La Granada dibujada, y desaparecida, del banquero Miguel José Rodríguez-Acosta

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Reflejó el paisaje urbano de la ciudad y provincia entre los años 1858 y 1867, cuando la piqueta de las desamortizaciones hacía estragos
Incluso es probable que le diera cierto pudor mostrar sus dibujos en público o en las abundantes exposiciones que se sucedían en el Liceo y Centro Artístico de su época
En dos libros que cuentan la historia empresarial, financiera y artística de la extensa saga de los Rodríguez-Acosta, sus autores (Manuel Titos Martínez y Miguel Ángel Revilla Uceda) ya apuntan que hubo un tío banquero de mediados del XIX que era aficionado a las bellas artes e influyó positivamente para introducir a José María Rodríguez-Acosta de la Cámara (1878-1941), su sobrino, en el círculo del maestro José Larrocha. En su taller se hizo uno de los mejores pintores de Granada. También sabemos que Miguel José empezó a coleccionar arte para la familia. Incluso en el archivo familiar se conserva algún pequeño boceto de figuras humanas. Pero su ocupación principal fue dedicarse a la Casa de Banca Herederos de Rodríguez-Acosta. Incluso es probable que le diera cierto pudor mostrar sus dibujos en público o en las abundantes exposiciones que se sucedían en el Liceo y Centro Artístico de su época.
El hallazgo casual se produjo al derribar, en 1979, el palacete donde vivió este banquero en la Acera del Darro; fue el solar sobre el que surgió el hotel Juan Miguel (actual Eurostar Puerta Real)
La sorpresa saltó cuando ─hace ya unos cuantos años─ apareció prácticamente emparedado uno de los blocs de dibujo de apuntes que utilizó en sus tiempos de juventud. El hallazgo casual se produjo al derribar, en 1979, el palacete donde vivió este banquero en la Acera del Darro; fue el solar sobre el que surgió el hotel Juan Miguel (actual Eurostar Puerta Real). El cuaderno consta de 51 dibujos hechos por Miguel José en sus recorridos por la ciudad y sus excursiones entre el 13 de abril de 1858 y octubre de 1867. Una etapa en la que su autor tenía entre quince y veinticuatro años; estaba en proceso de aprendizaje para incorporarse al negocio bancario familiar que ya comandaban sus dos hermanos mayores. No sabemos si en aquel momento el muchacho tanteó la posibilidad de ser el primero del apellido en dedicarse a las bellas artes.
Aquel joven dibujante de Granada y su entorno fue el tercer nieto de Teresa Acosta, la viuda que fundó una casa de banca en 1831 y la dirigió personalmente hasta su fallecimiento en 1851
El cuaderno hallado por el arquitecto del edificio Carlos Sánchez Gómez fue entregado a su sobrino-nieto Miguel R-A Carlstrom para que formara parte del archivo familiar custodiado en la Fundación Rodríguez-Acosta. Años más tarde, Miguel decidió devolverlo a la colección documental y fotográfica de Carlos Sánchez, donde se conserva hoy (Actualmente el libro está expuesto en la capilla del Palacio Carlos V).
Aquel joven dibujante de Granada y su entorno fue el tercer nieto de Teresa Acosta, la viuda que fundó una casa de banca en 1831 y la dirigió personalmente hasta su fallecimiento en 1851. Por tanto, Miguel José fue tercer hijo de José María Rodríguez Acosta, único heredero y segunda generación de banqueros ya con los dos apellidos Rodríguez-Acosta fusionados en uno. Su padre José María fue presidente entre 1852 y 1870, ayudado por sus tres únicos hijos, varones, que se fueron incorporando al negocio: José María Rodríguez-Acosta y Palacios (1839-93), Manuel José (1841-1912) y Miguel José (1843-1915).
Los tres anteriores, la tercera generación, se hicieron cargo del negocio bancario familiar, en liquidación, durante los años 1871-2. Después lo refundaron a partes iguales con la denominación Hijos de Rodríguez-Acosta (1873-1885). Tras un grave tropiezo decidieron cerrarlo dos años y no volvieron a abrirlo hasta 1887 con el nombre Banca Hijos de Rodríguez-Acosta en liquidación; así continuaron hasta 1904, aunque el mayor de los tres había fallecido una década antes. Banca Hijos de Rodríguez-Acosta siguió adelante encabezada por los dos hermanos que quedaban vivos entre 1905-12. En 1912 falleció Manuel José y Miguel José decidió jubilarse del negocio. Entonces la Banca Rodríguez-Acosta continuó adelante con la participación principal de los herederos de Manuel José y María Angustias González de la Cámara, es decir, Manuel José, María Angustias, José María y Miguel Rodríguez-Acosta González de la Cámara. Hasta su desaparición en 1946.
