'Granada sigue en efervescencia'

Hace ya casi tres años escribí un artículo en el que hablaba del buen momento que vivía la escena musical granadina. En él mencionaba artistas y movimientos muy diversos, desde estrellas de la música urbana hasta bandas y colectivos emergentes. Releyéndolo desde la primavera de 2026, la sensación es que, en todo caso, lo que mejor se mantiene es esta segunda pata. Dellafuente, que en aquella época acababa de sacar su mejor disco, Lágrimas pa otro día, lanzaría un año después su peor proyecto, el mediocre Torii Yama, y el verano pasado dio dos conciertos en el Metropolitano de Madrid que planteó explícitamente como un fin de ciclo. Por su parte, La Plazuela, que en aquella época estaban en una trayectoria ascendente que parecía imparable, sacaron este diciembre Lugar Nº0 (D.L.Y.), un segundo álbum francamente malo que ha pasado sin pena ni gloria y que apenas ha recibido impulso promocional.
Cada vez son más los grupos que están editando discos interesantes en la ciudad, con un vertiginoso calendario de lanzamientos que incluso a los que somos de aquí nos cuesta seguir
En contraste, redes underground de las que ya hablaba entonces, como el colectivo DIY Los Almendros o la Asociación de Jazz Ool Ya Koo, se han asentado o incluso han dado un paso adelante, como he mostrado en diversas crónicas en este tiempo. Pero no solo eso: cada vez son más los grupos que están editando discos interesantes en la ciudad, con un vertiginoso calendario de lanzamientos que incluso a los que somos de aquí nos cuesta seguir. Sin embargo, la sensación es que muchos de ellos no consiguen obtener la atención que se les da habitualmente a las bandas de Madrid o Barcelona: pocos llegan a ser reseñados en Mondosonoro, Rockdelux o Jenesaispop. Así pues, a las puertas de un nuevo Emergentes, el concurso anual que reúne en Planta Baja a buena parte de la escena para escuchar al talento joven de la ciudad, me he propuesto hacer un repaso de algunos trabajos publicados en los últimos meses en estas tierras. Espero que quienes me leéis desde otros lugares encontréis algo que os interese en esta breve selección de proyectos granaínos.
Andrés, Álvaro, Nacho, Toni y Antonio son Nievla. Foto de lakoree.
Aquel trabajo supuso la incorporación de más elementos electrónicos en su sonido pop de autor, y en este disco también están presentes, pero esas texturas sintéticas se equilibran con un mayor vigor rockero
Empezaré hablando de otro grupo del que ya hablé en aquel artículo, que hasta cierto punto pueden ser considerados ya unos veteranos: Nievla. La banda liderada por Toni Jiménez sacó el pasado diciembre su segundo LP, Miradas. Como ya ocurría con Habitación, uno de mis discos favoritos de 2023, nos encontramos ante un LP económico, de solo ocho pistas y 32 minutos, pero en el que el quinteto demuestra su buen gusto con unas letras muy cuidadas y unos arreglos nada obvios. Aquel trabajo supuso la incorporación de más elementos electrónicos en su sonido pop de autor, y en este disco también están presentes, pero esas texturas sintéticas se equilibran con un mayor vigor rockero. Así, “SAL!” abre el álbum con un breakbeat soterrado y unos synth pads flotantes antes de explotar en un estribillo repleto de guitarrazos; del mismo modo, “Juventud” oscila entre estrofas calmadas, construidas sobre cajas de ritmos precisas y un bajo tajante, y un estribillo rabioso y divertidísimo (“‘si te duele, pica más piedra’/te dicen: ‘pica más piedra/y ya verás’”).
