'La cuenta final de RTVE'

Cuando uno piensa en la gente que apoya o ha apoyado el fascismo, se queda sorprendido de su diversidad. ¡Vaya cuadrilla! Imaginemos un programa que, de algún modo, metiera durante un tiempo en el mismo barco a Hitler, Pétain, Montagu Norman, Pavelitch, William Randolph Hearst, Streicher, Buchman, Ezra Pound, Juan March, Cocteau, Thyssen, el padre Coughlin, el muftí de Jerusalén, Arnold Lunn, Antonescu, Spengler, Beverley Nichols, Lady Houston y Marinetti. Sin embargo, la clave es bastante simple: se trata, en todos los casos, de gente que tiene algo que perder, o que añora una sociedad jerárquica y teme la posibilidad misma de un mundo poblado de seres humanos libres e iguales.
George Orwell
Joseph Goebbels fue un visionario. Tuvo claro que controlar la opinión pública era el único modo de imponer la ideología nazi, obtener el apoyo del pueblo alemán y justificar los crímenes, y no me refiero precisamente a las cámaras de gas, que también, sino a la matanza de su propia gente, a la «Operación Kolibrí» o «Noche de los Cuchillos Largos». Goebbels creó el Ministerio de Ilustración Pública y Propaganda dedicado principalmente a la manipulación emocional. Se pretendía implantar la ideología nazi, no de cualquier modo, sino por medio del arte, la música, el teatro, el cine, los libros, prensa, materiales educativos, etc., control total para un adoctrinamiento total.
Campañas de propaganda que entraban en funcionamiento cuando las circunstancias lo requerían, por ejemplo, en periodos de promulgación de leyes. Las estrategias propagandísticas construían una atmósfera determinada, así, se creaba un ambiente "tolerante de la violencia contra los judíos, antes de las leyes raciales de Nuremberg de 1935". Misma práctica que hoy conocemos en Israel aplicada al pueblo Palestino. Misma práctica de deshumanización propia de la ultraderecha cuando se refiere al migrante como invasor o ilegal, deshumanizando al individuo. Un operativo de difusión bien organizado.
Goebbels puso en práctica una serie de estrategias comunicativas diseñadas para influir y controlar la opinión pública que, a posteriori, se agruparon en los llamados "Once principios de Goebbels" y que, antes incluso de estar definidos como tales, el régimen franquista, por aquello de correligionarios, adoptó inmediatamente y puso en práctica desde su propio Ministerio de Información y Turismo. Y, por ejemplo, atendiendo al principio de verosimilitud, que partía de la máxima "dato real, conclusión falsa" y al de "silenciación", lo que no se nombra no existe, se prohibía a los periodistas utilizar la palabra "exilio" en sus crónicas sobre los republicanos en el extranjero, debían utilizar la palabra "emigración". De hecho, la palabra "exilio" no se registra en la edición de 1950 del Diccionario de la Academia Española de la Lengua, y, tal y como Carlos Blanco Aguinaga señala en Ensayos sobre la literatura del exilio español, no reaparece hasta la edición de 1970: «no convendría a la sensibilidad franquista recordar que había por el mundo cientos de miles de exiliados españoles», escribe. Si no existe la palabra, no existe el referente.