Por el camino, con menor participación en el negocio bancario, quedaron los hijos de nuestro protagonista el dibujante (que había casado con Matilde Lillo y Acosta)
Por el camino, con menor participación en el negocio bancario, quedaron los hijos de nuestro protagonista el dibujante (que había casado con Matilde Lillo y Acosta): Miguel, María Angustias y Francisca Javiera Rodríguez-Acosta Lillo. Estas dos hermanas contrajeron matrimonio con otros dos hermanos, Luis y José Carlos Müller Pérez. Los Müller de procedencia alemana fueron los acabaron viviendo en el Palacio Müller, en Gran Vía 50, sede de la Subdelegación del Gobierno en la actualidad.
La primera y segunda generaciones de financieros Rodríguez Acosta tuvieron su establecimiento en la placeta de Tovar, al lado del Palacio de Abrantes. Cuando embovedaron el Darro decidieron construir dos casas dando fachada la nueva calle Reyes Católicos (los números 30 y 32 de ladrillo); una de ellas fue para el banco y la otra como vivienda. Miguel José no vivió en la calle Reyes Católicos, sino que lo hizo en una casa de tres plantas que había en la Acera del Darro, 11. Ahí fue precisamente donde fue hallado el bloc de dibujo sesenta y cuatro años después de su muerte.
Testigo de un paisaje que desaparecía
Cuando el adolescente Miguel José Rodríguez-Acosta y Palacios hizo sus primeras incursiones en el dibujo (1858) ya habían pasado por Granada los primeros fotógrafos extranjeros que tomaron instantáneas de los rincones más típicos de la ciudad. Pero la fotografía era todavía inaccesible para la inmensa mayoría de habitantes, primaban los dibujos y pinturas que levantaban acta de cómo era Granada por entonces. Sin percatarse de que de un año para otro iban desapareciendo edificios antiguos a marchas forzadas. Fue la etapa en que se estaban desarrollando las grandes desamortizaciones y obras públicas de Granada. La de las grandes reformas interiores y desapariciones.
El joven Miguel José tomó sus blocs de apuntes y durante casi una década se ubicó en puntos clave desde los que observaba la ciudad que iba desapareciendo
El joven Miguel José tomó sus blocs de apuntes y durante casi una década se ubicó en puntos clave desde los que observaba la ciudad que iba desapareciendo. El empleo de un cuaderno de notas era lo habitual entonces por cualquier dibujante o pintor que tuviera inquietudes artísticas; lo utilizaban para después pasarlo a lienzos y tablas. Los llamados cuadernos de artistas, de viajes o de apuntes eran libritos encuadernados con hojas en blanco, generalmente de discreto tamaño, que los artistas siempre llevaban consigo para tomar notas o apuntes rápidos dibujados de casi todo lo que les llamaba su atención. Eran de uso muy común entre los pintores románticos y viajeros, sobre todo del XIX.
Como género artístico en sí mismo, se conservan valiosos ejemplares del mismo Leonardo da Vinci o de Durero. Más recientes en el tiempo, los de Doménico Ponti o de Francisco de Goya y más adelante, del romántico Pérez Villaamil y del polivalente Federico de Madrazo, que se guardan en el Museo del Prado, como otros muchos. Del ámbito granadino citamos algún cuaderno, entre muchos, del gran Mariano Fortuny, que fijó en su llamado Álbum de Granada (Biblioteca Nacional), innumerables apuntes de rincones de nuestra ciudad. Más cercanamente, practicante del género es el pintor y académico Jesús Conde, viajero impenitente, que posee buena colección de ellos.
La principal característica del cuaderno que ha sobrevivido de Miguel José es la naturalidad de sus composiciones
La principal característica del cuaderno que ha sobrevivido de Miguel José es la naturalidad de sus composiciones. Dibujó de manera muy sencilla y realista los paisajes que se abrían ante sus ojos. Sin los artificios y exageraciones que eran típicos de los artistas románticos que vinieron buscando el exotismo de Granada. De ahí que cada una de sus hojas sea como un acta notarial exacta de lo que había en aquel momento.
