Contradicciones no tan normales

Blog - Reflexiones del Por Venir - Chema Rueda - Miércoles, 8 de Julio de 2020
Los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Sofía asisten a la eucaristía por las víctimas de la COVID-19.
© Casa de S.M. el Rey
Los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Doña Sofía asisten a la eucaristía por las víctimas de la COVID-19.

Afloran y se reavivan viejas contradicciones españolas en estos tiempos de nueva normalidad. Que no se diga que el eterno espíritu contradictorio nacional ha decaído con la pandemia. Es más, no sólo se mantiene fuerte, sino que ha ganado en intensidad la innata capacidad celtibérica de pedir una cosa y su contraria. De reclamar blanco y negro a la vez, sin inmutarse. El virus no ha podido con ello. Fiscalidad y laicidad, como casi siempre, son las estrellas, lo cual no es de extrañar, pues el bolsillo, propio o ajeno, se presta a este juego de la contradicción, y no digamos los sentimientos y creencias personales, siempre prestos a ponerse por encima de la Constitución y las leyes.

Decir que la reforma o reformas fiscales próximas son por definición una atrocidad y un castigo, sin dejar de reclamar más ingresos es simple y llanamente una felonía, pues además de injusto e hipócrita, es imposible. Para gastar, hay que tener y para tener hay que recaudar. Lo contrario es conceptualmente aberrante, además de ser mentira. Aunque sea "muy y mucho español", lo que no es consuelo ninguno

No parece que haya mucha controversia sobre la necesidad de que el Estado disponga de recursos suficientes para implantar medidas económicas, sanitarias y sociales que hagan frente a las consecuencias presentes de la pandemia y que nos preparen mejor ante un posible rebrote de la misma, así como a proteger a nuestras y nuestros compatriotas que más han sufrido las consecuencias de ésta. De hecho, a la luz de las manifestaciones públicas de la totalidad de representantes políticos y sindicales, esa mayor dotación de recursos se considera el punto común de acuerdo para la reconstrucción. Recursos que no caerán del cielo, por si alguien aún lo cree, sino que llegarán básicamente de dos frentes. De fondos y dotaciones (más o menos condicionados) de la Unión europea. Y de mayores ingresos estatales, vía impuestos de la ciudadanía, con sus constitucionales y razonables criterios de justicia, progresividad y equidad. De ningún otro lugar lloverán los ingresos. Luego, si se comparte que se precisan más recursos, es profundamente anormal, no compartir la necesidad de procurarlos a través de impuestos. Y no digamos, intentar poner palos en las ruedas del gobierno, ahora que se está negociando el fondo, la cuantía y las forma de los mayores fondos europeos.

Decir que la reforma o reformas fiscales próximas son por definición una atrocidad y un castigo, sin dejar de reclamar más ingresos es simple y llanamente una felonía, pues además de injusto e hipócrita, es imposible. Para gastar, hay que tener y para tener hay que recaudar. Lo contrario es conceptualmente aberrante, además de ser mentira. Aunque sea "muy y mucho español", lo que no es consuelo ninguno.

Y ha de quedar manifiestamente diferenciada de la celebración oficial o de Estado, que tiene fecha y formato prefijado, en la que, de manera oficial, sin obligaciones ni forzamientos, el Estado español honrará a las víctimas

También pareciera que, por fin, en nuestro país, habíamos comprendido que eso de la separación Iglesia-Estado, el carácter aconfesional del Estado, y conceptos como la libertad religiosa y de pensamiento y la no intromisión de ninguna confesión en la vida pública, no sólo eran ideas correctas y respetables, además de leyes vigentes, sino que conformaban un imaginario colectivo de tolerancia, respeto y pluralidad, que todas y todos, más o menos, asumíamos. Sin embargo, pese a que prácticamente nadie contradice esas afirmaciones, ha vuelto a aparecer el nacional quejido ante la falta de presencia institucional del máximo nivel, en una celebración claramente (y respetablemente) religiosa, en recuerdo de las víctimas de la pandemia. Esa en concreto y cientos más de ellas se podrán celebrar en tiempo y forma, para que asista quien buenamente quiera. Es la concepción religiosa personal e intransferible de cada ciudadano o ciudadana.

Y ha de quedar manifiestamente diferenciada de la celebración oficial o de Estado, que tiene fecha y formato prefijado, en la que, de manera oficial, sin obligaciones ni forzamientos, el Estado español honrará a las víctimas.

La verdad es que es bien fácil de entender, de comprender y de diferenciar los conceptos. Es legítimo no compartirlos, es decir, es legítimo pensar que subir impuestos es malo y que la religión y las creencias religiosas han de ser oficiales. Posiciones que con la Constitución en la mano resulta fácil desbaratar dialécticamente. Pero pensar que se necesitan más recursos y que los impuestos no han de subirse es una contradicción y como tal ha de calificarse y combatirse. Y considerar que la religión forma parte de la individualidad intransferible de cada persona, pero criticar a las instituciones por ausentarse de una celebración religiosa es otra contradicción que merece la misma respuesta. Con la nueva normalidad, con la antigua y con la que haya de venir.

 

Imagen de Chema Rueda

Nacido en Guadix (Granada) en 1963, por tanto de la generación de "A hard days night" y "Satisfaction". Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada y funcionario de Administración Local, grupo A, trabaja en el Edificio de Los Mondragones. Fue concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Granada (desde 2003 y hasta junio de 2015. Ha sido Secretario general del PSOE de la ciudad de Granada entre 2008 y 2017 y es Miembro del Comité Federal del PSOE desde el 39 Congreso. Me apasiona escribir (lo que pienso), debatir y participar en la vida pública, desde todos los ángulos posibles. Me duelen bastantes cosas de la vida y de la política actual, y no pienso dejar de intentar arreglarlas. Me apasiona la vida, la amistad, la Alpujarra y el Atlético de Madrid.