La fabricación industrial de cerveza granadina nació en 1844 en el Realejo

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También en la calle San Isidro surgió poco más tarde otra segunda fábrica que envasaba en botellas de cristal y en tarros de barro
Fue en el mes de agosto, pero de hace 182 años, cuando quedó abierta en el Realejo la primera fábrica de cerveza de Granada. Al menos de las que tenemos referencia hasta ahora. Se adelanta así más de una década la fabricación cervecera granadina, ya que antes solía consumirse, pero de importación de otras ciudades. Hasta ahora eran “La Granadina” y “La Madrileña” las que ostentaban el título de más antigua, a finales de la década de 1850-60.
A través del Boletín Oficial de la Provincia de Granada de 23 de agosto de 1844 conocemos que dos días más tarde, el 25, empezaría la venta de las primeras botellas de cerveza que se comercializaban en Granada
España entraba en un periodo de tranquilidad, pero mano firme, con el primero de los gobiernos del lojeño Ramón María Narváez. Atrás había quedado el convulso periodo de la primera guerra carlista. También fue el año que se creó la Guardia Civil y llegaron sus primeros agentes a Granada; se paralizó la venta de bienes desamortizados; pero la libertad de prensa sufrió una severa restricción, de ahí que no hayan quedado periódicos locales.
A través del Boletín Oficial de la Provincia de Granada de 23 de agosto de 1844 conocemos que dos días más tarde, el 25, empezaría la venta de las primeras botellas de cerveza que se comercializaban en Granada. La fábrica artesanal estaba montada en la calle Damasqueros, en pleno barrio del Realejo; el despacho de las botellas se haría en la calle Laurel de San Matías, número 7, en la Manigua alta, un caserón que mezclaba minúsculos apartamentos de vecinos, pensión, prostitutas y una botillería en el bajo.
El único anuncio que nos ha quedado habla de botellas que se vendían a dos reales y medio. Eso sí, había que devolver el casco
El único anuncio que nos ha quedado habla de botellas que se vendían a dos reales y medio. Eso sí, había que devolver el casco. Solían ser botellas de vidrio grueso verde, de un litro, de importación inglesa. No nos ha quedado rastro de ninguno de aquellos envases. Aunque solían ser genéricos, porque aquella primera cerveza granadina del Realejo no tenía marca. Nos podría servir de modelo el primero que utilizó Cervezas Alhambra, ya en 1926 (El próximo 1 de noviembre de 2026 será el centenario de la primera cocción de la fábrica actual de Alhambra).
Pocos datos más conocemos del nacimiento y permanencia de aquella cerveza entre artesanal e industrial. A través de las actas municipales sabemos que se le dio licencia en el mes de julio de 1844. El titular era José Mérida. Sin mayores pistas. A partir de aquí y siguiendo los protocolos notariales, conjeturamos que se trataba de algún descendiente del caballero XXIV Luis María Mérida y Mérida (1777-1825), quizás un sobrino llamado Luis Mérida García (fallecido en 1856).
Al carecer de marca, pero por estar relacionada con el apellido familiar de los Mérida, podríamos simplificar y bautizar como la “Greñúa” o “Mérida” a aquella primera botella de cerveza que circuló por Granada
Al carecer de marca, pero por estar relacionada con el apellido familiar de los Mérida, podríamos simplificar y bautizar como la “Greñúa” o “Mérida” a aquella primera botella de cerveza que circuló por Granada.
1846, otra fábrica en calle San Isidro
La sorpresa continúa en el campo cervecero granadino. Sólo dos años más tarde, en 1846, asistimos al nacimiento de la que parece ser, por ahora, segunda fábrica de cerveza de Granada. También hemos encontrado su rastro en el Boletín Oficial de la Provincia, del 31 de julio. No han quedado vestigios de su publicidad en periódicos porque en aquellos años sólo se publicaban revistas literarias y el Boletín Eclesiástico (El Abencerraje, La Campana de la Vela, La Distracción, El Pasatiempo, El Capricho y La Esperanza).
La novedad en este caso es que, además de vender en botella, también la ofrecían en tarros
Lo poco que conocemos es lo que dice el anuncio. Que se despachaba en la calle San Isidro, 10 (entre San Antón y la Acera del Darro). La novedad en este caso es que, además de vender en botella, también la ofrecían en tarros. Estos envases solían ser una especie de garrafilla con asa, de algo menos de dos litros. Obviamente, el casco había que devolverlo. Los precios eran de dos reales y medio la botella (de litro habitualmente) y de tres el tarro.
No conocemos quién fue el maestro cervecero o industrial que promovió aquella fábrica cervecera. Ni tampoco el tiempo que permaneció abierta.
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