La conclusión lógica es que Granada tiene infinitamente más masa vegetal en la actualidad que en el siglo XIX
No se trata de dibujos de un profesional del grafito, pero el joven apuntaba maneras. Los encajes y proporciones son bastante exactos. Otra característica que resalta cuando se compara con la actualidad es la multiplicación exponencial de la vegetación en la ciudad. Un arbolado que cubre y enmascara panorámicas que antes estuvieron más diáfanas. La conclusión lógica es que Granada tiene infinitamente más masa vegetal en la actualidad que en el siglo XIX.
Prácticamente todos los rincones urbanos que dibujó a mediados del siglo XIX han desaparecido en estos momentos
Prácticamente todos los rincones urbanos que dibujó a mediados del siglo XIX han desaparecido en estos momentos. O están muy modificados. He planteado este artículo de forma parecida a una sala de exposiciones en las que comparo los dibujos de Miguel José con la situación actual, cuando se pueda. En otros me limitaré a comentar cómo era el paisaje que esbozó y que ya no existe, tanto de Granada capital como de varios pueblos de la provincia.
Esbozó exactamente las balconadas que había antes del Puente del Carbón
Calle Reyes Católicos. Quién es capaz de imaginar que por aquí discurre actualmente la calle Reyes Católicos. Miguel José y Samuel Coleman plasmaron el lugar prácticamente al mismo tiempo (1862 y 1861), cuando ya habían empezado a embovedar el río Darro un poco más abajo. Coleman bajó al cauce e inmortalizó a las lavanderas por debajo del Puente del Carbón. Se ven las traseras del Zacatín y de la calle Mariana Pineda por la derecha, con sus típicos jabalcones volados y haciendo equilibrios sobre sus tornapuntas. Miguel José debió situarse para pintar en una balconada de la derecha, o quizás en el parapeto de lo que era la incipiente Plaza del Carmen. Esbozó exactamente las balconadas que había antes del Puente del Carbón.
Llama poderosamente la atención que la portada del fondo no existía. En su lugar había una tapia que cerraba un jardín con ciprés
Convento de la Concepción. Llama poderosamente la atención que la portada del fondo no existía. En su lugar había una tapia que cerraba un jardín con ciprés. Esta puerta tardogótica isabelina perteneció a una de las catorce casas con que las monjas franciscanas fueron conformando su monasterio; estuvo colocada en la calle Portería de la Concepción, que fue su entrada principal primitiva, trasladada aquí a finales del XIX y reconvertido el huerto en zaguán de acceso. El atrio llevaba nivelado y sujeto por un muro de piedra de Alfacar desde 1813, según lo atestigua el pilar central de la verja frente a la puerta de la iglesia. En aquella fecha fue modificada también la calle que separaba la escalinata frente al Maristán; la rampa de la calle fue elevada más de un metro (por eso la puerta del Maristán quedó muy soterrada). También se decidió sembrar seis árboles que, de vez en cuando, van siendo repuestos. El jabalcón-mirador de la torre está hoy muy modificado (tapado por la vegetación desde esta perspectiva).
Puente de las Chirimías. El dibujo de 1858 nos recuerda el antiguo Puente curvo de las Chirimías, del siglo XVII, derrumbado por una tormenta en 1881 y vuelto a reconstruir al año siguiente en ladrillo. La casa de las Chirimías o Cornetas está prácticamente igual que hoy. A otro lado de la calle aparece el que fue edificio del Monte de Piedad, con la única diferencia de algunos huecos cegados. Junto a las Chirimías han crecido sobremanera las edificaciones (montadas sobre la antigua muralla) y al fondo también se ha ocupado el jardín y la casa con un edificio moderno.
Esquina del Chapiz. Las únicas referencias invariables son la esquina del mirador de los frailes mínimos y la Alhambra al fondo. Incluso la farola está en su sitio, aunque de tipo fernandino moderno. El puente del Aljibillo da acceso a la explanada del Rey Chico y al carmen del Granadillo. Ninguno de los dos existe hoy. De todas formas, la vegetación lo cubre todo, para bien y para mal.
La Alhambra fue vendida a trozos a particulares que cegaron y disfrazaron las torres para convertirlas en viviendas
Jardines del Partal. Quién diría que el dibujo recoge cómo era esta zona en 1858. La gran alberca había sido rellenada y convertida en huerto. La Alhambra fue vendida a trozos a particulares que cegaron y disfrazaron las torres para convertirlas en viviendas. Sobre la piscina y parte de los jardines nazaríes, la familia Rodríguez-Acosta conformó un carmencillo para su disfrute veraniego. Vemos el muro perimetral y la puerta de acceso. También había varias casillas pegadas a la Torre de las Damas que eran viviendas particulares. Hasta bien entrado el siglo XX no comenzó el proceso de recompra de aquellas propiedades particulares para darle el aspecto que presenta hoy el monumento. La retirada de los propietarios se llevó consigo alfarjes, azulejos y piezas importantes de época musulmana.
