El olvido de Fuentepeña, el rincón más pintado y fotografiado de Granada

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Sus tres molinos hidráulicos, las cascadas, el acueducto y el carmen del Granadillo fueron enterrados por varios metros de escombros en los años sesenta
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Hace diez años se empezó a trabajar en la recuperación de ese romántico rincón, pero el proyecto está paralizado; el solar es un acopiadero de materiales
La huerta de Fuentepeña es la más alta de las tres en que se dividen las paratas del Generalife: Fuentepeña, Grande y Mecería o Colorada
La palabra Fuentepeña aparece ya en los primeros documentos castellanos de principios del XVI para referirse a un nacimiento de agua y a una huerta. Probablemente se castellanizó a partir de un término árabe que desconocemos. Era eso, una surgencia de agua en las huertas del Generalife, seguramente como consecuencia de filtraciones del complejo sistema de acequias, albercones y partidores que jalonan esta ladera de cultivo, antes de entrar a la ciudadela alhambreña a través del arco del agua, detrás del que fue postigo de los Carneros. La huerta de Fuentepeña es la más alta de las tres en que se dividen las paratas del Generalife: Fuentepeña, Grande y Mecería o Colorada. En la de Fuentepeña existe un arca de decantación moderna, levantada sobre otra de origen nazarí. Es la que ya dirige el agua decantada hacia el arco modernizado en 1701.
Vuelve a aflorar en su tercer tramo formando una cascada en el muro de acceso a la puerta del Bosque. Siempre estuvo libre, formando varios saltos, hasta desembocar en el Darro
El pago de Fuentepeña se corresponde en la actualidad con la zona de taquillas y acceso al monumento y abarca todo el perímetro donde fue levantado el teatro del Generalife en los años cincuenta. Más o menos hasta la perpendicular de la torre de las Infantas. La surgencia de aguas dio origen al pilar de Fuentepeña (detrás de las casas moriscas, también llamadas carmen de Fuentepeña). A partir de ahí, las aguas que discurren por derrames de las huertas y las sobrantes del desaguadero de la muralla se dejan caer por el Barranco de Fuentepeña. Este arroyuelo se puede dividir en varios tramos: el primero, descubierto, va a lado de la muralla, junto al fresco camino, para volver a entrar de nuevo en el recinto bajo la puerta de Hierro y torre de los Picos (zona llamada Bibalfache de los musulmanes). Vuelve a aflorar en su tercer tramo formando una cascada en el muro de acceso a la puerta del Bosque. Siempre estuvo libre, formando varios saltos, hasta desembocar en el Darro. Pero a partir de los años sesenta fue entubada en hormigón de un metro de diámetro.
Zona de molinos y frescos cármenes
La hondonada que forma la parte baja del barranco de Fuentepeña estuvo ocupada ya desde tiempos nazaritas por una serie de molinos harineros. Está delimitada por el enorme talud de la huerta del Generalife y por la cerca del bosque de la Alhambra. Así aparece ya en los primeros grabados del siglo XVI. Por la parte noreste, a media ladera, le entraba lateralmente el agua procedente de la acequia Romayla. Mientras que la fuerza de la cascada no era aprovechada, el agua de la acequia era canalizada mediante un acueducto de madera hasta una torreta de reparto levantada en el centro del barranco. Esa torre en forma de castillete debió estar coronada por una alberca; de ella salen todavía tres grandes tubos verticales que se dirigían hacia los rodeznos de otros tantos molinos en sus inmediaciones.
Eran perfectamente conocidos por la memoria de los mayores y por las abundantes fotografías que nos han quedado. Su desaparición es relativamente reciente
En la zona hubo desde tiempo inmemorial una importantísima actividad molinera aprovechando la fuerza de Romayla. El molino-vivienda más alto estaba pegado a la columna de distribución del agua; más abajo, linderos con el esquinazo de la cerca y su gran contrafuerte, hubo otros dos molinos más. El sistema de distribución de canalizaciones de agua y los cimientos de estos tres molinos fueron desenterrados en las excavaciones arqueológicas de hace una década. De todas formas, eran perfectamente conocidos por la memoria de los mayores y por las abundantes fotografías que nos han quedado. Su desaparición es relativamente reciente.
