La Primera Nivelación de Sierra Nevada, en el verano del 1804, por Simón de Rojas Clemente y Rubio (1777-1827)

Simón de Rojas Clemente y Rubio (1777-1827)
Simón de Rojas Clemente y Rubio nació en Titaguas, sus primeros estudios los realizó en Segorbe, trasladándose en 1791 a Valencia para estudiar filosofía, logrando el grado de Maestro en Artes. Más adelante los completó con los teológicos, doctorándose en esa disciplina, y con otros de música y lenguas (griego, latín y hebreo). Finalizados estos, se estableció en Madrid, con la intención de hacerse profesor del Seminario de Nobles; acabando como sustituto de las cátedras de hebreo, lógica y ética en el Colegio San Isidro. Con la llegada del nuevo siglo, decidió cambiar de actividad, matriculándose en unos cursos de botánica, mineralogía y química, impartidos en el Real Jardín Botánico; despertándose entonces su interés por las ciencias de la naturaleza, que mantendría el resto de su vida. Por entonces (1802) coincidió Clemente con Domingo Badía Leblich, un orientalista aventurero que pretendía recorrer el norte de África y que lo invitó a que cumpliese con él el mandato de Godoy.
Como la misión era secreta, ambos deberían pasar por musulmanes, de ahí que fuesen circuncidados y adoptasen nombres árabes, realizando los demás preparativos en Francia e Inglaterra
Como la misión era secreta, ambos deberían pasar por musulmanes, de ahí que fuesen circuncidados y adoptasen nombres árabes, realizando los demás preparativos en Francia e Inglaterra. Desde allí zarparían rumbo a Cádiz, allí debió de producirse algún desencuentro entre ambos, ya que Badía emprendió la expedición en solitario. Clemente permaneció en la capital gaditana, con el nombre de Mohamed ben Alí, ganándose la vida como el moro sabio que sanaba las dolencias de las mujeres con plantas medicinales; al mismo tiempo que trataba de evitar «el acoso de los varones apostólicos empeñados en bautizarle en la fe católica»*. Deseoso de cambiar de estatus y recordando también su amor por la naturaleza, Clemente pidió, al parecer, y consiguió del gobierno la ayuda necesaria para analizar los recursos del Reino de Granada (Almería, Granada y Málaga); tal como se indica en la reseña que se cita a pie de página, "Antes de emprender el viaje abandonó su disfraz, compareciendo como cristiano en Granada, pero conservando el bigote y la barba y llevando a mano la vestimenta oriental".
Clemente buscaba relacionar las características ambientales con el rendimiento agrícola, anticipando cuestiones propias de la ecología aplicada
El 5 de marzo de 1804 comenzó sus trabajos de recopilación y el 6 de octubre de 1805 concluyeron, marchando entonces a Madrid, ya que en el pasado mes de julio había sido nombrado Bibliotecario del Real Jardín Botánico, con rango de profesor. El resultado de todos sus trabajos de campo fue recogido en ocho tomos manuscritos por el autor, conservados en los archivos de dicha institución. En ellos se distinguen varias áreas de conocimiento, a saber: Geología y relieve (descripción de sierras, valles, formaciones rocosas, minerales y suelos, con especial atención a zonas como Sierra Nevada, las Alpujarras y el litoral de Almería); Botánica (inventario detallado de la flora silvestre y cultivada, incluyendo la distribución de especies según la altitud, clima y tipo de suelo. Este aspecto constituye uno de los núcleos científicos más importantes del manuscrito); Agricultura y aprovechamiento del territorio (análisis de cultivos, sistemas de riego, productividad agraria y adaptación de las plantas al medio. Clemente buscaba relacionar las características ambientales con el rendimiento agrícola, anticipando cuestiones propias de la ecología aplicada); Climatología y ecología (observaciones sobre microclimas, distribución de la vegetación y relaciones entre clima, suelo y biodiversidad; Recursos naturales y economía (estudio de minas, canteras, bosques, pastos y otros recursos con interés económico para la administración ilustrada).
