Artículo de Opinión

'Gestionar el monte para evitar incendios'

Política - José Aureliano Martín Segura - Miércoles, 29 de Julio de 2026
José Aureliano Martín Segura, abogado y profesor de la UGR, firma este oportuno artículo sobre uno de los graves problemas a los que nos enfrentamos.
Incendio junto al embalse de Béznar el pasado sábado.
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Incendio junto al embalse de Béznar el pasado sábado.

Los fuegos de Madrid, Ávila, Toledo y Castelló han sacado de sus casas de 75.000 personas. Estas evacuaciones masivas son la nueva normalidad para la que no estamos preparados. Nos lo cuenta David Noriega en elDiario.es.  De la misma forma, cada verano, Granada vuelve a mirar con preocupación hacia Sierra Nevada o el Valle de Lecrín. El calor extremo, la sequía y la acumulación de vegetación seca convierten cualquier chispa en un riesgo real. 

Para el profesor de Ingeniería Agroforestal de la Universidad de León Víctor Fernández-García, “estas condiciones actúan sobre un territorio que lleva décadas transformándose en un polvorín en todo el país, con abandono de cultivos y aprovechamiento, acumulación y continuidad de la vegetación, expansión de las zonas residenciales hacia el monte y plantaciones y matorrales cada vez más cerca de los núcleos de población”. En un sentido similar se pronuncia el profesor del CSIC, Juli G. Pausas, que apuesta por fragmentar las grandes superficies forestales, estimular la actividad rural extensiva, limitar la interfaz urbano-forestal y realizar un manejo agresivo de la vegetación alrededor de las viviendas en estas zonas.

Hay territorios en España que ya están aplicando soluciones eficaces, y sus experiencias ofrecen pistas claras de lo que podemos hacer aquí

Pero hay territorios en España que ya están aplicando soluciones eficaces, y sus experiencias ofrecen pistas claras de lo que podemos hacer aquí. En Gran Canaria llevan dos décadas aplicando un modelo pionero que combina limpiezas mecánicas, pastoreo dirigido y remunerado y quemas prescritas de baja intensidad en invierno. El objetivo es crear un “paisaje mosaico”, donde convivan cultivos, pastos y distintos tipos de bosque, evitando que el fuego encuentre continuidad para avanzar. Como explica Federico Grillo, jefe de Emergencias del Cabildo de Gran Canaria, “el fuego limpia igual que limpiamos con una motodesbrozadora. Y es mejor quemarlo nosotros a que se queme de manera descontrolada”.

Es falso que la culpa de los incendios sea de que las leyes proteccionistas nos impiden cuidar el monte

Es falso que la culpa de los incendios sea de que las leyes proteccionistas nos impiden cuidar el monte. La Ley de Montes (Ley 43/2003) y la normativa andaluza establecen con claridad que la gestión del monte, incluyendo desbroces, podas, retirada de vegetación seca, mantenimiento de cortafuegos y apertura de caminos forestales, no solo está permitida: es obligatoria en zonas de riesgo. Tres ideas clave ayudan a entenderlo. 

Los trabajos preventivos son obligatorios. La ley exige a los propietarios de montes, públicos y privados, ejecutar los trabajos preventivos permitidos por la comunidad autónoma: desbroces, podas y desrames, creación y mantenimiento de cortafuegos, retirada de combustible vegetal, conservación de vías de acceso.

La competencia principal es de las Comunidades Autónomas. En nuestro caso de la Junta de Andalucía. La Junta regula qué trabajos se pueden hacer, en qué épocas, con qué permisos, y en qué condiciones de seguridad. Es la autoridad forestal que marca las reglas y supervisa su cumplimiento.

Los ayuntamientos también tienen responsabilidad. Los municipios deben velar por la seguridad en el interfaz urbano forestal, exigir a los propietarios el cumplimiento de las obligaciones y colaborar en los planes locales de prevención. En pueblos donde el monte toca directamente las viviendas, esta competencia es especialmente relevante.

Gestionar el monte no es destruirlo, es protegerlo

Lecciones para nuestro territorio. Todo lo anterior nos deja un mensaje claro: gestionar el monte no es destruirlo, es protegerlo. Significa retirar vegetación seca, mantener cortafuegos, abrir caminos forestales, recuperar usos tradicionales como el pastoreo y planificar quemas controladas cuando las condiciones lo permiten. Son medidas que reducen la intensidad de los incendios y permiten que los equipos de extinción trabajen con seguridad.

En un contexto de cambio climático provocado por la actividad humana, donde los incendios son más rápidos, más intensos e imprevisibles, estas prácticas no son opcionales. Son una inversión en seguridad, en paisaje y en futuro. El Valle de Lecrín y toda la ladera sur de Sierra Nevada pueden beneficiarse de estas experiencias que ya están funcionando en otros lugares de España.

José Aureliano Martín Segura, abogado y profesor de la UGR.