'El acuerdo que rompió las líneas rojas: el pacto Partido Popular y Vox en Andalucía'

La aritmética de los votos no le ha permitido a Juanma Moreno gobernar Andalucía en solitario. "El moderado", ha acabado transigiendo con las exigencias de Vox para poder ser beneficiario de sus votos, y de esa manera ser investido Presidente de la Junta de Andalucía. Aunque según él lo hace por el bien de los andaluces, Juanma Moreno ha transigido porque le ha interesado. Ha preferido dar su brazo a torcer y conceder una consejería con rango de vicepresidencia, además de facilitarle la vicepresidencia del parlamento y un senador autonómico, a un partido ultraderechista.
A Moreno ya le han precedido en esa política de pactos con Vox, sus conmilitones María Guardiola (Extremadura), Jorge Azcón (Aragón), Fernández Mañueco (Castilla y León) y Mazón (Valencia).
El caso más explícito fue el de María Guardiola que declaró que sus principios no le permitían gobernar con negadores de la violencia machista y con quienes atacaban los derechos LGTBI
El caso más explícito fue el de María Guardiola que declaró que sus principios no le permitían gobernar con negadores de la violencia machista y con quienes atacaban los derechos LGTBI. Llegó a afirmar que no traicionaría su palabra por ser presidenta "a toda costa". Sin embargo en Génova tenían otra opinión y así se lo hicieron saber. Y Guardiola traicionó su palabra y fue presidenta y Moreno reconoció entonces que Guardiola "se había tenido que tragar sus palabras"
La alternativa que tenía Juanma Moreno era, al igual que Guardiola, mantener los principios que decía tener y convocar elecciones de nuevo. Han estado simulando pero ya se sabía que PP y Vox iban a llegar a un acuerdo, porque Moreno no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de seguir gobernando, y Vox tampoco iba a renunciar al suculento plato de una consejería con rango de vicepresidencia.
Nada hay de ilícito en ese pacto, nada de ilegal en ese acuerdo de gobierno, y así hay que reconocerlo y admitirlo. Sin embargo, a Pedro Sánchez lo "crucificaron" desde el minuto uno: lo acusaron de pactar con filoetarras y golpistas. Y la oposición de derecha extrema y de extrema derecha repitieron esa falacia hasta la extenuación, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación afines.
Feijóo ha pedido la dimisión de Sánchez siempre y en todo lugar, prácticamente a diario y varias veces algunos días. Como líder de la oposición, Feijóo ha demostrado no tener más destrezas que esa
Prácticamente desde el principio, y una vez tras otra hasta hacerse cansino, Feijóo ha pedido la dimisión de Sánchez siempre y en todo lugar, prácticamente a diario y varias veces algunos días. Como líder de la oposición, Feijóo ha demostrado no tener más destrezas que esa. Cuando ha tenido alguna iniciativa, como la de proponer que las bajas por enfermedad conlleven una reducción salarial mientras dure la baja, han tenido que salir desde su propio partido a corregirlo. Cuando ha sido entrevistado, sus carencias han provocado desde el rictus severo y contundente de Silvia Intxaurrondo, hasta la sonrisa maliciosa y sarcástica de Carlos Alsina, que veían ambos como Feijóo era incapaz de salir del atolladero de sus propias contradicciones y de su falta de reflejos ante preguntas poco difíciles.
Se ha normalizado insultar al presidente Sánchez y llamarlo "hijo de puta". Es impropio de alguien que como Feijóo, dice tener vocación de llegar a presidir el Gobierno de la nación, cantar en un karaoke "me gusta la fruta". La poca imagen de gobernante que pudiera tener, y que día a día él mismo dilapida con sus intervenciones, quedó por debajo de los suelos.
Más allá de eso, los verdaderos sufridores del actual pacto en Andalucía van a ser, como siempre, las rentas bajas y por ende las capas menos favorecidas de la sociedad.
Están dispuestos a marginar, en contra incluso del mandato constitucional, a inmigrantes a la hora de atenderlos en los servicios públicos de salud: pudiera estar en el ánimo de esos gobernantes que a un nacional griposo se le atendiera antes que a un inmigrante con un infarto
Moreno se ha apresurado a desmentir que "se vayan a excluir a colectivos vulnerables de servicios básicos" y a decir que el baremo se aplicará con "justicia, legalidad y humanidad". No está de acuerdo con eso el flamante vicepresidente, Manuel Gavira (de Vox) que se ha apresurado a enmendarle la plana a Moreno dejando muy claro que el arraigo será solo uno de los muchos requisitos que blindarán el engendro ese que han llamado "prioridad nacional". En una entrevista, Rodrigo Alonso, portavoz de Vox en el Parlamento de Andalucía, presumía de imponer sus medidas, “prioridad nacional” incluida, y no ceder ante las posiciones del PP. El pacto evidencia que esos pactantes son fuertes y duros con los débiles. Están dispuestos a marginar, en contra incluso del mandato constitucional, a inmigrantes a la hora de atenderlos en los servicios públicos de salud: pudiera estar en el ánimo de esos gobernantes que a un nacional griposo se le atendiera antes que a un inmigrante con un infarto.
Están dispuestos a que los inmigrantes se hacinen (con toda la problemática y el sufrimiento humano que eso conlleva) en los centros que ya hay, porque no están dispuestos a dotar presupuestariamente un aumento en el número de plazas o de centros de acogida. Y está claro que los inmigrantes van a seguir llegando, porque la miseria que padecen en sus países de origen de alguna manera casi los obliga.
Vox ha advertido de que aquellas ONGs que colaboren con inmigrantes verán drásticamente reducidas las subvenciones que han venido percibiendo. De hecho, el consejero de Bienestar Social y Familia (de Vox) en el gobierno de Aragón ya ha suprimido la asignación semanal de 17 euros los niños y adolescentes de centros de protección. Pero se la ha suprimido solo a los menores inmigrantes, los menores no acompañados (“los menas”) lo que supone una discriminación en toda regla por el lugar de nacimiento, y además la medida es contraria a la Constitución que obliga a los poderes públicos a proteger a la infancia.
Recortarán también drásticamente las subvenciones a sindicatos, lo que conllevará una merma para los trabajadores en su capacidad para afrontar legislaciones que impliquen precariedad o pérdida de derechos adquiridos.
Juanma Moreno ha tenido que pactar con un partido político que además de todo eso, es antivacunas y negador del cambio climático a pesar de todos los incendios del mundo arrasando hectáreas y hectáreas. Tampoco ha condenado el franquismo ni el genocidio en Gaza.
En una entrevista en la Cadena Ser, Moreno “el moderado”, declaró que él “no tenía ningún interés en gobernar con Vox, ninguno”, pero al final como suele ocurrir cuando se presenta el dilema, ha triunfado lo útil sobre las promesas y declaraciones de principios previos. Pura Política.
“Se traga el sapo”, hay que reconocérselo, con su habitual semblante sonriente y bonachón
Juanma Moreno ha tenido que "tragarse el sapo" de que le impongan esas infamantes medidas en su gestión. Y “se traga el sapo”, hay que reconocérselo, con su habitual semblante sonriente y bonachón.
Carlos Alsina, nada sospechoso de escorarse a la izquierda, en uno de sus monólogos, preguntaba jocosamente: ¿tú también Juanma? Sí, Juanma también.





























