'Tonteorías'

No los escucho, pero la democracia nos obliga a oírlos. Han convertido la política en la maña de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros. O mejor definido por el poeta Paul Valèry: «Política es el arte de evitar que la gente se preocupe de lo que le importa». Me refiero al ‘naftalino’ Abascal (‘Obescal’, en inglés) y sus sucedáneos: el Aznar Campeador que retratara Luis Magán (El país, 1987) e Isabel Díaz Ayuso, quien con nueve años perdió la fe, pero con veintidós descubrió, estupefacta, que en Ecuador hablaban español, como recordó en la chilena Universidad de Los Andes en 2024. La curiosidad le iluminaba el rostro y le oscurecía la inteligencia. Isabel era prodigiosamente inculta para viajar. Pero no para opinar: «La unidad nacional que logran los Reyes Católicos fue la base de una monarquía universal, porque es católica», dijo el Día de la Comunidad en 2022. Sin embargo, ya en el siglo XVI la Iglesia era poderosa y rica, pero los obispos lamentaban en sus escritos que el pueblo era poco devoto, más allá de las manifestaciones folclóricas. Lo de una España profundamente católica se debe a pensadores como Marcelino Menéndez Pelayo, quien a finales del XIX exageró la religiosidad española para enfrentarse a los liberales anticlericales.
Abascal, que sí debe ser listo, ya que come solo, afirma: «Andalucía es la de Fernando III, el Santo, que recobró esta tierra de los moros y la de los Reyes Católicos que terminaron la Reconquista. La de esas batallas que empezaron en las Navas de Tolosa en 1212 y que terminaron en 1492 en Granada. Esa es la verdadera Andalucía y la verdadera España que reivindicamos sin miedos ni complejos y estamos aquí para defenderlas».
Son “especialistas en nada” (regalo que le hice a Sabina para una canción), pero profesionalmente se dedican a la Criptozoología; comienzan con una conclusión y luego van hacia atrás para probarla. En España los Yeti, Bigfoot, Nessie o Chupacabras han sido sustituidos por los moros, Pelayo y Covadonga, El Cid, la Reconquista, los Reyes Católicos, la unidad de España, la Conquista de América, Flandes, la raza hispánica. Idea ésta que rebate el catedrático emérito de la Complutense Álvarez Junco: «Hemos recibido mucho de otras culturas y las llevamos en la sangre».
Apoyados en los Reyes Católicos, en la unión de las coronas de Castilla y Aragón, el PP propaga que España es la nación más vieja de Europa. Pero, según los historiadores, los Estados modernos tuvieron que crear su identidad en los últimos dos siglos con lecturas fantasiosas de su pasado. Solo que algunos (Francia) han tenido más éxito que otros (España). El problema de fondo es que «para unir España hubo que inventar la nación, procurando, a la vez, aceptar en ella mil años de diversidad y contradicción», afirman.
Lo de Abascal y los suyos es un Síndrome de Diógenes de libro, pura acumulación de basura intelectual. Sus pactos con el PP me recuerdan aquel diálogo entre Lenny y Leonard en Los Simpsons. Lenny: «A mí me gusta todo, pero en conjunto me horroriza». Leonard: «Yo opino lo contrario, pero lo mismo».
El enunciado "los moros invadieron España" es impreciso y simplista. No eran un grupo homogéneo; gran parte eran bereberes dirigidos por élites árabes que derrocaron el reino visigodo. Si bien hubo una conquista militar rápida los científicos prefieren términos como "conquista islámica" o "establecimiento de Al-Ándalus", idealización ésta de los románticos extranjeros del siglo XIX fascinados por la herencia islámica en España, un esplendor limitado a un periodo muy breve en Córdoba, en el siglo X, y otro posterior en Granada. Lo más probable es que nunca existiera una invasión violenta sino una revolución interna de los pobladores de la Hispania que se dejaron seducir por la magia de lo nuevo y mejor.
La rebelión de Pelayo en Covadonga está documentada como “escaramuza” y no como batalla.
El Cid, «Héroe de la cruzada contra los infieles», según Franco, ni peleó por la unidad de España, ni realizó ninguna cruzada, solo fue un mercenario que combatió junto a guerreros musulmanes.
Las circunstancias de la toma de Granada en 1492 no tienen nada que ver con las que decidieron la batalla de Navas de Tolosa, casi tres siglos antes (1212) y en el contexto de una cruzada internacional que, como reveló un ensayo de 2015, los cronistas minimizaron la presencia extranjera.
El término “Reconquista” aparece en 1796 y se utiliza para subrayar la supuesta gloria de España, usando un concepto equivocado para servir a una ideología. Según el catedrático Álvarez Junco, «El término significa convertir en una única guerra lo que fue un conjunto de guerras que se desarrollaron a lo largo de ocho siglos durante los que hubo periodos de siglo y medio de paz». El prestigioso hispanista británico Henry Kamen afirma: «Fernando e Isabel no reanudaron un proceso que se había interrumpido, sino que dieron comienzo a una etapa diferente».
Kamen se niega a aceptar la unión dinástica de Castilla y Aragón como el momento fundacional de la nación española. «En realidad, no creó ni siquiera un Estado. En los más de dos siglos que siguieron a la unión de las coronas de Isabel y Fernando, no se tomó ninguna medida para lograr la unión política de la Península. Es a partir de 1700 cuando los Borbones emprenden la unificación política, en un principio solo administrativa. Fue un proceso lento».
Los Reyes Católicos han sido símbolo nacional para unos y otros: para los liberales del XIX eran monarcas ejemplares en contraste con los que les sucedieron, que eran extranjeros, incompetentes y absolutistas; luego es Franco el que pone en su altar particular a Isabel la Católica. «En los ganadores de la Guerra Civil no había cultura. Tampoco esperaban llegar al poder, así que tuvieron que buscar en el pasado las esencias de una ideología que no existía», asegura Kamen.
La “conquista de América” no fue tal, sino una empresa con participación local. Del lado de Hernán Cortés luchaban nativos contra sus enemigos; del mismo modo que en Flandes combatían tropas de muchas nacionalidades.
España no tuvo bandera hasta bien entrado el siglo XIX, y la Marcha Real no se adoptó como himno hasta el XX, un indicador de un débil sentimiento nacional. La Marcha es un calco de una composición introductoria de una nuba andalusí, atribuida a Ibn Bayyah (Avempace) en el siglo XI que viviá de “las paguitas” como pensador, médico, músico y poeta. O sea, el himno nacional de España no es más que una composición árabe-andalusí.
Lo siento, queridos fascistas, siempre tendréis «Cara al sol» como canción del verano.

















































