Cuando Granada sí era capital cultural

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Nacieron infinidad de publicaciones, se crearon los ateneos, el Centro Artístico, el Fomento de las Artes, había sesiones de teatro y cafés cantantes a diario… La ciudad cogió fama como “primus inter pares” cultural de la que gozó hasta finales del siglo XX
El inicio de la década de 1880 recobró la estabilidad social y política de la que Granada había carecido prácticamente durante todo el siglo XIX. También la economía empezaba a consolidarse. Había una población aproximada, en la ciudad, de 77.000 habitantes. Pero el analfabetismo continuaba siendo muy elevado, superior al 65%. La Universidad recibía un impulso importante con la construcción de una nueva facultad de Medicina junto al Hospital de San Juan de Dios y el Instituto de Secundaria se convertía en un polo de atracción para estudiantes de todas las provincias del Oriente andaluz. El Colegio del Sacromonte, su universidad privada, también sumaba. Los mejores catedráticos peleaban por conseguir plaza en Granada. En buena parte, porque era uno de los lugares más baratos para vivir y ofrecía una vida más atractiva en el terreno cultural, de espectáculos y festivos.
Lo más importante fue que casi todo ello surgió de iniciativa privada, pagado y aportado por los socios. La cultura surgía por la iniciativa y competencia de tantas asociaciones y por la agitación de los medios de comunicación
Por fin había llegado el ferrocarril en 1873 y el telégrafo llevaba ya consolidado más de una década. Se estaba conectado y a la última de lo que ocurría en el mundo. Incluso los más ricos viajaban a París en pocos días y podían llegar las modas de cada primavera para nutrir el completo comercio del centro; las provincias vecinas venían a comprar a Granada. Las compañías de teatro, los cómicos y los músicos de Madrid incluían a Granada en sus programaciones de manera prioritaria. Aquí se les aclamaba. El flamenco había dado el salto a los teatros, cafés y zambras en tierra de “payos”, es decir, fuera de los ambientes estrictamente gitanos.
En lo cultural, ya desde 1839 venía funcionando el Liceo (a imagen y semejanza del Ateneo de Madrid), como columna troncal de la que derivaron la mayoría de las iniciativas para el resto del siglo XIX. Incluso fue germen de la Comisión de Patrimonio, de los museos Arqueológico y de Bellas Artes, además de propiciar la arqueología. Porque Granada siempre se miraba en Madrid y la imitaba. Hasta se montaron las primeras fábricas de cerveza a imagen y semejanza de las madrileñas.
Lo más importante fue que casi todo ello surgió de iniciativa privada, pagado y aportado por los socios. La cultura surgía por la iniciativa y competencia de tantas asociaciones y por la agitación de los medios de comunicación. Surgió en medio del renacimiento de la apología del pasado musulmán, del orientalismo que caracterizó el romanticismo impostado que nunca existió en Granada (Incluso la Alhambra fue orientalizada en sus reformas arquitectónicas y la pintura que se practicaba).
Nacen los Ateneos
La primera vez que se habla de una institución con el nombre de Ateneo en Granada fue a finales de 1879. Se llamó Ateneo Científico, Literario y Artístico; su sesión inaugural se plasmó el 15 de febrero de 1880 en los salones del Ayuntamiento. En él ya aparecían los jóvenes Luis Seco de Lucena y Brieva Salvatierra promoviendo actividades, antes de dedicarse al periodismo. Seco de Lucena pergeñó sus primeras crónicas con las actividades ateneístas en su periódico El Universal.
El presidente del Gabinete, Augusto Carao Camino, propuso refundirlos todos en uno y la confluencia de la mayoría se llamó Ateneo de la Juventud de Granada
En 1881 se menciona un segundo Ateneo; fue el Ateneo Jurídico Filosófico. Era una pequeña sociedad de estudiantes y licenciados del mundo del Derecho. También en el ámbito estudiantil existían la Academia Cervantinista, el Gabinete Científico-Literario y Academia Científico-Literaria. Como se ve, el sector estaba muy atomizado. El presidente del Gabinete, Augusto Carao Camino, propuso refundirlos todos en uno y la confluencia de la mayoría se llamó Ateneo de la Juventud de Granada.
