'Paloma, en la orilla del desahucio'

Tener un techo bajo el que vivir ha pasado de ser un derecho reconocido en la constitución a un objetivo inalcanzable para la población. El capitalismo, sistema económico y social al que los humanos nos hemos abrazado como incurables suicidas, ha convertido cualquier actividad humana en objeto de deseo mercantil; educación, vivienda, recogida de basuras, sanidad, agua, luz, limpieza y cualquier otra actividad de la que me pueda estar olvidando han pasado a ser motivo de ganancias. Muchas de ellas, a las que se les puso -en su momento- la etiqueta de servicio público, basan su rentabilidad en que abren la puerta a los recursos públicos. Una vez metidas sus manazas, el capital deja los baúles de todos tiritando, con más telarañas que la cueva de Alí Babá después de haber pasado por allí este famoso personaje. La inaudita realidad en la que nos movemos nos dice que el agua de Granada la gestiona una multinacional francesa, y que las basuras de esta ciudad las recoge otra multinacional cuyo mayor accionista es un magnate mexicano. Hoy, entre los muchos casos que se podrían citar, me he encontrado en los juzgados con la historia de Paloma, vecina de Plaza Nueva a la que, después de llevar 30 años en una vivienda, el propietario, arquitecto, profesor de la UGR y gran tenedor -que tiene muchas propiedades-, aspira a desahuciarla para parcelar el piso en habitaciones y meter allí a los turistas.
La verdad es que, ante la incontestable, rotunda, deprimente y triste realidad en la que estamos, no sé como terminar este relato. Por supuesto que desearle la mejor de las venturas y buen final a Paloma, y ¿llorar, gritar, patalear, deprimirme, vomitar...? No sé, voy a ver, tengo que darle algunas vueltas de cerebro a este tema.






