Más abajo, de manera paralela a la margen izquierda del Darro se situaban varios cármenes y huertas
Más abajo, de manera paralela a la margen izquierda del Darro se situaban varios cármenes y huertas. Empezando de arriba abajo estuvieron el del Rey Chico, su huerta y los Aljibillos anejos, unos depósitos para regar esa huerta, en lo que son las inmediaciones del Puente del Aljibillo. Mediante un puente de tabla o unas losas sobre el cauce se saltaba el arroyo hasta el Carmen del Granadillo, que hacía esquina en la desembocadura del barranco. Más abajo le seguían el Carmen de Santa Engracia y el de las Chirimías. Finalmente, en la placeta que formaba la entrada al Puente de las Chirimías, a la derecha existían otros dos cármenes sobre la plataforma que ocupó en el siglo XVI el molino de pólvoras (destruido por una explosión en 1590). El agua de la acequia de Santa Ana atravesaba el Tajo de San Pedro mediante otro acueducto de tabla, también convertido en obra a finales del XVIII.
A toda esta ribera se accedía a través de los puentes de las Chirimías (también llamado de las Cornetas) y del Aljibillo
A toda esta ribera se accedía a través de los puentes de las Chirimías (también llamado de las Cornetas) y del Aljibillo. Aunque el primero no aparece dibujado en la Plataforma de Vico de 1611 se atestigua ya su existencia en época musulmana (fue destruido por una riada en 1881 y reconstruido al año siguiente).
En la época de la Ilustración, concretamente en 1788, la canalización de tablas que conducía el agua desde Romayla hasta la torre de distribución de los molinos fue sustituida por el acueducto de ladrillo, de gran altura y con cuatro arcos de medio punto. Se cree que al principio era un canal abierto, más tarde el agua fue entubada mediante un sistema de atanores de grueso calibre. Es como se conserva en la actualidad.
El paseo de los cármenes del Darro era la subida más directa hacia el Generalife y los campos de labranza de esa parte. Incluso tuvo un fielato que controlaba la entrada y salida de mercancías que llegaban por ahí
El paseo de los cármenes del Darro era la subida más directa hacia el Generalife y los campos de labranza de esa parte. Incluso tuvo un fielato que controlaba la entrada y salida de mercancías que llegaban por ahí. Empezaba en el Puente de las Chirimías, discurría pegado el río por delante de los dos primeros cármenes, pasaba detrás del carmen del Granadillo, se dejaba a la derecha los dos primeros molinos y trepaba la cuesta por Fuentepeña arriba. Iba bordeando la cerca en forma de semicírculo hasta debajo de la puerta del Bosque. Aquí existía un puente de piedra, con arco de medio punto y muy similar a los de Cabrera y Espinosa que saltaba la cascada pegado a la cerca y nos elevaba hasta lo que hoy es el empedrado de los Chinos. Este puente de unos ocho metros de vano colapsó en agosto de 1855.
Paisaje romántico, pintoresco y “de los muertos”
Este camino tan habitual fue siempre el más directo para comunicar el populoso barrio del Albayzín con los olivares, zonas de leña y pastoreo de las dehesas del Generalife y campos de los Mártires y Alixares. Incluso para acortar hacia las laderas del Cerro del Sol. Pero adquirió especial relevancia cuando hacia 1820-25 ya quedó institucionalizado el pago de las Barreras como único camposanto de la ciudad. Todavía tardarían varios años en desaparecer los demás cementerios surgidos a principios del XIX en el extrarradio y los asociados a las iglesias, pero ya iba cobrando forma el cementerio de San José.
Todos los difuntos de Granada eran despedidos con un responso en la Plaza de Santa Ana
Todos los difuntos de Granada eran despedidos con un responso en la Plaza de Santa Ana. Desde aquí, los que iban en carroza enfilaban la empinada cuesta de Gomérez; la mayoría, a pie, escogían la Carrera del Darro, cruzaban por las Chirimías y subían por el barranco de Fuentepeña. A partir de esos años fue cuando a este recorrido empezó a llamársele Cuesta de los Muertos.
