'Granada y la Agencia de Salud Pública: una oportunidad para aprender, no solo para lamentarse'

La decisión ya está tomada. Zaragoza albergará la Agencia Estatal de Salud Pública. Enhorabuena a una candidatura sólida, bien trabajada y merecedora del reconocimiento. España necesita cuanto antes una Agencia independiente, con capacidad técnica y recursos suficientes para anticipar riesgos, coordinar respuestas y fortalecer un sistema de salud pública cuya importancia quedó definitivamente demostrada durante la pandemia.
Pero para Granada la noticia deja una profunda decepción. No porque existiera un derecho adquirido a ser la sede. Ninguna ciudad lo tiene. Sino porque pocas reunían tantos argumentos científicos, académicos y profesionales como Granada. La sensación es inevitable: se ha perdido una oportunidad histórica
Pero para Granada la noticia deja una profunda decepción. No porque existiera un derecho adquirido a ser la sede. Ninguna ciudad lo tiene. Sino porque pocas reunían tantos argumentos científicos, académicos y profesionales como Granada. La sensación es inevitable: se ha perdido una oportunidad histórica.
Sin embargo, quedarse en el lamento sería un error. Esta decisión obliga también a hacer autocrítica y a preguntarnos qué podemos aprender.
Una candidatura construida sobre décadas de excelencia
Granada no presentaba únicamente un edificio ni una oferta económica. Presentaba cuarenta años de trabajo en salud pública. Presentaba la Escuela Andaluza de Salud Pública, una institución que ha formado a miles de profesionales de España, Europa y Latinoamérica; la Universidad de Granada; hospitales universitarios; institutos de investigación; grupos científicos de primer nivel y una ciudad que lleva décadas contribuyendo al desarrollo de políticas de promoción de la salud, evaluación sanitaria, participación ciudadana, epidemiología y cooperación internacional.
No era solo una candidatura. Era un ecosistema.
¿Por qué no Granada?
Probablemente nunca conoceremos todos los motivos de la decisión.
Granada presentó como principal aval el prestigio de la Escuela Andaluza de Salud Pública, EASP. Y ahí aparece una paradoja incómoda.
Pero sería ingenuo pensar que todo se explica únicamente por esos factores.
Cuando una fortaleza también puede convertirse en una debilidad
Granada presentó como principal aval el prestigio de la Escuela Andaluza de Salud Pública, EASP. Y ahí aparece una paradoja incómoda.
Durante los últimos años, la Escuela ha vivido y vive una etapa de incertidumbre institucional provocada por el intento de integración en el Instituto de Salud de Andalucía (hecho en forma de ley, aunque no se haya puesto en marcha aún), un proceso que generó y genera preocupación entre profesionales, instituciones científicas y organismos nacionales e internacionales.
Pero sí resulta legítimo preguntarse si una candidatura apoyada en la excelencia de la Escuela no habría sido aún más sólida si durante estos años esa excelencia hubiera sido protegida y reforzada con la misma intensidad con la que en estos últimos meses se ha reivindicado para la presentación de la candidatura
La candidatura reivindicó entonces el enorme valor de una institución que, paradójicamente, no siempre había contado con el respaldo político que merecía.
No puede afirmarse que esa circunstancia haya sido decisiva en la elección de Zaragoza. No existen pruebas para sostenerlo.
Pero sí resulta legítimo preguntarse si una candidatura apoyada en la excelencia de la Escuela no habría sido aún más sólida si durante estos años esa excelencia hubiera sido protegida y reforzada con la misma intensidad con la que en estos últimos meses se ha reivindicado para la presentación de la candidatura.
Las instituciones científicas no pueden convertirse en un argumento únicamente cuando aparece una oportunidad. Necesitan apoyo permanente.
Granada siempre ha sido Salud Pública
Granada siempre ha sido salud pública gracias a generaciones de profesionales, investigadores, docentes y responsables públicos que construyeron una institución admirada dentro y fuera de España como ha sido la EASP.
