Héctor Martínez (ingeniero y escritor): "La imagen del Blues es un claro ejemplo de apropiación cultural indiscriminada"

- Héctor nos sigue sorprendiendo: tras la gastronomía y el vudú ¡ahora enfoca el blues desde los artistas LGTB!
Es esa interioridad lo que dota al blues de infinidad de historias, tantas como artistas, lo que para mí supone una fuente inagotable de temáticassobre las que indagar y, en algunos casos, llevarlas a un artículo o, como en este caso, a un libro
- (HÉCTOR MARTÍNEZ): La música de raíz, como el blues, siempre se nutre de las vivencias personales de sus autores, a diferencia de otros estilos musicales precocinados y vendidos como un producto de consumo de masas. Es esa interioridad lo que dota al blues de infinidad de historias, tantas como artistas, lo que para mí supone una fuente inagotable de temáticassobre las que indagar y, en algunos casos, llevarlas a un artículo o, como en este caso, a un libro.
- Asombra, como en sus trabajos anteriores la documentación tan apabullante… ¿Es el mayor historiador del entorno blues en habla hispana?
- (PACO ESPÍNOLA): No lo sé… Pero sí es el que más me gusta. Héctor es minucioso, preciso y ameno. Escribe como Dashiell Hammett y aporta los datos sin paternalismo ni falsas retóricas. Ya lo demostró en Al compás del vudú, su primer librisco con Allanamiento de Mirada.
- ¿Cómo surgió esta idea, porque el imaginario del blues es un tipo, varón, más o menos rudo y rural o suburbano… así nos ha llegado, sobre todo desde el cine…
- (H): Precisamente, el corazón de este libro busca desarmar esa idea que, como bien dices, nos llega a través de una cultura americana que no es la del pueblo del blues. Es un claro ejemplo de apropiación cultural indiscriminada: al empresario blanco le interesa vender la imagen de un músico de blues vagabundo, con una guitarra en una mano y una botella de güisqui o una navaja en la otra, misterioso, taciturno, pendenciero y mujeriego. Sabe que ese estereotipo funciona y que con eso va a vender discos, películas y libros. Pero el blues es mucho más que eso. Las primeras grabaciones no se hicieron en el Sur, sino que se registraron en Nueva York y no sería hasta casi tres años después de laprimera sesión, «Crazy Blues», que se grabase fuera de esta ciudad. Además, todas estas canciones fueron grabadas por mujeres y, curiosamente, gran parte de ellas eran lesbianas o bisexuales. Ahí es donde comienza a desmoronarse elcastillo sobre el que el mundo occidental ha construido la imagen del blues, y ahí es donde yo me siento más a gusto, contando historias que han permanecido arrinconadas y han sido obviadas por el gran público.
- ¿Este libro vendría a ser la intersección entre sus Petardance y Blues de Gas?
En el de la Madre del Blues, Rainey, son 94 blues, aquí son 126 canciones desde 1921 a 1965. No existen recopilaciones tan completas. Petardance es más contemporáneo y la enciclopedia Blues de Gas es un recopilatorio exhaustivo
- (P): Es una ampliación. Y, sobre todo, una reivindicación de los artistas LGTBIQ+. Este librisco es el segundo de laColección Blues de Gas, el primero fue el de Ma Rainey. La idea es que en cada personaje o temática de la colección estén completas las discografías. En el de la Madre del Blues, Rainey, son 94 blues, aquí son 126 canciones desde 1921 a 1965. No existen recopilaciones tan completas. Petardance es más contemporáneo y la enciclopedia Blues de Gas es un recopilatorio exhaustivo.
- En las páginas aparece Federico García Lorca viendo cuerpos sudorosos «como una caja de caviar» en el Small ParadiseClub… Un panorama muy distinto de de la España de la época…
- (H): Sí, es sabido el viaje que hizo Lorca a Estados Unidos y que quedó plasmado en su Poeta en Nueva York. No fue difícil, a través de sus propia correspondencia con su familia, encontrar referencias a su participación en fiestas privadas en casas de afroamericanos de Harlem o de su visita a locales de ambiente con música en directo de ese mismo barrio. El fenómeno que se estaba dando en Nueva York de libertad cultural, creativa y sexual, no era patrimonio exclusivo de esa ciudad. En el libro hago un pequeño repaso del panorama musical queer de otras ciudades estadounidenses, como Chicago, Baltimore, Nueva Orleans o San Francisco. Algo similar estaba sucediendo en otros lugares de Europa, como París o Berlín en los locos años 20 y, aunque España estaba saliendo de la dictadura de Primo de Rivera, a principio de los años 30, en Barcelona, Madrid o Sevilla, se estaba generando un pequeño movimiento de apertura a la cultura norteamericana, con el cine y el jazz como principales motores, que dieron como resultado la creación de clubes de jazz o la organización de bailes sociales, en los que las mujeres gozaban de cierta libertad, como en las ciudades europeas mencionadas, y, donde el colectivo LGTB tenía cabida de una manera más tolerante. Evidentemente, esto, como decimos, sucedía en pequeños corpúsculos de algunas ciudades, con un panorama muy distinto en las áreas rurales, donde la catolicísima sociedad seguía machacando al diferente.
