'Entrenando el oído #3: cómo aprendí a escuchar metal'

El pasado enero os conté que me estaba planteando el reto de integrar en mis patrones diarios de escucha géneros menos habituales para mí, como la electrónica. Ya unos meses antes, durante las vacaciones de verano, había comprobado que dos discos de metal que, de entrada, no me habían cuadrado, al escucharlos con otra actitud, de manera más atenta y en un contexto más tranquilo, me habían encantado. De hecho, ambos acabaron en mi lista de discos del año. Así pues, lo que quería era encontrar otros espacios y momentos en los que poder disfrutar de estos estilos de música que proveen estímulos y evocan emociones distintas a las que encajan en mis prácticas de escucha cotidianas. Quiero decir: quizás el momento de preparar el desayuno no es el ideal para escuchar black metal, ni el rato mientras me ducho y me visto me permita apreciar los matices de un disco de IDM, por mencionar dos de los momentos típicos en los que escucho música.
A nadie le sorprenderá el hecho de que, al ser mi vida menos estresante ahora mismo en comparación con estas mismas fechas en el año pasado, esté diversificando mucho más lo que escucho y disfrutando del proceso
En otras palabras: necesitaba tener una mayor conciencia de mis propios hábitos de escucha para identificar mejor los momentos en los que me podían entrar de manera más natural discos de distintos géneros. Los hallazgos quizás no sean inesperados, pero me han ayudado a comprobar en mi propia experiencia lo que tan bien explica David Byrne en su estupendo ensayo Cómo funciona la música: que la música no es un heroico acto creativo que se da en el vacío, sino que se adapta a los espacios en los que se interpreta, a los medios con los que se graba, a las costumbres en las que se integra; y, del mismo modo, la música no se recibe de forma neutra, sino que las expectativas y las condiciones de escucha influyen en la recepción. En ese sentido, a nadie le sorprenderá el hecho de que, al ser mi vida menos estresante ahora mismo en comparación con estas mismas fechas en el año pasado, esté diversificando mucho más lo que escucho y disfrutando del proceso.
Rápidamente me di cuenta de que la determinación que necesitaba para afrontar esa caminata matutina me la daba, mejor que cualquier otra cosa, el metal
Más allá de la mera pausa, un hecho crucial ha sido un cambio en mi rutina: durante seis semanas, he estado haciendo las prácticas del máster de profesorado en un instituto. Por la particular ubicación del centro y de mi casa, la única forma de llegar era caminando durante 35 minutos, y entraba todos los días a las 8:15 de la mañana. Algo que podría parecer una molestia se convirtió en una bendición: empezar mis días con un largo paseo me servía para despejarme, para poner el cuerpo y la mente en marcha y prepararme para enfrentarme a las clases; y también, claro, para escuchar música. Rápidamente me di cuenta de que la determinación que necesitaba para afrontar esa caminata matutina me la daba, mejor que cualquier otra cosa, el metal. Así pues, la salida al mercado del último disco de Converge, el legendario grupo estadounidense de metalcore, el 13 de febrero, días antes del inicio de mis prácticas, me vino como caída del cielo. Love Is Not Enough, que además tenía la duración perfecta (diez canciones, 31 minutos), se convirtió enseguida en la banda sonora de mis mañanas.
No es fácil tocar con tanta furia y, al mismo tiempo, componer canciones tan bien medidas, pero estos cuatro lo llevan haciendo tres décadas de manera ejemplar, y Love Is Not Enough no se queda atrás
No es que fuera un fan acérrimo de los de Massachusetts, pero sí que conocía y admiraba la violencia incontenible y precisa de Jane Doe (2001). Este nuevo álbum me ha servido para terminar de enamorarme de la banda. No es fácil tocar con tanta furia y, al mismo tiempo, componer canciones tan bien medidas, pero estos cuatro lo llevan haciendo tres décadas de manera ejemplar, y Love Is Not Enough no se queda atrás. Las cuatro primeras pistas del LP son un cañonazo. “Distract and Divide”, en particular, es minuto y medio de puro e implacable hardcore tocado a un volumen inhumano. Aunque diría que mi favorita de este inicio es “To Feel Something”, que tiene un estribillo y un outro (relativamente) más reposados en medio de los aluviones de doble bombo. Después de ese inicio, “Beyond Repair” es un pequeño y necesario respiro en el tracklist, aunque lo cierto es que no llega trascender esa función y ser una canción interesante por sí misma: se queda en un par de gestos algo vacíos que nunca llegan a convertirse en nada sólido.
La verdad, no recuerdo la última vez que una canción me engoriló tanto como “We Were Never the Same”: llegaba al instituto dispuesto a atravesar un muro de ladrillos
A partir de ese momento, el disco nos presenta canciones más largas y complejas, que exploran otros registros: “Gilded Cage”, por ejemplo, aunque no renuncia a la brutalidad de otros temas, tiene momentos que se acercan más al post-hardcore de unos Fugazi en el uso de las guitarras y la forma de cantar de Jacob Bannon. Todo culmina en ese combo desarmante que forman “Make Me Forget You” y “We Were Never the Same”, que termina de noquearte: se trata de composiciones francamente pegadizas dentro de este género, llenas de riffs memorables y estribillos efectivos, que te arrasan con su fiereza al mismo tiempo que te cautivan con sus letras emocionalmente devastadoras. La verdad, no recuerdo la última vez que una canción me engoriló tanto como “We Were Never the Same”: llegaba al instituto dispuesto a atravesar un muro de ladrillos.
