Decepción en la Capilla Real: “Estrecho es el sepulcro para la gloria de mis abuelos”

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Isabel de Portugal huyó de la Alhambra por miedo a los terremotos: quedó encinta en el Monasterio de San Jerónimo
Sólo enfermos e impedidos faltaron ayer, 4 de junio, al recibimiento del Emperador y su Corte a las afueras de Granada. Desde mucho antes del partidor de los Vados del Genil ya se había formado un pasillo humano de granadinos ataviados con sus mejores galas. Niños y jóvenes se subieron a los árboles para verlos mejor pasar. Hasta más de media legua de la Puerta de Elvira se adelantó una representación de la ciudad para recibir a la majestuosa pareja.
Hubo gente que acudió de madrugada para coger los sitios más cercanos; muchos agricultores arrimaron baldes para humedecer continuamente el polvo del camino, esparcieron también plantas olorosas, pétalos de flores y hojas de laurel
Todo eran alabanzas sobre la excelsa belleza y juventud de Doña Isabel de Portugal, blanca como la leche y ataviada de raso también alba. Las mujeres alababan también el buen porte de Don Carlos, aunque un tanto defraudadas por haberlo creído de estatura de gigantes y hechura hercúlea; él vestía velludo negro sobre túnica dorada y mocasines a la húngara. Hubo gente que acudió de madrugada para coger los sitios más cercanos; muchos agricultores arrimaron baldes para humedecer continuamente el polvo del camino, esparcieron también plantas olorosas, pétalos de flores y hojas de laurel.
En la travesía de la Acequia del Cadí estaban apostados los representantes del Cabildo municipal, escoltados por maceros, ministriles y chirimías. Todos vestidos con bellos ropajes recién confeccionados con cargo al erario. Presidían el Corregidor Íñigo Manrique y alcalde mayor y los caballeros XXIV. Les seguían los jurados. Detrás, contrastando con el colorido carmesí, naranja y medias blancas, accedieron el virrey y el gobierno de la Real Chancillería; iban también los acuñadores de la Ceca, el asentista de la Hacienda de Su Majestad, etc. El capitán de Costa acudió con una guardia montada de no menos de dos mil jinetes con sus lanzas y trajes de gala en tonos amarillos. Todas las compañías de infantes del Reino formaron en el recorrido por la zona de San Lázaro; desnudaron sus espadas para saludar el paso del Emperador. Llegaron también soldados de antiguas compañías de moriscos que simularon juegos y corridas de pólvora negra, tal como antaño solían usar los moros de Granada delante de su emir Baudilli.
En la Puerta de Elvira, algo antes de la hora prevista, les esperaba el II Marqués de Mondéjar (Don Luis Hurtado de Mendoza y Pacheco) para tomar la palabra y hacer el recibimiento como capitán general del Reino. Debería haberle acompañado el arzobispo representante del Papa, Pedro Portocarrero, pero las noticias sobre su salud siguen siendo preocupantes, se comenta que ha entrado en coma mortis. Doña Isabel susurró a su esposo, asombrada, la gran belleza del arco triunfal y los adornos de vivos colores con que los moriscos adornaron la arboleda.
Entonces se supo que todavía no estaba allí la momia de Don Felipe I, progenitor del Emperador; permanecía depositado en el Hospital Real desde que llegara hace medio año procedente de la Cartuja de Miraflores (Burgos), en espera de acabar unas obras en la cripta y a que llegara su túmulo desde Italia
Unas leilas y danzantes, también moriscos, iban precediendo la comitiva a la entrada por la principal calle de Granada, la de Elvira, que se adentra en la medina hasta bifurcarse por el Zacatín y puente de los Leñadores. Más arcos y colgaduras de ricas sedas pendían de balcones y saltaban de fachada en fachada. La comitiva se dirigió directamente a la Catedral de Santa María de la O (que provisionalmente se halla ocupando la antigua gima musulmana). Aquí les recibieron al completo los cabildos catedralicios y de capellanes reales. Hubo una breve misa de acción de gracias, Tedeum y responso delante de las tumbas de los Reyes Católicos en su Capilla Real. Entonces se supo que todavía no estaba allí la momia de Don Felipe I, progenitor del Emperador; permanecía depositado en el Hospital Real desde que llegara hace medio año procedente de la Cartuja de Miraflores (Burgos), en espera de acabar unas obras en la cripta y a que llegara su túmulo desde Italia.