Esta nivelación está acompañada del inventariado de la vegetación por zonas estratificadas sucesivas en altitud
Clemente prestó especial atención al reconocimiento y descripción del relieve, en un territorio tan montañoso como el del antiguo Reino de Granada. El recorrido por algunas zonas, especialmente agrestes, no estuvo exento de dificultades, como puede constatarse en algunos comentarios redactado por el propio autor en su diario de operaciones
Clemente prestó especial atención al reconocimiento y descripción del relieve, en un territorio tan montañoso como el del antiguo Reino de Granada. El recorrido por algunas zonas, especialmente agrestes, no estuvo exento de dificultades, como puede constatarse en algunos comentarios redactado por el propio autor en su diario de operaciones. Buena prueba de ello es el relato que hizo de la ascensión al Veleta, desde su corral: "El día 24 a las 8 de la mañana salimos de la Mata barranco arriba y hollando un montón inmenso de ruinas nos metimos en el corral de Veleta al que sólo se puede entrar con alguna facilidad por esta parte de Levante; pues en el resto está rodeado por los altísimos cortes del Picacho de Veleta y del de los Machos por el S. Paseamos el corral a sabor por las estrechas sendas y claros que dejan las manchas perpetuas de nieve que lo cubren; ¿Pero cómo subir al Pico? nos pareció que al N. hallaríamos donde asirnos por entre unas quiebras que interrumpían el tajo: por sobre la nieve caminamos para ponernos al pie del sitio elegido y comenzamos a trepar: tres veces temimos perecer allí: mi guía temía más que la muerte el modo de morir a lo perro: hubiéramos vuelto atrás regularmente sin la convicción de que en tales riesgos es mucho más difícil bajar que subir: por otra parte nos parecía imposible seguir hasta arriba aunque la cumbre debía ya estar cerca; el último paso terrible no se hubiera dado sin unas yerbas que le cubrían; pero tan tiernas que probabilísimamente no podrían sostener nuestros cuerpos: sin embargo los sostuvieron tres veces en que sin más apoyo hicimos impulso para arrastrarnos hacia arriba, y nos hallamos muy pronto al lado de un largo cerro de nieve alto unas 24 varas que ocupa la altura, entre el cual y el tajo paseamos un magnífico paseo hacia lo más alto del pico, con la satisfacción de haber salvado nuestras vidas, mochila y cartapacio de plantas que iba lleno de preciosidades parte cogidas en el mismo tajo y que estuvo dos veces en el aire. A la una y media estábamos en el Pico junto a una cruz sustituida de otra mejor que derribó el viento".
Merece la pena transcribir el ascenso al Mulhacén, partiendo del Cortijo de las Tomas (en el Término Municipal de Capileira), sobre todo porque en este relato de Clemente se citan la mayoría de las lagunas divisadas desde el techo peninsular
También merece la pena transcribir el ascenso al Mulhacén, partiendo del Cortijo de las Tomas (en el Término Municipal de Capileira), sobre todo porque en este relato de Clemente se citan la mayoría de las lagunas divisadas desde el techo peninsular: "El día 10 subimos en 3 horas y media desde el Cortijo de Las Tomas a la cima de Mulhacén: la niebla nos ocultó los objetos, excepto algunos muy vecinos como dos machos monteses que divisamos muy tranquilos más abajo a mitad del del corte que Mulhacén tiene al N. Entre la Laguna larga y la de la Caldera media el cerro que llaman del Juego de bolos y también Lomas del río seco. Sobre el Mulhacén también se veían como sobre el Veleta paredes o balates. La lagunilla del Majano está como medio cuarto de legua de la de la caldera en el mismo barranco de Poqueira o río de Mulhacén: al Majano le entra la misma agua que le sale. A la falda N. del Mulhacén hay otras lagunillas que llaman chorreras negras. A la falda de por este lado del N. del Mulhacén hay tres lagunas y otras 2 o tres más chicas todas muy poco distantes que llaman culo de Perro cuyas aguas van a parar al Barranco de entre Vélez que desagua en río grande. La laguna que de que antes hablamos suponiendo la Caldera es la de río seco distante un 1/4 de legua de la Caldera de la que la separa una cuerda".
Las observaciones altimétricas practicadas por Simón de Rojas Clemente y Rubio en Sierra Nevada, fueron determinantes para el cabal conocimiento y evaluación de su relieve
Las observaciones altimétricas practicadas por Simón de Rojas Clemente y Rubio en Sierra Nevada, fueron determinantes para el cabal conocimiento y evaluación de su relieve. Todas ellas fueron consignadas en La Historia Natural del Reino de Granada, anunciándolas en el tomo 2º de la misma, cuando al referir la Sierra de Lujar, señaló «la altura de esta sobre el nivel del mar (que va a medirse) podrá llegar a unas mil varas». Dos fueron los procedimientos empleados por Clemente: barométricos y geométricos. Se referirá en primer lugar la llamada nivelación barométrica, por ser el barómetro el instrumento de medida; con él se obtuvo el valor de la altitud absoluta, apoyándose en la variación de la presión atmosférica (marcada por la altura del mercurio incorporada al aparato) con la altitud. No hay constancia documental de la fórmula usada por el botánico para hallar el valor de la altitud sobre el nivel del mar, aunque es probable que eligiera la logarítmica que propuso el meteorólogo ginebrino Jean-André Deluc, a finales del siglo XVIII.