Se trata de otro muy buen disco de una banda ya más que consolidada, que exhibe aquí su sobrado talento compositivo, vocal, lírico e interpretativo
La banda también exhibe esa mayor contundencia sonora en canciones como “Lo que dejaste”, un gran dueto entre Toni y su hermana Ana, o “Un poco más”, con ese estupendo estribillo en el que Toni acaba desgañitándose, y que en directo tiene una fuerza impresionante. Asimismo, encontramos aquí temas más pausados, donde ese pop elegante marca de la casa brilla con luz propia. Es el caso de “En realidad no”, con sus maravillosas texturas de guitarra y esos preciosos “tarararas”; “Todo el tiempo”, con su paciente progresión y el excelente trabajo de Toni en el micrófono; o la romántica “La espera”, que se convirtió desde la primera escucha en una de mis canciones favoritas del grupo. Diría que la única canción que no me convence es “Hielo”, cuyo sonido algo robótico (o “frío y seco”, tal como afirma la letra) no termina de sostener bien la canción hasta que llega a ese gran clímax final. Además, quizás no haya aquí un hit tan claro como fue “Nuestro turno”. Con todo, se trata de otro muy buen disco de una banda ya más que consolidada, que exhibe aquí su sobrado talento compositivo, vocal, lírico e interpretativo.
Santi, Laura, Virginia y Candela son Izeta.
Otro grupo que está ya bastante asentado es Izeta. Los ganadores del Emergentes de 2024 obtuvieron como premio poder grabar con Carlos Díaz, uno de los productores de referencia de Granada. Han tardado casi dos años en lanzar el álbum en cuestión, Todos los días, pero mientras tanto se encargaron de demostrar una y otra vez que son uno de los mejores grupos en directo de esta ciudad. Su sonido, muy fresco, se asienta sobre la infecciosa energía funky que aporta la sección rítmica compuesta por Candela García al bajo y Laura Fernández a la batería, sobre las que también hablaremos más adelante al mencionar a otras bandas. Sobre esa base, Santi Izeta y Virginia Sainz crean vaporosos diálogos entre sus voces, reforzados por los teclados de esta segunda, mientras que la guitarra del primero trenza pequeñas filigranas que mantienen las dos partes unidas. Ese contraste entre lo físico del funk y un pop etéreo y sugerente se ha convertido en la seña de identidad del grupo.
Lo que nadie puede quitarles a estos cuatro es el impacto de sus conciertos: si podéis ir a verlos, os garantizo que acabaréis bailando con una sonrisa en la cara
Cuando por fin ha llegado el disco, a inicios de este mes de marzo, quizás ya era imposible cumplir del todo con las expectativas. Por supuesto, canciones de la talla de “No voy a morir” o “Todos los días” suenan fantásticas, y los detalles adicionales que permite el estudio no hacen más que añadirles encanto. También merece mención de honor “El desierto”, donde la guitarra con un punto psicodélico a lo tishoumaren y los sintes que evocan el viento del desierto del que habla la letra trasladan en efecto al Sáhara, atrapando al oyente en ese viaje. En cambio, otros temas algo menos redondos pierden, en este formato, el gancho que proporciona el directo: mi sensación es que cortes como “La capital” o “Como si fuera” se quedan a medio gas escuchadas así. La mayoría de las canciones se encuentran en un punto intermedio: quizás “Si lo tengo todo” o “Cangrejo” no sean tan irresistibles como las anteriormente mencionadas o “Tu calor”, con su estelar línea de bajo, pero son divertidas y agradables de escuchar. Lo que nadie puede quitarles a estos cuatro es el impacto de sus conciertos: si podéis ir a verlos, os garantizo que acabaréis bailando con una sonrisa en la cara.
Un año después de lanzar Bases aliadas, su escueto debut, en noviembre de 2025 llegaba un segundo disco homónimo[1] que me ha ido conquistando con el paso de los meses
Pasamos ahora a una banda con una trayectoria algo más corta, pero formada por varios sospechosos habituales: Calma Fira. Guille Egea, cantante y bajista de los enormes Ática, a quienes ya he elogiado más de una vez, lidera este cuarteto junto a la bajista Ana Lara, el guitarrista Carlos Lucena y la antes mencionada Laura Fernández a la batería, que demuestra su versatilidad al tocar en bandas tan alejadas en cuanto a estilo. Y es que el sonido del Calma Fira se mueve en unas coordenadas cercanas al post punk, si bien con una querencia por la melodía pop marca de la casa de Egea, la cual, junto al excelente trabajo vocal repartido entre Guille, Ana y Carlos, los aleja del sonido más sombrío y formulaico que ha producido el género en Valencia en la última década. Casi exactamente un año después de lanzar Bases aliadas, su escueto debut, en noviembre de 2025 llegaba un segundo disco homónimo[1] que me ha ido conquistando con el paso de los meses.