- Hay cierta apariencia de normalidad y convivencia entre artistas de toda condición sexual… ¿en qué momento viró la cosa?
Eso se nota en la selección de temas que acompañan al libro, donde podemos ver cómo, poco a poco, desaparecen las menciones explícitas a gais o lesbianas y todo se vuelve heteronormativo y aburrido
- (H): Los fenómenos que permitieron esta normalidad y libertad tenían mucho que ver con la situación que se vivía en occidente tras la Primera Guerra Mundial. En el bando vencedor, el dinero corría a raudales y la gente abandonaba el campo para migrar a la ciudad, donde los barrios marginales acogían a aquellos emprendedores que queríanenriquecerse con la venta ilegal de alcohol, con la prostitución, con el juego... fue en esos distritos rojos donde se instalaron los locales clandestinos en los que había música en directo para una audiencia mixta, racial y sexualmente. La llegada de la Gran Depresión, supuso un primer golpe, pues ese dinero que había servido para producir obras de teatro, grabaciones de discos, actuaciones musicales a diario con grandes orquestas, dejó de fluir, pero aun así, la influencia de ese momento de libertad era demasiado fuerte como para decaer de repente. El remate llegó con la Segunda Guerra Mundial y con el cambio en el panorama geopolítico global, que supuso el inicio de la Guerra Fría y el viraje hacia posturasultraconservadoras en Estados Unidos. Allí, lo diferente significaba riesgo de caer en manos de los “comunistas”, por lo que se censuró a los artistas homosexuales y se aplicó una censura terrible que eliminó casi cualquier elemento queer de las canciones. Eso se nota en la selección de temas que acompañan al libro, donde podemos ver cómo, poco a poco, desaparecen las menciones explícitas a gais o lesbianas y todo se vuelve heteronormativo y aburrido.
- Paradójicamente parece que en los años 20 y 30 del siglo pasado había más permisividad social… ¡que incluso en los Estados Unidos de ahora mismo!
Esa aparente realidad escondía mucho odio por gran parte de la sociedad, así como una censura y señalamiento público. Hoy en día, aunque hay muchas, muchas cosas que mejorar, afortunadamente, la sociedad es mucho más tolerante y estamos en el camino de la normalización, a pesar de que haya movimientos reaccionarios que intenten volver a las cavernas
Sin embargo, no creo que podamos afirmar que, en aquellos años, la situación fuese mejor que la actual. Esa aparente realidad escondía mucho odio por gran parte de la sociedad, así como una censura y señalamiento público. Hoy en día, aunque hay muchas, muchas cosas que mejorar, afortunadamente, la sociedad es mucho más tolerante y estamos en el camino de la normalización, a pesar de que haya movimientos reaccionarios que intenten volver a las cavernas.
La moraleja la encontramos en aquellas artistas que se atrevieron a dar un paso al frente, declarar públicamente su amor y cantar al dolor y a la alegría de sus vidas. Y nadie los expresa mejor que Gaye Adegbalola, quien tan amablemente ha compartido su experiencia con todos nosotros a través del prólogo que ha escrito para el libro y en el que dice,refiriéndose a todas ellas: «Hablaré de mi vida y de cómo vivirla, desde la perspectiva de una blues woman lesbiana del siglo XXI. Seré ferozmente salvaje e independiente y haré que estén orgullosas de mí».
- La segunda parte del trabajo es la recopilación de 126 piezas, 200 minutos de temas de época, perfectamente documentadas, relatadas, traducidas y restauradas… cuente, cuente, porque eso lleva muchísimo trabajo y tiempo.
La traducción de las canciones es complicada, hay mucho argot y expresiones peculiares, pero Héctor y Rosa Pérez han hecho un trabajo magnífico. La restauración y masterización de las canciones es un mundo aparte. Esa tarea la hemos trabajado Cheluis Salmerón y yo
- (P): Sí, mucho tiempo. La traducción de las canciones es complicada, hay mucho argot y expresiones peculiares, pero Héctor y Rosa Pérez han hecho un trabajo magnífico. La restauración y masterización de las canciones es un mundo aparte. Esa tarea la hemos trabajado Cheluis Salmerón y yo. Cheluis es un ingeniero increíble, el mejor. Se ha limpiadocada nota musical, sobre todo las de los años 20, que eran un bloque sonoro: voz, instrumento y ruido. Y sobre todo, se ha respetado el ambiente de cada grabación. Y nada de IA, aquí solo han intervenido las manos y los oídos. Unacomposición de Porter Grainger (voz) y Fats Waller (piano), «In Harlem’s Araby» de 1924, era inaudible y ahora ya no lo es. Una amiga que trabaja en el Smithsonian de Washington me la ha pedido para guardarla.
- En un curioso formato USB, los tiempos cambian una barbaridad, se ve extraño oír música tan física de hace más de unsiglo en un soporte tan abstracto…
- (P): La melancolía del vinilo, como la gripe, está en el aire, pero un trabajo de esta complejidad técnica (y económica) esimposible de realizar en ese formato, incluido el CD. El USB lo puedes utilizar en cualquier parte, hasta para viajar, ahora los coches los fabrican sin reproductor de CD. Lo más importante es que hemos conseguido mantener el ambientesonoro de las grabaciones originales.

