Repetir hasta el hartazgo que fue fusilado viene a ocultar el secuestro, desaparición y la posterior ejecución vil, con nocturnidad y alevosía. Repetir hasta el empacho que su muerte fue una desgracia provocada por envidias, invita a desviar la atención hacia quiénes eran las familias rivales que pudieron estar implicadas, limitando el asesinato a polémicas domésticas y locales y obviando la realidad terrible de un golpe de estado que llegó para acabar con un gobierno elegido en las urnas
Tras el asesinato del poeta granadino, al convertirse en un muerto molesto e inoportuno, por incordiante más que nada, se afanaron con el principio de orquestación, «si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad». Durante cuarenta años se ha repetido hasta la saciedad: «Federico García Lorca fue fusilado», sin embargo, no tuvo un juicio sumarísimo (antes de su ejecución), no hubo pelotón de fusileros, no hubo cuerpo. No hubo fusilamiento. Los fusilamientos en época de guerra se justifican, incluso llegan a ser considerados muertes dignas, en tanto ha existido una sentencia judicial. Repetir hasta el hartazgo que fue fusilado viene a ocultar el secuestro, desaparición y la posterior ejecución vil, con nocturnidad y alevosía. Repetir hasta el empacho que su muerte fue una desgracia provocada por envidias, invita a desviar la atención hacia quiénes eran las familias rivales que pudieron estar implicadas, limitando el asesinato a polémicas domésticas y locales y obviando la realidad terrible de un golpe de estado que llegó para acabar con un gobierno elegido en las urnas. Manipulando la realidad, por aquello del principio de la transposición, si no «puedes negarla [la realidad], inventa otras noticias que la distraigan». La realidad fue que no podían jugársela por segunda vez, que aquel 18 de julio de 1936 no podía convertirse en otra Sanjurjada, y que la única manera de que no ocurriera era eliminar a aquella burguesía granadina con el suficiente poder político y económico como para parar el golpe, y la familia García Lorca era un objetivo como lo fueron otras muchas familias que ostentaban una posición similar. Había que hacerlo rápido, no dejar reaccionar. En cierto sentido, se trató de unas ejecuciones, sálvese la distancia, muy similares a aquella "Operación Kolibrí", en tanto sirvieron para eliminar amenazas y como instrumento de presión. ¿Hubo envidias de por medio en el asesinato del Salvador Vila Hernández, el rector de la Universidad de Granada? ¿Fueron las envidias las que fusilaron el 16 de agosto de 1936 a José Palanco Romero, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada? Mismo día, por cierto, que secuestran al poeta de la casa de Luis Rosales, porque esa es otra manipulación repetida, utilizar "se llevan", "detienen", suavizando el momento terrible en el que lo sacan a la fuerza y contra su voluntad de la casa de los Rosales. Mismo día en el que fusilan a Manuel Fernández Montesinos, cuñado del poeta y alcalde de Granada por el partido socialista. ¿Fueron las envidias las que acabaron con la vida de concejales del consistorio como el impresor Juan Fernández Rosillo, o con el director del Defensor de Granada, Constantino Ruiz Carnero, al que sí fusilan una vez muerto para hacer legal una muerte a golpes y torturas? 4.015 asesinatos en las tapias del cementerio de Granada, de los que 2.887 se produjeron en los primeros meses, se llegó a registrar un ritmo de ejecuciones superior a 50 fusilamientos diarios. Entre 2.500 y 3.000 personas, la mayoría muertes violentas, en el barranco de Víznar. Y solo en Granada ¡Cuántos envidiados!
No me rebajo a desmentir que buena parte de la responsabilidad en el asesinato del poeta viene de los Alba, enfadados por haberles retratado en La casa de Bernalda Alba, una obra que no se estrenó en vida del poeta. Habría que esperar al 8 de marzo de 1945 y, además, en el teatro Avenida de Buenos Aires para verla sobre las tablas. Federico García Lorca había hecho una lectura de la obra en privado en la casa del doctor Eusebio Oliver en Madrid. Me pregunto cuál de los asistentes a aquella velada privada se fue con el cuento a Frasquita Alba, ¿Jorge Guillén?¿Pedro Salinas?¿Dámaso Alonso?¿Rafael Rodríguez Rapún?¿algún miembro de la familia Oliver? Porque ellos fueron los invitados aquella noche del 12 de julio de 1936 en la que Federico les leyó una obra cuyo título primero fue El drama de las hijas de Lot. Pero, según las teorías de algunos expertísimos, ahí debía estar Frasquita en su Asquerosa, suponemos que con su pinganillo, conectada tal vez al Instagram de Guillén o Salinas o Alonso o Rapún..., escuchando indignada la lectura, mientras echa los desperdicios a los cerdos y el moyuelo a las gallinas...