Pero llegó un momento en que se consideró que había que suavizar un poco la cuesta y, sobre todo, porque el puente de Fuentepeña amenazaba ruina
Pero llegó un momento en que se consideró que había que suavizar un poco la cuesta y, sobre todo, porque el puente de Fuentepeña amenazaba ruina. Estábamos ya en 1854 y el Ayuntamiento encargó un proyecto al arquitecto José Contreras; se empezó por hacer el camino en la parte alta, con proyecto del arquitecto Antonio López León, ejecutado por los contratistas José Díaz y Juan de Ágreda. A poder ser, que también se pudiera utilizar por los coches de caballos. El arquitecto de la Alhambra abrió un nuevo camino que empezaba en el puente del Aljibillo. Desde aquí pasaba por detrás del carmen del Rey Chico y empezaba a trepar suavemente. A la altura de los aljibillos (hoy incorporados en el edificio moderno del Rey Chico), giraba hacia la izquierda y subía pegado al borde del barranco Fuentepeña buscando la esquina de la cerca. Había nacido la Cuesta del Rey Chico. Con el tiempo y debido a la abundancia de chinarros y de piedras sueltas, la gente la llamó Cuesta de los Chinos.
El nuevo acceso alargó un poco el recorrido, lo suavizó ligeramente, pero el antiguo continuó siendo utilizado hasta que poco después se desplomó el puente y la zona quedó como un fondo de saco. A lo sumo, se podía acceder por ahí a los molinos y a la puerta del Bosque.
El pintoresquismo era tan acentuado que llamó la atención a los primeros artistas que visitaron Granada en el siglo XVI
El pintoresquismo era tan acentuado que llamó la atención a los primeros artistas que visitaron Granada en el siglo XVI. Los molinos, las cascadas del riachuelo, la vegetación tan exuberante y los personajes que lo recorrían fueron ya plasmados en los grabados que hizo Hoefnagel en 1564. Se ve el gran barranco que actuaba como foso natural de la ciudadela; el muro del bosque e incluso un ciervo pastando dentro. Pocos años más tarde fue Antón Van den Windegaerde (1567) el que dibujó la ciudad con todo detalle en una inmensa panorámica. Aparece un molino con el acueducto de madera, incluso le puso la palabra “molino”; también dibujó el chaflán del muro de contención del bosque y personas transitando. Juan de Sabis pintó un óleo en 1636 que representa la vida y el paisaje del Paseo de los Tristes, los cármenes del Darro y la desembocadura del barranco de Fuentepeña; se ven a la derecha los muros de contención del carmen del Granadillo con sus huertas y emparrado de cañas, a la izquierda los corrales del carmen del Rey Chico y al fondo los molinos y el acueducto; presiden la escena las torres de la Alhambra en las alturas.
La planimetría del XVIII dibujó (José de Hermosilla, 1770) con toda precisión esta zona del barranco, las cuestas, los molinos y los cármenes (no consta el carmen del Rey Chico). Algo muy similar hicieron Franscisco Dalmáu con su plataforma de 1796 y los franceses con su plano de 1811. En ambos planos todavía no figura abierto el acceso por la Cuesta de los Chinos, el único que existía era el camino de los Molinos o del Rey Chico (llamado así porque por ahí huyó Boabdil en la sublevación contra su padre).
Dibujó una tupida arboleda que la partía un caudaloso riachuelo a base de cascadas que salían de un arco por la muralla de la Alhambra
Por finales del XVIII, en 1775, estuvo en Granada el dibujante Richard Twis y le llamó la atención la plasticidad del valle del Darro. Dibujó una tupida arboleda que la partía un caudaloso riachuelo a base de cascadas que salían de un arco por la muralla de la Alhambra. La panorámica abarca la ribera desde el carmen de los Chapiteles hasta pasado el Tajo de San Pedro.
Agustín Laborde y Dutailly (1812) publicaron dos láminas del acueducto y el primer molino situándose justo al lado de la primera cascada. Se ve al fondo el barrio del Albayzín. En una de las versiones añadió personajes típicos de la época en actitud de jolgorio. Este dibujo da una idea de lo quebrado que era el terreno, el acueducto en forma torcida y las cascadas que tenía el arroyo hasta desembocar en el Darro. También existen otras panorámicas del acueducto y la casa de la esquina que se encarama en la cuesta del Rey Chico.
Aunque fue David Roberts quien imprimió el mayor gusto romántico a varias escenas del barranco de Fuentepeña
Aunque fue David Roberts quien imprimió el mayor gusto romántico a varias escenas del barranco de Fuentepeña, ladera de la Alhambra y el bosque (1832-3). Si bien interpretado desde su óptica romántica que lo exageraba todo un poco. Se aprecia el puente, con su pretil de piedra, que unía la Cuesta del Rey Chico con la escalinata hacia la puerta renacentista del bosque; una serie de personajes transitando, arrieros subiendo por el bosque (se olvidó de dibujar la cerca baja).
