Artículo de Opinión por Martín Blanco

'Los que esperaban siguen esperando'

Política - Martín Blanco - Martes, 4 de Agosto de 2026
Martín Blanco nos ofrece un magistral análisis, que no leerás en otros medios, sobre la estrategia que aflora tras el acuerdo entre el Sindicato Médico y la Junta de Andalucía.
Antonio Sanz y el presidente del Sindicato Médico Andaluz.
Junta de Andalucía
Antonio Sanz y el presidente del Sindicato Médico Andaluz.
«Los trabajadores no deben ser instrumento de nadie; deben ser dueños de su propio destino». Ángel Pestaña

Escribí hace unos meses que lo más revelador de la huelga del Sindicato Médico no era la huelga, sino el teatrillo. Ahora conocemos el desenlace provisional de la función. Y estaba mejor ensayada de lo que parecía.

Conviene precisarlo desde el principio. No atribuyo esta estrategia al colectivo médico ni a los afiliados al Sindicato Médico, muchos de los cuales secundaron legítimamente la huelga. La responsabilidad es de quienes construyeron el relato, condujeron las movilizaciones y firmaron el acuerdo.

CCOO y UGT han denunciado que el acuerdo rompe la negociación colectiva y vacía de contenido la Mesa Sectorial del SAS. Tienen razón, pero se quedan cortos. Miran a los sindicatos apartados de una negociación bilateral sobre más de 120.000 profesionales. Yo miro también a quienes ni siquiera han entrado en el relato: los pacientes que perdieron una consulta, una prueba o una intervención. Los pacientes no tendrán mesa ni plan para recuperar lo perdido.

Se califica lo firmado como un acuerdo vacío. El problema es más grave. Tiene contenido suficiente para demostrar que buena parte del relato con el que se justificó la huelga frente al gobierno central era falso, pero no para resolver los problemas estructurales de la sanidad pública andaluza

Se califica lo firmado como un acuerdo vacío. No estoy de acuerdo. Ojalá estuviera vacío: sería otra fotografía de las que acostumbra la Junta. El problema es más grave. Tiene contenido suficiente para demostrar que buena parte del relato con el que se justificó la huelga frente al gobierno central era falso, pero no para resolver los problemas estructurales de la sanidad pública andaluza.

No se trata de sustituir la coartada de la Junta por la del Ministerio. El Estatuto Marco, la clasificación profesional y determinados aspectos de las guardias corresponden al ámbito estatal y deben resolverse allí. Pero no todo dependía de Madrid, como se quiso hacer creer. El modelo de guardias y continuidades, determinados complementos, la jornada, la conciliación, la tutorización o los incentivos para puestos de difícil cobertura podían abordarse en Andalucía. Lo demuestra el acuerdo que firman la Junta y la ejecutiva del SMA, presentado por el Gobierno andaluz como «respuesta propia de Andalucía». La Junta podía actuar y los dirigentes del Sindicato Médico lo sabían. Moreno Bonilla mintió, Antonio Sanz mintió y la ejecutiva del Sindicato Médico mintió.

Durante meses, hasta las elecciones autonómicas, mantuvieron en escena una representación muy conveniente. La Junta adoptó una posición paternalista colocándose junto a los médicos como aliada comprensiva, pero casi impotente, ante un conflicto cuya responsabilidad atribuía al Ministerio. La ejecutiva del SMA concentró la ofensiva contra el Gobierno central y evitó dirigirla contra quien gobierna, financia y organiza el SAS. Cada cual desempeñó su papel y ambos quedaron protegidos mientras los pacientes andaluces aportaban la parte más dolorosa del decorado.

Ahora quienes afirmaban que el problema estaba en Madrid firman en Sevilla una hoja de ruta autonómica. Los dirigentes que presentaron determinadas reivindicaciones como irrenunciables aceptan un acuerdo sin Estatuto propio, nueva clasificación profesional, eliminación de las guardias obligatorias ni una política suficiente de plantillas. 

El documento está lleno de verbos en futuro: se analizará, se estudiará, se promoverá, se impulsará y se negociará. Las medidas relevantes quedan pendientes de informes, desarrollo normativo, disponibilidad presupuestaria y posteriores acuerdos en la Mesa Sectorial

El documento está lleno de verbos en futuro: se analizará, se estudiará, se promoverá, se impulsará y se negociará. Las medidas relevantes quedan pendientes de informes, desarrollo normativo, disponibilidad presupuestaria y posteriores acuerdos en la Mesa Sectorial. Lo que sí entra en vigor con la firma es la paz sindical: la ejecutiva del SMA compromete al sindicato a evitar movilizaciones autonómicas mientras ambas partes consideren satisfactorio el desarrollo del acuerdo, a apoyar las medidas en la Mesa Sectorial y a procurar que el conflicto estatal no perjudique la asistencia andaluza.

Las mejoras quedan sometidas a condiciones futuras; la desmovilización entra en vigor en presente. La Junta se libra del conflicto autonómico y los dirigentes del SMA obtienen un canal bilateral y privilegiado. Ambos continúan con la política que han mantenido durante los últimos ocho años: ganan tiempo y protagonismo sin afrontar los problemas estructurales del sistema.