Empezó a trabajar una comisión gestora bajo la presidencia de Antonio López Muñoz, profesor del Instituto de Secundaria. La sesión inaugural de aquel Ateneo tuvo lugar el 8 de abril de 1883, en que se consolidó durante un lustro.
A propósito de aquella iniciativa de 1883, un año antes (20 de marzo de 1882) ya se le había adelantado otra muy similar en el seno de la Universidad. El rector Santiago López Argüeta convocó a todas las instituciones provinciales para unificar los ateneos que iban floreciendo como setas por varias poblaciones y fundirlos en uno solo que se llamaría Ateneo Científico-Filosófico. El Rector explicó la necesidad de contar con el Ateneo de Granada “que evidenciara la cultura de Granada, despertara las ciencias y las letras granadinas del penoso letargo en que yacen ha mucho tiempo sumidos”.
Pero desgraciadamente, aquella iniciativa tan potente de la Universidad quedó atascada en una comisión preparatoria que no llegó a avanzar en sus buenas intenciones fundacionales
Fue elegida una junta organizadora en la reunión del Paraninfo de la Universidad en la que estuvieron prácticamente todas las instituciones de la provincia. Santiago López Argüeta por el Rectorado de la UGR; Nicolás del Paso, por la Facultad de Derecho; Leopoldo Equilaz por Filosofía; Manuel Fernández Fígares por Ciencias; J. Rabanillo por Farmacia; Federico Gutiérrez por Medicina; Pedro N. Mirasol por el claustro de Doctores; Rafael García-Álvarez por el Instituto de Secundaria; Eduardo Rodríguez-Bolívar por el Colegio de Abogados; Federico Olóriz por los Médicos; José Lacalle por la Prensa; Luis Lasala por la Escuela Normal; Anselmo Gil de Tejada por el Comercio; Manuel Obrén por el Sindicato de Artes; José Gómez Ocaña por los escolares; Antonio Afán de Ribera en representación de los Colegios y Zapadores (bomberos); Agustín Mateos en representación de la clase militar; J. M. Ibáñez por el clero; Benito Bentué por los agricultores; Juan Ortega por los Artesanos; y J. Sánchez Ballú por los maestros de instrucción primaria. Pero desgraciadamente, aquella iniciativa tan potente de la Universidad quedó atascada en una comisión preparatoria que no llegó a avanzar en sus buenas intenciones fundacionales.
La iniciativa “buena” del primer Ateneo serio fue la presidida por Antonio López Muñoz y con Luis Vinuesa y Molina como secretario general. Fue el verdadero Ateneo de la capital (ya funcionaba otro en Baza) que estuvo vivo y en plena actividad hasta el año 1888. El verdadero sostén era su presidente, profesor de metafísica del Instituto de Secundaria; onubense nacido en 1850 con grandes inquietudes literarias e investigadoras; se metió en política y llegó a ser diputado nacional en 1901-3. Después, miembro de la Academia de Ciencias Morales. Tenía el título nobiliario de Conde de López Muñoz.
Tras él se agruparon otros ateneístas, entre los que se encontraban Francisco García Lorca, Luis Seco de Lucena, Torres Balbás, José Santacruz, José María Rodríguez-Acosta, Gabriel Morcilla, Antonio Gallego Burín, Constantino Ruiz Carnero, Manuel de Falla, etc
No volvió a reaparecer otro Ateneo en la ciudad de Granada hasta el año 1925. Argumentaban sus nuevos fundadores que lo hacía porque el Centro Artístico, Literario y Científico se había convertido en una sociedad anclada en el pasado. Nació a partir de la fuga de un grupo de socios en torno a la figura del socialista Fernando de los Ríos. Tras él se agruparon otros ateneístas, entre los que se encontraban Francisco García Lorca, Luis Seco de Lucena, Torres Balbás, José Santacruz, José María Rodríguez-Acosta, Gabriel Morcillo, Antonio Gallego Burín, Constantino Ruiz Carnero, Manuel de Falla, etc.
Aquel nuevo Ateneo tuvo una importantísima actividad durante las dictaduras de Primo de Rivera y Berenguer. Pero a finales de 1932 se había politizado en demasía y acabó disolviéndose.