Al fondo preside al torre de la iglesia de San Pedro y su fábrica, hoy notablemente empequeñecidas por haber sido elevadas las casas que la preceden
Viejo puente, molinos y San Pedro. Este dibujo de 1860 debió hacerlo el joven Miguel José desde el lecho del río Darro, un poco por encima del Puente de las Chirimías y delante del carmen de mismo nombre. Se aprecia que los muros de contención del cauce no estaban levantados todavía. El puente del XVII, aún en pie, era de un arco bastante más abierto al actual (similar a los de Cabrera y Espinosa). Aparece a su izquierda la fachada del carmen de la pólvora, con su planta alta habilitada como secadero. Al fondo preside lal torre de la iglesia de San Pedro y su fábrica, hoy notablemente empequeñecidas por haber sido elevadas las casas que la preceden.
Lo único que pervive es el muro bajo y una parte de los arcos, dentro de lo que hoy es el Centro Bermúdez de Castro
Convento de Mínimos y Cuesta de la Victoria. Para dibujar esta perspectiva debió situarse a media ladera del bosque de la Alhambra, en la perpendicular de la Cuesta de la Victoria. Todavía estaba intacta la iglesia, con su rica portada, y sólo se ve una pequeña parte del claustro a medio desmontar. Se ve el inmenso volumen del convento de la Victoria, con jardines y huertas que descendían hasta los Tristes. Mucha vegetación. Y el viejo muro-mirador con arcos que servían a los frailes para ver los toros y otros espectáculos. Lo único que pervive es el muro bajo y una parte de los arcos, dentro de lo que hoy es el Centro Bermúdez de Castro. Por arriba se aprecian todavía grandes zonas sin construir, que fueron las huertas del convento de Agustinos, recién demolido. A la derecha, el Cerro del Aceytuno.
Carmen de los Chapiteles. Salvo la ampliación de este complejo hostelero y el nacimiento de algunas viviendas a lo largo de la Cuesta de los Chinos, la zona se mantiene bastante parecida a cómo era hace siglo y medio.
Carmen de Fuentepeña. Entonces se llamaba así. La puerta que daba acceso al camino de los carneros, Alixares y campo de las Barreras está en su mismo lugar. Hoy la zona se llama casillas moriscas. Al lado izquierdo, por abajo, nació y se mantiene el restaurante La Mimbre, uno de los más antiguos del lugar. Es una zona muy transitada desde que hace tres décadas fue construido por encima el aparcamiento y nuevos accesos a las taquillas de la Alhambra.
El arquitecto replicó la forma del acueducto para hacer la pasarela, aunque bastante más ancha
El acueducto y la Torre del Agua. El acueducto conduce el agua de la Acequia Real a la Alhambra, junto a la Torre del Agua. Hasta 1871 el barranco de Fuentepeña separaba la ciudadela de la Alhambra y las huertas del Generalife; había que dar un gran rodeo para pasar de uno a otro lugar. Aquel año fue construido el puente que une las dos partes de que se compone el complejo palaciego y sus jardines. El arquitecto replicó la forma del acueducto para hacer la pasarela, aunque bastante más ancha.
Secano de la Alhambra. Cipreses altos que sombreaban el camino que unía la calle Real con el Secano. Una torre (posiblemente la de Baltasar de la Cruz) acompaña el recorrido por esta zona de la antigua medina de la ciudadela. Hace un siglo era un lugar bastante abandonado.
Rincón del Albayzín. Esta era la calle Oidores y su placeta hace más de siglo y medio. Lo único que se mantiene hoy es la alineación de fachadas, pues el resto ha sido modificado por completo y macizado de casas de mayor altura.
Esta panorámica del barrio es un tanto ficticia, con torres estilizadas inexistentes y un conjunto de casas apiñadas y desubicadas
Albayzín cubista. Esta panorámica del barrio es un tanto ficticia, con torres estilizadas inexistentes y un conjunto de casas apiñadas y desubicadas. Se identifican los típicos cipreses de copa alta, en fase terminal, que caracterizaron la zona del Carril de la Lona. También la silueta de la Casa del Aire por la izquierda. Las dos torres quizás quieran simular la iglesia de San Miguel Bajo y la de Santa Isabel la Real. Una composición propia precursora del cubismo.