Después volvemos a la oscuridad con “Carga”, un auténtico temazo que evoluciona a la perfección hasta ese final en el que Guille y Ana cantan a dúo una letra muy interesante desde el punto de vista de género
Los dos primeros cortes ya sintetizan mucho de lo bueno que contiene el álbum. “Malas fiebres” tiene la tensión, las melodías angulares y zigzagueantes y sobre todo esa pulsión oscura que tanto asociamos al mejor post punk, además de un estribillo francamente épico. “Dos pasos”, por su parte, tiene un tono mucho más melancólico: las guitarras resuenan con un brillo mortecino, la voz de Carlos suena a dulce derrota y los coros del estribillo te arrancan una sonrisa triste. Después llegan “Libro” y “Cadencia”, dos temas que recuerdan por momentos a los primeros Cala Vento, con esas melodías tan luminosas. Destaca de la primera ese momento en que las guitarras empiezan a replicarse con riffs en cascada; la segunda es seguramente la canción más ligera del álbum, quizás incluso en exceso. Aunque inmediatamente después volvemos a la oscuridad con “Carga”, un auténtico temazo que evoluciona a la perfección hasta ese final en el que Guille y Ana cantan a dúo una letra muy interesante desde el punto de vista de género.
Creo que este es el más redondo de los LPs comentados, y desde luego demuestra que Calma Fira merecen ser mucho más conocidos y celebrados: os animo a darles una oportunidad
A continuación, “Cuerpos en movimiento”, además de tener otro gran estribillo, tiene varios pasajes en que los cuatro se lucen como instrumentistas. Después llega “Casualidad”, el corte más singular del tracklist: guiada por el piano y la bonita voz de Carlos, la percusión electrónica le aporta otras texturas, aunque diría que este estilo no les luce tanto. En cambio, la final “Mirlo” vuelve a un sonido post punk más clásico, ejecutado de nuevo con todas las virtudes mencionadas: la estructura de la canción y el buen hacer de los cuatro con sus instrumentos mantienen nuestro interés a lo largo de sus más de cinco minutos, Ana canta de maravilla y esos coros finales (“todo lo que eres/yace por el suelo/y ya no lo quiero”) alcanzan el punto medio perfecto entre amargura y belleza. Creo que este es el más redondo de los LPs comentados, y desde luego demuestra que Calma Fira merecen ser mucho más conocidos y celebrados: os animo a darles una oportunidad.
Siempre se me encoge un poco el pecho al escuchar a Irene cantar eso de “no me quería ir/las olas me arrastraron/pero el tiempo me tragó
Y si la batería de Izeta también brilla en Calma Fira, lo mismo sucede con su bajista, aunque con un mérito añadido: Candela toca la batería en Blanca Adelfa, banda de la que ya he hablado en varias ocasiones y que sacó su EP de debut, Algo tan bonito para ti, el 6 de febrero. El power trio formado por García, Irene Tejero (guitarra y voces) y Sara Armada (bajo y coros) había ido dejando caer singles desde septiembre, y las cuatro canciones que componen el EP tienen cada una su propio encanto. “Hago todo sin pensar” es el hit claro, con esa alternancia de guitarrazos y silencios en las estrofas y ese punto surf rock del estribillo. “La playa” opta más bien por un tono soñador y nostálgico: siempre se me encoge un poco el pecho al escuchar a Irene cantar eso de “no me quería ir/las olas me arrastraron/pero el tiempo me tragó”. Es una pena que los coros del pre-estribillo no suenen todo lo bien que podrían, porque por lo demás la canción me gusta más con cada escucha.
