Abonados a la pedrea ¿o la pedrada?

Granada ha arrastrado históricamente el síndrome de los huérfanos de San Ildefonso. Aquellos niños del colegio de Madrid que compiten cada Navidad con la ilusión de cantar el Gordo. Alegres, dicharacheros y confiados en que sacarán la bola. Aunque son un aula entera y sólo puede cantarlo uno. Los demás se quedan compungidos. Otra vez será.
Uno que se entretiene en husmear el pasado y recorrer los vericuetos de la intrahistoria granadina se topa muy a menudo ─demasiadas veces─ con síndromes de San Ildefonso. Es decir, con desencantos, contrariedades, desengaños y frustraciones. Históricos todos ellos relacionados con negativas, indiferencias y algunas veces engaños y burlas por apuestas y promesas que se creyeron en las yemas de dedos y nunca se cogieron con las manos. Ferrocarriles, expos, campeonatos, autopistas, aeropuertos, monorraíles, embalses, teleféricos, teatros de ópera, etc. etc.
Nos hemos quedado compuestos y sin novias en nuestras pretensiones para conseguir la Agencia de la Inteligencia Artificial (Coruña llevósela) y de Salud (Zaragoza recibióla)
Ahora ha vuelto repetirse la historieta. Una vez más, porque la Historia avanza en espiral y sus círculos concéntricos se superponen unos sobre otros, como el día de la marmota. Nos hemos quedado compuestos y sin novias en nuestras pretensiones para conseguir la Agencia de la Inteligencia Artificial (Coruña llevósela) y de Salud (Zaragoza recibióla). Dos instituciones de peso, duraderas, inversoras y no anecdóticas. No como otras que prefiero no mencionar.
Siguiendo en el símil de la lotería, da la sensación de que Granada acude a este tipo de convocatorias nacionales abonándose a la pedrea. O peor aún: al reintegro. El bombo de los números y los premios que compramos da vueltas y vueltas. Nos mareamos obnubilados girando nuestras cabezas. Páginas y páginas promocionales en letra impresa. ¡Que viene, que viene, lo tenemos, que nos toca!
Hasta que sale el gordo. Cachís, no nos ha tocado por un número. A ver el segundo. También vuela. Se aproxima el final del sorteo, ya sólo queda por salir un quinto premio, el de menor enjundia. Empezamos a perder la esperanza, aunque no la fe. Seguimos rezando para pillar algo. Para justificarnos ante la audiencia. Pero no, sólo queda mirar la pedrea. Y ya es mucho. Al menos que nos caiga el reintegro.
Habremos de conformarnos. Jugaban muchas ciudades y a todas no puede tocarles. A llorar y lamentarse. ¡Vaya pedrada que nos han pegado desde Moncloa! Y van dos seguidas.
Los premios gordos de las agencias nacionales, los de verdad, ya han tocado en Coruña y Zaragoza. Sólo falta por salir a principios de año próximo el de consolación, el de la Capitalidad Cultural. Ese que no traerá un pan debajo del brazo. Porque no lo ha traído a ninguna de las tres ciudades españolas que ya lo recibieron.
Parece que otros jugaban más papeletas en estas apuestas. Por cálculo de probabilidades es más posible que se lleven los gordos. Igual que Doña Manolita, casi siempre está abonada a los premios más sustanciosos. Evidentemente, porque juega más del 25% de los boletos. No tengo yo tan claro que por Granada ocurra lo mismo a la hora de hacer las apuestas.
No sólo hay que jugar más números en estas apuestas. También es muy importante contar con personas de peso que den la cara a la hora de comprarlos en el kiosco de Moncloa
No sólo hay que jugar más números en estas apuestas. También es muy importante contar con personas de peso que den la cara a la hora de comprarlos en el kiosco de Moncloa. Que sus carreras profesionales pesen y que tengan cataplines dentro de sus partidos. Lamentablemente, todavía Granada tiene el patio lleno de párvulos políticos. Al triunviro que dirige las tres instituciones más señeras de la provincia, valor se le supone. Pero todavía no lo han demostrado. Su acervo llega poco más allá de buscar desesperadamente salir a diario en el photocall, preocuparse sólo por la barbita de pisaverde o dedicarse a levantar castillos en el aire.
Mientras esto siga así, Granada continuará abonada a la pedrea. O a la pedrada. A ver si dejamos de generar expectativas ─demasiadas─ con una jartá de fotillos a diario. Y nos ponemos a trabajar en serio. Continuemos así y esta provincia seguirá abonada a recibir una y otra vez el premio del reintegro.































