'Dellafuente se reencuentra'

¿Qué decir sobre Dellafuente que no haya dicho ya? De una manera u otra, he comentado casi todo lo que ha publicado el artista granadino desde que inicié el blog en 2020, desde las excursiones por el rock andaluz hasta los experimentos electrónicos, desde sus acercamientos al mainstream a sus proyectos más personales; incluso de sus EPs menos brillantes he llegado a hablar. Creo que no hay duda de que se trata de uno de los artistas más longevos, creativos y singulares de aquella generación que trajo lo “urbano” a nuestro país, y desde luego es el que tiene los fans más fieles y devotos (entre los que, por si no había quedado claro, me cuento). Gran parte de la culpa de ello la tiene su combinación de cosmopolitismo y localismo ferviente: su “música folklórica atemporal” bebe de muchas tradiciones de diversos puntos del globo, con mención especial para los ritmos latinos, el hip hop y el flamenco, pero al mismo tiempo siempre ha representado a su Graná en cada uno de sus proyectos.
Una vez escuchado el disco, me alegra decir que 'BRIGADO,' me parece una vuelta al buen camino y una síntesis de lo mejor de sus proyectos de este último lustro
He expresado en varias ocasiones que, para mí, la versión más sofisticada de su propuesta llegó con Lágrimas pa otro día (2023), que me parece uno de los mejores discos de esta década en nuestro país, además de ser un puente fundamental entre la generación del Chino y la que está llegando ahora, gracias al trabajo en la producción de rusowsky y Ralphie Choo. En cambio, Torii Yama (2024), su último LP, me pareció el más desatinado: faltaba la visión estética coherente, faltaban las canciones realmente pegadizas, e incluso ese vínculo con la nueva generación quedaba desdibujado en las mediocres colaboraciones con Judeline o Lia Kali. Tenía curiosidad, por tanto, por ver qué hacía el de Armilla en su nuevo trabajo, anunciado de nuevo sin demasiada antelación y con escasa ceremonia, como viene siendo su estilo: apenas mes y medio de plazo entre la salida del single “Agradecío” y la llegada del álbum en sí, el 19 de junio. Una vez escuchado el disco, me alegra decir que BRIGADO, me parece una vuelta al buen camino y una síntesis de lo mejor de sus proyectos de este último lustro.
El álbum toma el agradecimiento como hilo conductor: se abre en un tono mortecino, deprimido, y va avanzando hasta un colorido final que parece una evolución aún más expansiva del sonido de Lágrimas…
El álbum toma el agradecimiento como hilo conductor[1]: se abre en un tono mortecino, deprimido, y va avanzando hasta un colorido final que parece una evolución aún más expansiva del sonido de Lágrimas… Lo importante es que ese paso de lo oscuro a lo alegre se corresponde con un cambio de prioridades: el inicio del disco está centrado en lo vacío del éxito de Dellafuente y de la “Vida en PNG” sobre la que habla el primer corte, mientras que las divertidas canciones finales exaltan la vida familiar de Pablo Enoc. Es más, las letras de los primeros temas trazan una equivalencia entre un mayor éxito en su carrera y un alejamiento de lo que importa, una pérdida: es el caso de “Sin explicacion3s”, “Modo avión” y, especialmente, “Na me sabe a na” (“No sé a qué sabe la gloria/Sé a qué sabe la tristeza/Sé a qué me suena esa historia/Y no me suena a belleza/En el fondo nada sabe/Como sabía en tu presencia/Y ahora ya nada me vale/Na me sabe a na”).
Cabe destacar que la instrumentación electrónica y la orgánica están aquí combinadas con más fluidez que nunca, con resultados tremendamente elegantes
En esta parte del tracklist, el tono de abatimiento recuerda a la energía fúnebre y algo paranoica de Milagro (2021), del que también se recupera el uso de arreglos de cuerda. Al mismo tiempo, ya en esta primera mitad encontramos ecos del fantástico Lágrimas… en el uso recurrente de ritmos afrocubanos, en la bachata de “Me olvido” o en la cuasi-bossa nova de “2:3 Filipenses”. Del mismo modo, el dembow omnipresente en Descanso en Poder (2020) regresa aquí en “Sin explicacion3s” o “Espíritu Santo”, cuya letra nos habla también de su forma de reinventarse artísticamente como una especie de adicción que, quizás, lo ha alejado de su camino (“Tomo decisione' que sé que pueden destruirme/porque amo reconstruirme/Estoy vicia'o en coger la vía difícil, la de la vеrdad/Me da seguridad esta insеguridad/Todo lo que hago sabe a poco”). Cabe destacar que la instrumentación electrónica y la orgánica están aquí combinadas con más fluidez que nunca, con resultados tremendamente elegantes. “Modo avión” es uno de los mejores ejemplos, con su espectacular drop de electrónica glitchy subrayada por unos arreglos de cuerdas que habrían tenido cabida en LUX.
