El filólogo es riguroso, no rígido, pues la rigidez se opone a cualquier cambio, ya sea éste positivo o negativo, pero lo que nunca puede hacer un filólogo es dejarse llevar por quien no investiga, por quien no sabe de la prudencia, del proceso lento y respetuoso que supone la investigación. Sentar cátedra sobre un asunto desde la nebulosa de una pantalla de televisión, desde la inmediatez de la imagen, no es propio del investigador. Concluir un dictamen de esta manera es menospreciar el trabajo de quienes pasan horas sobre un texto, es menospreciar, no únicamente al filólogo, sino el trabajo de aquellos que se dedican a labores tan delicadas como la documentoscopia, la rama de la criminalística que analiza y comprueba la autenticidad de alteraciones o falsificaciones en un documento, o a los peritos calígrafos, especialistas forenses, incluso a sí mismo, a quien dictamina sin texto, pues viene a poner en tela de juicio toda su trayectoria que, si enjuicia sin texto ahora, fomenta el recelo de si ha sido éste un método habitual en su carrera de investigador. Dictámenes fruto de una extraña precipitación y la precipitación no conduce a otro camino que al error.
En la precipitación todo es absoluto. Los expertos en lo absoluto no esperaron. No necesitaban texto para dictaminar. Dictaminaron: «Absolutamente falso»
Publicaba La Razón el 24 de abril del 2026, apenas tres días antes de que apareciera el texto en conflicto: «Expertos en Lorca aseguran que es falso que el poema del que habla Miguel Poveda sea inédito. El argumento principal es que la letra escrita a lápiz del poema no se corresponde con la de García Lorca: "No tiene nada que ver", aseguran los expertos Andrew A. Anderos, Melissa Dinverno y Christopher Maurer que han afirmado que es "absolutamente falso"». Absolutamente es un adverbio más rotundo aún que el sustantivo severidad o los adjetivos excesivo y escrupuloso, es un adverbio cuyo uso por parte del investigador debe tomarse con ponderación y comedimiento en tanto implica de manera total o sin condiciones, cualidades que deben quedar siempre lejos en el proceso de investigación. En la precipitación todo es absoluto. Los expertos en lo absoluto no esperaron. No necesitaban texto para dictaminar. Dictaminaron: «Absolutamente falso». «La doctora en Literatura que avala el hallazgo, asegura que son de Lorca. De la misma manera que ha crecido la obra de Lorca, ha crecido la obra apócrifa", zanjó Anderson». Anderson zanjaba sin texto, sentenciaba, entre otros disparates, que se trataba de un apócrifo salido de la mano de un técnico de la casa de subastas, y lo hacía sin texto, "con una imagen parcial"; y sin texto se subía a la paradoja reivindicando el cuidado y la autentificación en declaraciones recogidas por varios medios, entre otros, por Borja Martínez en El Independiente, el mismo 27 de abril (sin dar tiempo a la presentación del libro) con un titular exento de rigor periodístico (ni se interesó por cotejar opiniones, por preguntar a la otra parte, por ver el texto) y cargado únicamente de mala intención, "La sospechosa `Operación Lorca´ de Miguel Poveda: «se debe reflexionar sobre la necesidad de autentificar muy cuidadosamente los `inéditos´ que puedan atribuirse o no a Lorca. En estos tiempos posmodernos, la filología -por llamarlo así- sigue siendo tan importante como siempre». La filología solo se llama filología cuando se trabaja con la rigurosidad que da el estudio del texto, es comprensible entonces que quien no estudia el texto puntualice con ese "por llamarlo así", como sorprende que haga una llamada de atención a la necesidad de autentificar cuidadosamente quien resuelve sin estudio documentoscópico, sin estudio caligráfico, sin texto, solo con "dos segundos" y "una imagen parcial" vista por televisión. Eludiendo toda prudencia y todo cuidado propios del filólogo.
