El eclipse de 1905 visto desde la Abadía y anotado en el Observatorio de Cartuja

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Había temor y miedo a catástrofes, pero poca gente en Granada se lo perdió: balcones, terrazas y tejados se convirtieron en observatorios improvisados
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Se destacó que los animales se asustaron, los gallos cantaron y las aves se refugiaron en sus nidos. Las temperaturas se desplomaron aquel mediodía del 30 de agosto
En Granada la gente salió a balcones, subió a terrazas y se encaramó hasta en los tejados. Incluso también hubo negocio y mayor consumo, porque la actividad se paró
Conocemos por la prensa de la época lo que iba a ocurrir. Estuvieron avanzando notillas desde varios meses antes. No con la profusión ni cantidad que lo hacen ahora los medios, pero sí le prestaban alguna atención. También hubo movimiento de grupos de adinerados europeos que viajaron a la franja española para verlo, especialmente a la zona de Burgos y Palencia. En Granada la gente salió a balcones, subió a terrazas y se encaramó hasta en los tejados. Incluso también hubo negocio y mayor consumo, porque la actividad se paró. Las crónicas periodísticas destacaron que el eclipse desorientó a la fauna.
Hubo dos lugares muy especiales desde donde fue observado, seguido y estudiado el eclipse en lo referente a su afección a Granada. Los dos casos, protagonizados por especialistas en física y astronomía: el Sacromonte y el Observatorio de Cartuja.
La Abadía del Sacromonte no era sólo una universidad literaria y de cánones, también tenía un avanzado Gabinete de Física y Química. Aún hoy sobrevive parte de su aparataje y su biblioteca. Aquella mañana del 30 de agosto de 1905 ejercía como profesor del gabinete el canónigo Manuel Medina Olmos (Vícar, 1869-asesinado el 30 de agosto de 1936). Le acompañaba el también profesor y canónico Francisco Sánchez Sánchez, posterior abad.
La Abadía del Sacromonte montó un telescopio en la era de trillar su cosecha, por encima del Colegio Nuevo
La Abadía del Sacromonte montó un telescopio en la era de trillar su cosecha, por encima del Colegio Nuevo. Allí se dieron cita con una delegación de científicos ingleses para observar el desarrollo del eclipse. No era una casualidad aquel descampado, era el sitio elegido para observar las estrellas con sus aparatos, también aula abierta donde los días de primavera daba clases el Padre Manjón.
La calidad de la fotografía en la era ha ido apagándose con los años, pero es la única imagen de cómo se vivió aquel día el eclipse en la Abadía del Sacromonte
No nos ha llegado la tabla de mediciones que efectuaron ni la memoria que redactaron. Es de suponer que en versiones de castellano e inglés. Pero sí guardaron en el archivo de la Abadía del Sacromonte una fotografía del evento. En ella se ve al cura Medina Olmos al lado del telescopio y mirando con un cristal o una radiografía, en el extremo opuesto al canónigo Francisco Sánchez (ambos con calurosas sotanas), y alrededor a los astrónomos ingleses. La calidad de la fotografía en la era ha ido apagándose con los años, pero es la única imagen de cómo se vivió aquel día el eclipse en la Abadía del Sacromonte.
'El Defensor de Granada' fijó la hora del comienzo del eclipse en las 11.52, consiguiendo su mayor oscuridad a las 13,30 horas; en ese momento sólo quedaba una 'cala de sandía'
A falta de datos de los científicos del Sacromonte, al menos tenemos varias crónicas de la prensa local del momento. El Defensor de Granada fijó la hora del comienzo del eclipse en las 11.52, consiguiendo su mayor oscuridad a las 13,30 horas; en ese momento sólo quedaba una cala de sandía. La luz de Granada era melancólica, la ciudad estaba pálida y tristona, parecía llegado el crepúsculo prematuramente. Los animales se mostraron inquietos, los gallos cantaron como en la madrugada y los pájaros se recogieron en sus nidos.