El clímax de la canción es una explosión de euforia electrónica, con unos coros de hinchada de fútbol que ponen los vellos de punta
Dicho todo lo cual, aunque hay grandes momentos en esta primera mitad, salta a la vista que esa segunda parte más movida es el momento en el que el disco alcanza sus cotas más altas. El giro, tanto instrumental como líricamente, llega en “La vida te da sorpr3sas”. En ella, Dellafuente toma conciencia de que todas sus excusas eran, ante todo, una manera de engañarse a sí mismo. En coherencia, pasamos de un arranque solemne, acompañado solo de una guitarra melancólica, a la construcción de un rico y animado tapiz sonoro con percusión electrónica y voces con efectos, bajo y piano, arreglos de viento metal y piano eléctrico, flauta travesera y coros. “El baile del agua” es el paso definitivo hacia exigirse más a sí mismo, rechazar los falsos halagos de la fama y recuperar la conexión con su gente (“Ya no quiero que nadie me baile/Ni le pido al cielo que amaine/Solo quiero tu respiración”). El clímax de la canción es una explosión de euforia electrónica, con unos coros de hinchada de fútbol que ponen los vellos de punta.
“Caravaggio” es un auténtico festival de principio a fin, el single más exitoso y el que mejor funciona como tal, con una letra entre lo chulesco y lo jaranero que incluye algún pareado descacharrante
A continuación, llegan los dos temas que más abiertamente juegan con la salsa y, probablemente, los mejores. “Caravaggio” es un auténtico festival de principio a fin, el single más exitoso y el que mejor funciona como tal, con una letra entre lo chulesco y lo jaranero que incluye algún pareado descacharrante (“Yo soy como agua de mayo/Por mucho que llueva, te va' a morir siendo payo”). Los temas centrales del álbum regresan en “Mi modo de vida <3”, una preciosa carta de amor a su pareja y sus hijas cuyo estribillo desborda alegría con su salsa romántica y juguetona. Por último, “Agradecío” pone el broche al disco, siendo el corte más cercano al hip hop puro. La letra no solo reitera constantemente la importancia de esa actitud de gratitud, particularmente por lo más sencillo y cotidiano (“De despertarme y verte (Agradecío')/De lo que me está pasando/De ser padre, hijo y espíritu santo (Agradecío')”), sino que cierra con un interesantísimo reconocimiento y aceptación del cambio de su lugar en la escena (“De estar cura’o de espanto/De de moda estar pasando/Estoy agradecío y lleno/De to lo que he perdío, lleno”).
Lo paradójico es que, como demuestra este mismo disco, solo alguien con esa capacidad para afrontar equilibradamente su propio ocaso como estrella puede seguir generando música de tanta calidad pese a los cambios en su vida y en las tendencias. Dudo mucho que el Chino llegue a pasarse de moda de verdad, porque pocos han tenido su inteligencia a la hora de dirigir su carrera y de mantener un equilibrio entre la privacidad que tanto valora y la conexión con un público que lo adora. Este equilibrio parece la clave que le permite seguir encontrando maneras de crecer como artista (como con ese nuevo alter ego que es 3NOC) y componiendo hits; mientras haga eso, no le van a faltar los seguidores.
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Puntuación: 7.5/10
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Notal pie:
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- [1] De hecho, el título es un juego con la cuasi-homofonía de “obrigado” y “arigato”, o “gracias” en portugués y japonés, respectivamente. La portada del disco muestra a Dellafuente y su pareja con los caracteres japoneses para “arigatai”, “agradecido”.



















