La nivelación geométrica , o por alturas, es el método topográfico ideal para obtener las altitudes relativas o desniveles
La más conocida de Laplace, empleada universalmente, fue publicada poco tiempo después de que finalizaran los trabajos de Sierra Nevada***. Clemente dejó constancia en el tomo IV de su obra, de las observaciones barométricas efectuadas sobre la cumbre del Veleta el día 2 de agosto del año 1805, unas matutinas y otras vespertinas. En las primeras constató que la altura del mercurio del barómetro había sido de 19 pulgadas y 3 líneas; a una temperatura de 14 grados; en las de la tarde, la atura había alcanzado las 19 pulgadas y 4 líneas, siendo la temperatura de 12 grados. Asimismo, indicó que en Granada se habían realizado otras similares: a las 12 horas (altura Hg 26 pulgadas y 2 líneas, a temperatura de 20. 5 grados) y a las 16 horas y 30 minutos (altura Hg 26 pulgadas y 2 líneas, a 25 grados). Teniéndoles presentes, dedujo Clemente que la altura del Veleta debería ser de 1.333, usando los datos de las 12 horas, y de 1314 en función de los vespertinos; con la salvedad de que, una vez corregidas por los efectos de la temperatura, se transformarían respectivamente en 1.373 y en 1.393. Tales valores de la altura del Veleta, con relación a Granada y expresados en varas castellanas, resultarían ser de 3.202 en el primer caso y de 3.250 en el segundo, deduciéndose finalmente un valor medio de 3226 v. c. En el diario de Clemente, se indica para el día 3 de agosto: "Hoy seguimos bajando por lo alto de la loma del río Dílar, a la derecha de esta tuvimos luego a la vista la Dehesa de los Jerónimos"****. La nivelación geométrica , o por alturas, es el método topográfico ideal para obtener las altitudes relativas o desniveles.
Simón de Rojas Clemente simplificó notablemente el procedimiento, recurriendo para ello a la nivelación hidrostática, basada en el empelo de un nivel de agua, acompañado de un par de niveletas o jalones graduados, provistos en su parte superior de un elemento de puntería
El instrumento usado es el nivel o equialtímetro, junto a un par de miras metálicas rigurosamente graduadas. Para calcular el desnivel entre dos puntos dados, situados a distancia y con la disposición adecuada, se estaciona el nivel en el punto medio del segmento que determinan, y las miras verticales en sus extremos. Al divisar cada mira se proyecta sobre ella la cruz filar y se anota la lectura correspondiente al hilo central, de manera que el valor del desnivel sería igual a la diferencia de las lecturas obtenidas en la mira de cada extremo, generalmente la posición de los puntos involucrados es tal que no basta una sola nivelada. En esos supuestos ha de realizarse una nivelación compuesta, en la que se va obteniendo el desnivel tramo a tramo, determinando el pretendido como la diferencia entre la suma de las lecturas de frente y las de espalda; dos calificativos ligados al sentido de la marcha. Con el fin de aumentar la exactitud del resultado, se realizaban itinerarios de nivelación cerrados o de ida y vuelta. Simón de Rojas Clemente simplificó notablemente el procedimiento, recurriendo para ello a la nivelación hidrostática, basada en el empelo de un nivel de agua, acompañado de un par de niveletas o jalones graduados, provistos en su parte superior de un elemento de puntería. El modelo convencional del instrumento constaba de los tubos de vidrio pequeños, transparente y abiertos en su parte superior, conectados perpendicularmente por otro tubo metálico de mayor longitud con un dispositivo central para que se pudiese aplicar un trípode. Colocado el tubo en posición horizontal, sea llenaba de agua hasta que alcanzase una cierta altura en los tubos de vidrio, altura que sería idéntica por el principio de los vasos comunicantes, consecuencia directa del equilibrio hidrostático.