Hoy no podemos hacer una fotografía ni siquiera parecida por lo cambiado que está este paisaje urbano, además de que la Magdalena vieja ya no existe.
Las dos Magdalenas. El dibujante debió posicionarse en algún lugar de los callejones de Gracia o quizás en la iglesia de esta plaza. Todavía la zona baja del barrio de la Magdalena estaba repleta de huertos a mediados del siglo XIX. Se ven casonas delante de los dos cimborrios del convento y parroquia de la Magdalena nueva y el de la vieja, ya convertida en almacén de telas. La torre que daba a la calle Mesones queda tapada por el primer edificio. Al fondo, izquierda, tenemos como referencia desdibujada la Torre de la Vela. Hoy no podemos hacer una fotografía ni siquiera parecida por lo cambiado que está este paisaje urbano, además de que la Magdalena vieja ya no existe.
Los monolitos del Puente Verde. En 1860 ya estaban construidos parte de los muros del río Genil a la entrada de la ciudad, un centenar de metros por encima del Puente del Genil. Así los dibujó Miguel José. Al fondo esbozó un barrio de casillas en medio de huertos del barrio donde empieza la Bola de Oro, entre la margen izquierda del río y la actual Avenida de Cervantes (antiguo camino de La Zubia). Se ve a un pescador con la especie de red de pesca.
Víznar fue siempre la localidad con más molinos de trigo y aceite, batanes y factorías de hilos a la vera de la fuerza de Aynadamar
Víznar y sus molinos. Miguel José estuvo en Víznar el 14 de agosto de 1866. Dibujó la empinada rampa de acceso al pueblo, con la torre de la iglesia enseñoreándose sobre el caserío. Es una torreta inconfundible con sus cuatro balcones en los huecos de las campanas y la torre apuntada. Destaca la abundancia de ruedas de molino por las calles. También dibujó una de las aceñas atravesadas por la Acequia Aynadamar que daba vida y movía las piedras. Víznar fue siempre la localidad con más molinos de trigo y aceite, batanes y factorías de hilos a la vera de la fuerza de Aynadamar.
El inmenso castaño de Lanjarón. En octubre de 1863 el pintor estuvo en Lanjarón. De allí tomó bastantes dibujos de paisajes que debieron impresionarle. El más espectacular de todos es este castaño gigantesco (compárese con el tamaño del hombre que hay sentado al lado). Formaba parte del bosque de grandes ejemplares que hubo junto al río Lanjarón, el Castañar de Patatún. Ya no quedan ejemplares de ese gran porte.
El castillo. Tampoco podía faltar en aquella visita el castillo de Lanjarón que, aunque semiderruido, todavía conservaba la prestancia y potencia con que acabó la guerra de las Alpujarras. Actualmente ha sido rehecho.
Molinos en el río Lanjarón. Los dibujos de los dos molinos anteriores fueron hechos también en el río Lanjarón, pero en una visita de septiembre de 1865. Es de suponer que eran de gran potencia porque ambos edificios disponían de tres cárcavos para evacuar el agua y, supuestamente, de varias piedras de molienda.
Órgiva en 1864. En junio de 1864 nuestro joven pintor viajó a Órgiva. Debió permanecer varios días allí, le tuvo que gustar la plasticidad del pueblo, ya que le dedicó tres de sus dibujos del bloc de apuntes. En dos aparece como elemento principal la iglesia de torres pareadas y en la tercera una parte del barrio alto.
Un enigma que quizás algún experto motrileño nos ayude a desentrañar
Motril, lavanderas y factoría. De la Costa figuran también algunos dibujos, sin que sepamos con exactitud la fecha del viaje (deben ser de 1867, ya que están al final del bloc) ni los lugares exactos representados. El primero es un cauce de agua en que unas mujeres se afanan por lavar ropa. El otro aparenta una factoría alcoholera o de azúcar de caña, aunque carente de su típica chimenea. Un enigma que quizás algún experto motrileño nos ayude a desentrañar.
El bloc de apuntes ha sido digitalizado para este reportaje por gentileza de su actual propietario, el arquitecto Carlos Sánchez Gómez.




























































































