'Las horas perdidas con Lorca'

- El asesinato del poeta fue el 18 de agosto de 1936… lo niegue Agamenón o su porquero
- Si Manolillo el Comunista no mintió sobre el lugar de la tumba… ¿Quién no dijo la verdad?
- El teniente Rafael Martínez Fajardo no condujo a Lorca a Víznar ni estuvo en el fusilamiento
- Imposible que la “Casa de Bernarda Alba” fuese utilizada como pretexto para matar al dramaturgo: fue publicada en 1945
Sobre el final de los días de Federico García Lorca sólo hay dos verdades absolutas: que lo asesinaron y que fue la madrugada del 18 de agosto de 1936.
Todo lo demás ─dicho, escrito o emitido─ son meras aproximaciones, conjeturas o invenciones. La mayoría de procedencia oral, otras sacadas de documentos y ninguna de la arqueología. El historiador se nutre de esas tres fuentes para escribir su historia
Todo lo demás ─dicho, escrito o emitido─ son meras aproximaciones, conjeturas o invenciones. La mayoría de procedencia oral, otras sacadas de documentos y ninguna de la arqueología. El historiador se nutre de esas tres fuentes para escribir su historia. Pero la Historia siempre es interpretativa.
Digo esto para no tener que dar más explicaciones acerca de mi participación en el documental estrenado por TVE con el título Lorca, las horas perdidas. Llevo dos días sin parar de recibir comentarios, y más de una acusación, de ser cómplice de un documental torticero sobre los últimos días de nuestro poeta. Digo cómplice, porque algunos le suponen delictivo. El delito de no haber aportado nada nuevo y despertado recelos. Tengo conocimiento de asociaciones memorialistas y otros participantes que también se han desligado del resultado final. Lo acusan de revisionista y malinterpretar la historia.
Pero, sobre todo ─le echan en cara─ por haber retrocedido dos décadas. Ahora se vuelve sobre cuestiones que ya quedaron superadas hace muchos años.
Llevan razón en buena parte. Y como les debo una explicación a mi entorno, se la voy a dar hasta donde alcanzan mis conocimientos y mi participación en esa serie.
Cartel promocional del documental 'Lorca, las horas perdidas'. RTVE.
Documentación y guion. Me presté gustoso cuando me llamaron unas chicas explicándome el proyecto. Eran de la productora El Refugio. Yo no sabía que era para TVE. Las vi perdidas y las orienté en cuanto me pidieron. Lo tengo por costumbre con otros escritores, periodistas, arqueólogos e investigadores que me lo piden.
Más adelante me invitaron a salir en pantalla. Suelo negarme, como lo he hecho este verano en otros dos programas sobre Lorca. Pero consiguieron convencerme. Me advirtieron que serían eclécticos en el montaje. Confié, pero no me fie. Así se lo dije durante el rodaje: una cinta puede decir una cosa y su contraria según quién haga el montaje
Más adelante me invitaron a salir en pantalla. Suelo negarme, como lo he hecho este verano en otros dos programas sobre Lorca. Pero consiguieron convencerme. Me advirtieron que serían eclécticos en el montaje. Confié, pero no me fie. Así se lo dije durante el rodaje: una cinta puede decir una cosa y su contraria según quién haga el montaje.
El resultado ha sido el programa que se puede visualizar en el siguiente enlace: https://www.rtve.es/play/videos/lorca-las-horas-perdidas/completo/17226664/. Un híbrido al que yo llamo docudrama. Sus productores y el director lo bautizan como true crime, es decir un género narrativo de no ficción, respaldado por registros orales, policiales y documentales. El espectador debe enjuiciar su acabado. Y los responsables del documental afrontar la responsabilidad del resultado y las críticas. Resulta atractivo para el gran público no lorquiano.
Yo me siento únicamente responsable de mis palabras, de la veintena de apariciones y voces en off que puse. También del resto de cuatro horas que me grabaron y quedan para el archivo. No tengo nada que ver en lo demás.
Soy un espectador más que ha visto el resultado final al mismo tiempo que un millón de televidentes, el pasado viernes por la noche. En hora de máxima audiencia. Y el primer sorprendido con algunas tesis del programa, por muy true crime que sea. Hay cosas que un documental de la televisión pública española debe cuidar con exquisitez. No voy a cuestionar la ambientación, la escenografía, las interpretaciones de los actores… Me limito a puntualizar ciertas inexactitudes del contenido que ya dábamos por superadas. Y alguna sorpresa sobrevenida.