Pero la verdadera prueba del compromiso con la salud pública no consiste en utilizar ese prestigio para competir por una sede. Consiste en defender esas instituciones cuando atraviesan dificultades, dotarlas de recursos, garantizar su autonomía y convertirlas en una prioridad política estable
Pero la verdadera prueba del compromiso con la salud pública no consiste en utilizar ese prestigio para competir por una sede. Consiste en defender esas instituciones cuando atraviesan dificultades, dotarlas de recursos, garantizar su autonomía y convertirlas en una prioridad política estable.
Las ciudades no lideran el conocimiento porque lo proclamen. Lo lideran porque invierten en él durante décadas.
No olvidemos para qué sirve la Agencia
Existe además un riesgo evidente. Que el debate sobre la sede eclipse lo verdaderamente importante.
La Agencia Estatal de Salud Pública no nace para repartir prestigio entre ciudades.
Nace para mejorar la vigilancia epidemiológica, coordinar respuestas ante emergencias, combatir la desinformación, reducir desigualdades, incorporar el enfoque One Health y preparar al país para amenazas que ya forman parte del presente: pandemias, cambio climático o crisis ambientales. Eso sigue siendo lo esencial.
Si la Agencia cumple esa misión, España habrá dado un paso adelante independientemente de dónde esté ubicada.
Recuperar la ambición
Hace apenas unos días, con motivo del 41 aniversario de la Escuela Andaluza de Salud Pública, defendía que no bastaba con celebrar su historia; había que recuperar la ambición.
La decisión conocida ahora convierte esa reflexión en una necesidad. Granada no puede resignarse a recordar lo que fue. Debe preguntarse qué quiere ser dentro de veinte años
La decisión conocida ahora convierte esa reflexión en una necesidad. Granada no puede resignarse a recordar lo que fue. Debe preguntarse qué quiere ser dentro de veinte años.
Es fundamental reforzar la Escuela Andaluza de Salud Pública, apoyar la investigación, atraer talento, impulsar proyectos europeos y consolidar un verdadero polo de innovación en salud pública.
Porque una sede puede perderse. Lo que no puede dejar de perderse es una estrategia.
La respuesta no puede ser la resignación
Las reacciones políticas tras conocerse la decisión han puesto el acento en responsabilidades distintas. Unos hablan de un nuevo agravio del Gobierno central; otros reclaman una mayor implicación de la Junta de Andalucía para reforzar el ecosistema científico y sanitario de Granada.
Más allá de la confrontación, hay una idea sobre la que debería ser posible construir un amplio consenso: si Granada quiere seguir siendo un referente en Salud Pública, necesita una estrategia estable y compartida.
Eso significa reforzar la Escuela Andaluza de Salud Pública, consolidar la colaboración con la Universidad de Granada y los institutos de investigación, atraer talento, impulsar proyectos europeos y convertir la investigación y la innovación sanitaria en una prioridad sostenida, no solo cuando aparece la oportunidad de competir por una sede estatal.
Porque las grandes instituciones no se construyen alrededor de una candidatura. Las candidaturas de éxito se construyen sobre instituciones fuertes, bien financiadas y respaldadas durante años.
Si algo debería dejar esta decisión es precisamente ese compromiso colectivo: que ninguna administración, vuelva a considerar la salud pública como una prioridad coyuntural. Granada necesita una apuesta permanente, capaz de trascender los ciclos electorales y las disputas partidistas.
¿Una oportunidad para el futuro?
Quizá dentro de unos años recordemos esta decisión como una oportunidad perdida.
Granada tiene otra responsabilidad, igual de importante: recuperar la ambición que hizo posible la Escuela Andaluza de Salud Pública y convertir ese patrimonio científico en una apuesta política permanente.
Zaragoza inicia ahora una enorme responsabilidad: demostrar que la Agencia Estatal de Salud Pública será el organismo independiente, fuerte y prestigioso que España necesita.
Granada tiene otra responsabilidad, igual de importante: recuperar la ambición que hizo posible la Escuela Andaluza de Salud Pública y convertir ese patrimonio científico en una apuesta política permanente.
Porque el liderazgo en salud pública no se concede por decreto. Se construye durante décadas. Y también puede perderse si deja de cuidarse.