"Desde aquí se siguió la nivelación por un terreno muy seco y expuesto a los vientos hasta cerca de las 4 fuentes de Peñas Blancas. Hasta aquí había sido el terreno más o menos húmedo, excepto la bajada del Mulhacén hasta la Caldera, que tampoco está sequísima como lo que sigue"
En los casos más sencillos el operador estacionaba el nivel en uno de los extremos del segmento a nivelar, desde el que divisaría la niveleta colocada en el otro, con su blanco móvil; el cual se iría desplazando siguiendo las indicaciones del citado operador, hasta que el centro del blanco estuviese en el plano horizontal materializado la altura alcanzada en los dos vasos. Una vez conseguida esa coincidencia, el valor del desnivel sería la diferencia entre la altura del instrumento y la de la niveleta. La imposibilidad de obtener el desnivel mediante una sola nivelada, obligaba a efectuar la nivelación compuesta. Así procedió Clemente al nivelar Sierra Nevada, proyectando y ejecutando un itinerario abierto cuyos extremos localizó en la cumbre del Mulhacén y en la playa de Castell de Ferro (Término Municipal de Gualchos). En un Apéndice de su Historia Natural del Reino de Granada figuran los datos de tan singular operación, referidos a las más de seiscientas niveladas que realizó; durante más de un mes, concretamente desde el 10 de agosto al 20 de septiembre de 1804. Clemente reprodujo las lecturas relativas a cada una de esas niveladas: indicando las del jalón de arriba (espalda) y las del jalón de abajo (frente); mencionando ocasionalmente el topónimo del paraje por el que se encontraba nivelando: Cerro de Mulhacén, Veleta, Cerro de los Machos, Cerro de la Caldera, Tajos Altos, la Caldera y el final de la nieve. A partir de ese límite señaló: "Desde aquí se siguió la nivelación por un terreno muy seco y expuesto a los vientos hasta cerca de las 4 fuentes de Peñas Blancas. Hasta aquí había sido el terreno más o menos húmedo, excepto la bajada del Mulhacén hasta la Caldera, que tampoco está sequísima como lo que sigue".
Otro de los topónimos incluidos en esa parte del relato fue verdaderamente llamativo, Cagada de Liebre, incluyendo mucho más adelante otros de connotaciones históricas, Cueva de Pedro y Juan, "junto a la Rambla de Lújar por donde pasamos". Clemente continuó nivelando por la Rambla hasta llegar a Castell de Ferro, « y se echaron todas las niveladas de unas cien varas», finalizando el itinerario en la playa, después de haber pasado por la Haza de las Granjas, junto a la Rambla.
Finalizados los trabajos de campo, el primer cálculo de Clemente fue el de la altitud del Mulhacén, sobre el nivel del mar, fijándola en 4.254 varas, 3 pulgadas y 5 líneas
incluyó otros, como por ejemplo los existentes entre el Veleta y el Cerro de los Machos (≈106 v), Cerro de la Caldera y Tajos Altos (≈ 6 v), o entre las Lagunas de la Caldera y la del Majano
e todo ese recorrido altimétrico dio cuenta Clemente en un Apéndice de la 'Historia Natural del Reino de Granada', al que tituló 'Nivelación de Sierra Nevada'; una especie de memoria asociada a tan ambicioso proyecto
Se constata así que Clemente dividió el itinerario en dos partes, siendo la Sierra de Lujar y su entorno, el extremo común a ambas; la prueba concluyente de esa división fue el listado de los lugares más singulares que recorrió desde la Sierra de Lujar hasta Castell de Ferro.
Clemente proporcionó gran parte de toda su información geográfica a F. Bauzá, I. Antillón y A. Humboldt. De hecho, el segundo hizo publica la altitud del Mulhacén antes que el responsable de su determinación
Clemente fue sometido a un proceso de depuración, al considerarlo afrancesado, aunque resultara rehabiltado en 1815 y volviese a ocupar su plaza de Bibliotecario en el Jardín Botánico
En realidad, la Historia Natural del reino de Granada se completó con la información recopilada en el viaje que realizó en 1809; por la Serranía de Ronda y la Hoya de Málaga. Cuando se produjo la invasión francesa acabó trasladándose a su pueblo, en donde escribió Historia civil, natural y eclesiástica de Titaguas, inédita hasta el año 2000. Clemente fue sometido a un proceso de depuración, al considerarlo afrancesado, aunque resultara rehabiltado en 1815 y volviese a ocupar su plaza de Bibliotecario en el Jardín Botánico.
Clemente continuó trabajando en sus manuscritos, su enfermedad y su posterior muerte en Madrid, el 27 de febrero de 1827, impidieron que pudiera culminar la edición de su magna obra
Durante el Trienio Liberal fue elegido diputado por Valencia, conservando su escaño hasta la siguiente disolución de las Cortes. Como bien apunta la reseña que le dedica la Real Academia de la Historia: "Con la vuelta del absolutismo se refugió en su pueblo hasta que fue requerido en 1825 para que regresara a Madrid y terminara la redacción de la Historia Natural del Reino de Granada. Estando en la capital fue nombrado presidente de la Junta directiva del Real Jardín Botánico y representante de esta institución científica en la Junta de Protección del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Aunque Clemente continuó trabajando en sus manuscritos, su enfermedad y su posterior muerte en Madrid, el 27 de febrero de 1827, impidieron que pudiera culminar la edición de su magna obra".
Notas
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* Reseña sobre el protagonista en la Real Academia de la Historia.
** Uno de los motivos fue haber abandonado el confesionario sin recibir la absolución.

























































