'Redwashing'

La semana pasada leíamos en este mismo diario un artículo tragicómico titulado “Otro mojón de la Alcaldesa para la posteridad” por el que nos enterábamos de que la ciudad ha instalado en algunos de sus espacios más emblemáticos seis vallas publicitarias del Banco de Santander. Es verdad que tienen forma de banco (del de poner las posaderas no del de meter los ahorros) pero eso es lo que son: vallas publicitarias.
Como para gustos colores, no voy yo a discutir si el rojo chillón de estos armatostes de plástico es feo, inapropiado y horroroso. Que cada cuál escoja la descripción que mejor lo represente. Pero si tengo un par de cosas que decir sobre el mensaje que transmiten estos artilugios publicitarios. Especialmente a la vista de medio gobierno municipal posando sonriente sobre uno de esos adefesios.
Con la excusa de que el plástico del que se han hecho los bancos ha salido de fundir tarjetas de crédito caducadas, la entidad proclama así su compromiso con el medio ambiente
Con la excusa de que el plástico del que se han hecho los bancos ha salido de fundir tarjetas de crédito caducadas, la entidad proclama así su compromiso con el medio ambiente. El mensaje es claro: fijaos si nos preocupa la sostenibilidad, que para no dejar el mínimo rastro de nuestro paso por el planeta, hasta algo tan pequeño como una tarjeta de crédito, lo reciclamos para no generar el menor residuo. Además, es tu tarjeta. Con ella tu también contribuyes a un mundo mejor. Casi me dan ganas de salir corriendo a abrirme una cuenta.
Esta práctica sería ejemplar para un mediano negocio, que utilizara envases de plástico o algo similar y realmente apostara por la economía circular. En el caso del Santander, tenemos que poner la medida en la perspectiva de una entidad que gestiona 836.000 millones de activos. Igual para evaluar el carácter verde del banco rojo es más significativo mirar qué está haciendo la entidad con esos activos.
Y ahí es donde aflora la verdadera cara de este banco. Según el informe “Financiando la Destrucción de los Ecosistemas” de Greenpeace Internacional, el Santander es uno de los campeones globales a la hora de poner dinero para destruir nuestro planeta. En este informe, de 2024, se establecía que el banco de Santander ha financiado a cinco de los seis grupos empresariales que tienen mayores vínculos directos o a través de la cadena de suministro con la reciente destrucción del ecosistema. De la deforestación de selvas tropicales a la extracción de combustibles fósiles pasando por mega proyectos como el Saguaro, de gas licuado en México, que amenaza con destruir ecosistemas y modos de economía local, parece que no hay límite ambiental que esta entidad bancaria no esté dispuesta a cruzar cuando de hacer negocio se trata.
Tampoco la paz y el respeto a los derechos humanos parecen figurar muy arriba en la escala de prioridades del mecenas de estos asientos encarnados. Su historial de financiación de industria armamentística global, incluida la producción de armas nucleares o el listado de sus relaciones con empresas sionistas implicadas en el genocidio, son abrumadores, como ha denunciado reiteradamente el Centro de Estudios Para la Paz.
Si el Banco de Santander quisiera mejorar el planeta, tendría un impacto miles de veces superior eligiendo con un poquito más de ética social y ambiental sus inversiones y limitándose a tirar las tarjetas caducadas al contenedor amarillo
Habrá quien defienda que así es la vida y el mundo y el mercado y todo esto le parezca bien. Sin entrar a discutir esto, yo pido que, por lo menos, no nos tomen el pelo. Si el Banco de Santander quisiera mejorar el planeta, tendría un impacto miles de veces superior eligiendo con un poquito más de ética social y ambiental sus inversiones y limitándose a tirar las tarjetas caducadas al contenedor amarillo. Pero no se trata de eso. No se trata de cuidar el planeta. Se trata de una descarada política de imagen. De una hipocresía sin límites en la que se representa con gestos lo contrario de lo que se hace materialmente. Incoherente y ridículo, como sería comprarse un jet privado y presumir de sostenible porque le pongo luces led.
Me niego a que mi ciudad sea cómplice de esta campaña de lavado de imagen ambiental
Habrá también quien diga que es de ilusos pedir a una corporación privada que no haga todo lo que esté en su mano por aparentar y mejorar su imagen. Que miran por sus intereses privados. Vale, aceptado ¿Me permiten entonces al menos que me dirija a la alcaldesa de Granada, elegida por todos los granadinos para defender el bien común, y le pida que nos proteja de esta estafa publicitaria? Está bien que los hayan retirado de la Avenida de la Constitución, donde afeaban la galería de esculturas que adorna este céntrico bulevar. Me disgusta que mantengan uno, justo delante de la sucursal central del Santander en Granada. Me niego a que mi ciudad sea cómplice de esta campaña de lavado de imagen ambiental. Greenwashing que dicen los modernos, que en este caso sería redwashing. Por eso, ahora que estamos a tiempo, reclamo a los gobernantes de la ciudad que no le den muchas vueltas a su futura ubicación idónea, que no es otra que la planta de reciclaje de Alhendín.


















