En 1854 llegaron los primeros fotógrafos y no pudieron ser menos. Charles Clifford hizo las fotos más antiguas de este lugar. Son el certificado notarial más exacto de cómo era el paraje a mediados del siglo XIX. Retrató todos los edificios hoy desaparecidos. Se ve un deteriorado carmen del Granadillo en primer término; detrás, el molino número 3 con varias piedras molineras clavadas en el patio, bajo una parra. Toda la escena cobijándose bajo el murallón y el contrafuerte achaflanado de ladrillo del bosque cubierto de yedra (Este chaflán y parte del muro fueron reconstruidos después del deslizamiento de la muralla del Partal, en 1831).
También por esos años fotografiaron los molinos del barranco James Valentine y Manuel Gómez-Moreno
Luego le siguieron el sueco Carl Curman (1879), un médico que inmortalizó la zona desde el puente del Aljibillo y también el barranco de Fuentepeña desde la esquina de la muralla en la cuesta de los Chinos. En 1885 tenemos una curiosa instantánea de José García Ayola que se centra en el carmen del Granadillo y el cauce del Darro. Es la que tiene un chozo en la esquina baja (el único cimiento que existe de esta construcción). También por esos años fotografiaron los molinos del barranco James Valentine y Manuel Gómez-Moreno.
Hubieron de habilitarse los escalones empedrados (en 1866) para facilitar el acceso peatonal por los Chinos ya que la Alhambra nunca permitió que el camino zigzagueara dentro del bosque, acercándose a la torre de los Picos
El destrozo del siglo XX
La inestabilidad del terreno en la zona de la puerta del Bosque ha provocado sucesivos hundimientos del muro. En 1915, el arquitecto Modesto Cendoya reconstruyó con técnicas tradicionales una buena parte de ese tramo. Hacia 1990 fue abierta una segunda puerta, de servicio, a base de unos inadecuados muros de hormigón. Nuevamente en 2016 hubo que renovar el tramo que cae encima del túnel de la cascada. Es el que presenta aspecto más nuevo y un tono de pintura algo diferente. En esas obras fue cuando apareció el estribo bajo del puente hundido en 1855.
Durante todo el siglo XX se sucedieron obras de contención en el muro y pretil que sujeta el acceso actual por la cuesta de los Chinos.
Pero las mayores agresiones a la zona, o decisiones poco acertadas, ya se venían arrastrando desde la década de los años cincuenta del siglo pasado
Pero las mayores agresiones a la zona, o decisiones poco acertadas, ya se venían arrastrando desde la década de los años cincuenta del siglo pasado. Decisiones de los rectores de la Alhambra afectaron negativamente a este romántico rincón de la ladera. Se prosiguió con la teoría ─ya iniciada por Torres Balbás durante la II República─ de ir adquiriendo propiedades particulares en el borde del bosque; en principio, para evitar que proliferasen nuevas casas hacia arriba; después, para ir demoliendo las que no estuvieran avaladas por la historia. (Así se ha hecho con todas, excepto el Reúma).
Muy poco después de la guerra civil (1936-39) el carmen del Rey Chico dejó de ser una tasca de poca monta para convertirse en afamada sala de fiestas y prostíbulo encubierto de bastante éxito. Aquella actividad incrementó el tránsito de visitantes y turistas. La progresiva electrificación y llegada de la red de agua potable acabó por dejar obsoletas las actividades de los molinos movidos por la fuerza del agua. La acequia Romayla fue quedando sin uso y dejó de funcionar.
Entonces se les ocurrió habilitar otro acceso a través de la cuesta de los Chinos
También por esos años se experimentaba un notable incremento del turismo; todo el mundo tenía que acceder al monumento a través de la Cuesta Gomérez. Entonces se les ocurrió habilitar otro acceso a través de la cuesta de los Chinos. Para ello había que preparar un aparcamiento de unas 400 plazas en la margen izquierda del Darro. Se utilizarían los terrenos bajo el carmen de los Chapiteles (el actual para residentes), la explanada del Rey Chico y se explanaría la desembocadura del barranco Fuentepeña.