El matrimonio real, cansado como venía, prefirió retirarse a sus habitaciones de la Alhambra. Empezaba a anochecer y el corregidor dio orden de que en las ventanas de las casas y calles permaneciesen encendidos hachones de cera y luminarias para que Don Carlos y Doña Isabel pudiesen contemplar la belleza de la ciudad desde la Torre de Comares.
Reformas en la Alhambra y descontento con la Capilla
En días posteriores han trascendido varias observaciones de Don Carlos acerca de la Alhambra y la Capilla Real. No obstante, antes de nada, el secretario Francisco de los Cobos ha desvelado la gran impresión que les ha causado la hermosa ciudadela musulmana de la Alhambra y lo que llevan visto del resto de Granada. Se ha alegrado mucho de que sus abuelos rindieran la ciudad por capitulación antes que destruir por el fuego la más grande joya de los nazaríes. Por eso se lamenta haber autorizado romper el corazón de la Mezquita de Córdoba para incrustar una pedrada en su corazón. Pedrada, con todos los respetos, porque es una catedral cristiana que, de haberlo sabido, habría mandado levantar en otro solar baldío. Espera no cometer un error similar en el futuro.
Pero, para su disgusto, no le ha parecido bien algunas destrucciones acometidas en torres, baños y zaguanes para hacer sus habitaciones
En sentido parecido, ha felicitado al maestro de obras de la Alhambra por las mejoras tan grandes que lleva acometidas para recuperar el esplendor que debió tener el edificio antes de la guerra de la Toma. El contador real seguirá enviando el dinero que haga falta. Pero, para su disgusto, no le ha parecido bien algunas destrucciones acometidas en torres, baños y zaguanes para hacer sus habitaciones. Sería mejor pensar en construir otras anejas a los palacios de nueva factura, salvando las maravillas construidas por los alarifes musulmanes y mudéjares.
No se tapó la boca el Emperador en su reunión con los capellanes reales. Les dijo que poca cosa o edificio de menor enjundia era la Capilla Real erigida como panteón real de sus abuelos
No se tapó la boca el Emperador en su reunión con los capellanes reales. Les dijo que poca cosa o edificio de menor enjundia era la Capilla Real erigida como panteón real de sus abuelos. “Estrecho es el sepulcro para la gloria de mis abuelos, los Reyes Católicos”, les espetó sin contemplación alguna. Él hubiese deseado mayor magnificencia para reyes tan ilustres. A lo que le rebatió el capellán real que, aun así, no tienen la conciencia tranquila porque desobedecieron a la Reina Doña Isabel I y levantaron un edificio demasiado lujoso. Ella dejó ordenada más modestia y que su cuerpo lo cubriese la tierra y una sencilla piedra. El Emperador confirmó la donación de los misales y libros de los Reyes Católicos hechos por ellos en sus respectivos testamentos.
Su panteón deberá ser como una catedral, no como una capilla, habría puntualizado
Ya hablarían de ello más adelante. Don Carlos tiene in mente asentar su Corte en una ciudad, declararla capital de sus estados, y establecer su panteón y el de sus sucesores en el lugar que ya eligieron sus abuelos. Es decir, en Granada. Su panteón deberá ser como una catedral, no como una capilla, habría puntualizado. También necesitaría un palacio para su gobierno.
De toros, justas y leilas continuas
Se confirmó la participación de la pareja real y de sus principales cortesanos en las fiestas que tuvieron lugar con motivo de San Juan, donde hubo luminarias por toda Granada, una corrida en Bibarrambla, romería popular y un torneo de justas. Los morlacos mataron a tres engañifos y a media docena de caballos.
Por los primeros días de julio ya se conocía en Granada que el Emperador gustaba mucho esta urbe musulmana, con toque castellanos. Prolongaría su estancia unas semanas más, o quizás unos meses
Por los primeros días de julio ya se conocía en Granada que el Emperador gustaba mucho esta urbe musulmana, con toque castellanos. Prolongaría su estancia unas semanas más, o quizás unos meses. Esperaba la llegada de la numerosa embajada de su pariente Federico II del Palatinado. Sería el momento de agasajarlo con el abundante repertorio de festejos a la española. A los que pronto añadiría unas cacerías en sus fincas del Soto de Roma, en las que le dijeron que abundaban sobremanera grandes ciervos y jabalíes. Incluso algún lobo emboscado en la espesura de las sierras cercanas.