No fue hasta el 6 de marzo de 2009 cuando se reunió una nueva asamblea fundacional de otro grupo de literatos y artistas, por iniciativa de José Carlos Rosales Escribano, y decidieron crear el último Ateneo. El que sigue vivo. Sus promotores se declaran continuadores del nacido en 1925 y afanan en defender su legado centenario. Hay opiniones discordantes al respecto.
El Centro Artístico y Literario
Regresemos a 1885. El Liceo seguía activo, pero un tanto elitista y de capa caída. Su medio de comunicación, La Alhambra, había cerrado. El nacimiento del Centro Artístico surgió de un modo un tanto casual, a partir de la Sociedad de Acuarelistas que montaron a principios de 1885 una exposición y venta de sus obras para ayudar a los damnificados por los terremotos de Alhama del mes anterior. Aquella fraternidad de artistas tuvo, a su vez, sus orígenes en el grupo de aprendices en la técnica de la acuarela que montó Mariano Fortuny durante sus dos años de residencia en Granada. Fue una academia que funcionaba por la noche mediante una lámpara especial que trajo el maestro catalán.
El primer movimiento de solidaridad de los acuarelistas se consolidó y dio lugar a una asociación estable. En su primera presidencia estuvo el industrial Vicente Arteaga González y como vicepresidente el pintor, arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno
El primer movimiento de solidaridad de los acuarelistas se consolidó y dio lugar a una asociación estable. En su primera presidencia estuvo el industrial Vicente Arteaga González y como vicepresidente el pintor, arqueólogo e historiador Manuel Gómez Moreno. Uno de los principales personajes en sus inicios fue Valentín Barrecheguren. Su primera sede estuvo en la casa número 20 de Plaza Nueva. (Vicente Arteaga y Valentín Barrecheguren también formaron parte de la fundación de la Cámara de Comercio, 1886; Arteaga fue su segundo presidente y concejal del Ayuntamiento).
El Centro Artístico atravesó una etapa de diez años sin actividad, hasta 1908 en que volvió a resurgir de sus cenizas y de la mano de Valentín Álvarez de Cienfuegos
Aquella primera etapa de nacimiento y consolidación se prolongó hasta el año 1898, justo cuando sobrevino la crisis general a toda España por la pérdida del imperio histórico en América y Filipinas. El Centro Artístico atravesó una etapa de diez años sin actividad, hasta 1908 en que volvió a resurgir de sus cenizas y de la mano de Valentín Álvarez de Cienfuegos. Algunos de los que fueron ateneístas y liceístas se incorporaron al segundo proyecto de Centro Artístico, ya que sus instituciones estaban desaparecidas. La etapa 1908-36 fue la de consolidación del Centro Artístico. Se prolongaría hasta 1985, con una profunda crisis económica y de socios que abocó a la venta de su patrimonio. Desde entonces se halla en otra etapa completamente diferente.
Riqueza de publicaciones
La segunda mitad del XIX supuso una eclosión en cuanto a circulación de medios de comunicación en Granada. Es decir, la prensa. Las máquinas más modernas y rápidas, unido al abaratamiento del papel, propiciaron infinidad de cabeceras por las calles. Voceándolos o repartiéndolos a mano, pues por entonces los kioscos de prensa no habían aparecido. Más de 400 cabeceras nacieron y murieron en la segunda mitad del siglo XIX. Granada fue la provincia donde se publicaban más cabeceras.
Periódicos y revistas se convirtieron en una necesidad para difundir ideas con las que contribuir a la prosperidad. Su difusión era diaria, semanal, bisemanal o bimensual. Incluso algunos eran irregulares, salían cuando podían o “cuando convenga a sus redactores”
Periódicos y revistas se convirtieron en una necesidad para difundir ideas con las que contribuir a la prosperidad. Su difusión era diaria, semanal, bisemanal o bimensual. Incluso algunos eran irregulares, salían cuando podían o “cuando convenga a sus redactores” como decía El Trueno Gordo. Los editaban partidos políticos, asociaciones, corporaciones, la Iglesia, asociaciones culturales, etc. Con tiradas que hoy podrían considerarse demasiado cortas. Hay que entender que de los 77.000 habitantes solamente sabía leer menos de un tercio. El oficio de impresor estaba muy extendido, hasta el punto de que existió el sindicato de cajistas (componedores de los textos) y un censo de casi ochenta imprentas. Y todo ello a pesar de que la linotipia no llegó a Granada hasta bien entrado el siglo XX.
