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Miguel Ríos: ovación en el preantepenúltimo vals

Cultura - JTG - Lunes, 9 de Febrero de 2026
El cantante granadino llenó, también de emoción, el Palacio de Congresos.
Miguel Ríos, a sus 81 años, solo se sentó en algunas canciones durante más de dos horas de concierto.
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Miguel Ríos, a sus 81 años, solo se sentó en algunas canciones durante más de dos horas de concierto.

Después de haber presenciado hace unas semanas la actuación de Paco Ibáñez, con 92 años en el mismo escenario del Palacio de Congresos, está claro que Miguel Ríos está hecho un chaval. Como Jeanette, que con 75 actuó la noche anterior con la misma vivacidad como si estuviera en Woodstook (de hecho emuló a Melanie en aquel mítico festival). Y por si alguien tiene alguna duda, ahí tienen otro ejemplo: Willie Nelson, de gira con diez años más que el gran paisano. En directo D. Miguel sigue demostrando que mantiene la forma estando casi dos horas y media en escena, sin más muleta que una banqueta para descansar en los temas más reposados, donde no paraba quieto ni con cinturón de seguridad. 

A uno le hubiera gustado que en esta ciudad, el vecino contemporáneo más ilustre llenara una semana entera en cada una de sus intermitentes apariciones, por respeto a su figura y su historia, pero, en fin, no es el caso. Ahora que, si no en cantidad sí en calidad, las dos mil personas que habían agotado el papel desde hace semanas eran auténticos entusiastas, rozando la militancia a juzgar por los piropos que le arrojaban en cada pausa. A reseñar, sorprendentemente para bien, la notable presencia de público joven, incluso muy joven. Sirva como ejemplo del afecto previo a la sesión, traído ya puesto desde casa, la cola que había para fotografiarse en el hall del Palacio junto a una figura de un Miguel Ríos de tamaño natural dando una ‘bienvenida’ muda. 

En ese recinto el cantante de Cartuja ha dado numerosos otros conciertos en algunos de los variados formatos que ha ido diseñando, por ejemplo aquellos a dúo con los ectoplasmas holografiados de compañeros de oficio de allende los mares, las ‘Estrellas del rock latino’; en su versión Big Band, o la pasada revisión ‘acústica’ que acompañó a su reflotación discográfica con ‘Un largo tiempo’ (¡y tanto, 13 años desde el anterior!) de la mano de José Nortes, presentándose como nuestro Johnny Cash en las ‘American recordings’. Y es curioso, porque si este titán reordenó la música en directo para grandes espacios y giras en nuestro país, ahora le saca tanto o más partido a las posibilidades de recintos más reducidos y con el público pacíficamente sentado y concentrado.

En la sala Lorca, con la confianza que da la (un decir) cercanía, y sí el cariño templado flotando en el aire, el cantante desató su faceta de ‘entretenedor’ en un ambiente casi familiar. Sus largas y sentidas alocuciones recordaron sus inicios, sus recuerdos granadinos, contó también la intrahistoria de sus canciones… con picardía, mucho sentido del humor, y un compromiso absoluto con la realidad: así, por educación, se confesó "machista" en vías de recuperación, o ‘negro’: "Siempre lo quise ser,  no por lo que están pensando (risas)… Sino por las facultades vocales que tienen".  Hizo bromas con sus años "en tránsito de la tercera edad a la… ¿cuarta?", con las necesidades prostáticas, o imitando al exministro Ábalos; mostrándose contundente con el panorama sociopolítico: "Hay que desenmascarar el fascismo, del que esta ciudad sabe mucho", o al dedicar la canción ‘No es la tierra, eres tú, estúpido’ al "cheriff naranja". Una delicia observarlo tan confidente, suelto, desinhibido y hasta lenguaraz. Se llama comunicación, amigos. 

Como dijo en una reciente entrevista, (y también en el concierto) a José Nortes y al geniecillo Luis Prado "me los llevo hasta a las colonoscopias". Sangre joven para un veterano que lo ha propulsado con una renovada frescura patriarcal. A partir de ellos ha armado una banda suficiente, resolutiva, flexible (todos tocan de todo y se intercambian) que redireccionan sutilmente algunas canciones en diversos sentidos, mayormente hacia el rock-blues trotón de club a la verita del Mississippi las nuevas, o cualquier otro: ‘El río’ ahora podría haber sido otro catedralicio éxito de Procol Harum. Descartadas las canciones que físicamente resultaría complicado retomar ("Banzai, banzai" insistía un espectador), queda un buen puñado de piezas infalibles en su repertorio: "por las que habéis pagado la entrada", dijo con no poca sorna. Así intercalando el material menos trotado (con absolutas joyas como ‘Si pudiera parar el tiempo' u ‘Oración’), esta vez no tuvo el publico que acudir a su comodín para pedir ‘Vuelvo a Granada’ (¿acaso sí por ‘Al Andalus?); la añeja canción viajera que nos hace añorar cuando el tren era lento, pero de verdad, salió esta vez en el primer cuarto de hora. 

Fotos: JTG

‘No estás sola’ sigue siendo muy emocionante, como todas las lentas en su rugiente voz, Ríos es un enorme baladista y sus mayores éxitos han sido temas emocionales y tranquilos, aunque él prefiera su faceta más animosa. El  paquete brioso llegó con ‘Año 2000/ Generación límite’, momentos antes de tener que pausarse para desbeber, dejando a Prado solo con su divertidísima (o no tanto) reflexión sobre paso del tiempo de ‘Estoy gordo’. De vuelta tocó la fase intensa con ‘Todo a pulmón’ y ‘El ultimo vals’, montadas sobrte instrumentación reducida, para coger velocidad de crucero en el ‘Blues del autobús, y definitivamente superar las velocidades permitidas con un par de medleys: ‘Los viejos roqueros/ Bumerang’ y ‘El rock de la cárcel/ sábado a la noche (¡de Elvis a Moris, dos puras razas!) . Y sí, claro, no podían faltar ‘Santa Lucía y, precedido en el programa por la estremecedora ‘Oración’, ese ‘Himno de la alegría’ tan necesario, tan imprescindible, tan obligatorio hoy en día con la que tenemos encima. Levántense y aplaudan por favor. 

A Miguel Ríos le queda mucho vals, y, como decía aquel viejo radiofonista, "mientras la música suene, no paren de bailar".