Llaman especialmente las músicas, cantes y contoneos de las moriscas y gentes egipcianas que no se ven por ningún otro reino de Europa, sino en Granada
Volvieron a correrse seis toros en sendas corridas organizadas en las fiestas de Santiago (15 de julio) y 15 de agosto (la Asunción). Los saraos en la Alhambra y jardines del Generalife están siendo continuos este verano. Llaman especialmente las músicas, cantes y contoneos de las moriscas y gentes egipcianas que no se ven por ningún otro reino de Europa, sino en Granada. Por supuesto, también atiende el Emperador o pasa largos ratos por las tardes oyendo a los poetas y músicos que tanto le deleitan, especialmente los italianos.
Voracidad en la cocina del Emperador
El corregidor y varios caballeros XXIV del Concejo han sido invitados a varios banquetes dados en honor de Don Carlos y Doña Isabel en su real palacio de la Alhambra. Por ellos hemos podido conocer que la reina come como si fuese un pajarillo, poco y muy escogido, que le preparan cocineras portuguesas. En cambio, el Rey es un gran tragón, parece comer y beber sin saciarse. Incluso los rumores apuntan a que padece problemas de tripas y de gota por su amor a la carne de caza. Para más empeorar su salud, mastica muy mal debido a que tiene la mandíbula inferior más prominente que la superior, es prognato de herencia paterna. No encaja bien su dentadura y mastica mal los alimentos. Es esa seguramente la causa de que prefiera comer siempre solo y no despacha asuntos mientras se sienta a la mesa.
Los cronistas que le siguen desde tiempo atrás saben de la especial preferencia del Emperador por las carnes de venados, terneros, puercos, avutardas, grullas e incluso pajarillos fritos, que come enteros y sin apenas masticar. No se deja servir en el plato, prefiere que le pongan grandes bandejas sobre la mesa y él se sirve con las manos, casi desgajando las piezas.
Conociendo las compras que hace su sumiller aprovisionador en el mercado podemos hacernos una idea de los gustos reales: las carnes son lo más adquirido, de cordero, ternera, choto, buey, liebre, conejo, pollos, patos, palomas y pajarillos de red
Siempre lleva consigo a sus propios cocineros, que ya vinieron con él desde Flandes y que renueva de vez en cuando. Aunque progresivamente entra en las costumbres y especias españolas. Prefiere los asados a los hervidos. Conociendo las compras que hace su sumiller aprovisionador en el mercado podemos hacernos una idea de los gustos reales: las carnes son lo más adquirido, de cordero, ternera, choto, buey, liebre, conejo, pollos, patos, palomas y pajarillos de red. Sí sabemos con toda certeza que durante su estancia en Granada va a prescindir del cerdo asado y sus embutidos por respeto a la gran mayoría de moriscos que hay en el Reino (aproximadamente la mitad) y que aborrecen de ese animal.
Postres los tiene a decenas por capricho, casi como un niño glotón; se los elaboran sus maestros reposteros y su panadero Juan de Hannart con huevos, leche, requesón, frutas y azúcar de caña
Los viernes resultan escrupulosamente respetados por la gula de Don Carlos. Solamente ingiere el pescado tan abundante que llega a la ciudad desde la Costa o truchas del Genil. Incluso las ancas de rana las pide como una delicatesen. Postres los tiene a decenas por capricho, casi como un niño glotón; se los elaboran sus maestros reposteros y su panadero Juan de Hannart con huevos, leche, requesón, frutas y azúcar de caña. Ha mostrado gran aceptación por la riquísima repostería morisca que ha descubierto en Granada. No hay marqués, conde, duque, convento o monasterio que no acuda a diario a nutrir su mesa con regalos de repostería. Dicen que la encargada de dar el visto bueno, y catarlo todo, es Germana de Foix, su abuela viuda del rey Don Fernando el Católico, que acompaña y aconseja a los recién casados en las cuestiones domésticas. No pocas discusiones le cuestan con los cuatro maestresalas neerlandeses y el chambelán que imponen sus leyes en las cocinas palaciegas.
Se ha mostrado muy complacido al contar con nieve y hielo en abundancia en el caluroso verano granadino para poder enfriar sus jarras y tomar sus cervezas a la temperatura que le gusta
El Emperador bebía solamente cerveza en sus primeros años de reinado. Se trajo consigo a su maestro cervecero para que le preparase su beer duplabiera de costumbre. Lo ha continuado haciendo con preferencia, pero cada vez con mayor frecuencia recurre a vinos, y más de un vinazo, de los cultivados en España. Se ha mostrado muy complacido al contar con nieve y hielo en abundancia en el caluroso verano granadino para poder enfriar sus jarras y tomar sus cervezas a la temperatura que le gusta. Recordemos que no soporta el calor, causa primera que le aconsejó abandonar Sevilla y venir a pasar el inicio del verano en Granada.
