La cultura de la violación se ha trasladado a los espacios digitales, donde ciertos mitos y valores patriarcales siguen justificando la violencia, según muestra un estudio de la UGR

E+I+D+i - IndeGranada - Lunes, 8 de Junio de 2026
El 85% de las mujeres han sufrido algún tipo de ciberviolencia sexual.
Remitida por UGR
El 85% de las mujeres han sufrido algún tipo de ciberviolencia sexual.

Las creencias que justifican la ciberviolencia sexual están muy extendidas y se relacionan con el sexismo y la dominación social, según muestra un equipo científico del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada, que ha estudiado cómo distintas variables actitudinales influyen en la percepción de la ciberviolencia sexual contra las mujeres.

Analizar dichos comportamientos, así como la adhesión a los mitos sobre estas agresiones, ayuda a diseñar estrategias que protejan a las víctimas.

La adhesión a los mitos sobre la ciberviolencia sexual se relaciona con otras creencias y actitudes como el sexismo offline, los mitos sobre la violación y sobre las relaciones íntimas de pareja, así como la orientación a la dominancia social. Además, las personas con estas ideas no solo tienden a identificarse en menor medida con el feminismo, sino que también muestran una mayor tendencia a culpabilizar a las víctimas y a minimizar el problema.

El principal objetivo del trabajo ha sido el desarrollo y la validación de la Escala de Aceptación de Mitos sobre la Ciberviolencia Sexual contra las Mujeres (AMCYS) en distintos contextos culturales, una herramienta que evalúa las convicciones al respecto y permite explorar la percepción social. A partir de investigaciones previas en las que se examinaron estas posiciones en la red social X, se ha aplicado dicha medida en más de 2.400 hombres y mujeres de España y Estados Unidos.

Equipo de investigación de este trabajo. De izquierda a derecha: Rocío Vizcaíno Cuenca (Departamento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento), Mónica Romero Sánchez (Departamento de Psicología Social) y Hugo Carretero Dios (Departamento de Metodología de las Ciencias del Comportamiento)

La escala AMCYS abre nuevas posibilidades para entender y combatir este tipo de agresiones. Gracias a ella, se detectan aquellas ideas que las justifican o minimizan. También aporta información sobre su influencia en las víctimas y en quienes la observan o ejercen.

El objetivo es ayudar a mejorar campañas de concienciación, crear programas de apoyo para las víctimas, formar a profesionales que actúen de manera más efectiva, monitorizar la actividad en redes sociales y prevenir que las actitudes violentas dirigidas a mujeres se normalicen en línea.

Desde un punto de vista teórico, la AMCYS muestra cómo la cultura de la violación se ha trasladado a los espacios digitales, donde ciertos mitos y valores patriarcales siguen justificando la violencia.

"Comprender esto es clave a la hora de diseñar estrategias que realmente protejan a las mujeres y aseguren que sus experiencias sean reconocidas, validadas y atendidas”, explica Rocío Vizcaíno Cuenca, investigadora del CIMCYC y autora del trabajo. “En un mundo cada vez más digital, romper los mitos y actuar contra la ciberviolencia sexual no solo ayuda a las víctimas, sino que también hace que los espacios en línea sean más seguros e inclusivos para todas”, añade la científica.

"No tengas el perfil abierto"

El fenómeno resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que, según datos internacionales, hasta el 85% de las mujeres ha sufrido algún tipo de ciberviolencia sexual a lo largo de su vida. A pesar de la elevada prevalencia, muchos de los episodios continúan siendo minimizados, justificados o ignorados mediante expresiones como “no es para tanto” o “no tengas el perfil abierto”, lo que contribuye a invisibilizar una forma de agresión con consecuencias emocionales en las víctimas.

¿Qué son los mitos sobre la ciberviolencia sexual? Son un conjunto de creencias que actúan justificando o normalizándola a través de diferentes mecanismos. Entre ellos, la minimización y/o negación de esta forma de violencia, la culpabilización de la víctima, la culpabilización de las propias plataformas digitales o la exoneración del perpetrador.