En el periodo de referencia, 1880-92, nacieron, sobrevivieron y desaparecieron no menos de medio centenar de publicaciones
En el periodo de referencia, 1880-92, nacieron, sobrevivieron y desaparecieron no menos de medio centenar de publicaciones. De todo tipo. Llama la atención que hubo varias dedicadas al humor, a los espectáculos y a la cultura. Señal de que estos campos estaban muy en boga. La actividad teatral (en sus variantes de clásico, cómico, lírico) y los cafés cantantes fue potentísima en Granada. No había compañía de Madrid que no planificara cada primavera u otoño una tournée por la ciudad con su mejor repertorio. Teníamos dos grandes teatros, el Principal o Cervantes y el Isabel la Católica, que en ambos casos superaban ampliamente el millar de butacas. Y con dos funciones diarias los fines de semana y festivos. Además, también estaba de estreno la plaza de Toros del Triunfo que era utilizada como espacio de grandes actuaciones a pleno pulmón de actores y cantantes.
Los medios de comunicación que más se consolidaron e influyeron en esos años de oro de la cultura granadina fueron El Defensor de Granada en prensa diaria y La Alhambra como revista de cultura, artes y letras
Los medios de comunicación que más se consolidaron e influyeron en esos años de oro de la cultura granadina fueron El Defensor de Granada en prensa diaria y La Alhambra como revista de cultura, artes y letras. El primero tuvo larga vida hasta el golpe de estado de julio de 1936; el segundo se prolongó, con una interrupción, hasta 1924 en por el fallecimiento de Francisco de Paula Valladar, su propietario y director.
La relación de periódicos y revistas la abrimos en septiembre de 1880 con la aparición de El Defensor, de la mano de Luis Seco de Lucena. Le secundaron ese mismo año la reaparición de la Estrella de Occidente y El Trueno. Del año 1881 destaco las siguientes cabeceras: El liberal dinástico (diario), El trueno granadino, El mosquito (semanero festivo), El trébol (festivo), La Tribuna (diario políticos) y La Reforma (político).
Los años 1882 y 1883 fue el periodo que mayor número de publicaciones aparecieron, se sucedieron y volvieron a desaparecer.
Los años 1882 y 1883 fue el periodo que mayor número de publicaciones aparecieron, se sucedieron y volvieron a desaparecer. Los principales fueron: La Unión Escolar, El centinela del Magisterio, La opinión (político), La intendencia, La Pulga (humorístico-político), El petróleo, El tipógrafo, Sancho Panza, Quevedo, Diario de Granada (nueva era), La provincia de Granada, El alcalde Monterilla, El encierro, La Tarasca (semanal), El guía del forastero, El látigo, El Genil y la Revista Granadina.
Casi todos ellos presentaban un diseño y maquetación muy similares, señal de que los hacían los mismos cajistas y salían de la misma imprenta
Casi todos ellos presentaban un diseño y maquetación muy similares, señal de que los hacían los mismos cajistas y salían de la misma imprenta. Sus redacciones solían ser de tres o cuatro personas en los diarios y un solo promotor en las revistas. Pocos incluyeron ilustraciones de dibujos a línea.
El año 1884 fue el que vio aparecer la que ha sido revista más longeva y destacada de la historia periodística granadina: La Alhambra de Paula Valladar; supuso una gran aportación a la recuperación y divulgación de temas históricos, patrimoniales y artísticos. Una verdadera crónica cultural durante toda su existencia, fuente informativa indispensable para investigadores en busca de lo que ocurrió en Granada por aquellos años.
Madrid fue siempre fuente de inspiración e imitación cultural para Granada. Aquí se replicaban las instituciones culturales que se iban consolidando en la capital del Reino, también lo que ocurría en los medios
Madrid fue siempre fuente de inspiración e imitación cultural para Granada. Aquí se replicaban las instituciones culturales que se iban consolidando en la capital del Reino, también lo que ocurría en los medios. Fue el caso del primer periódico que apareció en Granada a partir del mediodía, para recoger lo acontecido durante la mañana y replicar noticias que traían los diarios madrileños. Se llamó Diario de la Tarde.