Algunos privilegiados cogieron una rudimentaria radiografía o cristal de placa de fotógrafo velado para salvar malamente el trámite. De todas formas, hubo infinidad de daños oculares por incautos que quisieron mirar con los ojos entornados
A pesar de los temores y prevenciones iniciales que auguraron tiempos catastróficos, nadie en Granada se lo quiso perder. Las maritornes y las damas hicieron pronto tareas y el mercado para asomarse a balcones y terrazas, convertidos en improvisados observatorios astronómicos. Hubo derroche de bebidas y comidas, como si de una fiesta se tratara. Se dio negocio por parte de algunos avispados que sabían de la necesidad de cristales oscurecidos: unos los ahumaron, otros los tintaron/opacaron y varios comerciantes y un vendedor ambulante los vendieron por las calles. Algunos privilegiados cogieron una rudimentaria radiografía o cristal de placa de fotógrafo velado para salvar malamente el trámite. De todas formas, hubo infinidad de daños oculares por incautos que quisieron mirar con los ojos entornados. Un pedigüeño ciego divulgaba en la puerta de las Angustias que su mal venía de mirar al sol porque lo habían engañado.
Datos fiables en el Observatorio de Cartuja
Gracias a un periodista de El Noticiero nos han quedado datos más precisos de aquel último eclipse casi total que se divisó desde Granada. Tuvo la ocurrencia de desplazarse al Observatorio de Cartuja (que sólo tenía tres años de existencia) en busca de auxilio y explicaciones. Empezó su crónica escribiendo que en Granada había angustia y temor previos, a pesar de la infinidad de avisos que se habían difundido. Pero el analfabetismo era demasiado elevado.
Parecía que allí no les interesaba el tema. Pero no, todos los profesores y alumnos del seminario se habían ido a Carrión de los Condes (Palencia) convocados un especialista húngaro de la orden
Para empezar, se sintió defraudado porque en el Observatorio de jesuitas sólo estaba de guardia el padre Ramón Martínez. Parecía que allí no les interesaba el tema. Pero no, todos los profesores y alumnos del seminario se habían ido a Carrión de los Condes (Palencia) convocados por un especialista húngaro de la orden. Esa ciudad castellana se encontraba justo en el eje de oscurecimiento total, la zona cero. Y con ellos se habían llevado la mayor parte del material móvil necesario, e incluso unas lentes del gran telescopio de la cúpula, es decir, un teodolito, cronómetro, la cámara fotográfica y sus filtros, prismas de visión directa, etc. De ahí que no dejaran constancia gráfica de aquella observación desde Granada.
Gracias a ellos conservamos los principales parámetros ocurridos aquel 30 de agosto de 1905
El eclipse desde Cartuja sólo lo contemplaron el periodista de El Noticiero y el padre Ramón Martínez. Gracias a ellos conservamos los principales parámetros ocurridos aquel 30 de agosto de 1905. Son los siguientes:
-Horarios: el eclipse dio comienzo a las 11h 44´15´´, y acabó a las 14h 32´54´´.
-Temperaturas: a las 11h soplaba un viento fresco del suroeste, con 30 grados a la sombra. Poco después cesó el viento y la temperatura subió de golpe a 38,4º. A las 11.40h descendió a 33º; a las 12h marcó 32,5º; a las 12,35h bajó a 30,1º; a las 12,55h cayó a 27,2º. A las 13,20 h, coincidiendo en la máxima oscuridad, la temperatura se desplomó a 22,3º. A los pocos minutos de acabar el eclipse, la temperatura se disparó súbitamente a 29,3º.
La tinta era violeta intensa antes de comenzar el eclipse, pero fue difuminándose hasta casi desvanecerse en el punto de mayor oscuridad, como si se acercara el ocaso.
-Intensidad solar: en el heliógrafo fue registrando la fuerza lumínica sobre su papel en tonos cada vez más fuertes a medida que avanzaba la mañana. La tinta era violeta intensa antes de comenzar el eclipse, pero fue difuminándose hasta casi desvanecerse en el punto de mayor oscuridad, como si se acercara el ocaso.
El cronista valoró que mucha gente se había sentido engañada, esperaba que el sol desapareciera por completo y no volviese a amanecer hasta pasadas muchas horas. No había sido tan gran espectáculo como les anunciaron. A los que se quejaban, otros les invitaban a pedir que les devolvieran lo pagado por las entradas.







































