Fallece Curro Andrés, cantaor, maestro de generaciones y Medalla de Oro de la Ciudad de Granada

Granada pierde a una de las figuras que mejor encarnaron durante las últimas décadas la memoria viva de su cultura popular. Francisco Andrés Andrés, Curro Andrés, cantaor, maestro de generaciones de artistas y uno de los grandes conocedores de la historia flamenca, cofrade y cultural de la ciudad, ha fallecido en la mañana de este 24 de septiembre, a los 82 años. Medalla de Oro de la Ciudad de Granada, distinción que recibió en 2019, su trayectoria estuvo estrechamente ligada a la defensa, transmisión y conocimiento del flamenco y a una intensa dedicación a las tradiciones populares granadinas.
Su conocimiento enciclopédico del cante, su memoria privilegiada y su capacidad para transmitir de manera directa los secretos del compás y de los distintos estilos hicieron de él un referente para varias generaciones de jóvenes artistas
Fundador y miembro histórico de la Peña Flamenca La Platería, de cuya junta directiva formó parte como secretario durante los años del guitarrista y filántropo Manuel Martín Liñán, Curro Andrés fue uno de los principales sostenes humanos de esta institución, la decana de las peñas flamencas españolas. Su conocimiento enciclopédico del cante, su memoria privilegiada y su capacidad para transmitir de manera directa los secretos del compás y de los distintos estilos hicieron de él un referente para varias generaciones de jóvenes artistas.
Pero su importancia excedió ampliamente el ámbito estrictamente flamenco. Curro Andrés fue una de esas figuras que funcionan como puente entre distintas capas de la memoria cultural de una ciudad: conocía las historias de los artistas, las peñas, los bares y las reuniones flamencas de la Granada de la segunda mitad del siglo XX, pero también la vida cofrade, las tradiciones navideñas y numerosos aspectos de la cultura popular. Su desaparición supone, por ello, la pérdida de una memoria oral difícilmente reemplazable.
Francisco Andrés Andrés nació en Güejar Sierra el 24 de octubre de 1943, el menor de cuatro hermanos. Desde muy joven se trasladó a Granada, donde comenzó a frecuentar los ambientes flamencos y a entrar en contacto con una generación de aficionados y artistas que contribuyeron decisivamente a configurar la cultura flamenca de la ciudad.
Sus primeros vínculos estuvieron relacionados con el grupo de aficionados que se reunía en torno al Tumbalobos y el bar del Faquillas, donde coincidió con nombres como Antonio Vílchez ‘El Sabika’, Ángel Rodríguez ‘Chanquete’, José y Antonio ‘El Colorao’, Rosa Ocaña o el guitarrista Francisco López Aguilar, Curro ‘El Guardia’. Junto a este último se curtió en numerosas noches de flamenco en torno a la tasca que el guitarrista regentaba en el Zaidín, uno de aquellos espacios de sociabilidad popular en los que el flamenco se transmitía de manera natural, de oído a oído y de generación en generación.
El cante de Curro Andrés se caracterizó por la amplitud de registros, el conocimiento de los estilos y, especialmente, por un sentido extraordinariamente exigente del ritmo y del compás.
Aquella formación directa, ajena a cualquier academicismo, marcaría para siempre su manera de entender el flamenco. El cante de Curro Andrés se caracterizó por la amplitud de registros, el conocimiento de los estilos y, especialmente, por un sentido extraordinariamente exigente del ritmo y del compás. Su concepción artística estuvo inicialmente muy marcada por Antonio Mairena, aunque con el tiempo fue aproximándose también a la tradición de Manolo Caracol y Pepe Pinto.
Los años setenta y ochenta fueron especialmente intensos en su trayectoria. Coincidiendo con la instalación de La Platería en la placeta de Toqueros, Curro Andrés se incorporó a su junta directiva como secretario durante la etapa de Manuel Martín Liñán, una época fundamental para la consolidación de la peña como uno de los grandes espacios de referencia del flamenco granadino.
Paralelamente desarrolló una carrera artística que siempre compaginó con su actividad profesional ajena al flamenco. Cantó para el baile de figuras como El Güito y Mario Maya en los Jardines Alberto y compartió escenarios y ambientes flamencos con algunos de los nombres fundamentales del cante del siglo XX: Fosforito, Antonio Cuevas ‘El Piki’, Camarón de la Isla, Enrique Morente, Fernanda de Utrera, Antonio Mairena, Chocolate, Juan Varea, Rafael Romero ‘El Gallina’ y Carmen Linares, entre otros.