El lugar se convirtió en un vertedero de escombros de la propia Alhambra y de las zonas cercanas. El Patronato consiguió hacerse con la propiedad de los tres molinos, que redujo a escombros
El lugar se convirtió en un vertedero de escombros de la propia Alhambra y de las zonas cercanas. El Patronato consiguió hacerse con la propiedad de los tres molinos, que redujo a escombros. Entre finales de los cincuenta y principios de los setenta fue rellenado y allanado el barranco con hasta cuatro metros de vertidos. Las cascadas del riachuelo desaparecieron, dejaron su sitio a un tubo de hormigón de unos noventa metros de largo. Los cuatro arcos del acueducto quedaron empequeñecidos hasta la mitad de su altura. Menos mal que no los demolieron como pensaron en un principio, tampoco la torre de reparto de presión. Todo ese paisaje histórico desapareció, quedó sumamente degradado.
Para empeorar la situación, en la desembocadura del barranco se sucedieron otros dos acontecimientos que dieron la puntilla al paisaje histórico
Para empeorar la situación, en la desembocadura del barranco se sucedieron otros dos acontecimientos que dieron la puntilla al paisaje histórico. El primero fue el incendio del carmen del Granadillo. Aquel en que nació el erudito Marino Antequera y retratara tantas veces, junto a su maestro Larrocha. En 1966 las llamas devoraron parte de la casa. Fue adquirida por el Ayuntamiento para utilizarla como camerino de los festivales y actuaciones que tenían lugar cada primavera en el Paseo de los Tristes. Otro incendio en los alrededores en 1971 provocó su definitiva demolición. Sólo quedaron los muros de la plataforma junto al río. Hasta entonces se había pensado instalar ahí un muso de Cante Jondo o incluso cederlo como sede de la Peña la Platería. Dos iniciativas fallidas. Eso hizo que el poeta Rafael Gómez Montero le dedicara (en 1972) los siguientes versos cargados de ironía:
Paseíllo de los Tristes,
Cuestecita del Chapiz,
Donde tú me prometiste,
Lo que no ibas a cumplir.
En cuanto a la vieja sala de fiestas del Rey Chico, languidecía a finales de los ochenta. Ya había mucha competencia en otros lugares de la ciudad, más amplios y con mejores accesos en coche y para turistas. Las zambras del Sacromonte que le aportaban tránsito estaban en crisis. Se decidió demoler el viejo carmen y hacer un moderno edificio hostelero. Saltó una polémica feroz cuando se vio casi acabado. Al final hubo que comprarlo con dinero público y cambiar su destino para siempre (Eso será objeto de la segunda parte de este artículo).
Llegados los años ochenta, nada se había concretado del acceso a la Alhambra a través de la cuesta de los Chinos. Y el barranco de Fuentepeña continuaba hecho una escombrera
Llegados los años ochenta, nada se había concretado del acceso a la Alhambra a través de la cuesta de los Chinos. Y el barranco de Fuentepeña continuaba hecho una escombrera. Se puso en marcha una obra para levantar un muro de catorce metros que contuviera la ladera y permitiera ensanchar la calle un metro y medio. En abril de 1991 era abierto nuevamente este camino a través de la cuesta de los Chinos. Aunque no se llegó a levantar el peligroso empedrado ni se sustituyó por un piso más cómodo. De vez en cuando hay que cerrarlo por los desprendimientos (como ocurre en la actualidad, que lleva clausurado desde las tormentas de febrero).
El proyecto de recuperación de Fernández Manzano
Al poco de ser nombrado Reynaldo Fernández Manzano como director de la Alhambra (2015) se interesó por recuperar y dignificar en lo posible el borde izquierdo del Darro, lindero con el bosque del monumento. Montó una interesante exposición con la temática Paseo de los Cármenes del Darro. Tras la polémica del Rey Chico, la zona parecía abandonada tanto por el PERI Alhambra competente como por el PGOU de 1985, que carecía de competencias en esta zona, aunque hay terrenos de propiedad municipal. El ambicioso programa afectaría a intervenciones con el nombre genérico de Paseo Romayla; abarcaría desde la Cuesta del Rey Chico hasta conectar con Santa Ana. Sería un romántico paseo para visitantes. El primer espacio afectado y a recuperar sería la desembocadura del barranco Fuentepeña.