Los mercaderes de la Alhóndiga están sumamente contentos con el negocio que hacen cada día en aprovisionar a la Corte, a las embajadas y a los centenares de paseantes en palacio. A Granada arriban a diario no menos de cincuenta embajadores, funcionarios, mensajeros, oidores, clérigos, alcaides y ediles en busca de despacho. No hay plazas en mesones y posadas, se tienen que buscar hueco en ventorros de las afueras. Al menos las primeras quejas por malos aposentamientos han dejado ya de oírse mediado el verano de 1526, cuando compendio estas líneas. Solamente hay quejas por las disenterías del agua.
Isabel fue preñada en el Monasterio de San Jerónimo
Extrañó en demasía que a partir de la segunda semana de julio se viera salir todas las tardes al Emperador a caballo, acompañado de una guardia más bien escasa, y traspasar la puerta de San Jerónimo en dirección a la Vega. Los guardianes de la barbacana la cerraban y el rey no volvía a entrar hasta pasada la media mañana siguiente.
Muy pronto se conoció el motivo: iba a pasar la noche con la emperatriz Isabel en su nuevo aposento del Monasterio de San Jerónimo
Muy pronto se conoció el motivo: iba a pasar la noche con la emperatriz Isabel en su nuevo aposento del Monasterio de San Jerónimo. Había rumores de que el ruidoso terremoto que sacudió la ciudad el 4 de julio la había soliviantado y asustado sobremanera. Dicen que abrió rajas la habitación donde dormía y se desprendieron mocárabes del techo. Pensó que los edificios de tapial y yeso se desmoronarían por las réplicas que siguieron. Aquel miedo insuperable la llevó a buscar sitio más fuerte y estable en la parte baja de la ciudad.
Le ofreció su casa la Duquesa de Sessa, María Manrique, en el barrio que estaba levantando entre los conventos de Trinitarios y San Jerónimo. También le brindó el prior Ramiro de Alva, de los jerónimos, desalojar su segundo patio, que estaba de estreno, y mudarse allí con su séquito de portugueses. Y así lo hizo: Isabel de Portugal aceptó el ofrecimiento de los monjes y se fue a vivir a su monasterio. Ése era el punto de destino nocturno del Emperador, en tanto la Alhambra quedó como lugar de gobierno y trabajo de cortesanos.
Los médicos reales calcularon que la concepción había tenido lugar hacia el 21 de agosto. Sí, fue concebido en el dormitorio del Monasterio de San Jerónimo
Al fin llegó la buena nueva de que la Emperatriz estaba preñada. Los rumores de Sevilla y Córdoba eran infundados. El 15 de septiembre (día en que cierro esta segunda parte de mi crónica) echaron al vuelo algunas campanas de iglesias al conocer la noticia; al repique se fueron sumando las demás cuando corrió la noticia por toda la ciudad. Hubo rogativas para que el primer descendiente del Emperador viniese con buena salud, trajese un pan bajo el brazo y fuese niño que asegurase su descendencia. Los médicos reales calcularon que la concepción había tenido lugar hacia el 21 de agosto. Sí, fue concebido en el dormitorio del Monasterio de San Jerónimo.
La noticia ha corrido como la pólvora en dirección a todas las monarquías europeas, especialmente las que tenían un ojo puesto sobre sus derechos dinásticos en España
La noticia ha corrido como la pólvora en dirección a todas las monarquías europeas, especialmente las que tenían un ojo puesto sobre sus derechos dinásticos en España. Ese era el caso de Eduardo VIII de Inglaterra, “tío” de Carlos V. Sus embajadores/espías en Granada (Edward Lee y Richard Simpson) enviaron un correo urgente a Londres con el siguiente contenido: “Ahora podemos decir abierta y ciertamente que la Emperatriz está embarazada, para gran alegría de la corte y del pueblo".
Carlos V ya estaba empezando a preparar su marcha al comenzar la simienza. Aunque, tras confirmarse la penetración turca por el Danubio, ha preferido esperar en Granada a que el feto se agarre en el útero de la madre. Como muestra de agradecimiento a los jerónimos por la acogida ha decidido proponer al prior Ramiro de Alva como nuevo arzobispo de la diócesis (Pedro Portocarrero Cardenas falleció el 5 de junio en Jerez de los Caballeros).
Si no tuviste la ocasión de leer la primera parte o quieres volver a hacerlo:























