Destaco otro puñado de medios que tuvieron cierta continuidad entre mediados de 1884 y hasta finales de 1892: La opinión jurídica, El duende, El fandango, La gacetilla, El hogar, La Clínica, Los mercados, Boletín del Centró Artístico (quincenal), La política, El telegrama, Granada cómica, Maestro Ciruela, La timba, El trueno gordo, La nueva prensa, La alianza, El estudiante, Mefistófeles, La crítica, Boletín de la Cámara de Comercio (temas económicos y comerciales), El liberal (diario), El papagayo, Andalucía alegre, El eco granadino, El radical, Revista agrícola de Granada, El látigo, El pueblo, La linterna, El patriota, El heraldo, La voz de la provincia, La federación, El noticiero granadino, Los desastres, El dominguero, El obrero y El titirimundi.
La gran demanda cultural también se extendió a la publicación de las primeras grandes guías artísticas, patrimoniales y turísticas
La gran demanda cultural también se extendió a la publicación de las primeras grandes guías artísticas, patrimoniales y turísticas. La primera de ellas fue la Guía del Viajero (1880), de Remigio Salomón; después continuarían Novísima Guía de Francisco de Paula Valladar (1890), muy pronto secundada, completada y superada por la Guía de Granada de Manuel Gómez-Moreno (1892). La última sigue vigente y fue inspiración para las que se han venido publicado desde entonces en Granada.
Vida alegre en cafés cantantes y teatros
El sosiego que trajo a la restauración de la monarquía con Alfonso XII se vio reflejado en la vida cultural y de entretenimiento. Las élites se lucían en los actos que organizaban el Liceo, el Ateneo y el Centro Artístico. Los más ilustrados acudían a las sesiones líricas de los dos grandes teatros que competían (el Principal en el Campillo y el Isabel la Católica en la Plaza de los Campos). Y todos revueltos en las sesiones de zarzuela y compañías cómicas. Sólo para hombres estuvieron los circos gallísticos, donde peleaban los pollos y se cruzaban apuestas; hubo varios, pero los dos principales estuvieron al final de la calle San Antón y el corralón del Rastro (actual edificio de El Corte Inglés en la Carrera de la Virgen).
Precisamente por la competencia entre la prensa diaria se produjo la recuperación de las fiestas del Corpus y de la Semana Santa, ambas venidas a menos o prácticamente desaparecidas durante el tumultuoso siglo XIX
Precisamente por la competencia entre la prensa diaria se produjo la recuperación de las fiestas del Corpus y de la Semana Santa, ambas venidas a menos o prácticamente desaparecidas durante el tumultuoso siglo XIX. También aparecieron los conciertos en el Palacio de Carlos V y los dominicales en el templete de la música del Salón.
Pero sin duda que el mayor atractivo diario, anterior a 1880, ya venían siendo las zambras y los cafés cantantes. A mediados del XIX se estaban definiendo los palos flamencos y atraían a un público ávido de vivir los ritmos de gitanos, con aires de orientalismo y viejos tonos moriscos. Lo que fueron costumbres recluidas a las cuevas del Sacromonte habían bajado a la ciudad llana de la mano de Antonio Torcuato Martín, el Cujón, que a mediados del XIX abrió local en la Plaza del Humilladero; no era más que una herrería a las afueras donde atendía de día a las caballerías que entraban por el puente romano y por la tarde rasgaba la guitarra y se hacía acompañar al cante y al baile por su familia.
Aquellas primeras zambras eran grupos de familias completas de gitanos que bajaban a cafés del centro a alternarse con cabareteras de can-can y vedettes que solían venir de fuera. Los locales no eran otra cosa que una trasposición de los cafés cantantes que ya hacían furor en Madrid y Sevilla.
Granada fue muy potente en cuanto a la presencia de cafés cantantes desde la década de 1880 hasta prácticamente medio siglo más tarde
Granada fue muy potente en cuanto a la presencia de cafés cantantes desde la década de 1880 hasta prácticamente medio siglo más tarde. La mayoría de ellos estuvieron asociados a las que fueron principales zonas de alterne del casco viejo de la ciudad: la Manigua baja y la zona de los mesones. Un café cantante no era otra cosa que un antecedente de los pubs posteriores donde se va a tomar una copa, unas tapas y a escuchar música en directo. Todos ellos tenían un pequeño escenario al fondo donde subían los artistas flamencos, las chicas del can-can, los cantantes, prestidigitadores, humoristas o vedettes.