Una vez hecho este descubrimiento, me fue resultando más sencillo encontrar los momentos propicios para escuchar otros discos de metal, aunque no siempre de la misma energía
Una vez hecho este descubrimiento, me fue resultando más sencillo encontrar los momentos propicios para escuchar otros discos de metal, aunque no siempre de la misma energía. Así, otro cambio de rutina (un nuevo trabajo) ha hecho que, en las últimas semanas, mis días empiecen con un trayecto igual de largo, pero esta vez en autobús. La ferocidad de Converge no pega tanto con este nuevo escenario, en el que estoy de pie o sentado, en lugar de en movimiento. En cambio, lo nuevo de Neurosis ha resultado ser idóneo. Esta banda de sludge está considerada como una de las bisagras fundamentales que llevaron el metal hacia territorios sonoros más complejos y abstractos, siendo pioneros del post metal. Pese a ello, nadie esperaba un nuevo álbum de Neurosis a estas alturas: en 2022, descubrimos que el grupo había expulsado unos años antes a Scott Kelly, guitarrista, vocalista y miembro fundador, tras descubrir que había maltratado durante años a su mujer e hijos; algo que no habían anunciado públicamente en su momento por petición de la mujer de Kelly. Desde entonces, no había habido noticia alguna, por lo que parecía lógico asumir que la trayectoria de Neurosis había acabado.
Neurosis, en su nueva formación. Foto de Bobby Cochran
Sin previo aviso, el 20 de marzo llegó un nuevo disco, junto con el anuncio de la incorporación de un nuevo miembro: Aaron Turner, el cantante de Isis, la otra banda fundamental del post-metal. Ya he hablado varias veces en este blog de mi admiración por otro de sus proyectos, SUMAC, así que, viendo además el entusiasmo con el que ha sido recibido, escuché An Undying Love for a Burning World tan pronto como pude. Quizás el enamoramiento no ha sido tan completo como con Converge, pero desde luego es alucinante que el grupo esté en este estado de forma después de todo lo sucedido. Las letras, como apunta el título, nos hablan de un mundo en llamas, del sufrimiento de los seres humanos ante nuestra propia destrucción, y de la necesidad de seguir adelante pese a todo ello. Esa pasión es sin duda lo que los ha animado a sobreponerse a estos años de crisis, y desde luego tocan con una fuerza que roza la desesperación: en “Mirror Deep”, los pesados y brutales riffs se repiten con una insistencia absorbente, en una escalada de intensidad que me recuerda a Swans o a Lisabö, mientras Turner y Steve Von Till retratan nuestra miseria en un agónico diálogo de guturales.
El talento de estos cinco músicos queda patente una y otra vez: la batería de Jason Roeder brilla en su plasticidad en “Seething and Scattered”, quizás la canción más post metal del tracklist, mientras que Dave Edwardson toca el bajo con una libertad casi jazzística en el larguísimo y fantástico outro instrumental de “In the Waiting Hours”
Aunque, como decía, no todo es ruido en este álbum: sus largas canciones esconden muchos rincones de calma, mucha riqueza tímbrica (los sintetizadores aportan matices interesantes a casi todos los cortes) y hasta algunos momentos de optimismo, como esos riffs triunfales o esas bellas melodías vocales, casi folk, en la monumental “Last Light”, sin duda el tema más experimental y, a la vez, el más logrado. El talento de estos cinco músicos queda patente una y otra vez: la batería de Jason Roeder brilla en su plasticidad en “Seething and Scattered”, quizás la canción más post metal del tracklist, mientras que Dave Edwardson toca el bajo con una libertad casi jazzística en el larguísimo y fantástico outro instrumental de “In the Waiting Hours”. Y qué decir de las guitarras de Turner y Von Till, capaces de rasgar, de golpear o de cautivar, según el momento. Es cierto que la primera mitad de “First Red Rays” o “Untethered” suenan un poco a sludge metal estándar, sin la frescura o el ingenio de otros temas, pero en general este álbum es una muestra excelente del poder de este sonido para procesar nuestras emociones más oscuras y salir más ligeros, con una mirada más clara.
El éxito de estos esfuerzos por escuchar metal en el momento adecuado me animó a probar también a encontrarle un hueco a lo nuevo de Sunn O)))
El éxito de estos esfuerzos por escuchar metal en el momento adecuado me animó a probar también a encontrarle un hueco a lo nuevo de Sunn O))). Los de Seattle lanzaron su décimo álbum homónimo hace unas semanas, y siempre he sentido mucho respeto por su austera propuesta. No es casual que hayan elegido dos cuadros de Mark Rothko para la portada y contraportada: en un paralelismo con los campos de color del pintor expresionista, el dúo crea enormes masas de feedback de guitarra que forman drones aparentemente interminables (las canciones de este LP oscilan entre los 7 y los 18 minutos). Escuchar algo tan amorfo requiere que esté ocupado con otra actividad, así que me he puesto el disco mientras leía; pero lo cierto es que no me ha terminado de fascinar como esperaba. Me ha costado perderme del todo en los devaneos del dúo, y no creo que sea cuestión de que la disposición no fuera correcta: simplemente, no me parecen los ejercicios más inspirados dentro de este estilo. Y, como es sabido, cuando no es brillante, algo así de abstracto resulta casi siempre mediocre, sin término medio. Coincido, en fin, con la opinión de Black Gallego: esperaba más.
En cualquier caso, estoy muy contento: he conseguido convertirme en un oyente más consciente, modificando mis patrones de escucha para ampliar la gama de estilos que puedo escuchar en mi día a día. Era exactamente lo que me proponía. Ahora solo falta hacer lo mismo con otros estilos: sospecho que la electrónica y el jazz, por ejemplo, pueden acompañarme durante las horas de trabajo más mecánico. Si todo va bien, en unos meses os contaré el resultado.



















