La ejecutiva del SMA no obtiene jurídicamente una mesa exclusiva, pero sí una antesala reservada donde se prepara el menú antes de invitar a los demás sindicatos. No consigue un Estatuto propio, pero sí un espacio propio. No se elimina la negociación colectiva. Se la degrada

También tienen razón quienes denuncian que se ha quebrado la negociación colectiva. Lo grave no es que la Junta haya hablado con un sindicato fuera de la Mesa Sectorial, sino que haya firmado con una sola organización una hoja de ruta, creado una comisión bilateral y acordado previamente el contenido, el ritmo y la orientación de medidas que después deberán negociarse con todos. La ejecutiva del SMA no obtiene jurídicamente una mesa exclusiva, pero sí una antesala reservada donde se prepara el menú antes de invitar a los demás sindicatos. No consigue un Estatuto propio, pero sí un espacio propio. No se elimina la negociación colectiva. Se la degrada.

Tampoco se afronta el problema estructural. Mejorar retribuciones, incentivar puestos poco atractivos o hacer voluntarias determinadas prolongaciones puede ser razonable, pero pagar más horas y comprar más disponibilidad no es una política de plantillas. Es conseguir que quienes ya están dentro trabajen más o cubran destinos que el sistema no logra atender. Y la reducción de jornada, siendo legítima como medida de conciliación, pueden facilitar, si no se establecen las debidas salvaguardas, compatibilizar la dedicación parcial al sistema público con la actividad privada, una de las vías por las que se debilita y mercantiliza la sanidad pública.

Pero la parte más grave está en lo que el acuerdo ni siquiera menciona. Durante la huelga se suspendieron consultas, pruebas e intervenciones y aumentaron los retrasos sobre unas listas de espera ya difícilmente soportables. Miles de ciudadanos fueron utilizados como fuerza de presión. Ahora la Junta y la ejecutiva del SMA firman la paz sin evaluar el daño, fijar un plan de recuperación, establecer plazos para atender a los perjudicados ni comprometer transparencia sobre la actividad aplazada. Ni una sola obligación concreta para reparar lo ocurrido.

Los pacientes solo aparecen cuando la ejecutiva del SMA se compromete a que las futuras actuaciones contra el Ministerio no perjudiquen la asistencia andaluza

Los pacientes solo aparecen cuando la ejecutiva del SMA se compromete a que las futuras actuaciones contra el Ministerio no perjudiquen la asistencia andaluza. No entran como titulares del sistema sanitario ni como personas a las que deba repararse el daño. Entran únicamente como un límite estratégico para las próximas movilizaciones, contemplados desde una perspectiva puramente utilitaria.

Conviene dejarlo claro: los profesionales tenían y tienen reivindicaciones legítimas y el derecho de huelga no está en discusión. Lo que se cuestiona es la estrategia de la ejecutiva del SMA y de una Junta que se presentó como espectadora cuando podía atender una parte sustancial de las demandas. Un derecho legítimo no convierte en legítimo todo el relato construido para ejercerlo ni elimina la obligación de responder por sus consecuencias.

Lo más ofensivo no es que la Junta y los dirigentes del SMA hayan terminado negociando en Andalucía lo que durante meses situaron competencialmente en Madrid

Lo más ofensivo no es que la Junta y los dirigentes del SMA hayan terminado negociando en Andalucía lo que durante meses situaron competencialmente en Madrid. Es que el desenlace confirma la utilidad del reparto de papeles que ambos mantuvieron: la Junta eludió sus responsabilidades, la ejecutiva del SMA orientó el conflicto contra el Gobierno central y los dos alcanzaron finalmente la tranquilidad que buscaban.

Ya sabemos cómo termina la función; los que esperaban siguen esperando. Ni siquiera han tenido derecho a aparecer en el acuerdo. Porque el desprecio al usuario no ha sido un efecto lateral del teatrillo, sino la pieza que ha permitido mantener toda la representación en escena.

PS: Por si alguien quiere comprobar cómo se conjugan los verbos en condicional cuando llega la hora de comprometerse, aquí puede consultar el acuerdo completo: https://www.smandaluz.com/wp-content/uploads/2026/07/ACUERDO-SMA-CONSEJE...

Martín Blanco García. En su dilatada experiencia en gestión de la sanidad pública en Andalucía, Martín Blanco -(Lugo, 1958) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago de Compostela y máster en Gestión Sanitaria por la Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales y la Fundación Rey Alfonso XIII- ha sido subdirector y director Económico Administrativo y de Servicios Generales del Hospital Universitario Virgen de las Nieves (1992-2010); gerente de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) (2010-2012); director general de Profesionales del Servicio Andaluz de Salud (SAS) (2013-2015); secretario general de Planificación y Evaluación Económica de la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales (2015-2017); Viceconsejero de Salud de la Junta de Andalucía (2015-2017) y Director general del Parque Científico y Tecnológico Cartuja, S.A. (2017- 2019).