La mayor concentración de cafés cantantes de finales del XIX estuvieron en la parte baja de la Manigua
La mayor concentración de cafés cantantes de finales del XIX estuvieron en la parte baja de la Manigua. Se llamaron La Mariana, El Liceo (gestionado aquella sociedad cultural), La montillana y El comercio (en Plaza del Carmen). Un segundo grupo estuvo situado en las calles de la zona Mesones-Puentezuelas, en el entorno de las pensiones y paradas de viajeros: Café de Italia, El león, El callejón, Porvenir, Las provincias. En el Zacatín estuvo El pasaje; en puerta Real El suizo y en Plaza Nueva El España.
Además de los dos grandes teatros ya mencionados, hubo una oferta complementaria con el Teatro Circo de Verano ubicado en la calle Piedra Santa, donde después estuvo el cine Regio, surgido en 1881. El primer Teatro Alhambra que hubo en los terrenos de Baños don Simeón, casi en el Salón (abierto en 1887). La explanada del Humilladero acogía continuos espectáculos circenses transeúntes.
Aquí vino lo mejor de cada casa a rendir pleitesía al poeta más aclamado del XIX; el acto fue un revulsivo para la promoción de Granada como capital cultural del momento en todo el país
Quizás el culmen de todo aquel ajetreo del renacimiento cultural de la década de 1880-90 fue la Coronación de José Zorrilla como poeta nacional (1889). En aquel final de primavera confluyeron en Granada todas las miradas de los españoles interesados en la literatura. Aquí vino lo mejor de cada casa a rendir pleitesía al poeta más aclamado del XIX; el acto fue un revulsivo para la promoción de Granada como capital cultural del momento en todo el país. Los rescoldos duraron algunos años, porque mimbre había más que de sobra entre el germen de artistas que ya eran realidad y los que se estaban gestando para etapas futuras.
La generación de artistas
Las tres figuras nacionales más señeras de la literatura, la pintura y la escultura confluyeron en Granada en aquella década prodigiosa. Al mencionado José Zorrilla hay que sumar la llegada de Francisco Pradilla para documentarse y dibujar dos de las mejores obras de la pintura histórica española: La Rendición de Granada (1879-82) y El Suspiro del Moro (1892). También la presencia de Mariano Benlliure a colocar su magno conjunto en bronce y piedra de Isabel y Colón firmando la capitulación que permitió el viaje a las Indias ignotas.
La actividad pictórica de esta década era reflejada puntualmente en las secciones de artes plásticas con las que contaron todos los periódicos y revistas. La abundancia de noticias sobre esta temática refleja dos aspectos: el gusto por la pintura y su compra, y el completo plantel de pintores. No abundaban las salas de exposiciones por entonces, pero se puede concluir que todos los escaparates de los comercios formaban parte de una amplia red de salas donde mostrar los trabajos.
La pintura granadina experimentó un boom tras la presencia de Mariano Fortuny en la ciudad durante dos años (1870-2) y los amigos pintores que vinieron a visitarle
La pintura granadina experimentó un boom tras la presencia de Mariano Fortuny en la ciudad durante dos años (1870-2) y los amigos pintores que vinieron a visitarle. Buena parte de la pintura que se hizo los años siguientes en Granada estuvo influenciada por el estilo del catalán, y no sólo por el estilo, también la temática. Ejemplos claros fueron la Odalisca de Muñoz Lucena y la Madraza de Enrique Marín. Los jóvenes pinceles se sintieron huérfanos de esa manera de reflejar el costumbrismo orientalista granadino, aunque hacía ya casi una década que Fortuny se había ido de Granada.