La fecha del asesinato. Tras haber estado especulando desde los años cuarenta, siempre se barajó una horquilla entre el 16 de agosto ─en que se llevaron a Lorca al Gobierno Civil─ y el 20 que figura en la inscripción en el registro civil. Todos los investigadores y escritores dieron sus motivos más o menos argumentados para apuntar a esos cinco días.
Esa incógnita quedó absolutamente resuelta en 2005 con la publicación del libro 'Verano del 30 en Granada', del catedrático de Historia Manuel Titos Martínez
Esa incógnita quedó absolutamente resuelta en 2005 con la publicación del libro Verano del 36 en Granada, del catedrático de Historia Manuel Titos Martínez. La fecha exacta del asesinato fue la madrugada del 18 de agosto de 1936.
Así aparece en una carta enviada por José María Bérriz a su cuñado Manuel Rodríguez Acosta desde Granada a Estoril. La misiva la redactó a las 13,30 horas del 18 de agosto de 1936. Bérriz era el responsable de la Banca Rodríguez Acosta. Al enviar el parte diario a su jefe (de vacaciones en Portugal), escribió textualmente: “Manuel y Bernabé (su cuñado y hermano) llegan ahora 1,1/2 de su guardia de la Casa de la Perra Gorda, me dicen que han matado anoche las fuerzas de Falange a Federico García Lorca”. La hora la puso años después José Jover Tripaldi (que dormía en La Colonia) en declaraciones Agustín Penón: Oyó los disparos desde su habitación en torno las 4,45 de la madrugada del 18.
Esta carta salió de Granada vía Huelva y fue recibida por la familia Rodríguez-Acosta, ya en el mes de septiembre. Al igual que otras muchas que escribió su apoderado de la Banca José María Bérriz en Granada, en aquel verano de 1936. Carta nada sospechosa y que siempre pasó desapercibida.
Por tanto, se desploma el principal argumento que da continuidad a las Horas Perdidas: le falta añadir 24 horas al repetitivo reloj del relato
Por tanto, se desploma el principal argumento que da continuidad a las Horas Perdidas: le falta añadir 24 horas al repetitivo reloj del relato. La muerte no ocurrió entre Víznar y Alfacar la madrugada del 17. A Lorca lo fusilaron en la madrugada del 18.
La carta de Bérriz está archivada en la Fundación Rodríguez-Acosta de la Alhambra (Caja 151, pieza 8). Yo aporté a la productora la referencia y el nombre del archivero para que la grabaran.
José María Bérriz Madrigal (1887-1946), primero en referenciar por escrito el asesinato de Lorca. Portada del libro de Manuel Titos (2005) que fijó rotundamente la fecha.
Manolillo no mintió. Otra observación que no ha pasado desapercibida a los lorquianos de Granada ha sido el “enterrador de Lorca”. Así lo ha venido calificando y repitiendo machaconamente Ian Gibson desde 1971, hasta actualidad. En algún caso, con titulares muy gordos.
Yo mismo me lo creí hasta 1983, cuando fue publicado el libro Los últimos días de García Lorca, de Eduardo Molina Fajardo. Incluye una carta en la que Manolillo parecía desmentirse a sí mismo.
No es lo mismo que le indicaran otros a que lo hubiese enterrado él. Por tanto, eso coincide con lo firmado en su carta años más tarde
Eso hizo que algunos lo calificásemos (entono el mea culpa) de vivalavirgen y engañaguiris. Pero no, Manuel Castilla Blanco no engañó a nadie. No conocemos con exactitud las palabras que dijo a Penón en 1955, pero sí hemos podido conocer lo que dijo a Ian Gibson cuando subió con él a Víznar y Alfacar. Quedó grabado y aparece su voz en off en el documental (minuto 51,10). Manolillo el Comunista en ningún momento afirma en la grabación de Gibson que él fuese enterrador de Lorca. Sus palabras exactas son: “… aquí fue donde me indicaron a mí…”. No es lo mismo que le indicaran otros a que lo hubiese enterrado él. Por tanto, eso coincide con lo firmado en su carta años más tarde.