Siempre cercano a la juventud flamenca, dedicó buena parte de su tiempo a escuchar, corregir y orientar a nuevos artistas. Entre quienes recibieron sus enseñanzas se encuentran Sonia Leyva, Iván Centenillo, Tomás García, Marta la Niña, Aroa Palomo, Juanma Girela, Belén Contreras o Jesús Zafra, entre otros
Una de sus facetas más valiosas en las últimas décadas fue precisamente la de maestro y transmisor. Siempre cercano a la juventud flamenca, dedicó buena parte de su tiempo a escuchar, corregir y orientar a nuevos artistas. Entre quienes recibieron sus enseñanzas se encuentran Sonia Leyva, Iván Centenillo, Tomás García, Marta la Niña, Aroa Palomo, Juanma Girela, Belén Contreras o Jesús Zafra, entre otros.
Su magisterio era especialmente riguroso en las cuestiones rítmicas y melódicas. No concebía el conocimiento del flamenco como una simple acumulación de repertorio, sino como una comprensión profunda de los estilos, de sus estructuras y de la manera de situar la voz dentro del compás. Muchas de sus enseñanzas se transmitieron de forma oral, en largas veladas y conversaciones, en las que la corrección de un detalle podía convertirse en una verdadera lección de flamenco.
En los últimos años desarrolló además una importante labor de recuperación y documentación de la tradición del villancico granadino, un trabajo de carácter prácticamente antropológico que permitió conservar repertorios y formas de interpretación vinculadas a la memoria popular. Fruto de esta dedicación fueron cinco grabaciones discográficas, que constituyen un testimonio de un patrimonio musical transmitido durante generaciones y que, sin trabajos de recuperación como el suyo, corría el riesgo de desaparecer de la memoria colectiva.
Esta faceta muestra otra dimensión esencial de Curro Andrés: su interés por el flamenco nunca estuvo desligado de una concepción más amplia de la cultura popular. El cante, los villancicos, las reuniones de aficionados, las tradiciones religiosas y la vida cotidiana formaban parte, para él, de un mismo universo de memoria.
A esta intensa trayectoria flamenca se sumó una profunda dedicación al mundo cofrade. Fue Hermano Mayor de la Hermandad del Nazareno y participó en la fundación de la Hermandad de la Concepción, convirtiéndose también en una figura reconocida dentro de la Semana Santa granadina
A esta intensa trayectoria flamenca se sumó una profunda dedicación al mundo cofrade. Fue Hermano Mayor de la Hermandad del Nazareno y participó en la fundación de la Hermandad de la Concepción, convirtiéndose también en una figura reconocida dentro de la Semana Santa granadina.
Su relación con la ciudad fue reconocida institucionalmente en 2019, cuando recibió la Medalla de Oro de Granada, una de las máximas distinciones concedidas por el Ayuntamiento. El reconocimiento sintetizaba una trayectoria desarrollada durante décadas desde distintos espacios de la vida cultural granadina.
Hoy, las paredes de La Platería pierden a uno de sus hombres fundamentales. Allí queda la memoria de incontables noches de cante, de conversaciones, de discusiones sobre estilos y compases, de artistas consagrados y jóvenes que encontraron en Curro Andrés una palabra de orientación.
Queda también la memoria de un hombre de formas elegantes, de criterio firme y de extraordinario conocimiento, capaz de confrontar aquello que consideraba equivocado sin renunciar a la amistad ni a la generosidad. Un caballero de la cultura popular granadina que hizo de la defensa del flamenco y de sus tradiciones una forma de vida.
En ese ejercicio paciente de transmisión reside quizá una de sus mayores aportaciones: haber entendido que el futuro del flamenco depende también de que exista una memoria capaz de reconocer de dónde viene
Para quienes recibieron sus enseñanzas, su recuerdo permanecerá unido a esas largas veladas en las que obligaba a volver una y otra vez sobre un ritmo, una letra, una melodía o una manera de decir. En ese ejercicio paciente de transmisión reside quizá una de sus mayores aportaciones: haber entendido que el futuro del flamenco depende también de que exista una memoria capaz de reconocer de dónde viene.
Granada despide hoy a Curro Andrés, pero su voz, sus enseñanzas y su memoria quedan incorporadas para siempre a la historia flamenca y cultural de la ciudad.





































