'Cultura: el Producto Interior Bruto'

El 14 de abril de 2010 un señor enloquecido por los libros decidió inaugurar una tienda en la calle más musical de Granada, la calle Elvira. Allí dio rienda suelta a su vicio secreto. La llamó “Sostiene Pereira”, como la novela del italiano Antonio Tabucchi. La sospecha se enredó cual hiedra venenosa entre las autoridades locales del PP.
Cuando tenían todas las respuestas les cambiaron las preguntas. ¿Por qué un 14 de abril y no un 18 de julio? ¿Por qué “Sostiene Pereira” y no “Granada tierra soñada por mí y las agencias de pisos turísticos” que tienen más raigambre en nuestro acervo cultural? ¿Por qué sacar a relucir una novela ambientada en Lisboa en 1938, durante la dictadura de Salazar y en pleno auge de los fascismos en Europa?.
«¿Y de qué va?», preguntó el Técnico Cultural del Ayuntamiento (en acrónimo TCA). «Pues nada, cuenta la historia de Pereira, un periodista encargado de la sección cultural de un periódico que, por su encuentro con un joven activista, experimenta una profunda transformación personal, moral y política», le explicó una señora de la limpieza que pasaba por allí. «Ah, ciencia ficción. ¡Qué tontería!», concluyó el TCA.
Si nuestras señas de identidad son García Lorca y las Tortas Maritoñi ¿para qué extranjerismos?, pensaron. Consultado un importante medio de comunicación concluyó que el asunto no tenía «interés local».
El librero era preciso en su rutina. Todos los días, excepto festivos, cumplía un horario: de 10:30 a 14:00 hs, y de 17:00 a 20:30 hs. De vez en cuando organizaba encuentros de poesía, presentaciones de libros, talleres de lectura y de escritura creativa, microteatros, coloquios sobre temas sociales, conferencias, recitales poéticos con o sin acompañamiento musical, recitales de música de pequeño formato, sin amplificación acústica.
Y al final ocurrió lo inevitable. Hace cuatro años sufrió la denuncia de un vecino molesto por los ruidos de tales eventos. Pero, en realidad, era el susurro que producía pasar las páginas de los libros lo que llegó a ser insoportable. Un funcionario (¿Bartleby, el escribiente?) adscrito a la Fuerza y Cuerpo de Seguridad del Estado Mental se personó en la librería prohibiendo cualquier actividad.
El revuelo publicitario (que no otra cosa) reunió a la alcaldesa, al concejal de Urbanismo, al de Cultura y al director general de Licencias con el librero. Al final, pelillos a la mar.
Y es que en Granada lo que gusta es la cultura del aspaviento, la de las grandes gestas.
El año en que se inauguró la librería ya se habían celebrado seis Premios de Poesía García Lorca, calificados con gran aparato eléctrico por un diario como: «el más prestigioso del ámbito literario en castellano, consagrado como un galardón esencial dentro del mundo cultural, a nivel internacional». El Premio estaba dotado, perdón, con 50.000 euros. Eso sí, como nadie es poeta en su tierra, la Concejalía de Cultura se quedaba sin fondos para todo el año.
También ese año se empeñaron en conseguir la etiqueta de “Capital Internacional de la Poesía” de la UNESCO. El grupo de controladores aéreos de las musas locales sin cuyo permiso no sobrevuela nada en la ciudad inspiraron la solicitud rubricando así el becqueriano verso “poesía eres tú” fijando sus pupilas el uno en el otro y de paso los carguillos que ostentan como asesores. Pero no pasó nada y todo se quedó en familia.
En 2014 se terminó de fraguar la idea de construir el Granatum, el Gran Teatro de la Ópera. Una minucia de 40 millones para edificarlo, menos 259.000 euros que aportaba la Junta.
Para una infraestructura como aquella (más megalómana que melómana) lo primero que se necesitaba era una política cultural que no poseían ni Ayuntamiento ni Junta. Además nadie se preguntó si en Granada había público para la ópera o cuál era el coste de un montaje escénico. Tampoco intentaron lo obvio: programar óperas de cámara (baratas y de calidad del norte de Europa) para saber si interesaba este género a la ciudadanía.
A la vez se desconocía por qué desmantelaron el Circo del Arte dotado con una magnífica infraestructura escénica y con un aforo de 2.000 butacas cuando el Granatum solo tenía 1.500. Estuvieron mareando la perdiz y ninguneando la propuesta de un proyecto complejo y autogestionado (sin costarle un duro a la ciudad) para reactivar el espacio. Luego se supo que lo único que pretendían era poner en entredicho la gestión del Gobierno anterior y que allí iban a construir un aparcamiento.
La industria cultural es el sector económico que se desarrolla en torno al arte, el entretenimiento, el diseño, la arquitectura, la publicidad, la gastronomía. Las industrias creativas incluyen también todas las formas artísticas de la “alta cultura” a la popular, como artesanía, patrimonio, turismo cultural, equipamiento (museos, teatros, cines), así como el trabajo conjunto de la cultura, el turismo y la educación como forma de llegar al desarrollo sostenible.
¿Saben ustedes que Málaga es la primera provincia andaluza en industria cultural por delante de Sevilla cuando en 2013 lo era Granada? ¿Saben que esa industria supone el 11% del PIB de Granada? ¿Saben que el sector servicios supone el 74% de la industria de Granada del cual el 31% pertenece a la cultural? ¿Saben que en Granada se han publicado en torno a 7.000 y 8.000 trabajos en los últimos cinco años, de los cuales gran parte son de literatura y que en Granada hay 30 editoriales, pequeñas, pero muy activas?
¿Saben ustedes que la Junta, el Ayuntamiento y la Diputación carecen de datos al respecto?
Sí sabemos, en cambio, que Anotop, guía espiritual y líder del PP, no habla idiomas, pero sí habla de Cultura en la intimidad. Quizá desconoce que desde 2011 hasta hoy, en los ayuntamientos gobernados por PP o Vox, o en coalición, se han producido 31 casos de censura.
El frágil, pero imprescindible teatro, necesitado del cuidado del sector público, ha sido el rival más débil. Es curioso que un arte presuntamente minoritario que ofrece unas 44.000 funciones al año con apenas 9 millones de espectadores, se haya convertido en el protagonista de los hachazos a la libertad de expresión. Quizás es por su carácter marginal que propicie un entorno de libertad creativa, experimentación y vanguardia como no hay otro.
En 2004 entrevisté al Concejal de Cultura para una de esos absurdos artículos veraniegos cuando no hay noticias que dar.
—¿Qué es la cultura para usted?
—Es algo muy importante, es el poso que se debe procurar en una sociedad para que los ciudadanos sean más libres.
—¿Su idea sobre la cultura no contradice la de su partido?
—No. Eso es un mito que se ha creado de que la cultura es de izquierdas.
—¿Cuáles son sus compositores favoritos?
—Mozart y Julio Iglesias.
Como periodista de investigación busqué las similitudes entre ambos. Solo encontré una: no tenían nada que ver.
Tras el magnánimo gesto del Ayuntamiento con la librería Sostiene Pereira ahora sí que estamos esperanzados con la Capitalidad Cultural Europea en 2031.


















