Si Manuel Castilla Blanco no mintió… ¿Quién no dijo la verdad a la hora de ubicar el monolito junto al olivo en 1980? Blanco y en botella.
Por tanto, la declaración de Manolillo el Comunista al comandante José María Nestares, a Molina Fajardo y a Sebastián Pérez Linares (15 de julio de 1975) es absolutamente creíble.
Que cada uno saque sus propias conclusiones.
Escrito de Manuel Castilla en la que concluye que él no fue enterrador de Lorca. ACH. DEL MOVIMIENTO.

El enterrador de Lorca ahora aparece en el documental como el “indicador del lugar”. No como en el enterrador que bautizó Ian Gibson a partir de 1971. IDEAL, 21 ENERO 1983
Rafael Martínez Fajardo no participó. Este asunto se creía más que superado desde el año 1983. El teniente de Asalto Rafael Martínez Fajardo no comandaba el vehículo y el piquete que trasladó a Lorca, y otros, desde el Gobierno Civil a fusilar a Víznar. Ni mucho menos estuvo viendo la ejecución, como se dice en el documental.
Porque Rafael Martínez Fajardo estuvo participando en la apertura de un corredor por la Vega de Granada hasta enlazar en Loja con la columna del general Varela que venía desde Antequera
La primera referencia que dio pie a la acusación ya apareció en el libro de Molina Fajardo. El asunto fue denunciado por los hijos del teniente ─Rafael y Juan Jesús Martínez Miranda─. Tras iniciar la vía judicial, al final la viuda y el hijo de Eduardo Molina (que fueron los redactores finales del texto por fallecimiento del autor) llegaron a un acuerdo extrajudicial por el que reconocían el error. El convenio aceptó la falta de rigor del dato que había aportado Nestares; sería rectificado en sucesivas ediciones.
Porque Rafael Martínez Fajardo estuvo participando en la apertura de un corredor por la Vega de Granada hasta enlazar en Loja con la columna del general Varela que venía desde Antequera. Eso ocurrió la mañana del 18 de agosto de 1936, justo horas después de que asesinaran a García Lorca en Víznar. Así figura en su expediente militar depositado en el Ayuntamiento de Granada en 1942 para su solicitud de medalla del Alzamiento y en el Archivo Militar de Ávila.
El acuerdo entre los herederos de Molina Fajardo y los hermanos Martínez Miranda figura anexado a la reedición del libro Los últimos días de García Lorca (2026). Yo mismo ya lo incluí en mi libro de 2009 (Lorca, el último paseo) y cuantas veces me he referido al tema (la última en: https://www.elindependientedegranada.es/ciudadania/medallas-alzamiento-gallego-burin-golpistas-20-julio-36)
No creo que se trate de un error de bulto de los guionistas o sus asesores en estos casos. Se ve malasangre. Auguro demanda judicial a la vista por parte de los afectados.
El que se cree era teniente de Asalto Rafael Martínez Fajardo (primero por la izquierda), el 18 de agosto de 1936 en Loja, con el general Varela (centro). Esa madrugada asesinaron a Lorca entre Víznar y Alfacar.
El cuento de los Alba. En un true crime suele echarse mano de la fantasía. Pero no de tal magnitud. Se llega al punto de calificar de venganza familiar de los Roldán-Benavides (parientes de los García Lorca) como principal motivo para asesinar al poeta. Se niega intencionalidad política. Se asegura que “tras conocer que los ridiculizaba” en su obra La Casa de Bernarda Alba. Uno de los Benavides va, mira a su primo Federico a los ojos, le dispara. Y le da el tiro de gracia, por cabezón. La sublimación de la escena acaba con un supuesto nieto purgando los pecados del abuelo. Eso sí, con voz distorsionada por IA y a cara oculta. Intolerable en la televisión pública española.
Lo más fastidioso de todo estos asuntos es que yo mismo les advertí que habría quienes intentarían venderles burras repintadas como caballos pura sangre. Algo propio de zahoríes de la Vega granadina. Y bien que se las han vendido.
Lo más fastidioso de todo estos asuntos es que yo mismo les advertí que habría quienes intentarían venderles burras repintadas como caballos pura sangre. Algo propio de zahoríes de la Vega granadina. Y bien que se las han vendido.
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