La retirada de tierras ahondó hasta casi los cimientos de los muros del acueducto, que recuperaron la esbeltez que nos muestran los grabados antiguos
Ya en 2016 fue encargado al estudio del arquitecto Carlos Sánchez Gómez el saneamiento de los muros del bosque, la limpieza de escombros y las consiguientes excavaciones arqueológicas. La retirada de tierras ahondó hasta casi los cimientos de los muros del acueducto, que recuperaron la esbeltez que nos muestran los grabados antiguos. Se llegó hasta el entubamiento de hormigón por el que discurren las aguas desde su aprisionamiento hace setenta años. Se pudo conocer con exactitud cómo era el sistema triple de tubos verticales que contiene la torre de distribución de aguas a los rodeznos. Las excavaciones dejaron al descubierto las plantas que tenían los tres molinos (hoy protegidas con plásticos). En resumen, el solar quedó preparado para continuar la segunda fase de actuación.
También para esa siguiente fase fue encargado el proyecto básico al estudio de Carlos Sánchez. Lo presentó en enero de 2018. Recibió todos los parabienes del Patronato de la Alhambra y de la Comisión Provincial de Patrimonio y Cultura. La única duda era si los dos puentes se harían en piedra/ladrillo y en madera para alertar de que no eran originales.
Ya solo quedaba pasar a la fase de ejecución. Entonces (2019) sobrevino el cambio político en Andalucía. El consiguiente relevo de equipos y cambios de criterios y prioridades. Los tradicionales vaivenes y sinsentidos que los cargos públicos nos obligan a soportar a los ciudadanos…
Ya solo quedaba pasar a la fase de ejecución. Entonces (2019) sobrevino el cambio político en Andalucía. El consiguiente relevo de equipos y cambios de criterios y prioridades. Los tradicionales vaivenes y sinsentidos que los cargos públicos nos obligan a soportar a los ciudadanos…
Las líneas básicas del trabajo futuro en Fuentepeña pasan por recuperar en lo posible el trazado antiguo que tenía el Camino de los Muertos, al menos en esta parte del Barranco. Conectaría con el resto de las actuaciones a partir de la zona del hotel Reúma y Tajo de San Pedro. Se trataría de habilitar el paseo bordeando la parte baja del muro del bosque; aquí se daría acceso a través de la puerta renacentista y, hacia la izquierda, habría que volver a levantar un puente para saltar a la Cuesta de los Chinos. Se reproduciría uno muy similar al de Espinosa. En la parte baja, entre la plataforma del Granadillo y explanada del Rey Chico, otro pequeño puente saltaría el barranco, hoy relleno de tierra. Por supuesto, todo el entubamiento de hormigón desaparecería y en su lugar se recuperaría el riachuelo, que iría saltando de cascada en cascada. Algo muy similar a la forma en que discurre en la parte alta donde sale del aliviadero cercano a la torre del Cabo de la Carrera.
Cuando se decida acometer esta obra, se convertirá en el acceso primitivo que tuvo el Generalife desde la Carrera del Darro
Cuando se decida acometer esta obra, se convertirá en el acceso primitivo que tuvo el Generalife desde la Carrera del Darro. Desgraciadamente, ya no se podrá resucitar el sistema de transporte de agua de la acequia Romayla ni los tres molinos que movían sus aguas. A lo sumo se habilitaría un museo al aire libre explicativo de las aceñas harineras (y de pólvora) que hubo en el lugar. También la estructura de los cármenes de labor y recreo que tanto embrujaron a los artistas que llegaban a Granada.
Hoy ese lugar está vallado y utilizado como acopiadero momentáneo de obras de la Alhambra. Por ahí entran los materiales para la restauración exterior del Mexuar, mediante una pista que se ha habilitado en el bosque
Hoy ese lugar está vallado y utilizado como acopiadero momentáneo de obras de la Alhambra. Por ahí entran los materiales para la restauración exterior del Mexuar, mediante una pista que se ha habilitado en el bosque. Actualmente el acceso turístico por la Cuesta de los Chinos (la de mejores vistas y frescor de todas) está cerrado por desprendimientos. En cuanto se abra, la fealdad actual del barranco en obras quedará a la vista de todos.
En su parte lindera al río, en la explanada del Rey Chico (Centro de Arte Joven) ha crecido recientemente la colonia de perroflautas que tienen el lugar como oficina de sus necesidades vitales.
Una realidad bastante alejada del paseo turístico que idearon hace unos años para unir Santa Ana con el Aljibillo y descongestionar la Carrera del Darro.




















































































