'Del retardismo al negacionismo'

'El medio ambiente y la lucha contra el cambio climático son otros perdedores de los pactos entre PP y Vox'
En Andalucía, desde la llegada al gobierno de Moreno Bonilla, se ha producido un retroceso en las políticas ambientales y una continua procastrinación en la necesaria toma de medidas de mitigación y adaptación al cambio climático.
Podemos afirmar que en estos años el presidente andaluz se ha situado en lo que se conoce como retardismo climático, no negando su existencia, pero no haciendo casi nada para abordarlo, postergando continuamente las soluciones en favor de un supuesto desarrollo de intereses inmediatos
La Revolución Verde ha sido un eslogan vacío, pura propaganda y greenwasshing y el Plan Andaluz de Acción por el Clima y la Ley de medidas frente al cambio climático y para la transición hacia un nuevo modelo energético en Andalucía, aprobada en octubre de 2018, duermen el sueño de los justos en un rincón perdido de la devaluada Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente a cuyo frente está en la actualidad Catalina García, una de las responsables del deterioro de la salud pública en Andalucía durante el periodo 2022-2024.
Podemos afirmar que en estos años el presidente andaluz se ha situado en lo que se conoce como retardismo climático, no negando su existencia, pero no haciendo casi nada para abordarlo, postergando continuamente las soluciones en favor de un supuesto desarrollo de intereses inmediatos.
Lod Pactos que se han producido recientemente en las Comunidades Autónomas de Extremadura y Aragón entre el PP y Vox, en los que la ultraderecha ha elevado el listón y la derecha ha comprado el discurso negacionista, presagian negros nubarrones para Andalucía, una de las regiones europeas más sensibles y vulnerables ante la crisis climática, que no es una amenaza futura sino que está produciendo ya efectos negativos como el aumento de fenómenos meteorológicos extremos y la mayor frecuencia de incendios forestales de grandes dimensiones.
Estamos pasando en estos momentos del negacionismo de pose, de salón, de barra de bar, que ha practicado la ultraderecha hasta ahora, a un negacionismo activo que ha llegado a los despachos y a las instituciones
Estamos pasando en estos momentos del negacionismo de pose, de salón, de barra de bar, que ha practicado la ultraderecha hasta ahora, a un negacionismo activo que ha llegado a los despachos y a las instituciones. Estamos a un punto de pasar del freno a la acción que significa la falta de conciencia de la amenaza climática, a la negación misma de la base científica y de la evidencia de las consecuencias que está produciendo en todo el planeta.
Andalucía se asoma a las urnas con el espejo de Extremadura y Aragón todavía empañado. Hemos pasado años instalados en un retardismo cómodo, ese que admite el calentamiento global mientras sigue autorizando regadíos donde el agua escasea e impulsa proyectos urbanísticos en zonas inundables. Pero el viento ha cambiado. Los pactos del norte nos advierten de que el siguiente paso es el negacionismo de trinchera, el que tacha la protección de Doñana de agenda globalista y desprecia los fondos europeos como si fueran calderilla.
El problema no radica en que el PP tenga que comprar los votos de Vox, para “no entrar en líos’, como predica suavemente JuanMa, sino en que la derecha ha comprado ya el discurso y las propuestas de la ultraderecha a nivel nacional y Feijóo quiere anticipar con vacunas en las regiones los pactos que vienen con la ultraderecha, como si fueran normales y plenamente democráticos
Desde el aparato mediático que rodea al presidente de la Junta no paran de lanzar el mensaje de que necesita una mayoría absoluta para que en Andalucía no caigamos en esas tentaciones. Pero el problema no radica en que el PP tenga que comprar los votos de Vox, para “no entrar en líos’, como predica suavemente JuanMa, sino en que la derecha ha comprado ya el discurso y las propuestas de la ultraderecha a nivel nacional y Feijóo quiere anticipar con vacunas en las regiones los pactos que vienen con la ultraderecha, como si fueran normales y plenamente democráticos. Y Moreno Bonilla está dispuesto a doblar el lomo ante Vox como hizo ya en enero de 2019 para ser investido presidente de la Junta.