Fijándonos en la pericia en reconocer la letra con "dos segundos", cuando Andrew Anderson menciona: «Cuando mostré la imagen de estas líneas a varios especialistas lorquianos [...]» y cita entre otros a Mario Hernández, sería oportuno señalar que Mario Hernández a propósito de la edición del Diván del Tamarit que realizó Ángel del Río en Nueva York en la Revista Hispánica Moderna que incluía en la "Gacela del recuerdo de amor" los versos 11 y 12: "toda la noche, corriendo/ los membrillos de veneno", él recoge la confusión al interpretar la caligrafía «rr» por «m»: corriendo en lugar de comiendo. Errata de enormes consecuencias pues añade una imagen imposible, un sinsentido al poema. Los membrillos se comen, pero no existe licencia poética que justifique membrillos corriendo, por muy cerrada que sea la noche y muy surrealista que se pretenda la imagen. Podría considerarse como errata, sin más, si no fuese porque el propio Mario Hernández vendría a ratificarla en su edición de 1981, incidiendo en la posibilidad de aceptar un membrillo corriendo como podemos leer en la página 161 de esta edición: «Mantengo, en el v. 11, la lectura “corriendo” de RHM, en lugar de “comiendo”, corrección infundada e injustificada en OC, I, p. 579», refiriéndose a las Obras Completas de Arturo del Hoyo de Aguilar.
¿De dónde llegará tal precipitación? ¿De dónde esa obcecación, ese empecinamiento en negar por negar?
Escribiría Miguel García Posada al respecto en la página 956 de la edición de Galaxia-Gutenberg (1996): "Debe mantenerse corriendo, que tiene sentido" y en su página 596 encontramos en el verso 11 el sinsentido de membrillos que corren; sin embargo, en la edición de las Obras Completas II de AKAL (1996, 2008 ) el propio García Posada considera el error y escribe y reconoce: "Una transcripción no muy nítida, de comiendo (v. 11), originó en las pruebas, corriendo; una extraña ele en hierba (v. 19) dio lugar a niebla, errores que han perdurado en la transmisión del texto" (pp. 745-746). Parece ser que propio Andrew Anderson en la edición de la "Gacela del Mercado Matutino" confunde la caligrafía del poeta y en lugar del verbo "sufrir" del penúltimo verso, encontramos en su edición, tomada de la edición de Losada de 1938, "sentir", suavizando y restando fuerza erótica al verso: "para sufrir tus muslos". Los ejemplos en este sentido son múltiples y de lo más diverso, pues el filólogo se equivoca, como cualquier investigador se equivoca, y no es negativo, equivocarse es propio del proceso de investigación, pero también lo es reconocer el error. El error debe venir siempre del orden, del método, de la búsqueda, de la exploración, del estudio del texto, nunca del arrebato por negar la mayor, sin sentido, sin más, con precipitación. ¿De dónde llegará tal precipitación? ¿De dónde esa obcecación, ese empecinamiento en negar por negar?
«Lo siento, uno puede desear tener un poema inédito de Lorca, pero hay que contentarse con tener una copia en limpio de su mano, que ya es una maravilla», declara el hispanista, dando por hecho cuáles son los deseos de los demás y arrogándose la potestad de considerar con qué debe contentarse el otro. Un "lo siento" en el que resuena esa etapa propia del individualismo infantil: ¡Es mío, mío y sólo mío! impropio de alguien en cuyo recorrido académico no se vislumbró una actitud semejante. Hay quienes asumen una autoridad avalados siempre por quienes ostentan la autoridad, o la supuesta autoridad. Y no hace falta nada más, ni siquiera el texto.