Manipulación en torno a la figura del poeta, a las razones de su muerte, manipulación en el documental emitido en RTVE, "Lorca. Las horas perdidas", que comienza con todo un pelotón de fusileros, dando al asesinato una dimensión y una trascendencia militar que el poeta no tuvo
Manipulación en torno a la figura del poeta, a las razones de su muerte, manipulación en el documental emitido en RTVE, "Lorca. Las horas perdidas", que comienza con todo un pelotón de fusileros, dando al asesinato una dimensión y una trascendencia militar que el poeta no tuvo. Reforzando las opiniones que apuntan de manera directa a conspiranoicos, envidiosos del poeta o de su familia o perjudicados por una obra de la que nadie sabía, diluyendo cualquier responsabilidad que los sublevados tuvieran, eliminando "golpe de estado" de un guion que el propio presidente de la Corporación de RTVE, José Pablo López Sánchez, parece no haber leído, de otra manera no tendría sentido que, ante las críticas recibidas, asegure que el documental pretende "desmantelar los relatos del franquismo", cuando no existe más relato en este documental que el franquista. Yo participé en él y se han cuidado bien de no emitir ninguna de las opiniones que di durante más de una hora de grabación, han cortado y pegado frases de manera que el discurso resulte robusto en un único sentido. Dice José Pablo López que el documental "pretende acercar esta memoria a las generaciones jóvenes para ofrecer herramientas críticas que protejan nuestra democracia frente al olvido". ¿Qué herramientas? ¿Dónde ubicamos la crítica cuando no hay más que una argumentación sesgada y tendenciosa, cuando se ha censurado la opinión de los demás? Claro, ¿qué se puede esperar de un documental sobre la muerte del poeta que realiza la productora El Rugido Producciones, la empresa del periódico El Español del ultraderechista Pedro J. Ramírez? Dato que no tuve, solo supe que participaba en un documental para RTVE, por lo que me siento estafada por partida doble.
Si se elige y se contrata a una productora de la ultraderecha para que narre el agravio, el ultraje cometido a este país por la propia derecha, y lo que resulta más contundente, si las declaraciones del director de RTVE son estas, es evidente que no se trata de que haya una quinta columna dentro de la cadena pública, no hay una traición interna que esté actuando desde dentro o saboteando, sino que la guerra cultural ya es un hecho.
Por cierto, cuidado aquellos que estáis engordando y revolviendo la cesta de las serpientes para azuzar y hostigar al contrario, porque cuando estén bien cebadas se deleitaran engulléndoos; recordad, si no, la historia, recordad la escabechina en 1934 de aquellos que pertenecían a la Sturmabteilung (SA), los llamados "camisas pardas", la fuerza paramilitar nazi que ayudó a Hitler a ascender al poder, una vez conseguido, se revolvió y los eliminó en la "Noche de los Cuchillos Largos", por si las moscas...
Ha publicado: Peces en la Tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27 (Vandalia. Fundación José Manuel Lara, 2010), Con un traje de luna. Diálogo de voces femeninas de la primera mitad del siglo XX (Vandalia. Fundación José Manuel Lara, 2022), Rafael Guillén. Del conocimiento al asombro (Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, Junta de Andalucía, 2022), El haza de las viudas (Espuela de Plata. Renacimiento, 2008), Todos los cuentos, el cuento (Col. Narrativa, Diputación de Cádiz, 2007); entre las ediciones críticas destacan: El diván del Tamarit de Federico García Lorca (Cátedra, 2018), Una sombra entre los dos de Elisabeth Mulder (Renacimiento. 2018), El retablo de Salomé Amat de Elisabeth Mulder (Renacimiento, 2021) y Sinfonía en Rojo de Elisabeth Mulder (Tigres de papel, 2022).
Cofundadora de la editorial ELENVÉS EDITORAS, dirige la colección Bernal de narrativa.






