“El túnel” tiene una melodía vocal fantástica, y en su parte final la guitarra acumula efectos hasta generar la sensación de estar entrando realmente en un pasaje subterráneo. Por último, “Algo tan bonito para ti” cierra el proyecto con su romanticismo herido, su excelente línea de bajo y un último pasaje que se acerca al dream pop. Lo mejor es que quienes las hemos visto en directo sabemos que algunas de sus mejores canciones aún están por salir. Su próxima participación en el Emergentes promete ser una de las actuaciones más comentadas del concurso.
Esta mezcla de referentes se ve muy claro en una de las mejores canciones del álbum, la divertidísima “clementine”:
Para terminar, quiero hablar de yaveremos. El grupo liderado por Mariano Almeda y Adriana Baños me sorprendió gratamente con su directo hace unos meses, así que tenía ganas de escuchar su debut, ya nada es tan fácil, lanzado a finales de enero. Su indie pop le debe mucho a Los Planetas de Super 8 y Pop, y por momentos las combinaciones de sintetizadores saturados, melodías chiclosas y baterías sencillas de sonido sintético remite también a las Cariño (véase “siempre igual”). Esta mezcla de referentes se ve muy claro en una de las mejores canciones del álbum, la divertidísima “clementine”: su inicio recuerda a “Qué puedo hacer” por esas guitarras con el fuzz a tope y por el timbre de voz de Mariano, pero luego introduce ese riff de sintes saturados y los coros de Adriana en el “estribillo” que evocan el trabajo de las madrileñas. Otras veces, en cambio, el parecido con el grupo granadino no es tan favorecedor: en “el renegado”, Mariano intenta escribir con esa bilis que tan bien canaliza Jota, pero no termina de salirle natural. “a veces aburrido”, por su parte, encarna ese tono de ennui juvenil noventero, pero no termina de enganchar musicalmente, por lo que acaba sintiéndose como una pose.
Por fortuna, estos momentos son minoría, y las mejores canciones del álbum son verdaderamente notables. Es el caso de “tormenta de verano”, donde exploran texturas bastante atrevidas tanto en las guitarras como en los sintetizadores, además de tener un muy buen estribillo que mejora aún más cuando modula en su última aparición. También me gusta “pizza, pelis”, con su ritmo ¾ subrayado por un bajo saltarín, su estupendo solo de guitarra y su tono desesperanzado. Sin duda, los puntos fuertes del grupo son las armonías vocales de Mariano y Adriana y el buen gusto para elegir tonos de guitarra y sinte que se complementan bien. Cuando se combinan estos elementos, algo tan clásico como “un momento raro” suena propio e interesante. Este viernes iré a verlos en Planta Baja con Pálida Tez y Declive para disfrutar con ellos en directo una vez más.
Y seguro que me dejo alguno más, porque la producción musical en Granada es constante, y su cantera parece inagotable
Concluyo señalando que en manera alguna he hecho un repaso exhaustivo: sería imposible hacerlo en tan poco espacio. En estos últimos meses también han salido proyectos como por lo demás todo bien, el primer EP de Rena Stack, que también ha sido seleccionada para actuar en el Emergentes con su synthpop de influjos funk y R&B; tanto para nada, el debut en largo del grupo de emo-pop Colegas y tal; y jab/cross, el segundo álbum de Niños Luchando, el proyecto de pop electrónico de Javier Bolívar, editado por el sello raso. Y seguro que me dejo alguno más, porque la producción musical en Granada es constante, y su cantera parece inagotable: carmencore acaban de sacar su single debut, “PUCHERO”, que suena muy garagero y muestra mucho potencial. Quienes vivimos aquí lo sabemos; a quienes sois de otras tierras, os invito a bucear un poco en esta escena tan fértil.
Notas al pie:




















