Pero hay quienes con rigor estudian el texto desde la filología, sin matices, analizando, comparando manuscritos, desde la crítica textual, realizando análisis lingüísticos, históricos, desde la hermenéutica, buscando los valores estéticos, ideológicos, literarios ocultos detrás de las palabras, y con rigor y con respeto se hizo el estudio filológico del texto publicado en Las cosas del otro lado
Pero hay quienes con rigor estudian el texto desde la filología, sin matices, analizando, comparando manuscritos, desde la crítica textual, realizando análisis lingüísticos, históricos, desde la hermenéutica, buscando los valores estéticos, ideológicos, literarios ocultos detrás de las palabras, y con rigor y con respeto se hizo el estudio filológico del texto publicado en Las cosas del otro lado (Biblioteca La Casa del Darro. Elenvés Editoras, 2026), y con rigor, y para que no quedara lugar a dudas, se hace un análisis documentoscópico y caligráfico, lo que ni en muchas fundaciones se realiza con los manuscritos de sus archivos, que se datan en ocasiones desde la arbitrariedad, presuponiendo relaciones biográficas y caligráficas o datas con otras obras, añadiendo siempre la probabilidad con lo que ella conlleva de duda. Más allá de lo filológico, en este caso, además, el texto se ha sometido a análisis científicos y técnicos, se ha examinado época, papel, tinta, cruce de trazos, etc. Porque parece que era necesario, que era una obligación, someter el texto a la disciplina criminalística, al análisis científico, a pruebas de las que muchos estudiosos están exentos, de la misma manera que se eximía históricamente a unos pocos con ciertos privilegios mediante bula papal. ¿Quién será el pontífice o la pontífice capaz de eximir a los vicarios?
Pero es lícito demostrar por otras vías, exigir todas las vías, para tranquilizar a quienes andan inquietos, en lugar de alborozados como se presupone ante todo lo que signifique sumar algo al legado del poeta más universal; un desasosiego que ha ido in crescendo desde que se anunció la existencia de un manuscrito fuera de las paredes del cubo de acero corten. Pues ahí está el estudio que concluye contundente: «Los textos manuscritos que aparecen en el documento cuestionado fueron escritos por don Federico García Lorca», y aquí estoy, desde que se ha hecho pública una memoria y una documentación inmensa y formidable ajena a las posibilidades que me enseñó la filología, aquí estoy, parafraseando al que fue mi director de tesis, del que aprendí el rigor que obliga esta disciplina, columpiándome, como se columpian en el cartón de Goya El Columpio, o en Los felices azares del columpio de Boucher, o en el óleo de su discípulo Jean Honoré de Fragonard, con el informe entre las manos, como cuando era pequeña y sostenía un libro cualquiera, sintiendo la brisa leve, agradable, del balanceo, con los que mantuvieron conmigo que se trataba de un texto auténtico, nacido de la mano de don Federico García Lorca, así de sencillo. Ahí están todos los elementos para ahuyentar cualquier duda y alejarla, impidiendo que se pose en el papel, en la tinta, en los trazos, para que la duda no llegue y nos torne infelices e injustos.
Ha publicado: Peces en la Tierra. Antología de mujeres poetas entorno a la Generación del 27 (Vandalia. Fundación José Manuel Lara, 2010), Con un traje de luna. Diálogo de voces femeninas de la primera mitad del siglo XX (Vandalia. Fundación José Manuel Lara, 2022), Rafael Guillén. Del conocimiento al asombro (Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, Junta de Andalucía, 2022), El haza de las viudas (Espuela de Plata. Renacimiento, 2008), Todos los cuentos, el cuento (Col. Narrativa, Diputación de Cádiz, 2007); entre las ediciones críticas destacan: El diván del Tamarit de Federico García Lorca (Cátedra, 2018), Una sombra entre los dos de Elisabeth Mulder (Renacimiento. 2018), El retablo de Salomé Amat de Elisabeth Mulder (Renacimiento, 2021) y Sinfonía en Rojo de Elisabeth Mulder (Tigres de papel, 2022).
Cofundadora de la editorial ELENVÉS EDITORAS, dirige la colección Bernal de narrativa.
Foto: Luis Serrano






