Si el 17 de mayo el Palacio de San Telmo se abre a quienes confunden sostenibilidad con burocracia, Andalucía no solo perderá el tren de la transición ecológica, perderá la capacidad de sobrevivir a su propio clima. Y si Moreno Bonilla, con Vox o sin Vox, revalida una mayoría en Andalucía, si no se produce un cambio progresista, nos situaremos en la encrucijada de importar el modelo de "prioridad nacional" y desregulación ambiental ya firmado en otras regiones.
Porque el negacionismo rubricado en despachos de Mérida y Zaragoza, y el que se prepara en Castilla-León, es el ensayo general de un modelo que quieren extender a Andalucía y al conjunto del Estado español, que ignora que la economía depende de la ecología y que nos conduce a hipotecar el futuro de las próximas generaciones
Porque el negacionismo rubricado en despachos de Mérida y Zaragoza, y el que se prepara en Castilla-León, es el ensayo general de un modelo que quieren extender a Andalucía y al conjunto del Estado español, que ignora que la economía depende de la ecología y que nos conduce a hipotecar el futuro de las próximas generaciones. Este retroceso no es ya una suposición, una percepción. Son documentos con membrete oficial que suponen el fin de décadas de consenso ambiental, de búsqueda del equilibrio entre conservación y desarrollo.
Señalo un par de ejemplos de lo que significan estos acuerdos. En el caso de Extremadura PP y Vox se han empeñado en desafiar el calendario de cierre nuclear nacional, vendiéndolo como ‘soberanía energética’ mientras ignoran la inversión necesaria en renovables y la gestión de residuos. En Aragón, el Pacto de las derechas pone el foco en eliminar los ‘obstáculos’ (así llaman a las leyes de protección ambiental) que impiden grandes proyectos industriales o turísticos en zonas sensibles, como las polémicas pistas de esquí en Canal Roya.
Llaman burocracia a las garantías ambientales para proteger nuestro rico patrimonio natural, nuestra enorme biodiversidad. Es como si llamáramos traba a los frenos de un coche y han aprobado la desregulación que es como si quisiéramos arreglar los problemas del tráfico quitando el código de circulación y eliminando la obligación del carnet de conducir
Pueden borrar la palabra 'emergencia' de los boletines oficiales y derogar cuantas leyes ambientales se les pongan por delante, pero el cambio climático no lee los pactos de gobierno. Lo que han firmado PP y Vox, Vox y PP, tanto montan, montan tanto, no es la defensa del mundo rural sino una hipoteca climática que pagaremos todos mientras ellos celebran su efímera victoria contra el sentido común.
Y lamento dar una mala noticia. El postureo ideológico que hay tras estos acuerdos de gobierno nos va a salir mucho más caro de lo que prometen sus rebajas fiscales
Y lamento dar una mala noticia. El postureo ideológico que hay tras estos acuerdos de gobierno nos va a salir mucho más caro de lo que prometen sus rebajas fiscales. Porque negar la crisis climática para contentar a un puñado de nostálgicos no es solo un atentado contra nuestro patrimonio natural, es pegarse un tiro en el pie financiero. Bruselas no entiende de banderas ni de pataletas contra la Agenda 2030 sino de hitos cumplidos. Si el PP y Vox insisten en desmantelar el futuro verde, que no se extrañen cuando Europa cierre el grifo y nos deje solos, con los bolsillos vacíos y un desierto por jardín.
En política, el papel lo aguanta todo, pero los ecosistemas, la Naturaleza, no. Al declarar la guerra al Pacto Verde, PP y Vox han decidido que su prioridad es la batalla cultural de hoy, aunque eso suponga la quiebra ambiental de mañana. Estamos confundiendo libertad con depredación. Pero ¡cuidado! no se puede presumir de soberanía cuando te has quedado sin agua, sin fondos europeos y con un clima que no entiende de coaliciones.


















































