De Bar en Peor

'Emepunto y aparte

Política - Paco Espínola - Viernes, 17 de Julio de 2026
Un brillante artículo de Paco Espínola que recoge una historia de Rajoy que puede que desconozcas. Recomendado.
No hay día (incluyendo fiestas de guardar) en el que no nos sorprendan con un detalle, una palabra o un gesto que apuntala su ‘idiosingracia’. Siguiendo la norma publicitaria de aprovechar todas las oportunidades para ‘chupar cámara’, los del PP mantienen que son “de centro” según el GPS que compraron en un chino. Mientras, gracias al fútbol, España se mantiene en coma inducido. 

El PP ha establecido turnos de aparición y cada día le toca a uno. Ayer fue Rajoy, hoy también. Teniendo en cuenta que, durante su mandato, el PSOE le pidió 105 veces su comparecencia y sólo hizo dos, hoy nos encontramos a un expresidente decidido a coger el toro de la actualidad por los cuernos. 

Rajoy, además, conoce las estadísticas y sabe dar dato por liebre.

Aunque una reciente encuesta demuestra que las encuestas no sirven para nada otra encuesta posterior asegura que España no sólo va bien sino que, además, la ‘cosa nostra’ de la judicatura va que lo flipas. 

Según el ideólogo y escritor Antonio Gramsci la desconfianza popular en la justicia oficial, es decir, en la “corrupción del sistema”, creó la figura del detective privado que actúa al margen (y a veces con franca rivalidad) de las policías oficiales. Así, Rajoy sostuvo que, efectivamente, se hacen cosas desagradables para que la gente corriente pueda dormir segura. A veces cosas auténticamente malvadas. 

Pero aún no tiene clara la diferencia entre ética y moral. Señor Rajoy: el hombre ético sabe que no debería engañar a sus votantes, mientras que el hombre moral nunca lo haría.

Los dirigentes del PP siempre mostraron su admiración por la democracia norteamericana y sus Padres Fundadores. Ya saben: Benjamin Franklin, Thomas Jefferson y George Washington, entre otros. Pero lo que no saben (o sí) es que despreciaban la democracia. La veían como equivalente al poder de las masas. Creían en una élite instruida, poderosos terratenientes que pondrían gente como ellos para dirigir al país y gobernar a las masas según fuera conveniente. 

Pero Rajoy es “de centro” de toda la vida, como Feijóo, Aznar, Ayuso… Por cierto “de centro” decía ser también el pistolero fascista José Antonio Primo de Rivera. O García-Margallo, eurodiputado del PP, quien afirmó en un programa de televisión el pasado 24 de junio: «El Gobierno de Mussolini era mejor que el de Pedro Sánchez». 

El 4 de marzo 1983, Mariano Rajoy Brey tenía 27 años, era registrador de la propiedad (profesión no delictiva), secretario general de Alianza Popular en Galicia... Y columnista del diario Faro de Vigo. Ahí perpetró el artículo titulado “Igualdad humana y modelos de sociedad”. 

Aquí elogia un libro del notario franquista Luis Moure Mariño por constituir «una prueba irrefutable de la falsedad de la afirmación de que todos los hombres son iguales». Así argumenta que los hijos de la buena estirpe superan a los demás:

«Ya en épocas remotas -existen en este sentido textos del siglo VI antes de Jesucristo- se afirmaba como verdad indiscutible, que la estirpe determina al hombre, tanto en lo físico como en lo psíquico. Y estos conocimientos que el hombre tenía intuitivamente -era un hecho objetivo que los hijos de “buena estirpe“, superaban a los demás- han sido confirmados más adelante por la ciencia: desde que Mendel formulara sus famosas ”Leyes“ nadie pone ya en tela de juicio que el hombre es esencialmente desigual, no sólo desde el momento del nacimiento sino desde el propio de la fecundación».

El 24 de julio de 1984, ya presidente de la Diputación de Pontevedra, escribió «La envidia igualitaria» que le sirve para elogiar otro libro -“no menos magistral”, dice-, este de Gonzalo Fernández de la Mora, ministro franquista e ideólogo de ciertas familias políticas de la dictadura por su libro “El crepúsculo de las ideologías”. El tema del artículo y del libro vuelve a ser la consideración de la desigualdad como un elemento natural del ser humano. Lo contrario es un absurdo, concluye. Crítica la búsqueda de la igualdad social al argumentar que la desigualdad es inherente a la naturaleza humana y a las diferencias de mérito. El texto defiende las diferencias salariales y critica la fiscalidad progresiva, calificando la búsqueda de igualdad económica como un castigo al esfuerzo y el fruto de la «envidia».

Actualmente, Rajoy, hoy conocido como “Emepunto”, tiene una columna en El Debate, digital ideológicamente ligado al ¡¡humanismo cristiano y a la doctrina social de la Iglesia!!. Defiende la unidad de España, el orden constitucional, la monarquía, la familia y el libre mercado. Está financiado por la Asociación Católica de Propagandistas.

El pasado 10 de julio tituló su columna «Hoy llegó el desquite». De una tacada habló de la victoria contra Bélgica: «Yo me alegro doblemente. En primer lugar, porque soy español y también porque a los jugadores belgas se les conoce como “Los diablos rojos” y a mí no me gustan ni los diablos ni los rojos, salvo la excepción que confirma la regla general, que es la camiseta de España, Basta con mirar hacia atrás o, simplemente, ver lo que sucede hoy en nuestro país. Así que esta victoria me sabe mejor». 

Y sobre el partido contra Francia: «¿Qué pasará? No resulta fácil dar una respuesta a semejante pregunta. […]. Francia ha sido dos veces campeona del mundo y finalista en la última edición. […] Tiene, además, una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses».

Emepunto no es Eduardo Galeano cuando escribe de fútbol y, en general, cuando respira. Galeano convirtió el fútbol en literatura (por favor, leed su “Cerrado por fútbol”). Emepunto escribe con faltas de ortografía, habla con faltas de ortografía y piensa con las faltas de ortografía de un racista. Es un cuñado de barra de bar que desconoce, además, que la fundamentación permite darle un significado al discurso que uno pronuncia. 

En 1996 el neonazi Jean-Marie Le Pen se expresó en los mismos términos que Emepunto.