Artículo de Opinión por Federico Zurita

'El desollamiento del juez prevaricador'

Política - Federico Zurita - Domingo, 5 de Julio de 2026
Un artículo con la firma de Federico Zurita que propicia la reflexión y que te recomendamos. Para leer y compartir.
El Juicio de Cambises, de Gérard David.
vía Wikipedia
El Juicio de Cambises, de Gérard David.

Fue en una revista de Inmunología donde vi por primera vez un óleo perturbador titulado "El desollamiento del juez prevaricador". Lo cierto es que la revista utilizó la brutalidad de la escena de ese óleo, para poner de manifiesto la importancia que la piel supone como barrera primaria a la invasión por patógenos externos. 

Heródoto, el primer historiador del que se tiene noticia, escribió sus libros de historia con un sesgo claramente griego, que por entonces era la cosmovisión que se enfrentaba y se oponía a la cosmovisión persa como las Guerras Médicas se encargaron de poner de manifiesto. No obstante, hay que reconocerle al "Padre de la Historia", que reconociera muchos de los logros que la civilización persa alcanzó. 

Es Heródoto el que nos narra la historia de Cambises II, rey del imperio aqueménida (530-522 aec) e  hijo de Ciro el Grande. 

El Díptico de Cambises es un óleo sobre madera de roble, que el holandés Gerard David pintó en 1498 por encargo del Ayuntamiento de Brujas. 

En román paladino, Sisamnes prevaricó, o por lo menos, de eso se le acusó y por eso se le condenó. A través de la ventana, en el rellano cubierto al que conducen las escaleras se ve al juez aceptando el soborno

El díptico consta de dos tablas, en la tabla de la izquierda se representa el momento en que arrestan al juez Sisamnesal mismo tiempo que el rey le lee los cargos: el juez habría aceptado sobornos que determinaron que dictara una sentencia favorable al que le pagó. En román paladino, Sisamnes prevaricó, o por lo menos, de eso se le acusó y por eso se le condenó. A través de la ventana, en el rellano cubierto al que conducen las escaleras se ve al juez aceptando el soborno. 

La arquitectura de los edificios es imponente y crea una atmósfera que hace aún más solemne el momento.

La mirada del espectador se dirige principalmente hacia el centro de la composición, donde se puede ver al rey acusando al juez del delito de prevaricación. El semblante sereno del rey, probablemente nos esté diciendo que este no se está dejando llevar por un arrebato de ira, sino que está impartiendo justicia, sin odios pero sin blanduras. 

Casi con seguridad que es un funcionario de la justicia, el que sujeta por el brazo a Sisamnes mientras el rey le lee los cargos y la sentencia. 

Sisamnes aún mantiene la dignidad, pero el momento es de un dramatismo intenso. 

El rey, que es la figura central en esa composición, va acompañado por una serie de personajes que visten la ropa propia de una clase social alta: representan a altos dignatarios y funcionarios judiciales, que serían los encargados de garantizar la oficialidad y legalidad del proceso.  

La lanza que se ve salir de esa muchedumbre y el casco que lleva puesto el personaje que está al lado del rey nos muestran que hay soldados encargados de mantener el orden y recurrir a la fuerza y la violencia llegado  al caso. 

Es curioso que el pintor vistiera a esos personajes con la ropa propia de su tiempo, y no con la de los persas, que es cuando el acontecimiento tuvo lugar. Serviría ese anacronismo como advertencia a los jueces de su propia época del peligro que corrían en caso de incurrir en la prevaricación. 

En el panel derecho del díptico, se representa la ejecución del juez prevaricador, sometido al horrible suplicio de ser despellejado aún vivo. 

El detallismo del pintor es impresionante como muestran las sandalias del juez al pie de la mesa constituida en cadalso

El rey observa la escena, impertérrito. Los verdugos, que pudieran pasar por cirujanos, actúan con precisión quirúrgica y sin ensañamiento. El detallismo del pintor es impresionante como muestran las sandalias del juez al pie de la mesa constituida en cadalso. 

Al mirarlo con atención, se advierte que hay personajes en el panel derecho que están en el izquierdo, son los funcionarios de justicia. Sin embargo, los verdugos aparecen solo en el panel derecho ya que nada tenían que aportar durante el juicio. 

Para más saña, Cambises ordenó que la piel de Sisamnes sirviera para tapizar el sillón sobre el que se habría de sentar el juez que lo sustituyera, que fue el hijo del propio Sisamnes. 

Se puede observar a la derecha del panel derecho a Otanes, hijo de Sisamnes, ocupando el sillón que ocupó su padre y sentado sobre el pellejo de este. 

El díptico presidía la sala donde los jueces de Brujas tenían las reuniones. La advertencia, la tenaz advertencia a los jueces del siglo XV, no dejaba lugar a las dudas. 

Seguramente sea la prevaricación el peor de los delitos que un juez pueda cometer prevaliéndose de su cargo

Seguramente sea la prevaricación el peor de los delitos que un juez pueda cometer prevaliéndose de su cargo. Precisamente a quien está a cargo de repartir las penas según los delitos, se le exige un temple y una rectitud muy superior al que se le exige al resto de la ciudadanía y el funcionariado. Pero como no hay ley que no se transgreda ni colectivo inmaculado, siempre existieron jueces prevaricadores y cabe pensar que siempre seguirán existiendo. De Heródoto tenemos el primer testimonio. Y hoy día, 2500 años después, también los hay porque la naturaleza humana es obstinadamente frágil. 

Federico Zurita imparte docencia en el Máster sobre Paz y Conflictos en la Universidad de Granada.