Destacaron los pintores Isidoro Marín, Julián Sanz del Valle, Emilio Millan Férriz, Rafael Latorre, Julián del Pozo, Tomás Marín Rebollo, Manuel Ruiz Morales, Evaristo Contreras, Adolfo Lozano, Manuel Morales y Manuel Gómez-Moreno. La mayoría de ellos participantes incluso en las exposiciones nacionales de Bellas Artes. Por supuesto, también en Granada se organizaron las exposiciones de Bellas Artes como sistema de promoción de los jóvenes artistas; señaladas fueron las que tuvieron lugar en 1880 y 1883, casi siempre ligadas a las renacidas fiestas del Corpus. La primera de ellas tuvo lugar en los bajos del Liceo (teatro Principal); destacaron cuadros de Juan B. Guzmán; de Valentín Barrecheguren y Emilio Millán Férriz. También se premió la modalidad de escultura; los premios fueron llamados Camelia para pintores y Clavel para escultores.
Se habilitó el desamortizado convento de Santo Domingo para acogerlo. Allí se dieron cita los mejores pintores de Granada, más algunos llegados de fuera
El certamen de 1883 se tituló Exposición Regional de Bellas Artes y Provincial de Industria y Retrospectiva de Arte. Se habilitó el desamortizado convento de Santo Domingo para acogerlo. Allí se dieron cita los mejores pintores de Granada, más algunos llegados de fuera: José Gómez Tamara, Nestares, Moreno Rodríguez, León Abadías, Jacobo Calera, Eduardo Cobos, Larrocha, Adolfo Ocón, Martínez del Rincón, etc. De la mayoría de aquellos nombres han quedado pocos rastros en los libros actuales.
Ambos concursos-exposiciones de Bellas Artes también llevaron aparejados certámenes relacionados con trabajos literarios de poesía, historia, medicina y pedagogía relativos al pasado y presente de Granada.
Fue el tiempo en que florecieron los estudios donde los más reputados pintores ejercían sus oficios
Incluso llegaban pintores extranjeros pensionados por sus países atraídos por la belleza de la ciudad y lo pintoresco de sus gentes (caso del húngaro Henry Gowataers). Fue el tiempo en que florecieron los estudios donde los más reputados pintores ejercían sus oficios, y de paso, los convirtieron aulas gratuitas para formar discípulos.
También fueron los medios de comunicación los que alentaron, y polemizaron, por erigir monumentos históricos o rotular nombres de calles a personajes o hechos destacados. Se incentivó el monumento a Isabel la Católica.
A pesar de la brillantez cultural de periodo, tampoco Granada se libró en esos tiempos de la desaparición de piezas importantes de su patrimonio monumental; el destrozo había sido el signo del siglo XIX y todavía lo seguiría siendo durante mucho tiempo más tarde
A pesar de la brillantez cultural del periodo, tampoco Granada se libró en esos tiempos de la desaparición de piezas importantes de su patrimonio monumental; el destrozo había sido el signo del siglo XIX y todavía lo seguiría siendo durante mucho tiempo más tarde. En la década de referencia fue desmontado el Arco de las Orejas, los artesonados de la Torre de las Damas en la Alhambra y parte del Monasterio de Cartuja.
Además de los diversos Ateneos intermitentes y consolidados, hay que sumar iniciativas que ya venían actuando desde tiempo inmemorial, como La Económica (Sociedad de Amigos del País), la Escuela de la Academia de Bellas Artes, etc. Nacieron en este periodo la Sociedad del Fomento de las Artes (1882), con especial objetivo de instruir e introducir en la cultura a las clases obreras.
El ardor del decenio de brillantez cultural empezó a apagarse a partir del fiasco del IV Centenario de la Toma de Granada y del Descubrimiento de América. Granada fue soslayada desde las alturas del poder de Madrid
El ardor del decenio de brillantez cultural empezó a apagarse a partir del fiasco del IV Centenario de la Toma de Granada y del Descubrimiento de América. Granada fue soslayada desde las alturas del poder de Madrid. Poco tiempo más tarde se acentuó el vaciado de la milicia con la eliminación de la Capitanía General y el traslado de la yeguada a Antequera. Para entrar, a partir de 1895, en modo tristeza con el envío de soldados a frenar la pérdida de lo que quedaba del imperio colonial en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. La herida del 98 tardaría en curarse todavía unos años en Granada; la fuerza de la ciudad como locomotora cultural no volvería a tomar impulso hasta las décadas de 1910-20. Los primeros ladrillos habían quedado puestos.
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