'heavensouls: del collage sonoro al Afrobeat'

En un año en que muchos artistas veteranos han sacado discos que me han dejado frío (es el caso de Mitski, James Blake o Rodrigo Cuevas) o directamente me han parecido un horror (no sé en qué estaban pensando Gorillaz pero The Mountain es infumable), hay bastantes artistas jóvenes que me están sorprendiendo y conquistando. Hablaba hace un par de semanas de underscores y su post-hyperpop chicloso, y esta vez me toca hablar de alguien aún más joven. Chidi Obialo, más conocido como heavensouls, acaba de cumplir veinte años este mismo mes. Nacido en Nigeria, reside en Houston, Texas. Poco más se sabe de él: su presencia en redes sociales es mínima y poco reveladora, como sucede con tanta gente de su generación que está rechazando la transparencia, la sobreexposición y la lógica de explotación publicitaria de las grandes plataformas (la llamada “mierdificación”) en favor de otros rincones de internet más agradables y seguros, por ser menos accesibles (la “cosy web”). Su producción discográfica, por el contrario, es generosa: su página de Bandcamp refleja nada menos que treinta y dos lanzamientos desde que empezase a publicar, en enero de 2022, algunos de ellos con pseudónimos diferentes, como authks.
Mientras que Parannoul triunfó haciendo una mezcla de shoegaze y emo con una sonoridad lo-fi, westside trapped, el disco de heavensouls del que hablo hoy, es un homenaje a la música nigeriana
Esta combinación de misterio, producción masiva con distintos alias y éxito repentino a través de internet me recuerda al caso del surcoreano Parannoul, aunque a nivel musical no se parezcan demasiado. Mientras que Parannoul triunfó haciendo una mezcla de shoegaze y emo con una sonoridad lo-fi, westside trapped, el disco de heavensouls del que hablo hoy, es un homenaje a la música nigeriana. Y no solo en lo sonoro: la nota que acompaña al álbum deja claro que este proyecto pretende ser una impugnación del colonialismo y el imperialismo yanqui (“fuck Trump”, dice explícitamente), un grito por la emancipación de Nigeria en la línea de uno de los mayores artistas de la historia del país, Fela Kuti, que fue también un activista político de primer nivel. La influencia de Kuti es evidente desde la primera canción: menos de un minuto después de empezar “heyjah obialo”, un grito y la distorsión de una guitarra introducen con la repentina brutalidad de un rayo un denso entramado rítmico que es puro Afrobeat. El segundo corte, “wake yo ass up for the national anthem”, es aún más explícito: una versión absolutamente subversiva y demente del himno nigeriano, con los vientos y la percusión atropellándose mutuamente.
Para quienes conocieran a heavensouls de proyectos anteriores, esto debe haber sido una sorpresa enorme. Y es que, hasta ahora, la música de Obialo se movía más en los terrenos del hip hop experimental, el glitch hop y el collage sonoro
Para quienes conocieran a heavensouls de proyectos anteriores, esto debe haber sido una sorpresa enorme. Y es que, hasta ahora, la música de Obialo se movía más en los terrenos del hip hop experimental, el glitch hop y el collage sonoro. Su disco más popular hasta ahora, darkskin niggas with lightskin problems, realizado en colaboración con Stickerbush, sumerge al oyente en una caótica sucesión de samples, efectos y loops que recuerdan al JPEGMAFIA más experimental, a los momentos más mareantes de Sweet Trip y, sobre todo, al maximalismo post-industrial de los vietnamitas Rắn Cạp Đuôi. Pero, aunque a primera vista parezca que westside trapped supone un giro de 180 grados en su carrera, la escucha más detenida revela rastros de esa estética de collage y ese ethos shitposter en su tracklist. Por ejemplo: “straight rawhhhhhhhhh” empieza con unos violentos golpes y samples vocales que rápidamente dan paso a una voz femenina deliciosa y un bajo tórrido y pegajoso, que configuran el tema más soul (y más sexy) del álbum; pero incluso esta parte más seria contiene momentos burlones, como ese absurdista gancho semi-rapeado (“Bitwiggin'/Dick swingin'/Hash-slingin'/Gang-banging”).
En esta misma línea, las canciones terminan de manera abrupta y enseguida llega otra igualmente estimulante y sorprendente
Hay otra huella de esa lógica de collage que resulta más sutil, pero que es igualmente esencial para la estética del disco: la forma en que evolucionan canciones como “playing around wit a flip” o “creek ala”, con las distintas secciones sucediéndose unas a otras sin solución de continuidad. Así, pasamos de los polirritmos y saxofones del Afrobeat a pasajes de ensueño, dominados por synth pads, órganos sintéticos o una kora gambiana, para después introducir un inesperado solo de batería. En esta misma línea, las canciones terminan de manera abrupta y enseguida llega otra igualmente estimulante y sorprendente. Desde un punto de vista de composición tradicional, puede parecer que las canciones están poco trabajadas, pero cuando entras en la dinámica ves que todo está perfectamente medido para apabullarte hasta dejarte anonadado. Esta sensación de sobrecarga sensorial culmina en “shed a tear for me”, la pieza central del álbum: una odisea funk-rock de nueve minutos de duración que recuerda a los Funkadelic de Maggot Brain. La potencia psicodélica de la combinación de guitarra distorsionada, bajo infeccioso, percusión compleja y efectos electrónicos conduce a un clímax afrofuturista cargado de significado político: mientras la banda se vuelve loca, Obialo grita una y otra vez “I can’t breathe”, las últimas palabras de Eric Garner antes de morir asfixiado a manos de la policía de Nueva York.
Tras este momento apoteósico, “o di gbere” parece ser la calma que sucede a la tormenta. Se trata de otra canción de casi nueve minutos que despide el álbum en su punto más sereno (al menos en apariencia: el título en yoruba se puede traducir como “se volvió loco”), casi adentrándose en el ambient
Tras este momento apoteósico, “o di gbere” parece ser la calma que sucede a la tormenta. Se trata de otra canción de casi nueve minutos que despide el álbum en su punto más sereno (al menos en apariencia: el título en yoruba se puede traducir como “se volvió loco”), casi adentrándose en el ambient. Conforme va evolucionando, un violín, una guitarra, una voz femenina que canta en yoruba, una kora y otros instrumentos, empapados todos ellos en un acuoso reverb, dibujan patrones repetitivos que se amontonan unos sobre los otros poco a poco. Lo que se acaba desplegando es una composición más propia del minimalismo de Terry Riley o Steve Reich que de un disco de rock o hip hop. Otro ejemplo más de la amplitud de miras de heavensouls, que es capaz de integrar todo tipo de influencias en su propuesta, creando un tapiz donde la música nigeriana, la música negra estadounidense, la música de vanguardia y una sensibilidad nativa digital conviven de manera brillante.
Ahora bien, tras este volantazo, ¿qué será lo próximo? ¿Volverá Obialo a los collages y el hip hop experimental? ¿Seguirá por este camino, dado el éxito cosechado? ¿O nos sorprenderá de nuevo con algo completamente inesperado? Quién sabe: ese misterio es parte de lo que hace interesante el proyecto. Lo bueno es que, si mantiene el ritmo de publicación que llevaba hasta ahora, lo sabremos dentro de apenas un par de meses.
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Puntuación: 8.6/10
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Pincha aquí para escuchar el disco

















































